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EL DIARIO

Viernes 18 de Mayo de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, abril 14.

 

El conocido y distinguido autor Anatole France[1], presidiendo días pasados una fiesta en honor del “savant[2]” y egregio poeta portugués Teófilo Braga[3], pronunció un discurso que ha llamado mucho la atención por ser, como se sabe, muy acentuadas sus vistas socialistas.

Sostuvo con elocuencia el principio de neutralidad y la idea de patriotismo.

Conservemos, respetemos y mantengamos las “patrias”, insistió, porque esas organizaciones nacionales, en las presentes condiciones, son las formas necesarias de la vida social.

Reflexionemos, agregó, que la desintegración de los pueblos libres, la caída de las naciones intelectuales, lejos de ser el preludio de las razas liberadas, pronto conduciría a un régimen de autocracia bárbara en toda la Europa latina.

Finalmente, concluyó, las varias naciones deben ocupar su lugar en la federación universal como entidades vivas, no muertas.

Mediante las cualidades de las naciones que han sido fieles a su genio, que han respetado el genio de otros, que han respetado el suyo propio, conseguiremos realizar el sueño del profeta… es decir, reemplazar la espada por el arado.


He aquí lo que le contestan los oráculos del antimilitarismo:

Pues bien, nosotros los socialistas, nosotros osamos discutir la palabra “patria” y buscar cuál es su contenido.

Y nosotros descubrimos que la “burguesía” no es patriota sino a expensas de la clase obrera y que ella es esencialmente “antipatriota” por las mismas leyes de su evolución.

El régimen burgués o capitalista es esencialmente un régimen anárquico.

Las fuerzas productoras gigantescas que ese régimen ha engendrado, son otros tantos elementos desencadenados que la burguesía es incapaz de dominar. La burguesía es dueña del Estado. Pero los Estados modernos, basados sobre la explotación del hombre por el hombre, ¿no son arrastrados en el torbellino de la competencia universal y no han perdido el papel de directores independientes de las fuerzas sociales?


La Suiza ha descubierto en los últimos años que tenía algo mejor que minas de carbón.

La fuerza que se le ofrecía generosamente no estaba enterrada en las entrañas de la tierra.

La tenía a la mano. Estaba toda entera en los cursos de agua que la embellecen.

Esa fuerza era la fuerza hidráulica comúnmente llamada “hulla blanca”.

Acaba de merecer los honores de largas discusiones en la prensa, y de deliberaciones graves en el seno de los altos consejos de la nación.

Se creyó que un Cantón tenía el propósito de vender una parte de esa fuerza hidráulica al extranjero.

Como la materia no estaba aún legislada y como la constitución vieja ya de treinta y dos años, no la conocía, el consejo federal se sintió desarmado.

Cada cual pensaba sin embargo que la intervención del poder federal, en ese terreno, era no solamente legítima sino necesaria para resguardar los intereses generales del país.

Pero se habría deseado que fuese autorizada por una revisión de la constitución.

En vez de presentar desde luego un proyecto de revisión, la confederación ha creído poder procurarse el arma necesaria, sirviéndose de los artículos actuales, al caso, de la constitución, interpretándolas a su manera.

Y se propuso a las cámaras un simple decreto “subordinando las fuerzas hidráulicas a la autorización del consejo federal, bajo reserva de las disposiciones de los tratados internacionales existentes”.

El decreto subordina todavía la autorización al previo dictamen del gobierno cantonal y prevé, entre otras, dicha autorización, que no es acordada sino en el caso en que la fuerza “no halle empleo en Suiza” sea renovable cada veinte años, pudiendo ser reiterada, mediante indemnización, antes de los veinte años redondos.

El decreto mismo no es válido sino por tres años.

Hay la idea de sustituirle, dentro de poco, artículos de ley revisando al efecto la constitución.

En el intertanto, el consejo federal acaba de votarlo; mas no parece seguro que la medida sea adoptada por el consejo de los estados, en razón precisamente de su carácter algo inconstitucional.

Sea lo que fuere, ¡cuán lejos estamos del proverbio “de agua y lana” que tanto vale como decir, de poco o ningún valor o importancia!


Con motivo de la moción o proyecto de ley para que los miembros de la cámara de los comunes de Inglaterra gocen de un salario, acaba de publicarse la lista de lo que es práctica en las colonias inglesas, lista que reza así:

Canadá. Por una sesión de más de 30 días 2500 dollars, y por cada día de una sesión de 30 días 20 dollars por cada día de asistencia.

Australia. 400 libras esterlinas por año.

Nueva Zelandia. 300 libras etc., etc.

Tasmania. 100 libras etc., etc.

West Australia. 2000 libras etc., etc.

South Australia. 200 libras etc., etc.

Queensland 300 libras etc., etc.

New South Wales 300 libras etc., etc.

Victoria. 300 libras etc., etc.

Cap of Good Hope. Los miembros residentes dentro de 15 millas de la casa del parlamento una guinea por cada día de asistencia. Más de 15 millas, una guinea y 15 chelines de ayuda de costas.

Natal. Una libra diaria si la residencia está tres millas o más del lugar de la asamblea.


Monsieur Ferdinand Brunètiere[4] concluye, como sigue, un estudio sobre Balzac[5] y sus novelas (estudio que debe aparecer simultáneamente en París, en Londres, y en Filadelfia traducido al inglés):

“Sobre “la moral” de las novelas de Balzac, lo que digo es que no son hablando con propiedad ni “morales”, ni “inmorales”, sino lo que son y lo que debían ser, en tanto que representación de la vida de su tiempo. Son “inmorales” como la historia y como la vida, lo que vale afirmar que son “morales” como ambas, pues que, a no dudarlo, en un momento dado de su evolución no pueden ser sino lo que son.

Es lícito seguramente pensar que las “lecciones” que una y otras nos dan –si en todo caso su misión es darnos lecciones, y por mi parte lo dudo– no son las mejores lecciones, ni siquiera verdaderas lecciones; quiero decir que deban seguirse. Pero no veo que pueda reprochársele al cómo Balzac se ha limitado a hacerlas constar; o al menos una vez más no es su “moralidad” lo que se incrimina en este caso, es la concepción que se ha formado de su arte, y lo que se le arguye es el valor o la “legitimidad” de esa concepción. Hemos ensayado mostrar que no era posible sino en nombre de un ideal abolido en adelante. Réstanos ahora hacer ver que la legitimidad de esa concepción se prueba de otra manera, por la rapidez, la extensión y la universalidad del imperio que ha ejercido sobre los contemporáneos y sucesores de Balzac”.


El consejo es: si tienes algo de qué quejarte, algo que observar, y, sobre todo, algo que pedir o que reclamar no lo hagas en día gris, sino, cuando el tiempo esté lindo.


Ahora, después que la conferencia de Algeciras[6] no ha sido la guerra, nuevas preocupaciones agitan los espíritus, creyendo algunos que si la diplomacia ha evitado que truene el cañón no ha resuelto el problema de la “rivalidad” entre Inglaterra y Alemania.

En caso de conflicto, ¿cómo se hará la agrupación de las potencias?, ¿cuál será su actitud?

Tales son las interrogaciones graves.

En Algeciras el gran papel, el primer papel lo ha representado Inglaterra.

Hasta se ha dado el lujo de aprovechar la coyuntura para ostentar un poderío naval, inaudito en la historia, concentrando y haciendo evolucionar frente a Algeciras 25 cruceros y 6 acorazados.

Nunca jamás fuerza naval fue saludada en el mundo con tanto asombro como esta.

Inglaterra admirablemente preparada, ¿le dejará tiempo a la Alemania para terminar sus armamentos?

¿Cuánto durará ese plazo?

En previsión de semejante eventualidad, de un choque, las dos potencias tienen el mismo objetivo: poner de su lado al zar de Rusia.

Todo gira alrededor de ese eje maestro.

¡Imagínense ustedes las intrigas!

En Rusia se ha formado ya un partido que está en favor de una unión con la Inglaterra. Otros dicen: ¡cuidado con la pérfida Albión!

Inglaterra (aprovecha de la entente con Francia) hace llegar a oídos del zar de Rusia y de sus consejeros esta contestación: no nos opondremos a que se realice el testamento de Pedro el Grande.


Mariano de Cavia[7], que es para mí un periodista español exquisito, habla de esta manera en lo último suyo que leo sobre la inacabable (acabada al fin) conferencia de Algeciras: …el concierto de Algeciras pasará a la historia del Arte con esta bonita definición musical que le ha puesto un “dilettante” parisiense:

Introduction grave, en prélude de Bach; Andante lent, trés lent, forme de Tattenbach; Puis, scherzo de Mokri, rappelant Offenbach; En fin Tout à la Joie! Imité de Fahrbach.

El “Rousski Invalid” es el órgano por el cual un general ruso, anónimo trasparente, explica las múltiples causas de los desastres rusos en la última guerra.

Llama mucho la atención su franqueza, su patriótica sinceridad, y he aquí un solo párrafo para meditar, a qué más:

“Todo lo que se refiere al ejército es impopular en todas las capas sociales de la población”; tal es una de las causas principales de nuestros reveses.

Nuestra minoría instruida, no comprendiendo la verdadera importancia de la fuerza armada para el Estado, y mostrándose indiferente con el ejército, con dificultad podía contribuir a su éxito.

No es un secreto para nadie que cada vez que un ruso, perteneciente a una clase inteligente, se halla en la obligación de hacer su servicio militar, es decir, de prepararse a defender, con el fusil en la mano, la integridad y la independencia del imperio, empieza desde luego por pensar en sustraerse a ese deber patriótico.

Asedia las puertas de todos los estados mayores y de todas las direcciones. Pone en juego todas sus relaciones, todos sus amigos, y, en algunos casos recurre a la mutilación para escapar al “odioso” servicio militar.

¡Para qué seguir!


Una nota picante y será hasta la semana que viene.

Cuando el doctorismo o la elocuencia judicial haya perdido el secreto de la frase elegante, podrá ir a encontrarlo en la segunda cámara del tribunal de Ginebra.

Los diarios de dicha ciudad refieren el texto de una sentencia que acaba de dictar sobre esta grave cuestión:

“Une demoiselle peut-elle se parer du titre de madame?”

¿Puede una señorita adornarse con el título de señora?

Se trataba de dos parteras, viuda la una, soltera la otra, y ambas a dos del mismo nombre.

La segunda se intitula “Madame”, lo que la primera que es señora en verdad califica de competencia (concurrence) desleal.

El tribunal no le ha dado la razón a la viuda.

He aquí el principal considerando, que no carece de cierto sabor picaresco.

“No podría, en principio, negársele a una mujer no casada el derecho de discernirse ella misma el título de señora. La simple cortesía enseña, en efecto, llamarla así –en la duda– toda mujer que llega a la edad en que la palabra señorita dirigida por error no es acogida sino como un cumplimiento discreto. Las necesidades de orden profesional y el uso pueden, además, justificar esa derogación consagrada por la cortesía masculina. En el caso presente se concibe fácilmente que haya una cierta anomalía entre la ciencia del bien y del mal, que debe poseer la sabiduría y el candor que debe conservar siempre la señorita. Estas dos cualidades parecen, en efecto excluirse, y la malignidad del público podría fácilmente, en un caso semejante concederle demasiada ciencia a la señorita demasiado candor a la partera, lo que a las dos les perjudicaría…”.

¡Digan Vds. después que la literatura curial de Suiza carece de “esprit!”


  1. Anatole François Thibault (París, 1844–La Béchellerie, 1924), (seudónimo: Anatole France) fue poeta, novelista y ensayista francés. Agudo librepensador. […]. Su primera novela importante, El crimen de Silvestre Bonnard (1881), lo desmarcó de la corriente naturalista. Las ficciones autobiográficas Les Désirs de Jean Servien (1882) y El libro de mi amigo (1885) revelaron un anticonformismo que se plasmó un poco más tarde también en Tais (1890), novela histórica sobre el deseo y claramente en contra del cristianismo represivo. […]. En 1896 ingresó en la Académie Française pero, a pesar de su consagración literaria, quedó aislado al tomar partido por Alfred Dreyfus. El caso Dreyfus apareció en los últimos volúmenes de su tetralogía Historia contemporánea, compuesta por El olmo del paseo (1897), El maniquí de mimbre (1897), El anillo de amatista (1898) y El señor Bergeret en París (1901). […]. La vida de Juana de Arco (1908) y los relatos Clio (1899), Los cuentos de Jacobo Dalevuelta (1908) y Las siete mujeres de Barba Azul (1909) son testimonio de su pasión por la historia. Los dioses tienen sed (1912) y La rebelión de los ángeles (1914), en la que el autor vuelve a expresar sus opiniones sobre la religión, son sus dos obras más importantes del último período. […].Fundamentalmente pacifista, al estallar la Primera Guerra Mundial publicó Sur la voie glorieuse (1915) y Ce que disent les morts (1916), textos de fuerte connotación patriótica. En 1921 recibió el premio Nobel de Literatura. (Extraído y adaptado de Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Anatole France. En línea: https://bit.ly/2Zoe1gv. También en VIAF: http://viaf.org/viaf/4925052).
  2. “Experto” en francés.
  3. Joaquim Teófilo Fernandes Braga (Ponta Delgada, Azores, 1843 – Lisboa, 1924) fue un político y escritor portugués, introductor del positivismo en su país y principal figura de la escuela de Coimbra. Como político fue presidente de la República Portuguesa en 1915 y en 1919. […]. Escribió diversas obras eruditas de contenido filosófico, como Traços gerães de Philosophia Positiva (1877), y fundó la revista O Positivismo, publicada entre 1878 y 1882. Asimismo, produjo obras en torno al tema de la religión, como As origens poeticas do Christianismo (1880) y As Lendas Christãs (1893). […]. Dentro de sus piezas literarias –muchas de ellas con clara influencia de Víctor Hugo– se destacan: Folhas verdes (1859); Visão dos tempos (1864), Tempestades sonoras (1864), Ondina do lago (1866), Torrentes (1869), Miragens seculares (1884), Os doze de Inglaterra (1902), Frei Gil de Santarem (1905). Entre otros honores, fue miembro de la Academia de Ciencias de Lisboa y de la Real Academia de la Historia de Madrid. (Extraído y adaptado de Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografía de Teófilo Braga. En línea: https://bit.ly/2Rae4Ib). (También en VIAF: http://viaf.org/viaf/54161310).
  4. Ver nota al pie PB.01.02.06 o índice onomástico.
  5. Brunètière, Ferdinand. Honoré de Balzac. Paris: Calmann-Lévy, 1906.
  6. Ver nota al pie de PB.08.05.06 o índice de eventos históricos.
  7. Mariano de Cavia (Zaragoza, 1855–Madrid, 1919) fue un periodista español, colaborador asiduo de El Imparcial y de El liberal, ambos periódicos de Madrid. Varios de sus artículos han sido recopilados en los libros Salpicón (Madrid: Librería de Fernando Fe, 1892), Azotes y galeras (Madrid: Librería de Fernando Fe, 1891), y Notas de «Sobaquillo» (Madrid: Renacimiento, 1923). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/45652949).


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