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EL DIARIO

Miércoles 26 de Diciembre de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, noviembre 30.

 

El joven historiador italiano Ferrero[1] (solo cuenta 39), sigue atrayendo muchos y selectos concurrentes al Colegio de Francia, donde da sus interesantes conferencias, en buen francés gramatical malamente pronunciado, lo cual desvirtúa no poco, como se comprende, y ¡es lástima!, el efecto de su palabra erudita, a tal punto que el público que debiera aplaudir o reír se suele quedar mudo.

Por consiguiente, mejor es leerlo que oírlo leer, aunque sea más cómodo, a lo que se agrega, que cuando lee, atrancando, salteándose, no es tan detallado, ni tan prolijo.

Su Nerón del año pasado, no es el Nerón que ustedes y yo conocíamos, sino un Nerón más humano; ¡tanto mejor para los que estuvieron bajo su férula! y lo mismo digo de Agripina.

Ahora resulta que no conocíamos bien a César, ni a Antonio, ni a Augusto, ni a Tiberio; y que después de miles de años tendrán ustedes que corregir sus juicios sobre ellos.

Habrá que apresurarse pues a fallar definitivamente sobre Francia el del Paraguay, sobre Melgarejo el de Bolivia y otros, de casa o de la vecindad, que ustedes dirán cómo se llaman. De no, dejando correr el tiempo sin hacerlo, tendremos por lo que se va viendo, que el día en que digamos “liquidemos” la verdad estará en quiebra embrollada.

Sería quizá exagerado calificar de paradójico el género de ejercicio en que Ferrero hace lucir su gimnasia intelectual. Y entonces, ¿qué diré? Diré con mi amigo: “La historia que él nos revela bien puede ser la historia verdadera”, la historia más verdadera de lo que vieron los contemporáneos, que se rozaron con los hechos, que los “vivieron”. Yo agrego que Jorge Sand[2] pudiera entonces tener quizá razón cuando en alguna parte escribe: “esto lo describo muy bien porque no lo he visto”.

El señor Ferrero y otros, no tan metódicos ni tan sutiles como él, de por acá (y de por allá), están así dentro de una tendencia que yo traduzco de este modo: ni lo malo es tan feo ni lo bueno es tan bello; y como la imaginación ama las novedades, prosélitos no faltan. Y estos, según lo que de paso hago notar en mi “Ensayo histórico psicológico” (Rozas[3]), diríase que, viendo el pasado al través de los resplandores del presente, siempre descubren una altura o punto de vista personal eminente, inaccesible para otros simples mortales, desde donde ellos solos dominan lo que fue, mejor que los mismos que nos han trasmitido sus emociones, sus dolores.

A este método eminentemente subjetivo, Ferrero lo llama “ir de lo conocido a lo desconocido”. Me parece que es ir de lo conocido a lo conjetural unas veces; otras de lo conjetural a lo hipotético. O, valiéndome de una figura trivial, jugar a la gallina ciega con la historia.

De ahí que en todo lo que apoya sus hipótesis o sus conjeturas, invoque lo que antiguos y modernos han afirmado, si le cuadra, y de no que los elimine como cosa baladí.

El cardenal de Retz[4] diría: yo sé que eso no es verdad y hasta juzgo que no puede ser verdad; pero lo que me da miedo por vosotros es que comienza a ser creído por una especie de gente cuya opinión forma siempre con el tiempo la reputación pública.

Finalmente, columbro en este historiador una tendencia marcada (¿será política de circunstancias?) a lisonjear a los franceses y una inclinación velada a sindicar la Alemania, sin ser güelfo ni gibelino. Lo que sí es, pensemos o no como él, no puedo expresarlo sino inclinándome ante su potente envergadura de explorador. Y qué alto se cierne a veces en alas de frases transparentes que tienen un no sé qué de fluido encantador.

En una de sus excursiones por el vasto campo del “descubrimiento económico de las Galias”, productoras de trigo, las comparó a una República Argentina. Me electrizó. Se lo agradezco. ¡Qué cuerda esta del patriotismo y cuán fácilmente se la hace vibrar! En aquel momento discurrí en todo como Ferrero. Se me figuraba el alma materializada del Dante Alighieri; lo veía vagar por aquel mismo barrio de la Sorbonne en 1308, gritando como en “Los Proscritos” de Balzac (por mí traducidos[5]): “Ven hijo mío… partamos… mueran los güelfos!”


Es claro como el agua, como el agua que no ha sido enturbiada, que si un milagro pudiera ser explicado, no sería un milagro sino un fenómeno, como el de las chispas que salen del cabello de las personas nerviosas cuando se peinan, o como cualquier otro, no diré más extraordinario, sino más difícil de explicar o de entender según el grado de cultura intelectual que se ha alcanzado.

Dicho esto, voy a recomendar a ustedes (creyentes o incrédulos), el reciente libro del admirable artista de la frase descriptiva, J. K. Huysmans[6], autor entre otros libros incomparables de “La Catedral[7].

Por cierto, (lo referiré a ustedes en dos palabras antes de proseguir), que leerlo, hace años ya, y largarme en el acto a Chartres a ver la “Catedral”, fue todo uno.

El sacrista, no, la sacristana que guarda las llaves de la torre, tiene (supongo que aún vive) un negocito de imágenes, rosarios, cartas postales, etc.

Le compré por valor de veinte francos para remitirle a mi madre un recuerdo que le sería grato.

–Y, señor –me dice la sacristana– ¿que no le compra usted la guía de la iglesia?

–Madame, tengo el libro de “monsieur” Huysmans.

–Pero, señor, si monsieur Huysmans ha hecho su libro “d’ après le guide”, es decir, valiéndose de la guía…

Costaba muy poco, unos cincuenta céntimos de franco; no había, creo, en ello mayor cálculo de egoísmo después de lo mucho, relativamente hablando, que le había comprado: era ese su criterio, ese criterio vulgar que no sabe lo que es arte, que unas veces juzga del mérito por la extensión o por el tamaño; y que nunca jamás alcanzará a comprender todo lo que se contiene en el dicho de Galileo “é pur si muove”, o en la exclamación de Miguel Ángelo: “¡parla!”, dando el último martillazo a su Moisés (que algún sabedor argentino ha criticado lo mismo que a San Pedro en Roma).

Se llama el libro de la referencia “Les foules de Lourdes[8]”, o sea las multitudes de Lourdes. Dice el autor en un breve prefacio, que voy a resumir para hacerlo más corto todavía, lo cual si tiene un inconveniente ofrece la ventaja de que será leído en un santiamén: que su intención no es narrar minuciosamente la historia de “Bernadette” y de Lourdes; que sobre ello se han escrito cientos de volúmenes; que sencillamente se propone ayudar a la comprensión de los croquis y de las notas de que se compone su libro, o en otros términos, recordar ligeramente las apariciones de la Virgen en la gruta de Massabielle, situada en los bordes del riacho de la Gave, al poniente de Lourdes, donde en el año 1058 la Virgen hizo diez y ocho apariciones del 11 de febrero al 16 de julio, presentándosele a una jovencita de catorce años que murió a los 35, monja, en el convento de la Charité de Nevers[9], llamándose María Bernarda (y hay que creer o reventar).


El gran inconveniente de ciertas relaciones, y si son amistades peor, consiste en que una vez hechas no hay cómo deshacerse de ellas; son como una pústula que nunca se seca.


Tolstoy interpretado, es el asunto y el título del libro en inglés “The Greater Parables of Tolstoy[10]“.

El autor Mr. Walter Walsh[11].

Puedo recordar sin escrúpulos literarios su lectura (ahí saben muchas lenguas más o menos bien), aunque yo no sea “tolstoyano”. Confieso que lo único suyo que no me ha gustado, y que no me ha aburrido es la “Guerra y la Paz”.

Es casi imposible revistar un libro así con prolijidad sin hacer otro. ¡Imagínense ustedes! Tendremos entonces que contentarnos el lector y su servidor invariable, con tal cual indicación, dando así una idea del conjunto.

Por ejemplo, en “Anna Karenina” he aquí un hombre, dice Walsh, “que huye de la corrompida sociedad a las escenas puras de la Naturaleza (y yo digo “puras” hasta por ahí) y que al rato nomás ya está cambiado”.

Como dicen los franceses, es la “marotte[12]” de Tolstoy, que en esto se codea con Rousseau.

Ni uno ni otro, sobre todo Rousseau, vivieron entre bárbaros o gente primitiva, indios o cafres, de modo que hablan de esa feria por lo que han oído.

Pues yo que conozco prácticamente el anverso y el reverso de la medalla me quedo con esto, siendo más aficionado que Tolstoy al jabón, y respecto de Juan Jacobo, solo le hallo interés figurándomelo como una abstracción literaria. En cuanto le da forma y peso físico ya el personaje me da grima en toda la extensión de la palabra.


Aunque todos ustedes sepan más que yo puede ser que ignoren que “Duma” significa “pensamiento colectivo”.


Los juicios sobre Ibsen soy muy discordantes, porque en vez de juzgarlo como poeta y dramaturgo, se le juzga como filósofo y reformador social.


Monsieur Gustave Lanson[13], profesor en la Sorbona, acaba de dar dos conferencias en Lausanne sobre qué. Adivinen ustedes. Estamos atravesando unos tiempos en los que acabaremos por dudar hasta de que “cogito ergo sum”, pienso luego existo, sea un argumento concluyente.

Hasta hace poco se decía, refiriéndose a un prójimo, “bueno para un fregao y un guisao”, y si creía más en el diablo que en Dios, mejor que mejor: “es un volteriano”.

Pues, no señores, según el susodicho conferenciante, M. de Voltaire tenía una moral cristiana cuya base era la justicia y la beneficencia. Faltan las pruebas. ¿Y entonces? Es muy sencillo: si tiene razón M. Lanson, tanto mejor para el alma de M. de Voltaire, el cual dice no obstante en un diccionario filosófico: “alma” es un término vago, indeterminado… y en cuanto a creerla inmortal no lo entendía mucho que digamos…


Dónde lo he leído poco importa, el hecho, lo cierto, es que lo he leído y lo recuerdo en esta forma: fulano ha escrito un libro para demostrar qué habría sido no escribirlo.

Era corto, era largo, de qué trataba no lo sé. Si lo supe lo he olvidado y en este caso es lo mismo que haberlo ignorado.

Lo que acabo de decir no se aplica, todo lo contrario, a un folleto que me han remitido del Rosario, lindamente impreso y, lo que más me llena de satisfacción, inspirado por el amor a los niños, esa semilla del porvenir que nunca se tendrá demasiado cuidado en cultivar.

Es su autor un compatriota que no conozco, el doctor R. Vila Ortiz[14], aunque es seguro que debo haber conocido a sus padres.

Y la municipalidad del Rosario es la que “penetrada de la importancia que representa para el niño la creación de instituciones que lo defiendan, etc.”, la que está a punto de fundar a pedido del doctor Vila Ortiz un “dispensario para lactantes y gota de leche”.

Cuando uno examina los dos grabados que ilustran este noble folleto, sencillo y claro, al alcance popular, cual deben ser semejantes producciones, cuando uno ve el trasunto del “niño 8 meses criado exclusivamente al pecho” y el del niño de 8 meses “no” criado al pecho sale de lo más hondo del pecho esta exclamación: madres argentinas le debéis gratitud al doctor Vila Ortiz por los sabios y sanos y prácticos consejos que os da, y a la municipalidad del Rosario tengo que decirle ¡bravo! no solo porque así es como se exterioriza con provecho la civilización de un país sino por estotro (sic) que es de capital importancia.

No nutrir como la naturaleza y la experiencia científica, por añadidura, lo aconsejan, a los niños, es incubar generaciones débiles, enfermizas, pestíferas, y como todo se liga en la cadena del mal y de lo malo preparar desgraciados para los asilos y las cárceles.

¡Qué horror! Mándenme más folletos así. Ya que no sé escribirlos su lectura es consuelo en extranjeras playas.


Ya apareció aquello. O lo que tanto vale ya se está viendo la razón de fondo o el fondo del porqué de la rumbosa visita de Mr. Root a la América del Sud; que nadie amenazaba, ni pensaba amenazar ni amenaza, ni amenazará probablemente, llevando el filtro maravilloso de la doctrina Monroe[15] entre las frases de la retórica de las circunstancias inspirada por el espectáculo del decantado congreso pan-americano, y ya que las letras se prestan a un juego de palabras, digamos, con más pan para ellos, los del norte, que para nosotros los del sur; y no nos digan que esto no es hacer efectivo el refrán: la caridad bien entendida comienza por casa.

Al ver estos entusiasmos tan geniales en nuestra llamada raza latina, que como todos los meridionales tanto goza con todo lo que habla a su idealidad, no puede uno abstenerse de pensar, si un poco de sangre fría le acompaña, en el pobre Renán[16], que como diría Ernest Seilliére[17] tenía dos patrias, “una patria moral de su elección, que hasta 1870 se había creído con el derecho de amar sin escrúpulos”, y otra patria, la nativa, que no amaba menos en virtud de una ley natural.

Que esto es traer las cosas por los cabellos, pensará alguno de los que creen en el sentimentalismo yankee, y no lo niego, aunque no faltará algún español que si se acuerda de Cuba y de Filipinas me arguya, pues amigo, hace usted mal en no negarlo.

Sigo y al efecto tomo el hilo del comienzo. Como plato recalentado les llegará a ustedes todo esto. Por suerte es poca la ración. Pero, cómo hacer de otro modo; ni puedo volar, ni tengo el telégrafo gratis, a mi disposición; ni quien crea que vale la pena de costeármelo para estas como lucubraciones de ánimo prevenido.

Mr. Root[18], de regreso, ha seguido hablando (en su tierra no ha necesitado que lo traduzcan), y como el hombre es parlero ha hablado mucho y no sé si más de lo necesario. Quizá, estando a los comentarios de la prensa inglesa.

Mr. Root se ha quejado, en suma, de que los Estados Unidos no tienen bastante comercio con la América que fue española, la del Sur sobre todo. Quería ver vapores con la bandera estrellada surcando nuestras costas, como se ven con la inglesa, y quería que les compráramos tanto a ellos como les compramos a los ingleses y a otros, los alemanes, los franceses.

Pues, ¿no son ellos los autores de la doctrina Monroe, que nos libró de las garras de la Santa Alianza? Nobleza, gratitud obligan. Será lo que se quiera. Por su parte, y Mr. Root lo ha reconocido hablando en Kansas City, la Inglaterra recuerda: que si ella no se hubiera adherido en 1823 cuando los Estados Unidos no roncaban tan fuerte, a la doctrina Monroe, hay muchas probabilidades de que el afán yankee habría sido puro castigar las olas del mar menos irritadas que el que no las había podido dominar.

Este es asunto entre ellos. La Inglaterra dice, léase el “Times[19]”, que tanto cacareo no hace al caso (nadie piensa en conquistarnos). Y dice más y como quien no quiere la cosa: que es una “coincidencia” que Mr. Root hable como lo ha hecho precisamente cuando una comisión norteamericana está de visita en Berlín, ocupándose en cosas “técnicas”; pero que bien pueden tener otras proyecciones (es lo insinuado).

Resumen: por lo de Monroe tenemos ya dos obligaciones, la con Jonathan y la con John Bull. No es en medio de todo un mal; puede resultar divergencia y en tal caso mejor para el más débil.


¡Esos ingleses! No lo parecen pero lo son, aunque jueguen mucho a todo lo que es corporal, qué: moralistas.

Así sucede que a cada paso leyendo uno los diarios ingleses tropieza con algún aforismo por el estilo de este.

Hay tres clases de gente desagradable. Primero la gente que es desagradable sencillamente porque no quiere tomarse el trabajo de hacerse agradable; segundo, la gente que es desagradable por puro amor de la cosa; tercero, la gente que es deliberadamente desagradable con algún objeto o propósito.

Como ahí en el Río de la Plata hay muchos ingleses, ustedes verán cuántas categorías más de gente por el estilo debe agregarse a la cuenta.

Yo lo que sé por experiencia de muchos viajes con gente de nacionalidades diversas es que, como regla general, el prójimo que menos cosas agradables “dice” es el inglés; pero, en cambio, el que menos cosas desagradables “hace” también es él, el inglés.


  1. Ver nota al pie de PB.12.01.06 o índice onomástico.
  2. Ver nota al pie de PB.16.03.06 o índice onomástico.
  3. Mansilla, Lucio V. Rozas. Ensayo histórico-psicológico. París: Garnier, 1898.
  4. Ver nota al pie PB.13.11.06 o índice onomástico.
  5. Como explica Liliana Ferraro en su artículo “Lucio V. Mansilla: entre la historia política y la historia cultural. Una excursión… “(Revista de Historia Americana y Argentina, Nº39, 2002, UNCuyo, pp. 45-99) conocemos de Mansilla tres traducciones importantes: la de la novela de Balzac aquí citada, el libro Servidumbre y grandeza militar de Alfredo de. Vigny, y París en América de Eduardo Laboulaye. El artículo de Ferraro está disponible en línea.
  6. Joris-Karl Huysmans (París, 1848–París, 1907), fue un escritor francés considerado uno de los fundadores del decadentismo. Influido fuertemente por la filosofía de Schopenhauer, sus obras se caracterizan por expresar un disgusto por la vida moderna y un profundo pesimismo, especialmente su novela más famosa, A contrapelo (À rebours, 1884). Sus primeras novelas –Marta (1876) y Las hermanas Vatard (1879)– estaban inspiradas en el naturalismo de Zola. En 1892, se convierte al catolicismo. Sus novelas En ruta (1895) y La catedral (1898) están dedicadas a narrar esa experiencia religiosa y mística. En 1899 se retiró por dos años al monasterio benedictino de Ligugé, en Francia. Durante su estadía escribió Sainte Lydwine, una biografía novelada sobre Santa Liduvina, publicada en París en 1901. En 1903 publica L’Oblat, obra basada en su experiencia en el monasterio. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/41841635).
  7. Huysmans, J. K. La cathédrale. Paris: Tresse & Stock, 1898.
  8. Huysmans, J.K. Les foules de Lourdes. Paris: Tresse & Stock, 1906.
  9. La historia y las imágenes del convento y de Bernadette pueden visitarse aquí: https://bit.ly/2Zncx5Z.
  10. Walsh, Walter. The Greater Parables of Tolstoy: With Interpretations as Told to His Congregation. London: s/e, 1906.
  11. Walter Walsh, D.D. (Dundee, 1857–Londres, 1931) fue un líder religioso escocés y activista por la paz. Desde 1913 lideró el Free Religious Movement en Londres y más tarde vicepresidente de la Universal Peace Union. Conocido como el Reverendo Walsh, escribió varias obras religiosas: The Moral Damage of War (1902),
    Jesus in Juteopolis (1906), The Greater Parables of Tolstoy (1906), Hymns of Divine Unity and Love (1915), The World Rebuilt (1917), The Golden Rule (1920). (No debe ser confundido con su contemporáneo pastor protestante Walter Walsh (1847–1912), también autor de obras religiosas). Sus obras están disponibles en https://bit.ly/2RkLhk9. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/52062742).
  12. “Moda”.
  13. Ver nota al pie 2 de PB.06.06.06 o índice onomástico.
  14. Podría tratarse de Rubén Vila Ortiz, también autor de Reflexiones y de Cultura y ética (1926). (Extractado de Worldcat: https://bit.ly/3ipoT5q).
  15. Ver nota al pie de PB.10.01.06 o índice de eventos históricos.
  16. Ver nota al pie de PB.06.06.06 o índice onomástico.
  17. Ernest-Antoine Seillière de Laborde (París, 1866–París, 1955) fue un escritor, periodista y crítico literario francés, miembro de la Academia Francesa y autor de: La Philosophie de l’impérialisme (1906), Le Mal romantique. Essai sur l’impérialisme irrationnel (1908), Émile Zola (1923), Psychoanalyse freudienne ou psychologie impérialiste (1928), Romantisme et démocratie romantique (1930), entre otras obras. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/109133685).
  18. Ver nota al pie de PB.06.12.06 o índice onomástico.
  19. Ver nota al pie de PB.08.03.06 o índice de publicaciones periódicas.


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