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EL DIARIO

Martes 8 de Mayo de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

Abril 5.

 

Comencemos hoy por una noticia que más de cuatro del bello sexo envidiarán.

Mademoiselle Isnard acaba de debutar como abogado en Avignon.

Anteayer tomó la palabra por primera vez interesando al auditorio sobremanera, por su elocuencia.

Mr. Ladeveze, presidente del tribunal local, le dirigió una breve alocución, en nombre de sus colegas, para felicitarla. Un abogado hizo lo mismo. En seguida mademoiselle Isnard desarrolló su alegato.

Defendía a una “pulpera”, diré, “cabaretière” en gabacho[1], que amenazó hacer uso de un revolver para defender su propiedad.

Los jueces a fuer de galantes hicieron caso omiso del delito de amenazas y no condenaron a la pulpera más que a dos nacionales de multa.


Experimental. Cuando el ministro, el banquero, el canciller, el presidente, el que puede, en suma, toma el lápiz después de haber oído lo que se desea y apunta, podéis estar casi seguros de una cosa: que no hará nada. En estos casos no hay apunte como la buena voluntad para refrescar la memoria.


“Le Monde et la Guerre Russo-Japonaise”[2], que acaba de ver la luz pública, es un libro que debe ser leído por los estadistas argentinos que quieran informarse debidamente.

Su autor M. André Cheradame[3] es un escritor político muy estimado en los círculos diplomáticos.

En este libro M. Cheradame hace el balance de las ganancias y pérdidas, balance en extremo sugestivo, resultantes de la reciente guerra para las potencias directa o indirectamente afectadas por ella, y apunta los medios de restablecer el equilibrio europeo perturbado por la derrota de Rusia.

Las consecuencias de esa guerra, dice, han creado de repente problemas en los que la Europa está tan interesada como el Asia y cuya solución es más urgente todavía para el Occidente que para el Oriente. Sus efectos ya se han sentido hondamente en Europa, donde la cuestión de Marruecos, la incesante actividad de Guillermo II[4] y la conferencia de Algeciras[5] son evidentemente la consecuencia de las derrotas de Mukden y de Tsu-Shima[6].

M. Cheradame recuerda el hecho de que él mismo, no ha mucho, en 1902, prevenía a Rusia que no incurriera en el fatal error de creer lo que la Alemania pretendía infundirle, que sus intereses reales estaban en el Extremo Oriente.

El “exposé” de las causas complejas de la guerra, muy luminoso, documentado, apoyado en indagaciones prolijas hechas en 1903 en Washington, Tokio, Seoul, Port Arthur y Pekin, donde él mantuvo relaciones personales con gente que ha representado un gran papel en los sucesos ulteriores, el “exposé” repito, parece convincente.

La misma impresión dejan las reflexiones tendientes a restablecer el equilibrio de la balanza perturbada por la victoria del Japón.

Un capítulo notable es el que se propone demostrar que la política de las “ententes” es más práctica, más eficaz, que la de las “alianzas”, tanto más cuanto que aquellas, las “ententes”, pueden, sin ligar demasiado en el presente, convertirse fácilmente en alianzas, según las necesidades del futuro.


Mr. René Bazin[7], de la Academia francesa, hizo el otro día una conferencia en extremo simpática siendo el tema “Las compañeras de la vida”, o si ustedes quieren más claridad: la mujer casada, centro del hogar.

Se propuso principalmente vindicar a la mujer francesa, tenía razón, de un cargo, mejor dicho, de una falsa reputación, la que le han hecho los mismos novelistas franceses con su eterno eje, romántico hasta la aberración, a saber, el adulterio.

Muy espiritualmente, M. Bazin se preguntó a sí mismo al terminar, a guisa de peroración: si no le reprocharían (las damas circunstantes) el no haber hablado del amor.

Y muy espiritualmente se contestó también a sí mismo: pero si no he hecho otra cosa durante mi conferencia, he hablado de él sin nombrarlo, puesto que el amor fundado en los sentimientos profundos es el único verdadero, el que no muere con la edad.


Adrede escribo este párrafo:

Contesto así a los remitentes (algunos de ellos anónimos), que de algún tiempo a esta parte me interpelan o me mandan sus elucubraciones en letra de molde o manuscritas.

Saben bien, me pregunto, estos mis corresponsales, diré, ¿saben bien de lo que hablan cuando vociferan contra la religión?

Admito que sí. Me veo forzado a ponerme en tal hipótesis. De lo contrario mi contestación no se explicaría. Perder mi tiempo es siempre hablar con los que no nos entienden a medias siquiera.

Comienzo entonces consignando dos interrogaciones con sus respectivas respuestas, que tienen por autor a monsieur Jean Izoulet[8], cuyas conferencias suelo oír en el Collège de France, conferencias a las que asisten algunos argentinos, que conozco de vista, a algunos personalmente ser dos Madariaga, hijos del benemérito general, excelentes hermanos que no se separan.

Ha dicho Izoulet:

¿Qué es el cristianismo? Es la “no resistencia al mal”, dice Tolstoi. Es “la resistencia al mal”, dice Mahan[9].

Todo el debate está ahí. Hay dos “pacifismos”: el pacifismo “flojo” (blando, en francés “flasque”), y el pacifismo “viril”.

Es el alma de las Cruzadas, la que arde en Mahan, alma religiosa y guerrera, por lo demás sin “clericalismo”, ni “militarismo” si por “militarismo” es menester entender el instinto de provocación y el falso punto de honor, y si por “clericalismo” es menester entender la “letra que mata en vez del espíritu que vivifica”.

“No hay nada peor que la corrupción de lo mejor”: el “sable” y el “hisopo” son grotescos y odiosos; pero la Cruz y la Espada son sublimes cuando simbolizan y polarizan las santas energías de una raza en peligro.

Hecha esta introducción vengamos al otro punto: la enseñanza puramente laica en las escuelas.

La cuestión quema. Se agita el fuego de las pasiones en todas partes donde ella se presenta.

Es lo que está pasando en Inglaterra lo que todavía estremece el alma de Francia, ningún esfuerzo alcanzará a aniquilar su espíritu cristiano; morirá con su existencia material y física en el concierto mundial, planetario.

La ciencia tiene sus límites, no hay qué hacer; la ciencia tiene sus sueños también; la ciencia tiene su teatro en lo fenomenal, en lo objetivo.

Pero es que hay también un mundo subjetivo, y en esta estera es donde solamente podemos hallar realizado lo que el mismo Berkeley llamaba “su sueño” (cada hombre tiene el suyo), es decir: el secreto de algo inmanente y trascendente, que no se contiene en ninguna filosofía científica o positivista.

No es puramente laica en las escuelas inglesas la enseñanza; la batalla que en este momento se está peleando, entre lo que se llama “denominacionalistas” y “noconformistas”, no acabará seguramente venciendo en toda la línea uno de los dos, por más que los últimos sean a la hora de esta mayoría en la Cámara de los Comunes.

Los denominacionalistas son mayoría en el pueblo inglés, entrando en ella los anglicanos, los católicos, los wesleyans, y los judíos, todos los cuales no comprenden la educación sin enseñanza religiosa, máxime si la pagan directa o indirectamente; ni se contentan tampoco con una enseñanza puramente bíblica.

El argumento que les hacen, y es fuertísimo, se traduce así: todo noconformista que vote por una ley obligando a los anglicanos, católicos, judíos, etc., a costear, en parte, escuelas en las que solo se enseñe la Biblia probará que no es cristiano verdadero, puesto que le dará a otro lo que no quisiera que le hiciesen a sí mismo.

Dicho argumento reza también con los anti-denominacionalistas.

Observo de paso, pero llamando muy seriamente sobre ello la atención de los que esta respuesta lean, que en Alemania –país que no se dirá soñador, siendo eminentemente científico– la gran controversia se ha resuelto con esa sabiduría peculiar al espíritu práctico alemán, contrario a todo lo que sea indisciplina, palabra que empleo en el sentido de que cada cual tire por su lado sin miramiento por los derechos ajenos.

La Prusia, por ejemplo, es un país de mezcla de religiones, siendo la mayoría protestante.

El Estado obliga a los niños a asistir a la escuela; pero reconoce su deber de darles a esos niños una educación tal cual lo exige la conciencia de sus padres.

Las escuelas públicas elementales costeadas por el público son todas “denominacionales”.

Son evangélicas o católicas conforme a la religión que prevalece en el distrito.

La religión denominacional es enseñada a parte a horas determinadas y forma parte del curso.

El clérigo de la localidad tiene el derecho de dar esa instrucción, y en su defecto debe darla el maestro.

El maestro tiene calidad para darla pues debe haber cursado en las escuelas públicas de enseñanza, protestantes o católicas, costeadas también por el Estado, y está sujeto a una inspección protestante o católica, según el carácter de la escuela.

Jamás se le ha ocurrido a un prusiano que un hombre pudiera merecer la confianza de enseñar una religión que no profesa, y mucho menos si no profesa ninguna.

No se han perdido de vista los derechos de la minoría.

Si en una escuela católica hay, verbigracia, doce niñas protestantes, la autoridad escolar tiene la obligación de proporcionarles una enseñanza religiosa protestante separadamente.

Si hay setenta niños protestantes en una escuela católica la autoridad debe proveer una nueva escuela protestante.

Lo mismo sucede respecto de niños católicos en una escuela protestante.

La autoridad local suele ir a veces, más allá de lo requerido por la ley, y así provee una escuela separada para una denominación que tiene menos de setenta niños de una religión diferente de la de la escuela.

Los judíos, en particular, cuyo número es frecuentemente reducido, reciben ayuda de la autoridad local si quieren tener escuela separada.

Hay también en Prusia algunas escuelas “simultáneas” en las que se enseña la religión católica o protestante, como parte del currículum, curso, pero son pocas.

Estas escuelas son costeadas por la comuna (o “gemeinde”) y el Estado la ayuda en parte.

Como se ve, no se perturba la conciencia de nadie; porque el dinero del público es distribuido igualmente y en la proporción debida siendo todos como son contribuyentes, de donde resulta que no hay substancial injusticia posible o que cada secta recibe lo que le corresponde.

En resumen, se respeta el derecho de los padres, y sus hijos son educados conforme a la religión que ellos profesan.


Les dije a Uds. cuando se hablaba de reunir una conferencia internacional en Algeciras o en Madrid: no habrá guerra: “la paix armée c’est la peur armée[10]“.

Me fundaba en que no había materia. Con pretextos no se compromete, en esta época, la paz del mundo.

¿Y?

Lo que es esa interrogación líquida, verdadero profeta ha de ser el que augure lo que en ella se contiene como cifra misteriosa del futuro.


  1. Gabacho, cha. Del occit. gavach ‘que habla mal’. 1. adj. Natural de algún pueblo de las faldas de los Pirineos. U. t. c. s. […]. 4. adj. despect. coloq. francés. DRAE en línea: https://dle.rae.es/gabacho?m=form.
  2. Cheradame, André. Le Monde et la Guerre Russo-Japonaise. Paris: Muret, 1906.
  3. André Chéradame (1871–1948) fue un periodista e investigador francés perteneciente al École Libre des Sciences Politiques. Colaboró con el diario Le Petit Journal. Escribió sobre geopolítica europea durante la primera mitad del siglo XX. Tuvo una mirada crítica –y tristemente anticipatoria–hacia el afán expansionista de Alemania. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/32100599).
  4. Guillermo II de Alemania o Wilhelm II (1859 -1941) fue el último emperador o káiser del Imperio alemán y el último rey de Prusia. Su reinado se extendió desde 1888 hasta noviembre de 1918, poco antes de que se declarara la derrota del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial. (Extractado de VIAF:
    http://viaf.org/viaf/121621349).
  5. La Conferencia Internacional de Algeciras tuvo lugar en la ciudad española de Algeciras entre el 16 de enero y el 7 de abril de 1906, con motivo de resolver el llamado “primer conflicto marroquí” y ratificar la alianza franco-inglesa establecida en 1904 a partir de la Entente Cordiale.
  6. Dos batallas de la Guerra ruso-japonesa, que tuvo lugar en Manchuria y Corea entre 1904 y 1905.
  7. René François Nicolas Marie Bazin (París, 1853 – París, 1932) fue un novelista y ensayista francés, miembro de la Légion d’honneur y de la Academia Francesa desde 1903. Entre sus obras, se destacan: Les Oberlé (1901; la obra que le dio ingreso a la Academia), L’Âme Alsacienne (1903), Donatienne (1903), L’Isolée (1905) y Mémoires d’une vieille fille (1908). (Extractado y traducido de la página oficial de la Academia Francesa. En línea: https://bit.ly/35nJzqC).
  8. Ver nota al pie de PB.06.04.06 o índice onomástico.
  9. Ver nota al pie de PB.06.04.06 o índice onomástico.
  10. ” La paz armada es el miedo armado”.


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