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EL DIARIO

Martes 20 de Noviembre de 1906

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, octubre 25 de 1906.

 

Les ruego a Vds. que lean atentamente esto.

Es un extracto de las impresiones del corresponsal militar del “Times[1]”, que acaba de seguir las maniobras alemanas.

Incita en extremo a la meditación del observador la intensa curiosidad con que el pueblo alemán se interesa en las cosas del ejército.

Lo mismo que los japoneses, los alemanes aman con pasión el formar sociedades y corporaciones.

Por naturaleza tienen necesidad de disciplina y coordinación, dos instintos o tendencias que conducen a la grandeza.

El autor inglés hace remarcar, con tal motivo, que esa es una “mentalidad” que le falta al temperamento nacional británico.

Considera como una manifestación significativa de la fuerza interior de Alemania que en el momento en que Guillermo II[2] pasaba revista del 6º cuerpo en los alrededores de Breslau, todo el camino estuviera estrechamente guarnecido de organizaciones o sociedades militares diversas.

Era un espectáculo notable y que demostraba bien la atmósfera militar en la que vivía toda la población.

El sello de uniformidad y de subordinación militar aparecía en todas las corporaciones, ya estuvieran compuestas de veteranos de Sadowa, con sombreros de copa, de antiguos combatientes de Woerth y de Gravelotte, agrupados alrededor de sus banderas o de estudiantes (estudiantes, ¡oigan bien!), enviados por los diversos establecimientos locales.

Había varios centenares de estas sociedades organizadas, a efecto de que participaran en la recepción que se le hacía al emperador.

En su entusiasmo paciente, todas ellas sin excepción manifestaban su deseo nacional de aprovechar la ocasión, de identificarse, siquiera de la manera más sencilla con las fuerzas armadas del Estado.

Había en ello esa sed de disciplina, que es un elemento de éxito para una nación sobre las armas.


Se relaciona con lo que antecede una noticia cuya subsistencia es: a lo largo de la frontera, Alsacia Lorena, el genio alemán trabaja con la mayor actividad en establecer grandes almacenes permanentes de víveres y provisión de municiones.

Estos trabajos tienen por objeto suprimir las concentraciones apuradas de víveres y municiones la víspera de una declaración de guerra.

Esas concentraciones, en efecto, a los ojos de la Alemania, tenían el inconveniente, entre otros, de prevenir al Estado Mayor francés, muchos días antes de la inminencia de una declaración de guerra.

En lo sucesivo la palabra y la acción serán instantáneas.


¿Y por qué estas precauciones en medio de una atmósfera de paz?

Porque la tranquilidad pública y la quietud de los estados, siendo un hecho y su duración un anhelo, penden de un hilo, empleando el lenguaje llano, que es el que cuadra más a este género de conversación con el público.

No se equivoquen Vds. y aprovechen el tiempo que la paz del momento en Europa les deja. Prepárense en ese sentido. El cataclismo puede estallar inopinadamente. La perturbación será universal. Pero en medio de ella la América del Sur algo tendrá que ganar como país productor de carnes y de cereales particularmente; y algo que perder también como país de inmigración, porque la corriente inmigratoria cesará durante algunos meses.

Digo meses pensando como no pocos que una guerra entre las naciones modernas de este continente, no puede ser tan larga como las de antaño, algunas de las cuales duraron veinte años.

Que soy un iluso, que veo fantasmas, que esta paz es octaviana, que el fondo del abismo está en calma, que solo la superficie es la agitada y que la causa de esa agitación no es la misma en todas partes. Es cierto en algún sentido. Empero un hecho visible hasta para los ciegos, siendo palpable, lo es que los “armamentos” agotan las fuerzas económicas de los países más ricos y mejor gobernados, y que la guerra no por cualquier motivo sino por ese motivo es la única solución en perspectiva si no se arriba como no se arribará al desarme.

Para algunos estados pueden ser un derivativo tendente a calmar agitaciones internas, a aplazar digamos las dos crisis que trabajan estas sociedades minando sus cimientos seculares.

La una son las asechanzas contra las creencias religiosas; la otra las amenazas contra la propiedad.

Si Uds. quieren el colectivismo anárquico en todas sus manifestaciones voraces, escépticos y anticristianos.

La ciencia se empeña con plausible afán en buscar soluciones a tamaño problema. Pero la historia enseña que las cuestiones político sociales una vez planteadas, sean cuales sean las causas y sus nombres, siempre se resolvieron por la violencia, lo mismo en Grecia que en Roma, lo mismo en las repúblicas italianas que en Inglaterra y en Francia.

Y es de advertir que cuando los sacudimientos agitan el alma popular, frecuentemente acontece que los hombres no tienen conciencia de las fuerzas que los impelen, de donde resulta para completar una idea que hago mía: que les dan a sus acciones causas imaginarias muy diferentes de las causas reales. Es un error creer que el hombre que así engaña a otro está siempre de mala fe.


A más de estas nebulosas, hay otros puntos obscuros en el horizonte internacional: los Balkanes, la Macedonia, el Egipto, la Turquía europea, la Babel austro-húngara, el paneslavismo, el pangermanismo, la China, la India, trabajada por el mahometismo, sufriendo de accesos de dislocación, el Japón codiciando Filipinas (lo que significa los Estados Unidos en juego), y, téngase presente, lo que tendrá que resultar de la agitación rusa, agitación cuyas consecuencias bien pueden ser el fin de un régimen y de una dinastía y la aparición de una república de organismo federal centralizado. Para qué hablar de España, donde la monarquía “chochea”. Así dice un mi amigo español. Agrega: Se engañan los que creen en España que, con una vecina como la república en Francia, ¡y qué república!, podremos tener aquí la fiesta en paz.

Sí, este vecino es un peligro siendo un mal ejemplo: Ved si no. Los otros días en una revista socialista, un maestro escribía bajo su firma: “En cuanto ser impíos, no lo negamos. El tiempo de las religiones y de los ídolos ha pasado. Ni Dios ni amo, he ahí nuestra divisa” (¡pobres niños!).

M. Birrel, presidente del Consejo de Educación, no obstante, su radicalismo, decía en el parlamento inglés, en medio de aplausos, sosteniendo su proyecto de ley tan combatido: Excluir enteramente la religión de la escuela, etc., etc., es un punto de vista que no carece de lógica. etc., etc. Pero si se interrogase al pueblo inglés contestaría: Un pueblo sin ideal está llamado a perecer. Es en las páginas de la Biblia que nuestro pueblo está acostumbrado a buscar los resplandores del ideal-celeste, etc.

Una concepción contraria domina al Estado francés y se infiltra en la enseñanza popular. Imposible medir la catástrofe que se prepara. Y estos son mayores riesgos que las disputas con los alemanes sobre Marruecos. Hay que sumar esto con lo demás…

Hay en Europa un Estado cuyos hombres de gobierno son tan astutos como prudentes. Me refiero a la Italia. Que algo debe temerse no cabe duda. Si no el actual ministro de la Guerra, general Vignanó, no le habría declarado al director del importante diario el “Corriere della Sera[3]”: tenemos que armarnos, nuestro armamento es viejo, no sirve, lo perfeccionaremos y lo completaremos cueste lo que cueste.

¡Vaya un modo de prepararse para la conferencia de La Haya!

No se equivoquen Uds., a más de vecinos armados que no se entienden o se tienen envidia están, siempre expuestos a irse a las manos, hay que reflexionar sobre el inmenso terreno que gana en Europa la idea republicana. La paz la favorece. La guerra puede estorbar su difusión.

¿Será un bien, será un mal?

Huxley sostiene que no hay antagonismo necesariamente teórico entre las tres escuelas de especulación geológica “catastrofismo”, “uniformitarianismo” y “evolucionismo”, sino que, al contrario, el catastrofismo es un aparte y partícula de la uniformidad en tanto que la evolución abraza todo lo que hay de serio en aquellos dos.

De ahí el progreso, su constancia, en la dirección de la libertad asegurada y organizada, que lord Acton declara ser la característica, el bicho característico, de la historia moderna y su tributo a la teoría de la Providencia.


Tengo que coleccionar en sobria prosa lo apuntado con lo que sigue.

Me refiero a que el gobierno inglés se prepara a agitar nuevamente la cuestión, tan caliente, del “home rule”.

Piensan, en efecto, los liberales ingleses en poner otra vez sobre el tapete la famosa cuestión del “home rule, o sea la autonomía de la Irlanda, cuestión que como ustedes recordarán desencadenó hace veinte años los furores de la opinión inglesa, que rompía la carrera de Gladstone[4], que desorganizó el partido liberal y le condenó a la larga impotencia de que acaba de salir, inesperadamente por una mayoría sin ejemplo en la historia electoral de la Gran Bretaña al que parecía inconmovible partido conservador.

La aventura parece tan temeraria que uno no se atreve a admitir su posibilidad. ¿Pero la embriaguez de los triunfos recientes habrá mareado a tal punto a los vencedores de Chamberlain que así tan fácilmente olviden sus no tan remotos descalabros?

¡Tienen tan mala memoria los partidos en el poder!

Empero los hechos son precisos. Hace muy pocos días en un banquete oficial el subsecretario Anthony Mac Donnell, en favor del cual han crecido mucho las simpatías irlandesas bajo la administración unionista, hablaba de esta manera:

“El año que viene verá cumplirse muchos votos que los mejores irlandeses vienen haciendo desde años atrás.”

La alusión es transparente.

La Irlanda sola tiene una gran aspiración; su sueño dorado es el “home rule[5]”.

Libre, es decir dueña y señora de sus destinos bajo el dominio inglés, puesto que nunca ha revindicado sino la autonomía, y no la independencia.

La autonomía sería suficiente para que olvidara todas sus quejas más o menos fundadas de opresión.

Pero ninguna otra concesión alcanzaría a satisfacerla. Ninguna.

Hay que tener en cuenta que a pesar de los sacrificios hechos por Inglaterra para resolver la crisis agraria, y no es chica prueba, la isla irreductible acaba de mandar al parlamento ochenta nacionalistas intransigentes.

Cierto que la concesión de la autonomía sería un acto muy generoso. Sería conforme a los principios liberales y a las tradiciones, no interrumpidas, de todo gobierno inglés.

La Gran Bretaña acuerda el “home rule”, la autonomía, a sus colonias ¿por qué rehusárselo a la Irlanda?

En buena lógica la resistencia es insostenible; y en puridad de verdad (las eternas contradicciones populares), la repugnancia que los ingleses experimentan por el “home rule” no puede ser mayor.

Lo ha manifestado así la última vez apenas hace dos años (suprimo detalles).

Es cierto que algún cambio se nota en la opinión, –según me lo dicen mis informes y lecturas varias– no siendo poca la ayuda prestada por el partido irlandés a los liberales (léase derrota de los unionistas proteccionistas).

Mas, ¿ese cambio irá hasta aceptar el “home rule”?

No falta quien piense que en pos de la autonomía irlandesa veríamos las de Escocia y el país de Gales. Ni falta tampoco quien crea que quizá estamos en vísperas de asistir a la proclamación de la República en las islas británicas cumpliéndose así un dicho que se le atribuye al rey Eduardo, hombre sagaz y observador: “Yo soy el último rey de Inglaterra”.


¡Claro está que no hago pronósticos y más claro todavía que puedo equivocarme de medio a medio, forjándome ilusiones pesimistas, ¡yo tan optimista! Pero como sigo el consejo de Franklin, “cuando hables manifiesta lo que piensas”, me quedará siempre una satisfacción: que los horrores que preveo en hora no muy remota en vez de ser un “De profundis” se conviertan en exultante “hosana” habiendo según decía la añeja fórmula: paz y concordia entre los príncipes cristianos, o como dijo cierto predicador de antaño, en Santa Fe, un 25 de Mayo: “entre los señores gobernadores… de las provincias; etc.”

¿Qué dirán las bellas lectoras de “El Diario” y las que no lo sean, de este pensamiento ajeno que bien pudiera estar en mi colección?

Hay en toda mujer un deseo inherente de amar alguna cosa (sobre todo un hombre). Mas ese alguna cosa no es esencial. La mujer puede prodigar sus afectos en el marido, en los hijos, en los parientes, en los perritos falderos, en lo que sea; pero ha de tener alguna “cosa” o “alguno” que amar y contemplar más que a todo el resto del mundo.


Más o menos ya se sabe lo que por esos mundos se piensa sobre el tan cacareado viaje de Mr. Root.

Veremos hasta dónde las impresiones se modifican, en uno y otro sentido, en vista del hecho: la intervención de los Estados Unidos en Cuba en las condiciones actuales, hecho que constituye un precedente más peligroso de lo que habría sido la anexión instantánea y brutal.

Ya he demostrado en otro lugar que la doctrina Monroe[6], no es sino una política y que, como toda la política, es elástica y empleada según conviene. Ya he dicho, y se ha cumplido mi sospecha, que los Estados Unidos no incluirían en su programa de conferencia panamericana la “tesis Drago” y que esta sería remitida a la conferencia de La Haya (calendas griegas). Dejando pues todo esto de lado veamos qué reflexiones ha sugerido en Estados Unidos mismo la segunda visita de Mr. Root, que a nosotros los argentinos nos llevó más ilusiones que realidades.

Habla la “North American Review[7]” y después de algunas consideraciones favorables a las intenciones del presidente Roosevelt, concluye:

“Hay entre la América del Norte y la América del Sud una verdadera carrera de raza, y le es muy difícil a un americano del norte comprender la “mentalidad” de los Americanos del Sur. Por otra parte, aunque frecuentemente se repita lo contrario, el americano del norte es esencialmente “inadaptable”. Se hace una idea del todo falsa de los americanos del Sud, a los que se cree muy superior, cuya historia ignora en general, y cuya lengua desdeña aprender. A esto hay todavía que agregar el prejuicio del color cuya fuerza es tan grande en los Estados Unidos.

En fin, la influencia de la cultura europea es mucho más sensible en la América del Sur que en los Estados Unidos. Todo esto hace que entre los habitantes de los dos países de América exista una falta de simpatía mutua que vendrá probablemente a reforzar el desenlace de la cuestión cubana…”, para qué proseguir.


No pasa ni pasará sino con el tiempo y se necesitará mucho el interés despertado por las Memorias del príncipe Hohenhole[8]. Las están traduciendo en varias lenguas y los pedidos sobrepasan todas las previsiones editoriales. Yo las leo en los largos extractos de los diarios y revistas inglesas que son los más complementos. Hay de todo en estas Memorias y no poco picante. El príncipe era a más de un estadista un hombre de salón espiritual que observaba mucho y hablaba poco.

He aquí una anécdota suya que tiene su picante. París, 10 de junio de 1876. La princesa (Troubeskoi[9]) refiere una soirée en casa de la reina Isabel, la cual cantó con su secretario una romanza a dúo.

Yo le pregunté qué clase de voz tenía la reina y la princesa me contestó: “De tiempo en tiempo se oía un son. Había pasajes como este “io vivo…” “io amo”… y cosas semejantes… “(y en las memorias podrá leerse lo demás).


  1. Ver nota al pie de la PB. 08.03.06 o índice onomástico.
  2. Ver nota al pie de la PB.08.05.06 o índice onomástico.
  3. El Corriere della Sera (en español “Mensajero de la tarde”, porque originalmente salía a la noche) es un diario italiano que se edita en Milán desde 1876. Es el periódico con mayor difusión en Italia seguido de La Repubblica y La Stampa. En sus orígenes, fue un periódico dirigido a la burguesía industrial milanesa. En formato sábana, su edición era de alta calidad e incluía, desde principios del siglo XX, fotografías y suplementos a color: a partir de 1899 uno dominical (La Domenica del Corriere), en 1901 “La Lectura”, en 1903 la “Novela mensual” y en 1908 el Corriere Infantil. Actualmente, puede leerse en línea en: https://www.corriere.it/.
  4. Ver nota al pie de PB.22.05.06 o índice onomástico.
  5. Ver nota al pie de PB.10.01.06 o índice onomástico.
  6. Ver nota al pie 8 de la PB.10.01.06 o índice onomástico.
  7. North American Review (NAR) fue la primera revista literaria de Estados Unidos. Fundada en Boston en 1815 por Nathan Hale, se publicó hasta 1940. En 1964 fue reiniciada desde Cornell College (Iowa). Sus archivos pueden consultarse en https://bit.ly/2Rfjfqs.
  8. Hohenlohe-Schillingsfürst, Prince Chlodwig zu. Memorias del Príncipe de Hohenlohe-Chlowig Schillingsfuerst. Londres: W. Heinemann, 1906. Para información sobre Hohenlohe, ver nota al pie de la PB. 13.11.06 o índice onomástico.
  9. Sofía Sergeïevna Troubetzkoy o Trubetskói (Moscú, 1838-Madrid, 1898) fue una princesa de origen ruso que desempeñó junto a su segundo marido, José Osorio y Silva, XVII marqués de Alcañices, un importante papel en la Restauración borbónica que permitió reinar a Alfonso XII de España. Fue dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa y estuvo considerada como una de las mujeres más bellas y elegantes de la Europa del siglo XIX. Además, se le considera la introductora en España del árbol de Navidad. (Extractado de https://bit.ly/2GQ1BYr).


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