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EL DIARIO

Jueves 10 de Mayo de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, abril 8.

 

Recordarán ustedes lo que no hace muchos días les decía sobre este gobierno francés, sobre esta república tan imperfecta en su organismo constitucional.

Monsieur Ribot[1], uno de sus hombres políticos de mayor calibre, orador de alto vuelo, de esos que siempre llaman la atención incitando a meditar, y a más de todo esto personaje sin tacha, monsieur Ribot en vísperas de las elecciones, que muy difícilmente ganarán los socialistas coaligados con los franc-masones y los del bloc Comb, monsieur Ribot acaba de confirmar mis vistas en un discurso magistral, que la Francia entera y toda la Europa concuerdan en calificar de notabilísimo.

No podrán, en efecto, los republicanos liberales abrir su campaña electoral con más acierto.

La república ha dicho (después de haber pasado revista a las múltiples y complejas cuestiones que se refieren al porvenir, ejército, régimen entre la iglesia y el estado, problemas sociales, financieros, funcionamiento de las instituciones parlamentarias viciadas por la peor de las corrupciones), la república está definitivamente fundada en Francia.

Pero no está sino esbozada (esto mismo les escribí yo a ustedes), “esbozada” en los espíritus y en los corazones.

Nosotros queremos, exclamó monsieur Ribot, que se hagan al fin ciudadanos, y no nuevos cortesanos de estas pequeñas tiranías que tienen la pretensión de disponer de la Francia como lo habría hecho Luis XIV o Napoleón (ahí, alguno, no faltan burlones, diría Rosas o Urquiza o algo más novísimo), pequeñas tiranías que tienen todos los vicios y nada de la grandeza de la antigua monarquía.

No es posible expresarse mejor en menos palabras, pintar más a lo vivo un estado general de cosas, no hay audacia en predecir: si eso no se hace la república no será en Francia sino una palabra vana.

Refiriéndose a la cuestión religiosa (no votó por la separación) dijo: que ahora que estaba votada y en condiciones que pueden hacerla tolerable (en mucha parte debido a su oposición), él estima que es conveniente tentar el no exasperar, por eso, las relaciones entre la iglesia y el estado, vale decir: evitar un conflicto funesto.

Monsieur Ribot se estremece ante la idea de una guerra religiosa, sobre todo en el estado actual de Francia y de la Europa…

Y pregunta: ¿Pero de quién dependen sobre todo a este respecto nuestros destinos? Del Papa, a no dudarlo. Es haber obtenido un bello resultado. So pretexto de no conocer ya la Santa Sede se ha hecho de ella el árbitro de la paz religiosa en nuestro país. Una palabra suya podría hacer estallar la guerra casi encendida ya en algunas regiones. Esa palabra, monsieur Ribot asegura, que el Papa no la pronunciará y que los obispos no le pedirán que la diga.

Sea lo que fuere, la Francia tiene una palabra que decir el 6 de mayo próximo. Es el secreto de las urnas. La suerte futura de este gran país –en ese secreto, en ese veredicto misterioso, hoy por hoy– está encerrada.


El otro día les hablé a ustedes ocupándome de automóviles, de la liga contra el polvo, que los tales antiestéticos vehículos hacen cada vez más molesto. Hay mañanas en que la famosa avenida del Bois de Boulogne, donde la elegancia parisiense se da cita, me hace recordar la tierra criolla de algunos de nuestros caminos después de larga sequía.

Ahora se trata de otro capítulo curioso interesante: la ley sobre la protección de los paisajes.

El senado ha adoptado ya el proyecto de monsieur Beauquier[2].

La sustancia es: en cada departamento se constituye una comisión llamada “de los sitios y monumentos naturales de carácter artístico”, cuya comisión cuidará de que esos sitios no sean destruidos por los propietarios, echando a perder la obra artística de la naturaleza. Si no se entendieren, habrá expropiación.

El poder del hombre es creador, pero también su fuerza de devastación es colosal. Se están así tomando medidas en Norte América para que no continúe la destrucción de las cataratas del Niágara por la desviación de las aguas.

¡Cuánto tiempo pasará para que el Iguazú oiga hablar de sus caídas estupendas así!

Ni ustedes ni yo viviremos. Quizá nos hayan olvidado a toditos.


He oído anoche, otra vez, al joven historiador Ferrero[3] en la Sorbonne.

El gran anfiteatro estaba de bote a bote.

El conde Tornielli, embajador de Italia, Mr. Liard, rector de la academia, Mr. Matruchot, uno de los principales instigadores de las excavaciones de Alesia, y el doctor Simon, presidente de la sociedad de ciencias de Semur; el vizconde de Vogüe y una multitud de otras notabilidades del instituto y de la universidad asistían a esta fiesta que por imitar a otros llamaré intelectual; pero que trascendía fuertemente a política.

Es seguro que el acto no habría tenido lugar en tiempo de Crispi.

Hay que repetir: “tempora mutantur”.

El “flirt”, que el príncipe de Bülow[4] parafraseó, en el parlamento alemán, diciendo que lo que Italia hacía con Francia era un “tour de vals”, que no podía infundir celos, se ha convertido en verdaderos amoríos visibles.

Se explica así el mal humor de la prensa alemana, en vista de la actitud de Italia durante la conferencia de Algeciras.

Era el tema da la conferencia “Alesia y la Galia Romana”, de esa Alesia doblemente célebre en la historia, porque fue allí donde el caudillo valeroso Vercingetorix fue sitiado y hecho prisionero por Julio Cesar.

Desde luego, me apresuro a decirlo, y se comprende, el tema era un pretexto, que Ferrero apenas habló de las riquezas arqueológicas de la llanura de Alesia. Sintió la necesidad de disculparse (el auditorio se preguntaba cuándo llegaremos a las antigüedades subterráneas) y se disculpó con suma gracia.

Según Ferrero, sumariamente hablando, sin la conquista de la Galia el centro de gravedad romano habría variado, vale tanto como decir que Roma no habría continuado siendo la capital del imperio.

Dio Ferrero en apoyo de sus tesis múltiples razones económicas, de rivalidad política, de intrigas, de lucha por la supremacía entre Antonio y Octavio, y afirmó perentoriamente que las riquezas de las Galias, gran foco de actividad, contrabalanceaban las del Egipto y el Oriente. En una palabra, sostuvo Ferrero que las Galias salvaron la Italia, evitando su decapitación. Y de aquí, concluyó (entre aplauso naturalmente dado el medio), que Italia y Francia son dos países cuyos intereses han sido siempre solidarios y complementarios.

Que la erudición de Ferrero es considerable y que su criterio histórico es agudo, ¡cómo negarlo! Otra cosa es estar de acuerdo con él. Ferrero llama seriamente la atención, no convence, aunque enseñe. No estuvo feliz cuando más o menos dijo haciendo una comparación, que llevar la capital de Roma a Oriente, a Alejandría, habría sido como llevar ahora San Petersburgo, la capital de Rusia, a Karbin o Vladivostok.

Me gustó en Nerón. Se cernió más alto. Fue menos original, pero fue más persuasivo.

Sus dotes de conferenciante me han parecido esta vez menos adecuadas (será que no discurría como él), mucho menos adecuadas que la primera. Su gesto no es expresivo, elegante, su tono es igual, sin inflexiones, monótono como una letanía, y la pronunciación de su francés muy deficiente; lee mucho su manuscrito y con frecuencia repite la frase corrigiéndose. Prefiero mil veces leerlo en italiano, que es como lo conocía habiendo en alguna parte tenido ocasión de citarlo y de rendir a su talento el tributo que el más versado en historia no se atreverá a negarle a no ser movido por la envidia.


Astarté”, es el título de un libro que acaba de publicar el nieto de lord Byron[5].

Su objeto es honrar la memoria de la dama que fue esposa del poeta, que como se sabe fue calumniada.

Lord Lovelace[6] (así se llama el nieto), rehabilita a lord Byron, o los papeles originales que ha tenido a la vista no son auténticos. No hay qué hacer. Pero la ropa sucia que exhibe es de tal naturaleza, que uno se pregunta: ¿no habría sido quizá mejor dejar los huesos de los muertos, ya casi olvidados, tranquilos en sus tumbas?


El país donde hay que ir a estudiar la organización de las sociedades cooperativas es Alemania. En todo lo práctico estos diablos de alemanes dejan atrás a sus rivales. El “Anuario” que tengo a la vista registra lo que sigue:

82 cooperativas centrales.

12.438 cajas de ahorro y de préstamos.

1.727 sindicatos agrícolas.

2.704 lecherías cooperativas.

1.356 cooperativas diversas.


Me despido de ustedes hoy con una máxima del libro yankee: un hombre útil es siempre aquel completado por la mujer propia.


  1. Sólo hemos hallado, bajo el apellido Ribot, a Théodule-Armand Ribot (Guingamp, 1839 – 1916), político, psicólogo y filósofo francés de orientación racionalista. Escribió los libros Philosophie de Schopenhauer (1874), y Psychologie allemande contemporaine (1879). (Datos extraídos de VIAF: http://viaf.org/viaf/22183322). Ribot fue uno de los principales opositores a la ley de laicidad en Francia, según explica Alejandro Torres Gutiérrez en su libro La Ley de Separación de 1905 y la Génesis de la idea de Laicidad en Francia. En línea: https://bit.ly/35s3KE1.
  2. Charles Beauquier (Besançon, 1833 – Besançon, 1916) fue un político e historiador francés, fundador de la Sociedad para la Protección del Paisajes y la Estética de Francia, miembro de la Liga para la Protección de las Aves. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/61541585). Según explica Valentín Cabero Diéguez en El Medio rural español: cultura, paisaje y naturaleza (Salamanca: Universidad, 1992) , fue M. Beauquier el creador de la ley de protección de paisajes y posterior ley de creación de parques nacionales, promulgadas en 1905 en Francia, instalando así un modelo de ley luego utilizado en otros países europeos. (Consultado en línea:
    https://bit.ly/3m9wXcs).
  3. Ver nota al pie de PB.12.01.06 o índice onomástico.
  4. Ver nota al pie de PB.19.01.06 o índice onomástico.
  5. Milbanke, Ralph (Earl of Lovelace). Astarte. A Fragment of Truth Concerning George Gordon Byron, Sixth Lord Byron. London: “Printed for Private Circulation only”, 1906.
  6. Ralph Gordon Noel King-Milbanke (1839 –1906) fue un noble británico y político, miembro de la Cámara de los Lores. En 1893 también heredó el título de Conde de Lovelace. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/7759648).


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