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EL DIARIO

Martes 13 de Noviembre de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, octubre 16 de 1906.

 

¡Buenos días, paisanos y amigos! y que estas letras les hallen con la cabal salud de que yo disfruto para servir a ustedes y contentos del gobierno, lo cual no es general.

Como ustedes ven ya estoy de regreso en mi “nido” de la Avenida Víctor Hugo 184, empleando la expresión que tanto le gustaba al Dante inmortal.

Con que así platiquemos a puerta abierta, que lo que diga no ha de ofender a bicho viviente.

¡Y cómo me he movido durante estos dos últimos meses!

Padezco de una enfermedad que califico así: nostalgia de la acción responsable, y deambulando acá y allá le aplico un derivativo, mientras el destino no resuelve otra cosa.

La naturaleza trata de agradarnos por la variedad, y el criador embellece la tierra con infinidad de maravillas, ha escrito un sabio de mi relación; de modo que en los viajes las cosas molestas no son, agrego yo, la obra del todo poderoso sino la del hombre y la de la… ¿para qué nombrarla?

Y, de lo dicho se colige que los sitios en que mejor lo debo haber pasado han de haber sido los más tranquilos, y no los que, con distintos nombres pregonados por las compañías de todo linaje, en ello interesadas, y por los que creen que absorbiendo o bebiendo aguas frías o calientes insípidas o ácidas se ponen como nuevos, solo son una especie de caravansérail[1] sin color local, donde el lujo, la vanidad, la costumbre y la tontería se dan cita y, mezclándose los lechuguinos de ambos sexos, el oro y la plata, con sus imitaciones, y los diamantes reales con los formados de celuloide, en el incesante y febril torneo de las mistificaciones alrededor de la “roulette y de los “petit chevaux[2]”…


En todas partes he hallado argentinos y me he topado con ellos con gusto, les conociera o no.

Ellos siempre me conocen a mí, de vista al menos. Como he vivido bastantito, me parezco a la pirámide de la plaza de la Victoria[3], que ¡quién no la conoce![4]

En Le Fayet, lugar que es un pequeño valle saboyardo, salubre y apacible, me encontré con un “chauffeur”. ¿Quién les parece? Adivinen. Se las doy en veinte, como dicen en el juego de las veintiuna preguntas. ¡Qué! Bueno, les sacaré de la curiosidad: con Carlos, el que era cochero de Pellegrini cuando éste estaba en la presidencia.

Manejaba con gran maestría el automóvil de un señor Otero a quien no tuve ocasión de tratar. No gozaba de salud perfecta y la buscaba en aquellas aguas.

Carlos no es el único “chauffeur” argentino que se luce por acá.

El otro día el automóvil de un personaje de la familia de Orleans, el duque de Montpensier, tuvo un accidente fatal para un tercero. Lo guiaba un criollo que no tuvo culpa en ello. Era patentado, lo que no es poca gauchada.

¡Oh! ahora no es como cuando en París no había más argentinos que Mariano Balcarce, Pepe Guerrico (el tío de Manolo), Manuel Cobo, César Favie, Pablo Santillán, Manuel Rafael García y un cierto Lucio Victorio, hijo del general Mansilla, que fue herido en la batalla de Obligado el 20 de noviembre de 1845, combatiendo contra las escuadras anglo-francesas coaligadas.

Ahora el argentino pulula en París, en ciertos barrios sobre todo y en ciertas calles particularmente. No es posible circular por la Rue Royale, la Rue de la Paix, la Rue de Rivoli, los Boulevares Capucines, Italiens, Montmartre, sin encontrar alguna dama elegante o caballero de ahí a quienes saludar; y por la Avenue de Bois, a eso de las once de la mañana hay algunos infalibles haciendo lo que los ingleses llaman el “constitutional walk[5]”, entre ellos el general Roca.

Claro está que esto es satisfactorio, y, con el permiso de Larra[6], los recuerdos de la tierra me son siempre gratos. El malogrado, y hasta ahora no reemplazado admirable escritor, escribió alguna vez esto, que será verdad, mas a mí no me acontece: los españoles que han viajado por el extranjero han adquirido la costumbre de hablar mal de su país por hacerse superiores a sus compatriotas.


Comparando aquello y esto nada me sorprende aquí (hablo solo de París), porque si esto se ha transformado lo nuestro no le va en zaga[7].

Imagínense ustedes que en la época a que más arriba me refiero (cuando un argentino por los boulevares era “rara avis”), el barrio en que vivo era campo, el metro cuadrado de tierra valía “un franco, ahora piden “mil”. Cuántas fortunas hechas así como ahí. El parque Monceau era también campo; no había más boulevares que los que comienzan en la Magdalena, y según la dirección que cruza la Avenida de la Ópera, cosa nueva; la “barriére” estaba pegada al Arco del Triunfo, o Place de L´Etoile; no existía l ´Avenue du Bois, construían la rue de Rivoli y el gran centro de la plaza Malesherbes era guarida de malhechores, como si dijéramos lo que llamábamos nosotros hueco de Cabecitas y plaza de doña Engracia[8].


Bien mirados los dos progresos, el nuestro ha sido mayor, y lo único que me parece tema interesante de meditación grave es esta tesis digamos: las paralelas del progreso y de la civilización, ¿dónde se han proyectado más parejamente con igual fuerza intensiva y extensiva, acá o allá?

Si hemos de juzgar por la estadística comparada de los crímenes y delitos en ambos hemisferios, nosotros hemos recorrido mejor camino. En verdad esto es espantoso y como para echar de menos la vida primitiva. La mujer rivaliza con el hombre en perversidad.

En el “record” de lo que aquí llaman la “blague” (vulgo: impostura inocente o interesada), en ese terreno París le saca la oreja a Buenos Aires, todo el cuerpo.

Prueba al canto. Visité días pasados lo que en el Palacio de la Industria se exhibe con el nombre de Exposición Colonial (es una mescolanza de productos exóticos y de productos de la industria francesa).

Vi bayaderas que se decían de la India; eran de Montmartre. Vi negros de África y negros renegridos que no habían salido de Francia.

Pero lo que más me llamó la atención fue lo que voy a transcribir íntegramente en francés, fue esto:

POUR CADEAUX

DEMANDER

dans les premières Maisons de Vente tous Objets avec ou sans bronce on

ONYX VERT BRECIL[9]

L’Onyx vert Brésil ayant des variétés de tons á l’infini, tient le premier rang au milieu des matières décoratives les plus précieuses.

Onyx vert Brésil with its great variety of shades takes the foremost rank amongst the most appreciated decorative materials.

Der Onyx vert Brésil besizt eine derartige Varietat von schonen Nuancen dass er, heute finter den gesuchtesten Sorten der decorations Elementen figurlrt.

El Onyx vert Brésil con su inmensa variedad de coloridos, tiene incontestablemente el primer lugar entre las materias decorativas más preciosas.

O Onyx vert Bresil con sua inmensa variedade de coloridos, tem incontestavelmente o primeiro lugar entre as materias decorativas as mais preciosas.


A Loiseau-Bourcier, 47, Rue de Barory,

Paris Unique Concessionnire des Carriéres Onyx vert Brésil.

Medaille d’Argent Exposition Universelle Paris 1900.

Medaille d’Or Exposition Internationale de la Habitation, Paris 1903[10].

Visto y leído me dije: o ya no alcanzo ni a divisar la punta de mis narices o este titulado “Onix verde del Brasil” viene de la sierra de San Luis, de mi país.

Patriotismo o amor de la verdad, me pongo en movimiento, voy, vengo, inquiero y descubro, no otra América, sino que el titulado “onix verde” del Brasil es argentino.

Y resulta, según informes fidedignos, que el concesionario (un argentino) es el autor de la mistificación, mistificación que nos perjudica, pues si no nos priva del producto magnífico, llama la atención de los que pueden o desean adquirirlo y de otros, hacia una región privilegiada por otras múltiples riquezas, en vez de atraerla hacia el suelo argentino.

Más no diré.

El agente aquí está cohibido, “et pour cause”, y no rectifica, ni rectificará. Empero la luz se hará de algún modo…


Crece la impresión producida por las “memorias” del príncipe Hohenlohe[11].

Diré, de paso, que le conocí personalmente siendo él Canciller del Imperio y yo ministro.

Era un hombre sencillo, de pequeña estatura, amable, instruido, servicial.

Me enseñó algo sobre mi propia tierra (¡qué maravilla!), que yo ignoraba, en una de nuestras conversaciones privadas,

Lo dejaremos para otro lugar.

Las tales “memorias”, según los órganos de publicidad alemanes, son un libro de gran sensación en los dominios de la política y de las Cortes, como no hay recuerdo de otro alguno, o hablando francamente, el mayor escándalo político en un país alemán, dicen algunos.

Son estas apreciaciones superficiales. Pero sería fútil negar que el libro es un acto en extremo notable, bajo el aspecto múltiple de la sinceridad, de la exactitud, de la oportunidad y del crédito moral, de buen servidor de su país y de caballero cumplido de sangre azul secular que ha dejado su autor.

Se dice que no fue su voluntad que la publicación se hiciera ahora sino mucho más tarde, y así las opiniones están muy divididas. Estos sostienen que las verdades que en páginas tan auténticas e íntimas se contienen son una advertencia patriótica; aquellos, que son una indiscreción. No falta quien le acuse siendo como era el príncipe católico (liberal), de falta de caridad con el prójimo, sosteniendo que cuando la leyenda y la historia han vestido con atavíos que son envidiables a ciertos personajes no es lícito levantarles la camisa y quitarles a los pueblos sus ilusiones destruyendo con mano sacrílega sus pasados ídolos o sus prestigios actuales.

Como supongo que ustedes leerán las “memorias” antes de poco, me detengo aquí, y al hacerlo, recuerdo, filosofando, sobre el arduo problema “hablar callar” este pensamiento del cardenal de Retz[12] citando Lemoignen[13]:

“Bien sé yo que eso no es verdad, y hasta juzgo que no puede ser verdad; pero lo que me da miedo por ustedes es que comienza a ser creído por una especie de gentes cuya opinión forma siempre, con el tiempo, la reputación pública”.

Son, agregaré, los que no se llaman “frondeurs” ni “mazarin[14]” (como si dijéramos unitarios o federales, blancos o colorados), y que solo quieren el bien del Estado.


De regreso me he hallado con mi biblioteca y mi escritorio llenos de pilas de diarios, de folletos, de opúsculos, de revistas, de libros chicos y grandes, a la rústica y empastados. ¡Me han asustado! ¡Cuánto que revisar, que leer, que apreciar, que juzgar! Poco a poco he de ir saldando cuentas con aquello que las dedicatorias me endilgan con cortés sutileza. Hoy por hoy reciban todos los remitentes mis más cordiales agradecimientos por haberse acordado de un ausente. Y quiera su destino literario que algún día no se arrepientan de haber empleado el capital del tiempo, tan precioso, haciendo libros, en una tierra donde los brazos faltan y donde trigo y tantos otros cereales dan tan óptimo rendimiento. Lo que es yo estoy arrepentido; pero siendo incorregible prosigo plumeando.


  1. “Grandes paradores públicos que hay en Oriente para alojar a los viajeros”. Diccionario francés-español, español-francés más completo y correcto de todos los que se han publicado hasta ahora, sin exceptuar el de Capmany. M. Núñez de Taboada. París: Rey y Gravier, 1833, (p. 496).
  2. Las palabras en francés de esta oración significan “ruleta” y “pequeños caballos” (un juego de mesa similar al Ludo) respectivamente.
  3. Se refiere a la Pirámide de Mayo, actualmente emplazada en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, construida en 1811.
  4. No es la primera vez que Mansilla se jacta de su popularidad. En Un país sin ciudadanos, su ensayo político de 1907, también compara su fama con la de la pirámide de la Plaza Victoria (actual Plaza de Mayo): “Por otra parte, el pueblo de mi tierra me conoce como los porteños conocen la pirámide de la plaza de la Victoria, persistiendo derecha. Me conoce de vista, de nombre, de reputación, no ha de poner en duda mi palabra bienintencionada” (8).
  5. La traducción literal del inglés es “caminata constitucional”. Refiere a la práctica de caminar con el fin de mejorar la constitución (salud) de uno. Fue popular entre los británicos. (Extractado de Webster Dictionary: https://bit.ly/2ReZn6Y).
  6. Ver nota al pie 1 de la PB.13.02.07 o índice onomástico.
  7. “No ir, o no irle, alguien en zaga a otra persona; o no quedarse en zaga. 1. locs. verbs. coloqs. No ser inferior a otro en aquello de que se trata.” (Extractado de DRAE: https://bit.ly/3k8wyWe).
  8. Plaza de doña Engracia” era el nombre por el que se conocía a la actual Plaza Libertad (en Retiro, Buenos Aires) en honor a una mujer que dirigía un burdel allí.
  9. “Para regalos, pregunte. En las primeras casas de subastas todos los objetos con o sin bronce en Ónix verde del Brasil”.
  10. “En Loiseau-Bourcier, 47, Rue de Lanory, París – Distribuidor único de las canteras Onyx verde del Brasil. Medalla de Plata Exposición Universal París 1900. / Medalla de Oro Exposición Internacional de la Vivienda, París 1903”.
  11. El Príncipe de Hohenlohe (18191901) fue un eminente político liberal alemán, canciller de su país y primer ministro de Prusia entre 1894 y 1900. Sus memorias fueron publicadas póstumamente. Datos extraídos de Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). “Biografía de Choldwig Hohenlohe”. Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Puede consultarse en: https://bit.ly/2FrY6GF. (En VIAF: http://viaf.org/viaf/95271448).
  12. Jean-François Paul de Gondi (Montmirail, 1613–París, 1679), más conocido como el Cardenal de Retz, fue un político y memorialista francés. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/95205158).
  13. Creemos que se trata de Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes.
  14. La Fronde (de donde deriva frondeur, “rebelde” en francés) y el Cardenal Mazarin fueron los protagonistas de una guerra civil francesa que tuvo lugar en el siglo XVII (1648-1653).


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