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EL DIARIO

Jueves 8 de Marzo de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, febrero 8.

 

Para mejor inteligencia de las cosas hay reflexiones que conviene consignar, aunque el telégrafo –desesperación de los autores de epístolas– las corrija, rectificándolas en parte, o en todo, antes de que la elucubración llegue a su destino.

Me estoy refiriendo a las últimas elecciones inglesas virtualmente terminadas en el momento en que escribo. ¿Conseguirá ser reelegido Mr. Balfour[1], ya derrotado en otra circunscripción? ¿Conseguirá, si es reelegido, continuar dirigiendo el partido conservador?

Pronto saldremos de dudas. Curioso sistema electoral el inglés. Las elecciones duran tres semanas y el derecho de votar teniendo como base la propiedad, permite que ciertos electores puedan ejercitarlo en varias circunscripciones, tan lejanas unas de otras, como, por ejemplo, Santa Fe de Córdoba, La Plata de Buenos Aires.

Si Mr. Balfour consigue la generosidad de un conservador más afortunado que él (elegido, le ha cedido su diputación), si consigue que esa generosidad lo siente otra vez en la Cámara de los Comunes, tal cual lo indican los signos del zodíaco político, a la hora de esta, me parece muy poco probable que continúe siendo jefe. A los cargos que sus mismos correligionarios le hacen, hay que agregar uno que solo por milagro perdona el egoísmo hermano: no ha triunfado. Mr. Chamberlain[2], parece ser el hombre de los vencidos, de gran parte.

Mientras no vemos más he aquí lo que ya se ha visto, lo que siendo hecho brutal no se discute.

La balanza se ha inclinado tanto del lado liberal que los conservadores solo cuentan con 153 votos de oposición. Al disolver el rey el parlamento tenían una mayoría de 68 contra todas las otras denominaciones coaligadas.

Es posible que si el sistema electoral de este país tan lleno de anomalías donde tres miembros del parlamento, amigos, a quienes me he dirigido preguntándoles por qué al ministro de hacienda se le llama «Canciller», a lo cual me han contestado «no sé…» es posible, repito, si ese sistema fuera otro que a derrota de los conservadores no hubiera sido completa.

El hombre siendo el mismo en todas partes se siente magnetizado por la victoria, de modo que un acto que no es simultáneo sino sucesivo durante tres semanas es una tentación para cambiar de alforja a medida que el barómetro electoral va señalando los grados de la tendencia popular. Las convicciones, firmes en unos, tienen mucha elasticidad en otros, y, no hay que hacer, salvarse del naufragio es el primer movimiento del instinto de conservación.

He aquí los efectos. Nada puede ahora modificarlos. Las nueve elecciones parciales que afectan son un grano de arena en el mar de la mayoría sin precedente. Solo en 1832 después de la reforma electoral obtuvieron un triunfo parecido estos liberales.

De los 661 asientos ya previstos los liberales tienen 375, los obreros (elemento nuevo) 51, los nacionalistas (es decir los irlandeses que quieren ser autónomos) 83, y los unionistas (gobierno antes, oposición ahora) 152, lo cual le da a los liberales propiamente dicho, una mayoría sobre todos los demás grupos de 80.

De los 51 diputados obreros solamente 30 son independientes, los otros pertenecen, por el apoyo que les han prestado, a los liberales.

Estos llamados obreros no implican la presencia de un partido socialista. Hay que distinguir. De manera que los 30 independientes (que pueden llegar a votar con los conservadores), han sido elegidos no «porque» sino «aunque» son socialistas.

Por otra parte el obrero inglés, –lo que lo distingue esencialmente del francés– no es socialista, «ni ateo» y la reforma de la ley sobre la enseñanza ha influido en gran parte sobre su voto. En una palabra, el obrero inglés tiene convicciones religiosas y quiere enseñanza religiosa para todas las comuniones.

En cuanto a las grandes líneas del partido obrero como elemento político, helas aquí:

Libertad de acción para los «Trade Unions[3]»; pensiones para los obreros ancianos; mínimum de salario para los obreros insuficientemente pagados; reserva de trabajo para los desocupados, «unemployed», mediante la plantación de árboles en terrenos incultos; organización de la agricultura en forma de pequeñas propiedades explotadas cooperativamente.

No cerraré este parágrafo que se hace largo, teniendo presente, lo repetiré, el título «ut supra» sin citar algunas palabras del señor Haldane[4], ministro de la guerra; hablando de la universidad de Edimburgo, de la que es rector; decía el otro día: los liberales han alcanzado una victoria magnífica y preguntaba qué les faltaba ahora, contestándose a sí mismo con una sola palabra: «ideas».

Es muy difícil hablar mejor. El partido liberal (no basta llamarse para ser), en todas partes necesita ideas, principios, una política lógica, consecuente, clara, neta, que hiera los espíritus, que los inspire y que pueda ser transmitida por los liberales de hoy a los liberales de mañana.

Me parece que cuadra bien aquí recordar un dicho de uno de los mariscales de Napoleón: «Je suis un ancêtre[5]». Porque, efectivamente, para que el partido liberal esté a la altura de su obra, de su misión, de su deber, es necesario que como el ilustre soldado de Napoleón, sea «un ancetre», un antepasado.


Recomiendo a ustedes un libro nuevo: «William Pitt»[6], por Charles Whibley[7], en el que se contiene un caudal precioso, interesante y ameno del parlamentarismo inglés.

Pitt es un estudio instructivo para todo hombre de pensamiento y acción, siendo su característica esta: en todas las cosas consideraba no tanto lo que desearía hacer sino lo que era posible conseguir; y en todo momento estaba pronto a renunciar a lo que le era más caro, a sus mismas propensiones, si veía que no respondían a la tendencia nacional. Fue eminentemente un hombre de su tiempo, el inglés más inglés de su generación. Eran otros tiempos. Eran los tiempos en que el vino hacía tales efectos en los miembros del parlamento que el gran hombre inspiró este epigrama:

Pitt: No puedo ver al presidente, ¿y tú, lo ves, Hal?

Demdas: ¡Que lo ha de ver! Yo veo dos…


La mujer es generalmente más sincera que el hombre en el acto de prometer, pero su memoria es menos consistente.


Al fin se conocen las listas de los muertos y heridos japoneses durante la última guerra[8].

Son enormes. Pero la imaginación, por lo mismo que les había atribuido proporciones fantásticas, no las hallará tan grandes.

Muertos sobre el campo de batalla: 43.219.

Heridos sobre el campo de batalla: 153.673.

Faltan (desaparecidos): 5081.

Heridos a causa de accidentes: 16.456.

Muertos e inválidos a causa de enfermedades: 221.136. Total: 439.565.

Lo que llama desde luego la atención, estando a esta estadística oficial, es el número relativamente bajo de enfermos si se le compara con las pérdidas sufridas durante las batallas.

El número de muertos debe parecer poco crecido, sobre todo si ustedes se acuerdan del sitio de Puerto Arturo y de los millares de cadáveres que quedaron sobre el terreno a cada asalto japonés.

Entre los desaparecidos se hallan comprendidos los prisioneros de guerra en Rusia; hay que sustraer de ese número el millar de nipones retenidos en el imperio moscovita, y añadir al contrario 4000 al de muertos.

Los unos fueron mordidos (!!) por caballos; otros aplastados por carruajes; algunos tuvieron los pies inutilizados el calzado defectuoso: en fin algunos cayeron al precipicio en las montañas.

Sobre los 221.136 enfermos o muertos de enfermedades, 17.366 fueron atacados de enfermedades contagiosas.

No menos de 281.587 heridos y enfermos fueron reembarcados para el Japón.

La cifra de los que han sido atendidos durante la campaña, por heridas o enfermedades, es de 391.265.

El número total de muertos próximamente 60.000.

De 1os soldados inválidos en los hospitales nipones 131.610, mes de agosto último, se curaron de sus heridas y 3601 murieron en el hospital.


Mi amigo el yankee, que ustedes conocen, dice algo que recomiendo al lector meditativo: «There is one excuse for every mistake a man can make, but only one»[9].

Más claro, o sea en nuestra lengua:

Hay una excusa para cada equivocación en que puede incurrir el hombre, pero solo una.


Cuál puede ser en Francia la solución política y religiosa de la crisis social, efecto de la separación de la iglesia del estado[10] (me expreso como la generalidad) solo les está reservado saberlo a los adivinos. Yo me limito a creer que es en extremo difícil que las cosas vuelvan al estado anterior a la expulsión de las comunidades religiosas; y en cuanto a un nuevo concordato, se necesitarían dos elementos, un Napoleón y un Talleyrand.

Mientras tanto los vientos que soplan no son monárquicos. No hay que equivocarse. De la profecía de Napoleón «dentro de cien años la Europa será republicana o cosaca» lo que parece más factible positivamente no es lo primero.


Iba a poner punto final cuando recibo «The Times[11]». Leo, y mi vista se fija en este párrafo de un editorial:

«Mr. Asquith[12] comienza su carrera de canciller del «Exchequer» declarando que la economía en los gastos nacionales es esencial.

Cada canciller del «Exchequer» (ministro de hacienda, ya saben ustedes), hace lo mismo no solo al principio sino frecuentemente durante el curso de sus funciones. Empero, no obstante una larga serie de tales declaraciones, todas hechas, no hay duda, de buena fe, el caso es que sucede lo contrario y, que las cosas van de mal en peor. Hay muchas irregularidades en la curva, su dirección es sin embargo en la misma tendencia general… tenemos ahora, un nuevo parlamento… veremos…».

Me parece que viene aquí como pedrada en ojo de boticario, para recordar el adagio; en todas partes se cuecen habas y en mi tierra a calderadas.


  1. Ver nota al pie de la PB.10.01.06 o índice onomástico.
  2. Idem.
  3. Trade Union es la denominación en inglés para los sindicatos obreros, así como tradeunionism lo es para movimiento sindical o sindicalismo. Su traducción literal es “unión de comercio”. De estas uniones surgió en 1900 el Labour Party (Partido Laborista). Durante los años en que Mansilla escribe sus Páginas breves, y dadas las condiciones de extrema explotación de los trabajadores, había frecuentes reclamos obreros en torno a reducción de la jornada laboral, mejores condiciones laborales (tales como prohibición del trabajo infantil) y aumento de los salarios. Entre las figuras importantes del siglo XIX, cabe mencionar a Herbert Smith, Will Crooks y John Burns.
  4. James Aylmer Lowthorpe Haldane (1862-1950) fue un militar escocés del ejército británico. Antes de ser ministro de guerra, participó de la guerra de los Boeres, junto a Winston Churchill. En 1930 escribió su obra My Early Life, en la que narra extensamente sus experiencias de guerra en Sudáfrica. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/88530312).
  5. “Yo soy un antepasado”.
  6. Whibley, Charles. William Pitt. Edinburgh: 1906.
  7. Charles Whibley (1859–1930) fue un periodista, crítico literario y escritor británico de corte liberal. De entre sus más de treinta obras, mencionamos aquí las producidas durante los años cercanos a las Páginas breves: William Makepeace Thackeray (1903), Literary Portraits (1904), American Sketches (1908), The Letters of an Englishman (1911). (Extractado y traducido de la página que la Glasgow University alberga sobre este autor. En línea: https://rb.gy/ypdnbn).
  8. La guerra ruso-japonesa tuvo lugar desde el 8 de febrero de 1904 al 5 de septiembre de 1905 alrededor de la península de Liaodong y Mukden, los mares de Corea y Japón y el mar Amarillo.
  9. La frase pertenece al libro de Lorimer, George Horace, Letters from a self-made merchant to his son being the letters written by John Graham … (Boston: Small and Maynard, 1905) del cual Mansilla ya ha hablado en su página breve del 10 de febrero de 1906. Para información biográfica mínima sobre su autor, ver nota al pie 2 de dicho artículo.
  10. Mansilla se refiere a la Ley de Separación de la Iglesia y el Estado, sancionada en diciembre de 1905 en Francia. Para más información, ver nota al pie de la PB.12.01.06 o índice onomástico.
  11. The Times es un periódico nacional de derecha publicado diariamente en el Reino Unido desde 1785. Aunque se estuvo imprimiendo en formato broadsheet (sábana), durante 200 años, hoy en día es de tamaño compacto tabloid (tabloide). The Times fue fundado por John Walter y en sus inicios se llamó The Daily Universal Register. Fue el primer periódico en enviar corresponsales al extranjero, así como corresponsales de guerra para cubrir diversos conflictos. Durante la Guerra de Secesión, The Times representó el punto de vista de las clases altas, en contra de la abolición de la esclavitud. El tercer editor general del diario, llamado también John Walter, sucedió a su padre en 1847. Desde la década de 1850, la competencia empezó a aumentar, ante el crecimiento de The Daily Telegraph y The Morning Post. Actualmente, el diario se edita en papel y digitalmente, y puede consultarse en: https://www.thetimes.co.uk/. (Sus archivos pueden consultarse en The British Newspaper Archive: https://rb.gy/qwyx3v).
  12. Herbert Henry Asquith (1852–1928) fue Primer Ministro del Reino Unido por el Partido Liberal entre 1908 y 1916. Es considerado por algunos historiadores el líder de guerra más destacado de Inglaterra durante el S.XX. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/66475626).


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