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EL DIARIO

Viernes 31 de Agosto de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, agosto 5.

 

Soy espectador. En tal carácter asisto a las discusiones entre las naciones cuya necesaria existencia es una palpable desarmonía de intereses.

No tengo componendas que aconsejar ni entre las ideas abstractas e independientes, ni entre los hechos, frecuentemente tan irreductibles como ellas, y que, mal que nos pese, según la expresión de que una vez se valiera Cánovas del Castillo[1], “han de permanecer y subsistir a la par.

Agregaba: “A modo que el gran poeta, en suma, lo vo gridando pace, pace, pace[2].

Pero, si la paz y las meras treguas son desechadas por pretenciosos dogmatismos, más o menos científicos, la realidad no dejará de abrirse paso al cabo y al fin, y tal vez, si la guerra se prefiere, sobre montañas de escombros o ríos de sangre.

Al parecer no está el viejo continente en esa disposición, y así, hoy por hoy, todo queda reducido a que lo imprevisto, efecto de la desarmonía a que acabo de referirme, pueda más que el tan repetido estribillo “si vis pacem[3]“… completado por el llamamiento a la limitación de los armamentos actualmente a la moda, tan a la moda, que sir Henry Campbell Bannerman[4] acaba de entonarle un himno casi oficial.

A pesar de la entente, la prensa francesa califica de “utopía generosa el tal himno, y hace notar que Inglaterra está lejos del desarme (que, “la Grande Bretagne ne deviendra pas sitôt la plus petite Bretagne”[5]), y que además de esto las ideas del primer ministro británico, no tienen probabilidad de convertir al imperio alemán.

Todavía agrega esta prensa, “esas ideas solo hacen mal en Francia y a nosotros”. Dice más, por ejemplo: “entre los ministros británicos inspirados por la fe antimilitarista están aquellos que durante la visita de los periodistas alemanes a Inglaterra hicieron los brindis más amistosos”.

Todo esto es perfectamente plausible; pero los ministros británicos no notaron bastante quiénes permanecieron en silencio y quiénes contestaron. En la interparlamentaria conferencia de Londres hombres que forman parte de los parlamentos británico, americano (del norte ¡se sabe!), italiano, francés, hablaron en el mismo sentido que sir Henry Campbell Bannerman. Los delegados alemanes, que fueron poco numerosos, no dijeron una palabra.

De ahí esta pregunta francesa: ¿fue el objeto de sir Henry y sus amigos, ayudar a Alemania, que no tiene intención de desarmar, establecer su supremacía, procediendo así a afianzar la causa de la paz en sus probabilidades?

Lo repito a ustedes en mi calidad de “espectador”, e insisto en ello para que aprovechen los días de bonanza universal: yo no creo en una larga paz europea.

Hay un conflicto formidable, latente en parte, visible en ciertos sentidos, que se contiene en el dicho de Napoleón “antes de cien años la Europa será republicana o cosaca”. Es decir, la lucha sórdida entre los intereses dinásticos y la idea democrática igualitaria socialista niveladora, por un lado, y por otro, la lucha de las influencias internacionales, a lo que se debe agregar la eterna manzana de discordia, la Turquía europea, y para qué hablar del pangermanismo invasor, llamado quizá como en siglos remotos, con otro nombre, a establecer su supremacía.


Leía el otro día el proyecto para reclutar maestros normales en los Estados Unidos, y algunas de las objeciones referentes no al fondo de la idea sino al campo intelectual del reclutamiento, y leyendo lo uno y lo otro meditaba, y en tanto meditaba se me ocurría: ¿por qué si no tenemos (me pongo en la hipótesis, nada afirmo), por qué si no tenemos argentinos que sepan lo bastante para ser profesores de escuelas superiores de enseñanza no acudimos a la madre patria, España, donde hombres competentísimos casi se mueren de hambre?

Y ahí me quedé… pues soy de los que no obstante los inviernos que ya tengo pasados, no hay día que no me diga recordando a Virgilio: feliz aquel que puede penetrar las causas secretas de las cosas.

Pero como es muy difícil, casi moralmente imposible, que unos pensamientos no susciten otros, máxime si tiene uno por delante la cara imagen del suelo natal, de reflexión en reflexión llegué a decirme: ¿qué necesitamos más los argentinos, escuelas normales o escuelas profesionales?

Y, formulada así la interrogación pensé en Alemania, cuyo inmenso desenvolvimiento en el orden material de la producción le permite inundar a Europa y las demás partes del mundo…

Este inaudito fenómeno lo atribuyen algunos observadores, a mi juicio un poco miopes, a la sustitución del imperio alemán a la antigua confederación germánica.

Yo lo considero razón concomitante, fuerza concurrente, visto que antes de la solución por las victorias (guerras contra Dinamarca, Austria-Hungría y Francia), ya en toda la vasta extensión del “Deutchland” (tierra tudesca), era completísima la organización de la instrucción técnica, adaptada a las necesidades de todas las profesiones y de todas las ramas industriales (entre nosotros leía el otro día en “La Nación” no saben podar los árboles, en la misma gran capital del sur).

Ahí, por consiguiente, es donde hay que buscar la causa principal de tamaños progresos industriales. Y como el alemán es práctico, ha procurado por de pronto, en la instrucción profesional el medio de “sostener la pequeña industria contra la grande”, de preservarla de un aplastamiento completo y levantarla del triste estado en que vegetaba.

Han sido creadas (nótese bien), escuelas y cursos para todos los pequeños oficios burgueses, sastres, peluqueros, herreros, confiteros, panaderos, pintores, albañiles, etc., etc., en las que a la vez han adquirido los conocimientos técnicos y las nociones comerciales útiles a su oficio, y gracias también a las escuelas de comercio (¡ojo!), la mayor parte de los jóvenes de la burguesía, que sin ella habrían quedado inactivos, han podido encontrar en el país y en el extranjero empleos lucrativos.

Qué distinto cuadro el argentino, el maestro, con su malhadada tendencia a un enciclopedismo superficial, tendencia que no prepara al hombre para sostener, en condiciones lo más ventajosamente posibles, la lucha por la vida.

Ante los graves problemas que la marcha constante del progreso día a día le plantea al mundo moderno, hay uno cardinal, cuyo nombre se resume en una palabra “socialismo”.

De manera que, para resolver esos problemas sin estremecimientos, o con los menos posibles sacudimientos dada la impaciencia de las reivindicaciones del trabajo en su lucha inevitable con el capital, los que dirigen, los que gobiernan deben tener que persuadirse de que si el nuevo régimen de las industrias ha de ser racional, eficiente, hay que darle por base la educación integral que promueve y desarrolla, estimulando, el trabajo integral.

Bueno es, quien lo pone en duda, que en una aldea no falte médico, escribano, boticario, cura, abogado si se quiere, y quien o quienes escriban en el periódico local (¿o es posible vivir en estos tiempos sin ese pan cotidiano?).

Pero esa sola laya de gente útil o necesaria no hará que el otro pan, el de harina, sea bien amasado, ni reemplazará al zapatero remendón y, ¿a qué seguir?


Me despido otra vez, y vaya un ripio. Creo que no iré a “Bourbonne les Bains”. No dañando al prójimo, ¿qué mal hay en cambiar? “La nature cherche a plaire par la varieté[6]”. El Criador embellece así la tierra con variedad de maravillas. Me estoy sintiendo inclinado a veranear en un sitio encantador, ideal, hecho para el fantaseo del que dice Topffer[7] en su “Voyage en zig-zag[8] que allí uno se impregna de calma y de paz. Ya han caído Uds. en cuenta desde que he mentado a Topffer que hablo de Anney y de su lago enclavado melancólicamente en las alturas culminantes de Saboya. Cuando vengan por estos pagos vayan por allí.


  1. Antonio Cánobas del Castillo (Málaga, 1828-Mondragón, Guipúzcoa, 1897) fue un político e historiador español, figura capital de la política española de la segunda mitad del siglo xix. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/68994598).
  2. “…quiero gritar paz, paz, paz”.
  3. “Si quieres paz”.
  4. Ver notas al pie de PB.10.01.06 o índice onomástico.
  5. “Gran Bretaña no se convertirá pronto en la Bretaña más pequeña”.
  6. “La naturaleza busca complacer con variedad”.
  7. Rodolphe Töpffer (Ginebra, 1799 – Ginebra, 1846) fue un pedagogo, escritor, pintor y caricaturista suizo, considerado el padre de la historieta moderna. Sus obras tienen muchas similitudes con el género novela gráfica. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/32003599).
  8. Töpffer, Rodolphe. Voyage en zig-zag par monts et par vaux. Genève, 1836.


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