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EL DIARIO

Miércoles 10 de Enero de 1906[1]

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, diciembre[2]

 

Me propongo darles a Vds. noticias (mías) de cuando en cuando y con la posible regularidad.

Para que el vínculo no se afloje es bueno tener siempre presente el proverbio que en casi todas las lenguas reza como en español: ausencia engendra olvido.

Esas noticias no podrán contener muchas novedades frescas, el telégrafo me ha de sacar la oreja. Pero mis propias observaciones e impresiones solo yo podré trasmitirlas.

Como más probable es que estas letras lleguen a conocimiento de Vds. cuando ya los esté iluminando el sol de 1906, ruégoles creer que a todos los que conozco y hasta a todos aquellos cuya existencia ignoro, les deseo, de veras, la mejor salud y toda la alegría que puede disfrutarse bajo las estrellas.

Todo pasa, mucho sin dejar mayor enseñanza a fuerza de repetirse, como el fraude electoral; algo pudiendo servir de ejemplo a los pueblos que viven fortalecidos por las auras de la libertad.

El partido conservador, que durante veinte años ha gobernado la Inglaterra, qué digo, el Imperio Británico, acaba de caer dividido por cuestiones fiscales[3].

Es toda una revolución pacífica (deben ahí mirarse en este espejo) que le devuelve la hegemonía al partido liberal inopinadamente.

No es difícil explicarla, ni entenderla. Para lo primero sería menester emplear mucha tinta. No estoy dispuesto a ello. Lo segundo cabe dentro de estas reflexiones sumarias: ¡admirable pueblo inglés! No tiene propiamente hablando constitución ―tiene leyes, tiene «costumbres», esto que Beccaria[4] llamó el más antiguo de los legisladores― y dentro de ese radio de pensamiento y de acción todo se mueve vivificado por la opinión. Es la única dictadura, digamos, que allí se soporta. La opinión es voluble. Con ella cambia el gobierno. Este es alternativamente, constituyendo los partidos meros instrumentos para mover el mecanismo gubernativo, poder ejecutivo u oposición. El rey es el fiel de la balanza, así como el parlamento es el que tiene los cordones de la bolsa, la parte más sensible de todo pueblo juiciosamente administrado, como que tanto cuesta ganar el pan cotidiano.

¿Vivirá mucho este partido en el poder?

Mi opinión es que no. En todo caso no vivirá, es seguro, veinte años. Tiene entre otros, aunque un poco entrado en años, un rival formidable; tiene a Chamberlain[5], tipo de esos que del otro lado de la Mancha, como aquí dicen, acaban por prevalecer: porque representan la superioridad del sentido práctico y tenaz sobre la alta cultura intelectual y la flexibilidad de los pensamientos refinados.

Esperemos, y los que vivieren verán.

Sobre este partido liberal inglés pesa algo así como un estigma. Es el dicho de una mujer de sus mismas filas: «que no puede caer como un hombre, ni vencer como un caballero».

En efecto, cuando está abajo es agresivo y procaz; cuando está arriba poco generoso. Y en cuanto a Campbell Bannerman, su jefe, ¡qué diferencia entre él y Balfour[6]! La que hay entre un «gran señor» y un cursi verboso cualquiera.

En la orientación respecto a los puntos cardinales, carece este partido también, a mi juicio, de inteligencia completa. Por manera que si el partido conservador se ha dividido en materia fiscal, lo repito, dejando al gobierno conservar su homogeneidad, que no conservará el liberal cuando le llegue su día, por lo ya dicho: que su inteligencia no es completa. Tiene, por decirlo así, en sus flancos un caballo de Troya, el «home rule»[7], la interminable cuestión irlandesa, y algo que no tiene el partido conservador al menos tan visiblemente, no obstante sus discrepancias transitorias, pues son varios los que se disputan su dirección. De ahí las dificultades con que en la hora presente tropieza Campbell Bannerman para constituir el gabinete.


Otro acontecimiento nos llega del Norte de América, y es la novedad del día, particularmente para los sudamericanos. Me refiero a unos párrafos del mensaje del presidente Roosevelt[8] que no abre la boca sino para decir algo que llame la atención. Es siempre oportuno. Usa anteojos, diríase que tiene cuatro ojos.

El tema es la famosa Doctrina de Monroe[9] tantas veces comentada (y hasta violada) aumentada ahora, corregida, ilustrada, casi iluminada con láminas finas sobre acero.

Vds. recibirán «in extenso» el documento. Yo de conformidad con el título de estas plumadas seré conciso.

Todo lo que nuestro país desea, dice, es que las otras repúblicas del continente americano sean dichosas y prósperas, y no pueden ser dichosas y prósperas si no mantienen el orden en el interior de sus fronteras y obran teniendo en cuenta como deben sus obligaciones para con el extranjero. Es menester que se comprenda que en circunstancia alguna los Estados Unidos se servirán de la Doctrina de Monroe como de un velo disimulando una agresión territorial.

Es, ni más ni menos, lo que hace dos años escribía yo diciendo: tengamos la fiesta en paz, cumplamos las promesas del gran Preámbulo de la Constitución, y no temamos nada de nadie; porque la justicia, el derecho y la probidad en todo gobierno regular son una coraza contra la que la fuerza no puede tener sino una razón efímera, a lo que se agrega que, en estos tiempos, la conciencia universal del mundo civilizado ampara, protege, escuda y ayuda a que venzan, en definitiva, los débiles acometidos por la osadía sin escrúpulos de los poderosos.


He leído últimamente dos cartas muy interesantes del Dr. Pellegrini[10]. Escribe «currente calamo» con tanta lucidez y tanta espontaneidad (quizá con demasiada espontaneidad) lo cual tiene el inconveniente de que la acción no alcanza hasta donde la palabra va, que esto no obstante lo leo siempre con gusto.

No estoy de acuerdo con lo que generalizando llamaré su tesis sobre arte. Será y no es un argumento contra su existencia, incipiente el arte argentino; pero que existe no cabe duda. En todo orden de ideas ya podemos ofrecerle al mundo ejemplares distinguidos, eminentes algunos, de hombres que han hecho y hacen las cosas bien, con elegancia, con gracia, con ciencia y saber. Tenemos escritores anteriores y posteriores a la Revolución de Mayo, oradores, predicadores, literatos, poetas, novelistas, jurisconsultos, ingenieros, naturalistas, criadores, agricultores, médicos, químicos, exploradores, uno que otro pintor y escultor que no le van en zaga a muchos tan mentados en este hemisferio. El mismo Dr. Pellegrini es un argumento en mi favor. Como lo era el malogrado Miguel Cané[11] que con él se opuso a la ley, motivo de la censura cáustica de Daireaux[12]. Serán pocos. Pero la cuestión no es de cantidad si no de calidad. Por otra parte las manifestaciones del arte, como producto nacional, se exteriorizan en razón directa de la edad de las naciones y de su población. La edad es un factor de gran importancia. ¿Cuántos pintores, cuántos escultores, cuántos novelistas, cuántos poetas? Muy pocos. Cuestión de edad. Por lo demás no se pierde de vista que hasta lo mediocre ―sí, lo mediocre― es un antecedente cuando se quiere medir, permítaseme la expresión, la mentalidad, el positivismo, la fe de un pueblo; todo lo cual amalgamado constituye su substancia espiritual, lo que en otros términos, agita la materia. Tan exacto es esto que los clásicos, dado el momento, no luchan con ventaja contra los diletantes, a tal punto que los libros sin fondo caminan más que los que lo tienen a condición (y a veces sin ella) de que estén escritos con cierta maestría y muchas veces careciendo de ese requisito; ni más ni menos que la oleografía y la fotografía que anonada la pintura en general.


Otro capítulo sobre el que no estoy de acuerdo con el susodicho estadista (en tal carácter habla) es el que se refiere a la «amnistía». No conozco nada más grande, nada más bello, es casi divino, que el perdón. Mas a fuerza de perdonar siempre, lo más pronto posible, lo que resulta es que la fidelidad en la disciplina se pregunta: ¿no valdrá la pena correr la aventura de una calaverada, de un pronunciamiento?

Porque al fin y al cabo si salimos bien es el bastón de mariscal o el gobierno; y si nos va mal será lo de siempre, con un poco de descrédito para el país, sin compostura piensan los que ven los toros desde afuera, y para nosotros cuando mucho un poco de atraso en la carrera, habiendo casos en que es un timbre ser agitador revolucionario. Pues por no sé qué observación del gusto, por no decir del sentido moral, resulta que las damas (esa fuerza colosal), hallan, no sé por qué, que un oficial que se subleva, faltando a sus juramentos, es hasta más buen mozo que el que ha mandado a su tropa: firme del lado del gobierno que me honra con su confianza.

No es la primera vez que cuando el doctor Pellegrini mira a la derecha yo miro a la izquierda, él atrás, yo adelante y siendo curioso fenómeno que yo me equivoco más que él con los individuos y él más que yo con las tendencias; de donde puede colegirse que en los mirajes del porvenir no vemos él y yo las mismas sombras chinescas.

Otra vez, los que vivieren verán. Paréceme empero a mí que no van derecho los que se empeñan remendando en lo viejo, en girar dentro del círculo vicioso de la cuadratura de la misma cantinela. Qué quieren Vds. se me pone esto: que el país quiere gente nueva, o gente con nuevas ideas o concepción diferente de la de antaño sobre lo que más nos conviene a todos.


Como estoy preparando otra edición de mis «Estudios Morales»[13] he de irles anticipando a Vds. algunos aforismos inéditos.

Allá va uno:

No es cierto que los pueblos tienen el gobierno que merecen (es lo que se dice cuando el gobierno es malo). No, los pueblos que tomados en masa son sencillos tienen derecho al mejor gobierno posible.

Otro:

No es un argumento contra los servicios prestados a su país por un hombre, que otro hubiera hecho lo que él.

Otro más:

El gran mal de ciertos mandatarios consiste en su inercia. Son como machorras. Están y pasan sin darse cuenta de que en el gobierno no basta estar, burlando así toda expectativa.


De nuestros paisanos, ¿qué les diré a ustedes?

Brillaban por la ausencia ha pocos años. Ahora pululan. Los ve uno en todos los barrios, paseos, teatros, museos, hoteles, restaurants y cafés.

Dicen que hay más de cinco mil inscriptos en los diversos consulados (4000 aquí).

Calculando que término medio gasten veinte francos por día, no es mucho, resultan cien mil diarios, la friolera de tres millones por mes que tienen que venir de ahí.

No se contentan con esto los criollos. Hasta edifican.

Aquí cerca de mi casa, en la Avenida Víctor Hugo, está ya concluido un hermoso edificio para renta en cuyo frontispicio se lee con hermosas letras cubitales, esto: «Mayol, Cité, l’Argentine».

Pasé ayer por ahí y en mi interior exclamé: ¡viva la patria!

Este Mayol es el casado con una hija del que tanto quisimos todos, Julio Cramer[14].


Estánse haciendo trabajos para llevar a la Academia Francesa nada menos que a Catulle Mendés[15], el «voluptuoso», y ya pueden Vds. imaginarse el furor fundado de algunos pudibundos de entre los cuarenta.


Rostand[16] está por concluir su curiosa producción dramática Chantecler[17], en la que los diferentes papeles representarán animales, como en el ingenioso poema de Casti «Los animales parlantes»[18].

El pensamiento humano vive así de reflejos, Cyrano eclipsará esto y otras cosas.


  1. Esta es una de las diez “páginas breves” que han sido reproducidas en la edición Mis Memorias y otros escritos de Secretaría de Cultura de la Nación (Buenos Aires,1994), con prólogo de Alberto Mario Perrone. Por su parte, Sandra Contreras, en su antología El excursionista del planeta (Buenos Aires: FCE, 2012) reprodujo las primeras cinco oraciones (desde “Me propongo” hasta “…bajo las estrellas”, p.439).
  2. Se trata de diciembre de 1905.
  3. En diciembre de 1905 el conservador Arthur Balfour (sucesor de su tío, Lord Salisbury, ambos pertenecientes al partido de derecha conocido como los “tories”) renuncia como Primer Ministro en la Cámara de los Comunes. El rey Eduardo VII invita entonces al político liberal Henry Campbell-Bannerman a asumir el cargo vacante de primer ministro. Así, en diciembre de 1905 el partido liberal ejercía, por primera vez, un rol protagónico y victorioso en la política de Gran Bretaña, sin necesidad de coalicionar con otros partidos. La gestión de Campbell-Bannerman –sobre la cual Mansilla hablará en reiteradas páginas breves– implementó una política mixta: aunque basada en el librecambismo y en el sistema económico del laissez-faire (de mínima intervención estatal), al mismo tiempo llevó adelante la reforma agraria y promulgó leyes sobre la jornada laboral, seguros y bienestar sociales. El Gabinete de Campbell-Bannerman contó con figuras como Herbert Henry Asquith, Edward Grey y Lloyd George. (Extractado y traducido de Chris Cook. A Short History of the Liberal Party, 1900-2001. Basingstoke: Palgrave, 2002).
  4. Beccaria, Cesare, marchese di, (1738-1794). Economista y criminólogo italiano, autor de Dei delitti e delle pene, entre otras obras fundantes en derecho criminológico. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/71387114).
  5. Chamberlain, Joseph (1836-1914) fue un influyente empresario y político inglés, perteneciente originalmente al Liberal Unionist Party (Partido Liberal Unionista), luego fusionado (en 1912) con el Partido Conservador. Chamberlain es recordado por su postura de defensa del imperialismo británico en política exterior (sobre todo en torno a los conflictos con las colonias de Sudáfrica) y por su contrastante postura de proteccionismo en materia de reforma social en política interior. (Extractado y traducido de Oxford Dictionary of National Biography Online. En línea: https://bit.ly/3bM7r8r. En VIAF: http://viaf.org/viaf/71387114).
  6. Balfour, Arthur James (1848 1930) fue Primer ministro del Reino Unido entre 1902 y 1905, predecesor de Campbell-Bannerman y sucesor de su tío, Lord Salisbury. Perteneciente al ala conservadora de la Cámara de los Comunes, tuvo una postura no intervencionista en materia económica (el llamado laissez-faire). En 1902, año de su asunción, se coronó a Eduardo VII rey y finalizó la guerra en Sudáfrica. En los años siguientes, se redactó la nueva Acta de Educación a Londres y el Acta de Adquisición de Tierras de Irlanda, por la cual el tesoro público británico se comprometía a facilitar capital a los arrendatarios para posibilitarles la compra de tierras. En materia internacional, durante la gestión de Balfour, en 1904, se conformó la Entente Cordiale (del francés: “entendimiento cordial”): un tratado de no agresión y de mutua regulación de la expansión colonialista entre el Reino Unido y Francia. También durante la gestión de Balfour tuvo lugar la guerra ruso-japonesa, en la que los británicos, aliados de Japón, estuvieron cerca de entrar en guerra contra la Rusia zarista. En las elecciones de enero de 1906, el partido de Balfour fue derrotado por los liberales, con Campbell-Bannerman a la cabeza. Este último sería el enemigo político principal del Balfour dado que, además de derrocarlo y sucederlo como Primer Ministro, votó en contra de su solicitud de formar parte de la Cámara de los Lores o Cámara alta. (El Reino Unido tenía un sistema legislativo bicameral, constituido por lo que sería el Senado –la Cámara Alta o de los Lores, House of Lords– y la Cámara de los representantes –o Cámara Baja o de los Comunes, House of Commons. Mientras que en la Cámara de los Comunes sus miembros eran elegidos democráticamente, en la Cámara de los Lores solo votaban determinados miembros. Ambas cámaras sesionan en el Palacio de Westminster). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/29574721).
  7. El Home Rule fue un estatuto que dotaba a Irlanda de cierta autonomía respecto de Inglaterra. En 1882 se crea el Partido Parlamentario Irlandés (Irish Parliamentary Party, IPP, más conocido como Irish Party o el Home Rule Party) órgano político que iniciaría una serie de reclamos formales en pos de la des-colonización de Irlanda respecto de Inglaterra. Recién en 1922 lograrán firmar la Independencia, pero durante las décadas que median entre la creación del partido y la final concreción del reclamo, la “cuestión irlandesa” fue un tema de constante debate en el Palacio de Westminster.
  8. Theodoro Roosevelt (Nueva York, 1858 –Nueva York, 1919) fue presidente de los Estados Unidos entre 1901 y 1909. Perteneciente al Partido Demócrata, su mandato se caracterizó por una política interna de corte progresista y social-protectora. Respecto de su política internacional, tuvo gestos tanto pacifistas (su contribución a la finalización de la guerra ruso-japonesa le valió el Premio Nobel de la Paz) como imperialistas, como por ejemplo, sus gestiones en pos de la terminación del Canal de Panamá en territorio por aquel entonces colombiano. (Extractado y traducido de Mellander, Gustavo A.; Nelly Maldonado Mellander (1999). Charles Edward Magoon: The Panama Years. Puerto Rico: Editorial Plaza Mayor). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/44346731).
  9. La Doctrina Monroe, sintetizada en la frase «America for the Americans», fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida al presidente James Monroe en 1823. Siguiendo la línea de política aislacionista iniciada por George Washington luego de que el país se independizase de Inglaterra, la Doctrina Monroe determinaba que los Estados Unidos tenía derecho a atacar a cualquier país europeo que interviniera en su territorio. Lejos aún los Estados Unidos de ser potencia mundial, esta doctrina implicaba un gesto de autonomía y afianzamiento de la recientemente adquirida soberanía nacional frente a al imperialismo europeo. Casi un siglo más tarde, en 1906, el presidente Theodore Roosevelt usaría la Doctrina Monroe para legitimar su propia política expansionista sobre el istmo de Panamá, territorio por aquel entonces de Colombia. La actitud imperialista de Roosevelt –cuyo gobierno fue, en muchos otros aspectos, progresista– despertó reacciones adversas en muchos dirigentes latinoamericanos, entre ellos Porfirio Díaz en México, que formuló la Doctrina Díaz, en defensa de la soberanía nacional de los países latinoamericanos, que debían cuidarse tanto del imperialismo europeo como del estadounidense. (Extractado de: Mignolo, Walter (2000). “La colonialidad a lo largo y a lo ancho: el hemisferio occidental en el horizonte colonial de la modernidad”. La colonialidad del saber. Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Ed. Edgardo Lander. Buenos Aires: CLACSO, 2000. 55-85. En línea: https://web.archive.org/web/20160527181413/http://www.hechohistorico.com.ar/antropologia/La_­colonialidad_del_saber._Eurocentrismo_y_ciencias_sociales.pdf#page=56).
  10. Carlos Enrique José Pellegrini (Buenos Aires, 1846–Buenos Aires, 1906) fue un abogado y político argentino que se desempeñó en la Legislatura Nacional, en el Ministerio de Guerra y Marina, en la Vicepresidencia del gobierno de Miguel Juárez Celman. Cuando este último renuncia a su mandato, como consecuencia de los trágicos sucesos conocidos como la Revolución del Parque, Pellegrini asume por dos años la presidencia de la nación. Para enero de 1906, cuando escribe las cartas que menciona Mansilla (época en la que se desempeña como legislador) ya se encuentra gravemente enfermo (muere en julio de ese año). (Extractado de: https://bit.ly/3jZnrqA. En VIAF: http://viaf.org/viaf/19824099).
  11. Miguel Cané (p.), (Buenos Aires, 1812–Buenos Aires, 1863), fue un escritor porteño de corte romántico, considerado por Beatriz Curia el primer novelista argentino, menos conocido que su hijo, de igual nombre y autor de la célebre Juvenilia (1884). Produjo novelas, cuentos y relatos de viaje muy leídos en su época. Entre sus obras, cabe destacar: Dos pensamientos (1838), Esther (1858), La familia de Sconner (1858), Eugenio Segry o El Traviato (1858), reeditadas por Beatriz Curia, y Una noche de boda (1854), reeditada por mí en 2018 y disponible en línea: https://bit.ly/32fqTr4. (En VIAF: http://viaf.org/viaf/169088974).
  12. Max Daireaux (Maximiliano Emilio Daireaux Molina) (1883-1954): novelista, ensayista y crítico literario franco argentino. Mansilla hablará nuevamente de este autor en varias Páginas breves (entre ellas, la del 2 de julio de 1906, a propósito del poemario Les Penitent Noirs [Los penitentes negros], de 1906). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/2503412).
  13. Mansilla, Lucio V. Estudios morales o el diario de mi vida. Paris: Richard, 1896.
  14. No hemos podido hallar información asociada a este nombre.
  15. Catulle Mendés (Burdeos, 1841–Saint-Germain-en-Laye, 1909) fue un escritor francés del parnasianismo, autor prolífico de novelas, cuentos, poemas, ensayos y piezas teatrales y libretos de ópera. Entre sus obras, cabe mencionar: La première Maîtresse (1894), Gog (1896), Glatigny (drama estrenado en 1906 y del que habla Mansilla en su página breve del 20 de abril de 1906), y los libretos de ópera Ariane (1906) y Bacchus (1909), ambos para el músico Jules Massenet. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/34460397).
  16. Edmond Eugène Alexis Rostand fue un dramaturgo francés neorromántico y miembro de la Academia Francesa desde 1901, autor de Cyrano de Bergerac (1897), de L’Aiglon (1900) y de Chantecler (1910), entre otras obras. (Extraído y traducido de la Encyclopaedia Britannica. En línea: https://bit.ly/3ig2nM9. También en VIAF: http://viaf.org/viaf/7396516).
  17. Chantecler se estrenaría recién en 1910 y sería, según algunos críticos de teatro, un rotundo fracaso.
  18. Casti, Giambattista. Gli Animali parlanti (Los Animales parlantes). Se trata, según Marcial Carrascosa Ortega, de “una zooépica satírico-burlesca en sextinas que gozó de una amplia difusión en la Europa decimonónica”. (En línea: https://revistas.ucm.es/index.php/CFIT/article/view/38166).


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