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EL DIARIO

Miércoles 11 de Abril de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, marzo 9.

 

Mi carta del 10 de enero a propósito de lo que otros han llamado irónicamente “dos salvadores de la humanidad” la interrumpí escribiendo el nombre de Auguste Comte[1].

Continúo.

Una unión así, con una mujer de malas costumbres, depravada, habría sido maravilla que deparara paz en el hogar.

Auguste Comte no fue pues feliz. Se cumplió el refrán, que quien malas mañas tiene tarde o nunca las olvida.

¡Perversa mujer! Hasta después de la muerte del marido, dice monsieur Georges Dumas[2], oponiéndose a que se cumpliera su testamento (en lo que la ayudaba el ilustre Littré[3]), esa mujer, sostenía ante la Corte que el marido nunca recobró la razón después del ataque de manía que al año siguiente de casados lo descompuso.

Quizás Saint-Simon[4] tenía razón: “I n’entre dans le Temple de la Gloire que les échappés des petites maisons”[5].

Auguste Comte fue no obstante uno de los grandes factores intelectuales de su tiempo, no solo en Francia.

Menos original, quizá, pero profundo, más coherente, más grave que Saint Simon, él introdujo en la filosofía y en la política un espíritu científico y echó los cimientos de una nueva ciencia: la sociología.

No concordó con Saint Simon ni con los enciclopedistas que calificó de “vanos” y hasta de “culpables” sosteniendo, en oposición a ellos, que: “L’univers doit être étudié non pour lui-même, mais pour l’homme[6].

Y en efecto, ¿podemos explicar la vida, o la constitución íntima de las sustancias más ordinarias?

No.

Pero vivimos y las usamos y eso es esencial.

Así, en síntesis, traduzco yo uno de los pensamientos más mentados de este personaje, tan complejo, moral e intelectualmente encarado, autor de la “Armonía cósmica”[7] que no pocas cabezas ha trastornado, influyendo fuertemente en cerebros como George Elliot[8], Herbert Spencer[9], John Stuart Mill[10] y Frederic Harrison[11].

Todo pasa, y la moderna filosofía ha absorbido, transformado, asimilado, repudiado no poco el pensamiento de Auguste Comte.

Ocurre pues preguntar:

¿Vivirá como han vivido y viven otros genios, Platón, Aristóteles, Descartes, Spinoza y el mismo Hegel?

Contesten otros.

El gran acontecimiento de la vida de Comte acaeció cuando tenía cuarenta y seis años.

Se apasionó locamente de una viuda de treinta, cuyo marido estaba en la cárcel por un acto indigno. Vivía en el retiro más digno con sus padres y poquísimos recursos, siendo uno de ellos versos e historietas cortas que escribía para los diarios.

Comte la idealizó, así la veía superior a George Sand intelectualmente. En otro sentido era una rubia llena de encanto. Madame Clotilde de Vaux[12], así se llamaba, era mujer de principios. Para poseerla era menester casarse con ella. El divorcio no existía en Francia en tiempos de Luis Felipe. Comte le propuso una unión ilegal. No la pudo obtener. Corrió el tiempo, madame de Vaux era tísica, la muerte no tardó en presentarse. Muerta, Comte hizo de ella su divinidad. Ella inspiró todo su pensamiento. “Ella y siempre ella”, como decía Byron.

De la “Religión de la Humanidad”, el grito aquel “la mujer es la providencia moral de los hombres”.

De aquí que “el sentimiento debe dominar la inteligencia”: la ética del altruismo; la profecía de otra Virgen Madre (una especie de Clotilde “reencarnada”); su “política positiva”; la bancarrota de la ciencia, ¡qué sé yo cuánto más!, ni ustedes necesitan saberlo.

En fin, todo eso que a Saint Simon lo habría hecho reír, y que a Littre le arrancó las palabras que en una sola se resumen así: está trastornado.

¿Y de Saint Simon qué diremos?

Monsieur Georges Dumas dice (y tengan ustedes en cuenta que habla un distinguidísimo fisiólogo, especialista además en enfermedades mentales):

Saint Simon no era técnicamente loco, aunque tuviera la lucidez mental que marca el término medio.

Esto me hace acordar del doctor Ferreira[13], el que fue fiscal de la Suprema Corte.

–Dígame señor, le preguntaba una señora de Córdoba; Ud. que estuvo en Bolivia, ¿lo conoció a Vigil?

–Y cómo no, misia Rafaelita.

–Dígame, señor, ¿Vigil era loco?

–No, precisamente loco no, pero era muy extravagante.

Completaré el coloquio ya que se trata de personas históricas.

–¿Y era ateo, Vigil?

–Precisamente ateo no, pero no creía en nada.

Respecto de Auguste Comte, monsieur Georges Dumas concluye: “pero Comte estaba evidentemente sujeto a ataques de manía aguda”; y termina admitiendo que sus libros contienen mucho saber, mucha originalidad y mucha psicología sutil, aunque estén mal compuestos, como si hubieran sido preparados con apuro.

Les falta, por consiguiente, para interesar un círculo infinitamente mayor que un ejército de filósofos cuidado en la composición del asunto.

Mi opinión personal, sobre lo que llamaremos el “alma intelectual” de estos dos “soit disant[14]” salvadores del género humano, es lo que recordó días pasados en el curso de psicología, “Rue de Saint Pres”, al que estoy abonado, monsieur Boutroux[15] (profesor) conferenciando sobre “La religión de Herbert Spencer”.

Kant, habiendo definido las condiciones del saber, del conocimiento propiamente dicho, hace constar que el saber que nos es accesible no puede satisfacer ni nuestras necesidades especulativas en lo que tienen de más levantado, ni nuestros deberes prácticos, sobre todo.

Fíjense ustedes en ese “sobre todo”.

Y escribe (Kant):

Cuando me puse a buscar cómo puede fundarse la moral, me fue menester, en lo que concierne a la concepción de las cosas tales cuales son en sí “abolir el saber para darle lugar a la creencia”.

¿Y el mismo Augusto Comte no acaba por apercibirse de que la ciencia no es más que la introducción al “positivismo” y que este debe apoyarse en el corazón?

Y hoy día mismo un psicólogo de gran reputación no ha escrito “fingir que no hay otra realidad que el mundo de las sensaciones, de las leyes y de los objetos científicos… es hambug, puro hambug, broma, pura broma”.

Y ya antes de William James[16], que pensaba como Clifford, Herbert Spencer no sentía “una repugnancia invencible” en decir: “la ciencia se basta y nos basta; fuera de lo que es “cognoscible” científicamente para un espíritu ilustrado y sano, no hay nada…”, concluyendo por creerse obligado a mantener la religión frente a la ciencia.


  1. August Comte (Montpellier, 1798–París, 1857) fue un filósofo francés, considerado el creador del positivismo y de la sociología.
  2. Georges-Alphonse Dumas (1866, Ledignan, Francia, 1866–Ledignan, 1946) fue un médico y psicólogo francés. En esta Página breve aparece las tres veces citado como “George Dumas” (sin la “s” final en el nombre). Dimos por sentado que se trata de un error tipográfico.
  3. Emile Maximilien Paul Littré (1801-1881) fue un médico, lexicógrafo y filósofo francés que pasó a la historia por su ilustre Dictionnaire de la Langue Française, conocido popularmente como el Littré. El diccionario, en el que su autor trabajó treinta años, fue publicado por Louis Hachette, su condiscípulo y amigo, entre 1873 y 1878. Littré dominaba la literatura clásica y la sánscrita, fue discípulo de Auguste Comte, y además del diccionario, tradujo al francés y editó las obras de Hipócrates, la Historia Natural de Plinio y el Inferno de Dante. (Extractado de https://rb.gy/sdkgn6).
  4. Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon (París, 1760– París, 1825), fue un filósofo, economista y teórico social francés, fundador de lo que se conoce como el socialismo utópico (o socialismo premarxista, surgido en la Liga de los Comunistas en 1847 y consolidado al año siguiente tras la publicación de su programa, el Manifiesto Comunista). Las ideas de Saint Simon dieron nacimiento a un movimiento surgido conocido como el sansimonismo. Es considerado el padre de la sociología, junto a Auguste Comte. Entre sus obras, se cuentan: Vues sur la propriété et la législation (1814), L’Industrie (1816-1818), Le Catéchisme des industriels (1823-1824), con partes escritas en co-autoría con su secretario, Auguste Comte y El nuevo cristianismo (1825). (Extractado de Bravo, Gian Mario. Historia del socialismo 1789-1848. El pensamiento socialista antes de Marx. Barcelona: Ariel, 1976).
  5. “Sólo los escapados de las casas pequeñas entran en el templo de la gloria”.
  6. “El universo debe ser estudiado no por sí mismo, sino por el hombre”.
  7. Ninguno de los libros de Comte, hasta donde hemos podido averiguar, se titula así. Podría tratarse de un artículo o del título de una conferencia.
  8. George Eliot es el seudónimo de la escritora Mary Ann Evans (Astley, 1819–Londres, 1880). Aunque fue criada en la religión evangélica y bajo sus normas morales, muy pronto elige un racionalismo intelectual. Aficionada a la obra de Spinoza y a la de Feuerbach, Eliot tenía conocimientos amplios de filosofía, además sabía latín, griego y alemán. Mantuvo contacto intelectual con Stuart Mill y Herbert Spencer. Sus obras, de estilo realista, reflejan con pesimismo la vida provinciana británica y la complejidad de la vida en general. Entre sus novelas más importantes, cabe mencionar: Silas Marner (1861), Felix Holt, the Radical (1866), Middlemarch (1871) y Daniel Deronda (1876). Fue también una prolífica poeta. (Extractado de https://rb.gy/ti0ecj).
  9. Herbert Spencer (Derby, Inglaterra, 1820-Brighton, Inglaterra, de 1903) fue un naturalista, filósofo, sociólogo, psicólogo y antropólogo inglés. Desarrolló una concepción de la evolución como el desarrollo progresivo del mundo físico, los organismos biológicos, la mente humana, la cultura humana y las sociedades. Spencer es conocido por su expresión «supervivencia del más apto», desarrollada en su obra Principles of Biology (1864), influido por El origen de las especies de Charles Darwin. Spencer extendió la idea de la evolución del más apto a los ámbitos de la sociología y la ética, generando lo que se conoce como darwinismo social. Entre sus obras, cabe mencionar: The Study of Sociology, The Principles of Psychology, Education: Intellectual, Moral, and Physical. (Extractado y traducido de Harris, Jose. «Spencer, Herbert (1820–1903)», Oxford Dictionary of National Biography, 2004). En línea: https://rb.gy/3nnqx1).
  10. John Stuart Mill (Londres, 1806–Avignon, Francia, 1873) fue un filósofo, político y economista inglés de origen escocés, representante de la escuela económica clásica y teórico del utilitarismo. Miembro del Partido Liberal, Mill fue un defensor de la libertad individual en oposición al control estatal y social ilimitado. También defendió la investigación de la metodología científica y el sufragio femenino. Entre sus obras más importantes, se hallan: Speech In Favor of Capital Punishment (1868), England and Ireland (1868), The Subjection of Women (1869), Nature, the Utility of Religion, and Theism (1874), Three Essays on Religion (1874), Socialism (1879). (Extractado y traducido de Harris, Joseph “John Stuart Mill”. Oxford Dictionary of National Biography (2004).
  11. Frederic Harrison (1831-1923) fue un jurista, historiador y filósofo británico, de corte positivista, influido por las ideas de Richard Congreve, de John Stuart Mill y de George Henry Lewes. Él y algunos de sus contemporáneos –Edward Spencer Beesly, John Henry Bridges y George Earlam Thorley– fueron considerados los creadores de la corriente del “comtismo” en Inglaterra. (Extractado y traducido de Chisholm, Hugo (1911). “Harrison, Frederic”. Enciclopedia Británica13 (11 ed.). Cambridge UP. En línea: https://rb.gy/h7tc0w).
  12. Clotilde de Vaux (Charlotte Clotilde Josephine Marie) nació en París en 1815 y murió en 1846 en la misma ciudad. Fue la mujer que inspiró La religión de la humanidad de Auguste Comte. (Extractado y traducido de Charles de Rouvre, L’amoureuse histoire d’Auguste comte et de Clotilde de Vaux. Paris: Calmann-Lévy, 1920. En línea: https://rb.gy/fy0sdm).
  13. Sólo hemos hallado por ahora esta información: Ramón Ferreira fue un jurista cordobés vinculado a la Asociación de Mayo.
  14. “Supuesto” o “llamado”.
  15. Étienne Émile Marie Boutroux (1845–1921) fue un filósofo de la ciencia y de la religión e historiador de la filosofía. Con contraposición con el pensamiento materalista, Boutroux consideraba que la ciencia y la religión eran compatibles. Fue miembro de la Academia de Moral y Ciencias Políticas y en 1912 se sumó a la Academia Francesa. Entre sus obras, se cuentan: Essais d’Histoire de la Philosophie (1901), La Philosophie de Fichte. Psychologie du Mysticisme (1902), Science et Religion dans la Philosophie Contemporaine (1908). (Extractado y traducido de DeLashmutt, Michael W. «Émile Boutroux, 1845–1921, Professor of Philosophy, Sorbonne», University of Glasgow. En línea: https://rb.gy/oh3wtt).
  16. William James (New York, 1842 – New Hampshire, 1910) fue un filósofo y psicólogo estadounidense y catedrático de la Universidad de Harvard. Es considerado el fundador de la psicología funcional y pragmática. Era hermano mayor del escritor Henry James. En 1904 publicó un artículo revolucionario para su época: «¿Existe la conciencia?» en la revista Journal of Philosophy, Psychology, and Scientific Methods, incluido luego en su libro, también fundacional para 1912, Ensayos sobre empirismo radical, donde pretendía demostrar que el dualismo tradicional entre sujeto y objeto era una barrera para una sólida concepción de la epistemología. (Extractado de Triglia, Adrián. «William James: vida y obra del padre de la Psicología en América», 2016. psicologiaymente.net. En línea: https://rb.gy/coj0v3).


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