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EL DIARIO

Miércoles 30 de Mayo de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, mayo 15.

 

“Adolescence: Its Psychology[1]” o, para que todo el mundo entienda, “Psicología de la adolescencia”, he ahí un libro por cierto nada contentible.

Su autor es un americano del Norte, se llama G. Stanley Hall[2] y tiene el honor de ser presidente de “Clark University” y profesor de psicología y pedagogía.

No es un juicio crítico el que de esta obra en dos volúmenes voy a hacer, ni lo pienso.

Mi principal, mi único propósito al ocuparme de ella es llamar seriamente la atención del lector argentino hacia algunas afirmaciones del profesor Hall, respecto de su propio país, con este fin: que en el mío no continúen chupándose tanto el dedo en materia de educación americana.

Son no pocos los que han estado en Estados Unidos; los que han observado, visto, discurrido, meditado y escrito con entusiasmo sobre ellos, como si se tratara de una maravilla única en el mundo, que puede ser útil comparar lo que dice un yankee pensador independiente, sabio, con lo que han dicho algunos argentinos, cuyo precursor fue Sarmiento, impresionados por la grandeza del espectáculo en general; espectáculo que, por lo complicado, no siempre permite ver bien los detalles a la manera que el que se engolfa en la floresta virgen donde apenas penetra la luz solar no puede ver como deseara y como es debido las diversas especies de árboles, enredados como están, casi ocultos totalmente a veces, por las lianas intrincadas que los oprimen conjuntamente con la más exuberante vegetación parasitaria imaginable.

Los americanos del Norte no hacen nada, como dicen los franceses, “en raccourci[3]”, en pequeño. Diríase que no tienen el sentimiento estético de la miniatura. Todo es allí grande, hasta las catástrofes como la guerra de secesión, que es la guerra civil más estupenda que registran los anales de sangre de la humanidad.

Nada allí parece concebido para el momento presente. Todo se orienta en el porvenir febrilmente como si su misión planetaria fuese dictarle leyes un día de estos al mundo entero.

Las cifras que acumulan son únicas, cual los edificios de Nueva York con sus innumerables pisos tocando las nubes casi. Es un vértigo aquello. La gente vive estremeciéndose. El yankee no cuenta como los demás. Donde los otros dicen diez ellos dicen mil.

Por ejemplo, y para demostrarlo, he aquí algunas cifras que tomamos de un “extracto del informe del departamento de educación” publicado en Nueva York el 27 de enero de 1905.

La suma empleada durante el año 1904 en escuelas elementales fue de 37.784.987 millones de dollars y 34 centavos.

En maestros, salarios 21.979.387.84

En edificios, reparaciones y muebles 8.662.565.47.

El término medio por pupilos registrados en las escuelas elementales 31.15, es decir 18 céntimos más que el año anterior.

Entre 5 años y 18 había 1.760.986 niños educándose.

El valor de los edificios escolares elementales era de 92.448.259.29 en Nueva York habiendo construido más edificios que antes de ladrillo en vez de piedra.

Los niños católicos eran los más puntuales en la asistencia.

Hubo 25.561 niños castigados por “raboneros” y 1225 padres por no cumplir la ley.

El número de estudiantes instruidos en las escuelas secundarias fue de 101.898.

El número de graduados en escuelas superiores y academias alcanzó 2776.

La librería del Estado cuenta 532.752 volúmenes, inclusive 67.753 de las librerías viajeras.

El gasto da esta proporción por ciento:

Estudiantes, Año 1904: escuelas superiores 62.9 por ciento; academias 95 por ciento; colegios 27.6 por ciento.

Gastos, Año 1904: escuelas superiores 28.5 por ciento; academias 10.1 por ciento; colegios 61.4 por ciento.

Parece así que por cada dollar gastado en un pupilo de escuela superior se gastan 2.34 en uno de academia y 4.92 en uno de colegio.

Quizá alguien me pregunte si he estado en la América del Norte. Me anticipo a contestar que no. ¿Cómo habla Vd. de eso así, entonces, con tanto aplomo?, me argüirá, puede ser.

No pienso, lo repito, como nuestro Carlos Pellegrini[4], que se vea mejor de lejos que de cerca (así él debió ver poco bien cuando estuvo en Estados Unidos). Pero sí creo que no siendo idéntico el radio visual de todos los observadores, que unos ven mejor que otros, de más lejos, que unos se aturden en contacto con el fenómeno, que a estos los anonada la masa, que a aquellos la magnitud les sugiere pensamientos riquísimos en novedad; pero sí creo en una palabra, o en dos (y ya voy a resumirme, lector paciente o impaciente, saliendo del pedantesco berenjenal), que en todo hay miopes, bisojos y présbitas. O, como lo escribiría George Sand[5], que algunos describen muy bien –lo que sea– porque no lo han visto. Y así es como los historiadores de mañana son los que nos hacen ver claro en los mirajes de lo que fue, mirajes que, a fuerza de contemplarlos con el anteojo al revés, durante generaciones sucesivas nos han mantenido en la ilusión o la impostura.

Dice el profesor Hall, que la característica de la aptitud americana respecto a educación no es “mesurada ni juiciosa en sus cuidados”, como en Alemania, sino una pasión real, que no halla demasiado audaz experimento alguno.

Los resultados no parecen, según él, ser del todo satisfactorios.

Algunos de ellos preocupan gravemente a los hombres de pensamiento americanos.

Figura en primera línea el profesor Hall, cuyo libro es valiente, no curándose mucho en la intensidad de sus reflexiones del qué dirán.

De su intensidad resulta que ese libro, que no transige con preocupaciones ni con prejuicios, es un vasto tratado sobre “adolescencia”.

Nadie en aquel país, hasta ahora, ha hecho un estudio tan comprensivo de la materia.

El libro del profesor Hall, que ha estudiado también fisiología en Alemania, contiene, calculando “grosso modo”, 600.000 palabras.

Su principal rasgo fisionómico es la insistencia sobre las realidades físicas y sus efectos psicológicos.

No es el “adulto” la materia de sus graves preocupaciones; es el cuerpo y la mente del “adolescente”.

La educación americana de arriba abajo (from top to bottom), está viciada, afirma, por “artificios, formalidades y pretensiones”.

No se anda con vueltas el profesor Hall, que, por otra parte, no es un pesimista sino uno de los que creemos, con razón, que el primer paso en el sentido de poner las cosas en su lugar consiste en ver que no están bien.

Dice textualmente: “In no civilized land is teaching so unprofessional or school boards at such a low level of incompetence”.

Lo que traducido libremente da esto: en parte alguna del mundo civilizado la enseñanza es menos profesional ni está un nivel tan bajo.

Agrega, y con esto concluyo, o me acerco ello, una penosa pintura sobre el crecimiento de la depravación juvenil y el decaimiento de la vitalidad nacional efecto del “unsexing of boys and girls”, lean Vds., efecto de que las muchachas se hacen varoniles y los muchachos mujerengos.

Esto no obstante, lo repito, el profesor Hall es un optimista. El no cree que si hay algo de podrido en el estado de Dinamarca, que el mal sea incurable, sobre todo, si no se descuida el alma, lo cual conduce a otra tesis de otro escritor americano, William Estabrook Chancellor[6] (tesis de uno de los últimos libros, las Escuelas Americanas”), a saber: que sin educación religiosa no es posible inculcarle a la juventud ideas de disciplina y obediencia.


Entre nosotros “ed altri siti, sería una curiosidad esto que se lee en el diario alemán Berliner Tageblatt[7]”: Un jefe de batallón, de guarnición en Blankenburg[8], se ha visto en la necesidad de dirigirles a los “sous-officiers[9]” una orden del día contra el lujo de toilette de sus mujeres. Para satisfacer este apetito de lujo femenino, dice el comandante, está uno forzado a privarse de comer. Por consiguiente, como sólo una buena alimentación hace que el cuerpo pueda soportar valientemente las fatigas del servicio, quedan Vds. apercibidos.


La revista inglesa “Nineteenth Century[10] se viene ocupando, en debate contradictorio, sobre “el porvenir de la Europa” (posibilidad de una guerra más o menos remota).

Son los contrincantes Mr. M. I. Ellis Barker[11] y lord Averbury[12].

El primero ha sostenido que la flota alemana no era un instrumento dirigido contra la Gran Bretaña, únicamente.

El segundo, comparando el tonelaje, la calidad de los barcos alemanes y franceses y poniendo de manifiesto la superioridad de aquellos sobre estos, llega a esta conclusión perentoria:

“¿Contra qué potencia parece deber ser empleada, la flota alemana? La Alemania no necesita gastar muchos millares en su flota, si quiere batir la Francia cuya frontera Este está abierta. ¡La Alemania no tiene tampoco que temer la flota rusa! (las costas alemanas son inaccesibles); por consiguiente, a menos que no la empleen contra los Estados Unidos, sólo tiene un adversario probable: la Inglaterra”.


Un libro útil, bien concebido, metódico y escrito con bastante corrección me llegó hace pocos días.

Es obra de un soldado joven que ha dejado no sé por qué el servicio activo.

Algún desencanto de la carrera, misterio cuyo secreto él sólo conoce.

Lo siento.

Se titula este libro así: “Curso de transportes y comunicaciones militares[13]” y el autor se llama Gerardo Aranzadi, teniente coronel de ingenieros.

Dice que sabe perfectamente que su curso no tiene novedades, pues casi todo lo que contiene se encuentra en las obras mencionadas a continuación, obras que no son pocas y que es un acto de probidad científica y literaria especificar.

Desde luego tengo que observar que el autor se equivoca, que no sabe perfectamente lo que cree saber: que su curso “no tiene novedades”.

¿Quiere más novedad que un curso sobre la materia escrito por un argentino? Y en cuanto a que lo que contiene esté en otras obras, ¿desde cuándo acá el pensamiento humano, la ciencia, el saber, no tienen antecedentes?

Vivimos acumulando, repitiendo, corrigiendo lo que otros observaron, presintieron, adivinaron, descubrieron, de tal manera que como lo tengo dicho (la primera vez se lo dije a mi querido amigo el general Garmendia[14]): para saber cosas viejas hay que leer libros nuevos y para saber cosas nuevas hay que leer libros viejos. El pensamiento humano es solidario.

El libro de Aranzadi ha venido a llenar en la literatura militar argentina, poco copiosa como se comprende, un vacío. Lo colma bien. Su autor tiene pues títulos perfectos para que desde lejos le diga un camarada: ¡Bravo, mi comandante!

La materia no admite crítica, y como está tratado con sobriedad, y orden progresivo adecuado, ese ¡bravo! no se halla por consiguiente fuera de lugar.

Responde el precitado Curso a lo que decía Napoleón que “un ejército debe hallarse de día, de noche, a todas horas, dispuesto para oponer toda la resistencia de que es capaz, lo que exige que los soldados tengan siempre consigo sus armas y municiones, y que la infantería cuente constantemente con su artillería, su caballería y sus generales, que las diversas divisiones del ejército se hallen continuamente en aptitud de sostenerse, apoyarse, protegerse…”.

Pues de esto trata el teniente coronel Aranzadi y esto enseña su libro, en el que hay también su poesía, como puede verse leyendo el capítulo “los globos cautivos”, ¿o conocen Vds. cosa más poética que las nubes y las alturas celestes?

¡Facilidad, celeridad!, de ellos depende la formación conveniente de las columnas, exclamaba el mariscal Bugeaud[15] que cito de memoria, y bien, insisto en ello; he aquí un excelente libro en el que se enseña, que cabe en toda buena biblioteca militar por su contenido instructivo, estimulante, ilustrado con láminas y por el que allá van cruzando los mares mis parabienes muy sinceros.


  1. Stanley Hall, Granville. Adolescence: its psychology and its relations to physiology, anthropology, sociology, sex, crime, religion and education. New York: D. Appleton & Co, 1907.
  2. Stanley Hall (Massachusetts, 1844–Massachusetts, 1924) fue un pedagogo y psicólogo estadounidense dedicado mayormente a la investigación de la psicología infantil. Se lo considera uno de los fundadores de la psicología genética. Además del libro que cita Mansilla, otros de su autoría fueron: The Contents of Children’s Minds on Entering School (New York: Kellogg, 1894), Study Of Dolls (New York: Kellogg, 1894), Youth; its education, regimen, and hygiene (New York: Kellogg, 1904), Founders of modern psychology (New York & London: Appleton, 1912) y Jesus, the Christ, in the light of psychology (New York: Doubleday, 1917). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/5024754).
  3. “A modo de atajo”.
  4. Ver nota al pie de PB.10.01.06 o índice onomástico.
  5. Ver nota al pie de PB.16.03.06 o índice onomástico.
  6. William Estabrook Chancellor (1868–1963) fue un escritor y académico estadounidense. Entre sus obras, se cuentan: Our City Schools, Their Direction and Management (1904), Class-teaching and Management (1910), Our Presidents and their Office (1912), A Life of Silas Wright 1795–1847 (1913). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/246593737).
  7. El Berliner Tageblatt (BT, muchas veces referido por Mansilla como “el Tag”) fue un periódico alemán publicado en Berlín entre 1872 y 1939. Junto con el Frankfurter Zeitung, el Berliner Tageblatt se convirtió en uno de los periódicos liberales alemanes más importantes de su tiempo. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/181550512).
  8. Blankenburg (Harz) es una ciudad en el distrito de Harz en el estado federado de Sajonia-Anhalt, Alemania. Está situada al norte de las montañas del Harz, en el centro del país. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/130533307).
  9. “Sub-oficiales”.
  10. Ver nota al pie de PB.20.04.06 o índice de publicaciones periódicas.
  11. Barker, J. Ellis (1870-1948) fue un periodista y escritor inglés, autor de obras de diversas temáticas, tales como: Economic statesmanship, Great problems of British statesmanship, America’s secret, Britain as Germany’s vassal y British socialism; an examination of its doctrines, policy, aims and practical proposals. (Extractado de VIAF: ttp://viaf.org/viaf/74587146).
  12. John Lubbock, barón de Avebury (Londres, 1834–Londres, 1913) es recordado por sus investigaciones matemáticas en el campo de las probabilidades y sus aplicaciones al mundo de los seguros bancarios. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/49304122).
  13. No lo hemos hallado como libro, pero sí citado como curso dictado en 1906 en la Escuela Superior de Guerra. (Consultado en https://bit.ly/2ZsnxiD).
  14. José Ignacio Garmendia (Buenos Aires, 1841–Buenos Aires, 1925) fue un militar, pintor, escritor y diplomático argentino. Se le debe una extensa obra pictórica sobre la Guerra del Paraguay y numerosas crónicas de campaña y obras técnicas sobre arte militar. Amigo cercano de Mansilla, con quien compartió primero la Guerra del Paraguay y luego la excursión a las tolderías. Garmendia aparece mencionado en Una excursión a los indios ranqueles (Extractado y adaptado de VIAF: http://viaf.org/viaf/75232657).
  15. Thomas Robert Bugeaud de la Piconnerie (Limoges, 1784–París, 1849) fue Mariscal de Francia y miembro de la Cámara de los Diputados durante el reinado de Luis Felipe I de Francia. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/51686545).


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