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EL DIARIO

Martes 27 de Noviembre de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, octubre 31.

 

Hoy es día de echar una mirada introspectiva hacia cosas literarias de mi tierra y de esta, donde ahora estoy esperando ¿qué? lo que ustedes quieran.

No bajaremos muy a lo hondo. Tengo que contentarme, y ustedes también, con andar por las ramas, muy por encima de la materia, desflorándola apenas.

Ya sé que ustedes me leen con gusto, con más o menos indulgencia y atención. Pero si fuera demasiado prolijo y larguero, me dejarían para mañana, para ese mañana que nunca llega, siendo indiferencia y olvido.

Por cortesía empezaré por dos franceses, amigo el uno, conocido el otro. El primero es el conde Robert de Montesquiou[1]; el segundo A. Angellier[2].

El poeta y dramaturgo tan justamente afamado, Henry Bataille[3], le había tributado al autor de las “Hortensias Azules[4]” y de las “Perlas Rojas[5]” y otras joyas, este homenaje: “Gravemente se ha encaminado como todo el mundo, de libro en libro, de poema en poema hacia la santa y sagrada perfección, o al menos hacia la imagen que cada uno de nosotros de ella se forma, y estoy seguro que él aniquilaría de muy buena gana ciertos poemas del pasado (oigan ustedes bien, paisanos y amigos platenses tan inclinados a prodigarse), juzgándolos insuficientes para su rigor presente”.

A esto agregaba: “Es de desear que el autor haga algún día una edición de sus obras completas, depuradas, descartadas las escorias y fantasías de la juventud; será considerable habiendo cambiado un poco descolorido.” Es este voto el que realiza hoy día Montesquiou con la anunciada edición (ya a punto de aparecer).

En el prefacio dice, entre otras cosas, “que la elección (le choix), la buena elección, digamos, pertenece a la edad madura; lo que puedo afirmar es que nada ha cambiado a lo que un principio había querido decir. Solamente lo he dicho con un poco de más claridad y concisión de lo que entonces podía”.

Y termina: “aunque las supresiones sean numerosas y las expresiones hayan sido no poco modificadas, estos libros permanecen los mismos, o mejor dicho, se tornan exactamente lo que yo he querido hacer, y que espero haber hecho”.


Ahora le toca el turno al autor “conocido”.

Sus principales producciones (que recomiendo) son: “Dans la lumière antique”,  “Le livre des dialogues”, “Les dialogues civiques”, “Les dialogues d’amour”.

¿Cómo calificaré a este escritor?

Así: “El poeta filósofo”.

Pues toda la poesía, ¡qué es sino filosofía!, ha escrito Moreto.

El caso de Dreyfus[6] ha tenido una singular virtud –empleo la palabra en el sentido antiguo, como sinónimo de fuerza– es decir, que ha desarrollado dos corrientes impetuosas, arrastrando en opuestas direcciones, hombres afines en cierto sentido, como Jules Lemaître[7] y Francois Copée[8] de un lado y Anatole France de otro.

Anatole France[9] con “L’orme du Mail” y la secuela de novelas, y este poeta (Angellier), caracterizan las dos tendencias, convicciones, y pasiones que, como en la época de los enciclopedistas, hay de todo esto.

Angellier, escribe: “Le Nombre est devenu la raison de la loi: la loi n’est ainsi qu´un instrument du Nombre[10]”.

“Produce así solamente, añade, los edictos de envidia y decretos de cólera”, y para que no quede duda prosigue: “los hombres de buena voluntad están proscritos”. “El país está gobernado por hombres que, para dominarlo, lo han hecho plegarse hacia ellos convirtiendo su gloria en ignominia.”

Y después con acento fulminante cual Víctor Hugo en los “Chatiments[11]“, exclama apuntando a los traficantes en honores y puestos públicos:

Inaptes á connaitre, á comprendre, á prévoir,

Ils réduisent l’histoire á leur propre ignorance.

En trafic mutuel, corrupteurs, corrompus,

S´achetant, se vendant, se marchandant l´un l’autre.

Echangent, tour á tour mendiants et repus.

S’achetant, se vendant, se marchandant l’un l’autre,

Pour chaque heure où l’on rampe, une heure on l’ou se vautre.

Le vieux sol paternel n’est qu’un marché….

Y por si algo faltare todavía, continúa:

“La misma tierra ora siente el crimen ora la agonía”, para concluir con un grito que no es seguramente repercusión de las conferencias de La Haya, pues, eso de raza altanera es la Aiqueta “made in Germany”.

La Paix! Et maintenant, combien de temps ce frein

Tiendra-t-il en repos cette race hautaine?

Ils sout persévérants, faits d’orgueil et de haine

J’ai voulu d’un traité qui ne les blessât pas;

Mais nos fleuves, nos champs, nos vins sont des appâts

Trop offerts á leurs yeux, leurs nations fécondes

Multipliant sans cesse et grossissant leurs ondes,

Doivent franchir leur disque et déborder sur nous.

Siguen, para concluir, páginas vigorosas, que dan calor, que me recuerdan algunas de Alfredo de Vigny[12] en Servidumbre y Grandeza Militar[13]”: fatigado el soldado de la paz, de soportar su inmortalidad.


Dos volúmenes sobre “Mitre[14]“.

El autor y paciente observador, José M. Niño[15], que es quien ha tenido la gentileza de remitírmelo, con lacónica amistosa dedicatoria, amaba al general.

Su libro es así como una especie de tributo filial, donde el historiador futuro hallará, sin embargo, cosa rara, toda la imparcialidad posible cuando lo que ha puesto la pluma en la mano es una afección intensa, grandemente admirativa, rayana en la adoración.

Está reforzado de copiosos documentos gubernativos, parlamentarios, políticos, solucionados con método; de datos y referencias; de reminiscencias o impresiones personales; de anécdotas que comienzan con la primera juventud del héroe; de infinidad de prolijos detalles sobre el hombre que llamaré interno y externo, en una palabra, es Mitre, en una redoma que lo trasparenta de cuerpo entero bajo sus múltiples aspectos permitiéndole al averiguador sagaz, si sus lentes son eficaces, descubrir entre los repliegues de la túnica inconsútil, las deficiencias de lo que fue materia y sustancia de este mundo, compuesto de grandeza y de pequeñez, de irascibilidad y de bondad.

Que José M. Niño no se precia de ser literato sino un trabajador no quita, que este su producto intelectual carezca de mérito intrínseco; de manera que agregado esto a lo dicho, su aporte enriquece considerablemente el caudal de las bellas letras argentinas.


Cuando literatos argentinos y españoles de alto coturno han encomiado a un compatriota con sobrio criterio artístico, es decir, teniendo presente lo que dice Grimm, que no son las críticas injustas, ramplonas o violentas las que hacen más mal, que los elogios sin discernimiento son más dañosos; bien puedo yo, que si no sé hacer versos sé gozar con ellos, saludar de rondón al poeta exquisito Rafael Obligado[16], cuya colección de poesías lindamente empastadas me ha remitido un amable amigo personal, hombre de buen gusto; periodista distinguido y perseverante, llamado Carlos Vega Belgrano.

Conocía ya de tiempo atrás algunas composiciones sueltas de Obligado. Un conjunto de ellas no había llegado a mis manos. De modo que, al decirle a mi amigo, el remitente, ¡gracias! no puedo, no debo, no quiero eximirme de hacer acto de conciencia en esta forma: he ahí un libro de versos llenos de gracia, de nobleza y sencillez, que constituyen un riquísimo venero literario, reflejando con suavísimos rayos de luz americana, una naturaleza en extremo simpática, espontánea, amable, henchida de inspiración patriótica.

He leído con atención reiterada y sostenida, dos veces, este volumen de armonías: ecos del alma prosternada ya ante el dulce y respetado hogar, ya ante la magia de la floresta virgen; ya ante la majestad de nuestros ríos caudalosos como mares y el rumor misterioso y sostenido de nuestras llanuras sin fin, ya ante esa América, de sus amores que este grito entusiasta le arranca:

“Todo es gigante en su fecundo seno.”

Lo he leído con ojo de crítico escrutador. Apenas he hallado entre la preciosa pedrería del suelo nativo mezclada y engastada en los materiales, tan ricos, que de la madre patria hemos heredado, un solo vocablo que tildar…

“… que la perla más fina,

y el más blanco y diáfano topacio

manchas descubrirás si se examina”

El verso es bonito, la idea delicada:

“Y tu alma volcaba, llenando la mía,

tristezas que nunca se fueron de mí”.

Antes (esto es de la pág. 44) en la página 6, ha dicho:

“Él hizo que las gotas de su llanto

en las almas sensibles se volcaran”.

Bueno, no me gusta este verbo volcar, ni en el primer caso de sentido figurado; ni en el segundo de sentido casi material.

Me suena mal también, el adjetivo compuesto tumusgoso.

El verso es toda una endecha de lo hondo, algo así como un desahogo de tristeza infinita:

“Yo sé que en la corteza de tumusgoso tronco alguna mano amiga mi nombre ha de grabar”.

Finalmente, en un verso en el que los tipos se han equivocado poniendo surgendio, el egregio poeta dice: “Como surgiendo de silente abismo”.

Silente es anticuado y un italianismo. ¿Para qué recurrir a él si tenemos en nuestra lengua: silencioso, callado?

En todo caso, en la suposición de que viejos o modernos autores se sirvan de los tales vocablos, siendo como es obligado un verdadero hablista, pocos ahí escriben con su pureza y propiedad, razón no es esa bastante para caer en la tentación de imitarlos, y mucho menos cuando se tiene fisonomía propia.

Al terminar, mi mujer, que suele revisar lo que escribo, para aclararlo, me dice: Pero Lucio, ¿no serán dos palabras y musgoso?

Me pego en la frente y exclamo: ¡malhayan en tal caso los tipos! ¡y viva Obligado!, que por más que lo he rastreado solo me deja dos impresiones literarias molestas en vez de tres; nada, cuando pienso en las fruiciones de esta lectura.

Y aquí sabe recordar el refrán que Cervantes pone en boca de Teresa hablando con Sancho: el consejo de la mujer es poco, y el que no lo toma es loco.

Este consejo, no sé si ustedes se acordarán, yo lo había olvidado y una dama turca viuda me lo recordó en Constantinopla hablándome en español.

No cerraré este parágrafo sin preguntarles a ustedes preguntándomelo a mí mismo: ¿Por qué, hasta ahora, nuestros bardos y cantores han sido del litoral y solo han poetizado la Pampa, los ríos y la vegetación exuberante que los engalana?

Joaquín González[17] es en cierto sentido una excepción. Se ha estremecido; no ha empuñado la lira. Las emociones intensas de “Mis montañas[18]”, evocativas del terruño, nos conmueven; pero nos dejan una decepción lírica.

Orfeo, ¿cómo se llamará? espera sin duda a que tengamos cincuenta millones de habitantes para cantar nuestras cataratas, mayores que las del Niágara, y las sierras nevadas desde el estrecho de Magallanes hasta Jujuy, saliendo de las nieblas espumosas de las siete caídas tronadoras, del Iguazú, de las selvas románticas de Tucumán y de entre los tornasoles incomparables de las quebradas solitarias de Jujuy.

Así, el interior y el litoral que casi se ignoran, acabarán por conocerse.


En mi última carta les hablaba a ustedes de las nubes que andan recorriendo el horizonte europeo.

Pocos días después de puesta aquella en el correo, el Corriere della Sera[19] de Milán ha publicado un artículo muy notado sobre el conflicto latente que existe que confirma algunas de mis vistas un tanto sombrías relativas al peligro de la paz.

Tanto más ha llamado la atención el escrito cuanto que su autor parece ser el marqués Visconti-Venosta[20].

Recordarán ustedes que el eminente hombre de estado que durante algunos años fue ministro de relaciones exteriores de Italia y que recientemente representó a su país en el embrollo de la conferencia de Algeciras[21], donde no ocultó, al contrario, sus simpatías por la Francia.

El artículo sobre el tapete de la discusión establece que la guerra entre Inglaterra y Alemania estallará día más, día menos, siendo lo inevitable.

Cuando estalle afectará toda la Europa. Es, pues, deber de Italia, evitarla. De otro modo se verá colocada en la peor de las posiciones imaginables.

De una parte la Alemania insistirá en que las obligaciones contenidas en el tratado de la triple alianza sean ejecutadas al pie de la letra. Se exigirá por consecuencia a Italia que le preste su apoyo contra Inglaterra.

Por otro lado, es la disyuntiva forzosa, la Italia o rehusará, y en este caso se expondrá a un ataque para el que no está preparada.

O contra todo el torrente de sus simpatías consentirá; lo que significará su flota destruida por las flotas combinadas anglo-francesas.

El italiano que no reconociere esta dificultad, dice el articulista, sería un loco.

Continúa: “La triple alianza es un peligro constante para la Italia. Desde que se firmó hasta la hora de esta los hombres de estado italianos nunca jamás han atravesado un período que estuviera más preñado de dificultades e incertidumbres en el dominio de la política extranjera”.

Es menester recordar, en efecto, que la triplicia concluye en 1908 y que la renuncia o la renovación deben efectuarse en 1907.


Por lo que hace a la situación interna de este país –brujo tiene que ser el que la vea con claridad y pueda decir en qué dirección será el desenlace– y digo así, porque es muy difícil que las cosas sigan como van.

La procacidad de la prensa diaria es inaudita. No tenemos ahí idea de semejante crudeza de lenguaje. Ni cuando el telón corrido o la reforma pacífica, se vio cosa aproximada.

Hombres como Leon Daudet[22] escriben: que Clemenceau[23] no es más que “un charlatán y un libertino” y que los otros ministros son sus “lacayos”.

Por su lado, Jaurés[24] hace discursos inflamatorios, prometiendo ayudar al nuevo ministerio, siempre que éste lleve a cabo las reformas todas, todas, es decir, el programa íntegro radical socialista, que debe darle a la Francia como resultado final: la república socialista, que con la socialización del capital, será algo como una paz octaviana en la abundancia y el bien general sin “Dios ni patrón”.


Cuando a la mula la cargan demasiado se echa como diciendo: ¡basta! Los pueblos cuando el peso del mal gobierno los oprime se alzan.


Los que se desinteresan de la cosa pública son egoístas que olvidan que los que viven son los albaceas de la posteridad.


La ciencia del gobierno, del gobierno libre, representativo, parlamentario sobre todo, consiste en gobernar con unos en beneficio común; pretender gobernar con todos es correr el riesgo seguro de no contentar a nadie.


¿Quieren ustedes meditar a pedido de un inglés este aforismo? Como regla general si amamos a nuestros amigos por sus bellas prendas, no los aborrecemos por sus defectos o sus vicios.


No hay remedio, ésta se hace demasiado larga, tengo que concluir, dejando para las próximas plumadas:

Los “Nuevos Ensayos” de crítica de Alberto Nin Frías[25], en los que, a salto de mata, he descubierto algo de lo bueno.

“Alma nativa[26]” de Martin Leguizamón[27], hojeadas apenas, me deja esta impresión fugaz, que se renovara acentuándose o no: Leguizamón, apasionado de sus tipos, no ve que las pasiones son siempre las mismas en todas las épocas; que no es el alma lo que cambia sino las complicaciones fenomenales de la evolución social.

Por último, el libro del señor don Julio Victorica[28], “Urquiza y Mitre[29]”, recorrido a la ligera.

Hay en él bastante materia útil, algún ripio; no poca verdad, con su dosis de impostura convencional, cierta imparcialidad, con su poquito de pasión; fidelidad mnemónica y traición de la memoria, como cuando cargándole la romana al general Roca, que no es santo de su devoción, dice, que bajo su presidencia se compraron los barcos de guerra que creyó prudente adquirir el presidente Uriburu.

Finalmente, aunque el señor don Julio Victorica no haga alarde de publicista, tiene su criterio filosófico. Lo conceptúo errado. Cree él que son causas personales las que producen los grandes acontecimientos históricos, y no es así.

Tales son los materiales más o menos documentados y aquilatados de este libro, que, sin querer serlo, es un libro de partido; y a cuyo autor le agradezco la carta, tan expresiva, con que me lo ha consignado.


  1. Ver nota al pie de la PB.16.03.06 o índice onomástico.
  2. Auguste Angellier (1848 –1911) fue un crítico literario, poeta y académico francés. El primer profesor de Literatura Inglesa en la Faculté de Lettres de Lille, atacó en la Sorbone las teorías políticas de Hippolyte Taine en su tesis sobre Robert Burns en 1893. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/44352949).
  3. Henry Bataille (Nimes, 1872 – París, 1922) fue un escritor, poeta y pintor francés. Entre sus obras, las producidas durante casi los años de las Páginas breves son: Maman Colibri (1904), La Marche nupitale (1905),
    La Femme nue (1908), Le Scandale (1909), La Vierge folle (1910). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/61541516).
  4. Montesquiou, Robert de. Les Hortensias bleus. Paris: Charpentier et Fasquelle, 1896. (Poemas). Digitalizado en https://bit.ly/3bN6A7A.
  5. Montesquiou, Robert de. Les Perles rouges : 93 sonnets avec 4 eaux-fortes inédites de Albert Besnard – 1899. Digitalizado en https://bit.ly/3maM6ug.
  6. Ver nota al pie PB.23.08.06 o índice de eventos históricos.
  7. François Élie Jules Lemaître (1853–1914) fue un crítico literario, poeta y escritor de drama francés, conservador, nacionalista y católico, autor de numerosas obras, en poesía, ensayo, crítica literaria y dramaturgia. Fue reseñador teatral de los diarios Journal des Débats y Revue des Deux Mondes. Fue admitido en la Academia francesa en 1896. Dio a conocer su posición política monárquica y nacionalista en La Campagne nationaliste (1902), una serie de conferencias que brindó en el interior de Francia, junto a Godefroy Cavaignac. Condujo una campaña nacionalista en el periódico Écho de Paris. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/56625290).
  8. Copée, François (1842-1908). No hemos hallado aún información biográfica de este autor. Entre sus obras, se encuentran: Aux Français d’Alger (1894), Misijonarji (s/f) y Por la corona: drama en cinco actos y en verso, en co-autoría con José Sebastián Segura y Revilla (1907). Extractado de VIAF: https://bit.ly/32faO4L).
  9. Ver nota al pie PB.18.05.06 o índice onomástico.
  10. “El Número se ha convertido en la razón de la ley: la ley es, por lo tanto, solo un instrumento del Número”.
  11. Les Châtiments (1853, “Los castigos”) es una colección de poemas en donde Victor Hugo critica duramente el segundo imperio de Napoléon III.
  12. Ver nota al pie de PB.30.04.06 o índice onomástico.
  13. Servitude et grandeur militaires (1835). [Traducida en 1939: Servidumbre y grandeza de las Armas].
  14. Niño, José María. Mitre: su vida íntima, histórica, hechos, reminiscencias, episodios y anécdotas militares y civiles. Buenos Aires: Grau, 1906.
  15. Ver nota al pie de PB.23.08.06 o índice onomástico.
  16. Rafael Obligado (Buenos Aires, 1851-Mendoza, 1920) fue un escritor, poeta y académico argentino, padre del poeta Carlos Obligado. Conocido como “el poeta del Paraná” y perteneciente a la generación de 1880, escribió poesía con temática “gauchesca” pero con palabras “cultas”, influido por la poesía francesa de fines del siglo XIX. Su obra más importante es el “Santos Vega”. En “El hogar paterno”, “En la ribera”, “Primavera”, “Nido de boyeros”, el paisaje es una constante. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/76395827).
  17. Joaquín V. González (Chilecito, La Rioja, 1863–Buenos Aires, 1923) fue un político, constitucionalista, pedagogo, jurista, académico y poeta, fundador de la Universidad Nacional de La Plata. La totalidad de su vasta obra fue recogida en una edición sancionada por Ley del Congreso Nacional de 1934. Consta de 25 volúmenes clasificados en sus diferentes tipos de escritos: Jurídicos; Políticos; Educativos y Literarios. Entre sus obras más destacadas, cabe mencionar: Mis Montañas (1893), Educación y gobierno (1905), El juicio del siglo (1913) y Patria y Democracia (1920). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/22220469).
  18. González, Joaquín V. Mis montañas. Buenos Aires: Félix Lajouane, 1893.
  19. Ver nota al pie PB.20.11.06 o índice de publicaciones periódicas.
  20. Ver nota al pie de PB.22.05.06 o índice onomástico.
  21. Ver nota al pie PB.18.05.06 o índice de eventos históricos.
  22. Alphonse Marie Vincent Léon Daudet (París, 1867–Saint-Rémy-de-Provence, 1942) fue un escritor, periodista y político monárquico francés, hijo del escritor Alphonse Daudet. Publicó novelas, ensayos filosóficos, críticas literarias, folletos, relatos históricos, novelas y sus memorias. Dejó escritos 9000 artículos y 128 libros, la mayoría de los cuales se siguen editando en la actualidad. A partir del año 1900 pasó a ejercer como crítico teatral del diario Le Soleil y trabajó también para el periódico La Libre Parole. A raíz del caso Dreyfus se despertó en el escritor un creciente antisemitismo y fue volviéndose cada vez más monárquico. En el año 1908 fundó, junto con los monárquicos Charles Maurras, Henri Vaugeois y Maurice Pujo, el diario ultranacionalista L’Action française, medio que reforzó su postura reaccionaria y su inclinación hacia un nacionalismo monárquico antisemita. El viaje de Shakespeare (1897) se considera su novela más importante. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/9541).
  23. Georges Benjamin Clemenceau (Mouilleron-en-Pareds, 1841–París, 1929) fue un periodista y político francés que ejerció como primer ministro y jefe de gobierno durante el régimen de la Tercera República Francesa (1906-1909). Poco después de la Catástrofe de Courrières de 1906 (en la que murieron 1500 obreros), hubo numerosas protestas auspiciadas por los socialistas, que fueron reprimidas por Clemenceau utilizando para ello la fuerza militar. Gobernando con mano de hierro, Clemenceau reformó los cuerpos de policía para que pudieran enfrentar a los movimientos de protesta por militantes de la izquierda política, creando “brigadas móviles” de policía (que en referencia a él se apodaron “brigadas del Tigre”) y describiéndose a sí mismo como el “primer policía de Francia”. Enfrentado a su entorno político, y hostilizado por los socialistas, Clemenceau rompió sus relaciones con el líder socialista Jean Jaurès y apoyó el establecimiento de la Entente Cordiale con Gran Bretaña. Fue duramente interpelado por Théophile Delcassé en 1909 respecto al estado de la marina de guerra francesa, por lo cual dimitió en ese mismo año para volver a su carrera periodística. Fundó el periódico regional Le journal du Var y el periódico parisino L’homme libre (El hombre libre). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/49223492).
  24. Jean Jaurès (Castres, 1859–París, 1914), fue un político socialista francés, pacifista, socialista, antinacionalista. Fundó el diario socialista L’ Humanité en 1904. Autor, entre otras obras, de: Las pruebas (1898), Los dos métodos (1900), Historia socialista de la Revolución Francesa (1901), La Revolución rusa (1905), Conflicto ampliado (1912), El nuevo ejército (1914). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/46762788).
  25. Ver nota al pie de PB.30.08.06 o índice onomástico.
  26. Leguizamón, Martiniano. Alma nativa. Buenos Aires: Arnoldo Moen y Hno, 1906.
  27. Martiniano Leguizamón (Rosario del Tala, 1858 – González Catán, 1935) fue un abogado, educador y escritor entrerriano, conocido por su predilección por las descripciones campestres. De corte modernista, con elementos de la gauchesca, su obra se compone de los siguientes títulos: Alma nativa (1906), De cepa criolla (1908), La última velada (1911), La cuna del gaucho (1935), entre muchos otros. En Paraná, Entre Ríos, puede visitarse la casa-museo que lleva su nombre. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/15146080).
  28. Julio Victorica y Vivanco (Buenos Aires, 1844 – Buenos Aires, 1907), hijo de Bernardo de Victorica y de Juana Josefa de Vivanco y Martínez. (Extraído de: https://bit.ly/35p9VbN).
  29. Victorica, Julio. Urquiza y Mitre. Contribución al estudio histórico de la organización nacional. Buenos Aires: J. Lajouane, 1906.


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