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El imaginario fantástico en los textos narrativos de Liliana Bodoc

Mundos posibles en El espejo africano
y El rastro de la canela

Analía Verónica Benítez (Universidad Nacional de Formosa)

Introducción

“La fantasía no es una mentira: es una contra cultura; un canto contra la obviedad y los dogmas; es un contrapunto; una contracara; una contratapa” dice Liliana Bodoc (2015) en el capítulo “Lo mágico” de la serie televisiva Los confines de la palabra.

La producción de Liliana Bodoc es reconocida en el sistema literario nacional y sus obras tienen amplia difusión editorial dentro y fuera del país, en especial –novelas tales como La saga de los Confines. Los días del venado (2000), Los días de la sombra (2002), Los días del fuego (2004), Memorias impura. Los padres (2007), Tiempo de dragones. La profecía imperfecta (2015) y Tiempo de dragones. El elegido en su soledad (2017) – que pertenecen a una categoría que algunos críticos denominan “fantasía épica” o high fantasy (Carranza, 2015). Si de comenzar a hablar de mundos posibles se trata, reconocemos en la fantasía épica de Bodoc, mundos que

… construyen realidades alternativas con esmerado cumplimiento de las reglas internas del mundo planteado por el texto. Esos mundos, minuciosamente descritos, tienen sus leyes, y estas son respetadas a rajatabla. Podríamos decir que se trata de personajes, espacios, temporalidades cargados de sentido, acontecimientos debidamente justificados según reglas internas del texto, mundos estrictamente coherentes en sus propios términos. (Carranza 2015; párr. 33)

Ahora bien, en este trabajo nos interrogamos acerca de un prolífico corpus de textos narrativos de la autora que –desde la perspectiva de la difusión editorial y la crítica– no ingresan dentro esta categoría de “fantasía épica”. Nos interesa explorar la “matriz de mundo” construida en los “mundos posibles” de las novelas El espejo africano y El rastro de la canela para intentar determinar lo que creemos es un territorio que se construye con hibridaciones, una zona de cruce genérico entre los “mundos alotópicos” o “mundos maravillosos” –tan ampliamente visitados por la autora– y los mundos sintópicos del fantástico (Arán 1999: 48).

Seguimos para este trabajo a Pampa Arán quien considera al fantástico como género literario. Por ello, buscamos explorar de qué modo Bodoc “se apropia del género y lo renueva desde una situación cronotópica”, incluso en aquellos textos que se alejan del high fantasy que tan exitosamente recorrió (Arán 1999: 14).

Nos parecen limitadas y sesgadas las interpretaciones acerca del corpus narrativo de Bodoc que plantean una clasificación en términos de dicotomía fantasía/realismo histórico y más aún, aquellos utilitarismos y “apetencias didácticas” ligadas a la función social de los textos (Andruetto: 16) que circulan en las propuestas editoriales escolares en relación con los textos mencionados. Consideramos que nuestro planteo busca dar respuestas a un problema didáctico en la construcción de corpus de lecturas de la literatura argentina: ¿de qué modo la teoría acerca de los “mundos posibles” y el fantástico nos permite resituar a ciertos textos narrativos de Liliana Bodoc y nos habilita otras lecturas que no estén sesgadas por objetivos didácticos que reproducen lecturas política y moralmente correctas en función de intereses ajenos a lo específicamente literario?

Mundos posibles: territorios alotópicos

La imagen de “realia” construida en las novelas que forman parte de este corpus puede provocar un primer efecto de mundo posible “realista”: “… toda obra narrativa construye mundos posibles, las obras reputadas como realistas (…) presentan conjuntos de individuos y secuencias de hechos o de propiedades que responden al mundo de la experiencia del lector empírico.” (Arán 1999: 39). Los “mundos posibles” creados en El espejo africano y El rastro de la canela se superponen con el submundo epistémico del conocimiento que proporciona la historia de Argentina; estos mundos actualizan la enciclopedia potencial y se valen del constructo cultural acerca de un período determinado de la historia del país: la primera década del siglo XIX en el Río de la Plata y los sucesos históricos, políticos y sociales que el discurso de la Historia como disciplina da a conocer. No se alteran las certidumbres acerca del mundo “real” ya que las situaciones representadas incluso permiten identificaciones emotivas: la venta de esclavos traídos desde África en el puerto de Buenos Aires, la batalla de Cancha Rayada y la preparación del ejército del general San Martín en El espejo africano; el movimiento popular llamado “los Chisperos” que en 1810 exigía la convocatoria a un Cabildo y la destitución inmediata del Virrey Cisneros en El rastro de la canela, etc. En síntesis, se trata de mundos posibles “amoblados” con propiedades necesarias (individuos, espacios y tiempos) que tienen mayor proximidad al mundo referencial –fechado y conocido– en un estadio cultural.

En contrapartida a los mundos realistas, los utópicos imaginan universos estructuralmente diferentes del real. Umberto Eco sistematiza estos “modelos utópicos de mundo” y los llama respectivamente: alotopías, utopías-ucronías y metatopías. Nos interesa el primer grupo para explorar la producción de Liliana Bodoc: las alotopías. Pampa Arán –a diferencia de Eco quien plantea que los mundos alotópicos diseñan universos semejantes al nuestro– considera que las alotopías son universos maravillosos o “arquetípicos que conservan las huellas de textos sagrados en la medida en que intentan comunicar una verdad que trasciende lo puramente humano y religa al hombre con una totalidad” (1999: 42). Un mundo alotópico “…se presenta como (un mundo) regido por sus propias leyes mágicas y sus individuos constitutivos tienen propiedades sobrenaturales que son aceptadas sin escándalo. Es el mundo feérico o maravilloso en el que rigen sin cuestionamientos los poderes mágicos o divinos, benéficos o maléficos.” (1999: 42) La saga de los Confines. Los días del venado (2000), Los días de la sombra (2002), Los días del fuego (2004), Memorias impura. Los padres (2007), Tiempo de dragones. La profecía imperfecta (2015) y Tiempo de dragones. El elegido en su soledad (2017) presentarían, sin lugar a dudas, desde este constructo, mundos posibles alotópicos pero también observamos que El espejo africano y El rastro de la canela podrían ser leídos desde esta “matriz alotópica”, a pesar del aparente intento de ensamble de un mundo realista. A modo de síntesis, por las limitaciones del espacio de este trabajo, relevamos algunos rasgos alotópicos que nos permiten ampliar el “mundo posible” realista:

  • Los individuos u objetos que “amueblan” este mundo tienen propiedades sobrenaturales que son aceptadas sin escándalo o no percibidas porque “actúan en otro orden”. Es el caso de un objeto –el pequeño espejo enmarcado en madera de ébano– en El espejo africano (2008) que, a través de la voz narradora, entra en diálogo con el fantástico tradicional: los cuentos de hadas, las fábulas, los relatos folclóricos, etc. (Arán: 17).
Estos objetos guardan siempre un revés, una raíz que se extiende hacia otras realidades, un bolsillo secreto. Son objetos con rincones que no podemos limpiar ni entender. (Bodoc 2008: 9)
Se ha dicho que son puertas hacia países fantásticos. Se ha dicho que son capaces de responder, con sinceridad, las oscuras preguntas de una madrastra. (Bodoc, 2008: 10)
¿Quién dice que los objetos no hablan? Lo hacen, pueden hacerlo a través de sus mínimas grietas, de los sitios donde están desgastados. Hablan, a través de los matices del color que alguna vez tuvieron. (Bodoc 2008: 91)
Porque los espejos reflejan las historias de su tiempo. Y a veces, como los cristales curvos, la ensanchan, la adelgazan, la distorsionan. (Bodoc 2008: 121)
  • Lo sobrenatural está legalizado porque remite su explicación a otro sistema cultural que proviene de afuera del texto: la magia, el mito, la religión. En El rastro de la canela (2016), se reconstruyen tres momentos cruciales que sostienen la trama, tres momentos en los que las antiguas creencias y rituales yorubas de la esclava africana María, organizan la causalidad de los hechos: la visión y el presagio sangriento en el primer capítulo, la oración y comunicación con los dioses en el décimo.
María habla con sus dioses sin mirar al cielo. (…) Oxum conoce el fondo del río tan bien como el corazón de los hombres. Conoce la sustancia del amor, y la maneja como miel entre sus manos. (Bodoc 2016: 75)

Y, por último, el ritual que en la segunda parte realiza María: una invocación a los muertos que en forma de sueño mágico, influirá en el curso de las acciones:

Por negra y por piadosa, María sabe que hay ciertos asuntos que solo resuelven los muertos. Por vieja y entendida, sabe que una madre no deja de serlo cuando muere, y que Veridiana ayudará a su hijo, aunque para ello deba blandir sus propios huesos. (…) le pedirá que intervenga en el mundo de los vivos a través del amo Eladio… (Bodoc 2016:108)
  • No intentan cuestionar el orden sino proponer una forma de mágica de confianza en otro orden que siempre prevalece. Es el supra orden del destino en El espejo africano:
Pero en ningún momento dejó de ver una señal del destino en ese extraordinario hallazgo. (Bodoc 2008:108)
El pequeño espejo enmarcado en ébano lustroso seguirá su indescifrable camino… (Bodoc 2008: 122)
De un destino a otro seguirá andando el espejo. ¿O habrá que decir que, de un espejo a otro, sigue andando el destino? (Bodoc 2008:123)

Mundos posibles: territorios sintópicos del fantástico

Para Arán (1999) el mundo alótopo se distancia rotundamente de la estructura de mundo posible del fantástico moderno, sobre todo, de su función estética y social. En esta exploración de los imaginarios fantásticos que estamos realizando, no nos satisface el encasillamiento de los textos de nuestro corpus solamente en la clasificación de “mundos posibles alotópicos”. Observamos algunos rasgos que nos permiten dudar y comenzar a leer a estos textos como una variante, una relectura del género fantástico moderno en una particular construcción que hace la autora de este género.

Arán (1999) considera al fantástico moderno como “mundo sintópico”. Plantea, entonces, una proposición que desencadena ese imaginario fantástico: “¿qué sucedería si, de manera circunstancial, el mundo real fuera distinto sin dejar de ser lo que es?” Si bien el mayor rasgo que caracteriza a este imaginario fantástico –el “escándalo racional”– no se observa en las novelas a las que nos estamos refiriendo, observamos otros que “amueblan” estos mundos posibles y los alejan parcialmente de los mundos alotópicos. La novela El espejo africano (2008) que, como ya señalamos, plantea un ordenamiento del “mundo real” diferente pero que no abandona la imagen de “realia” ingresa en una zona incierta donde se confunden algunos rasgos de los mundos sintópicos: se trata de un mundo semejante al mundo real en el que algunos individuos, seres, cosas exhiben propiedades diferentes de las que le son pertinentes en el mundo de referencia, sin dejar de mantener su semejanza. Además, las propiedades pertinentes y no pertinentes coexisten en un mismo individuo o en el medio que lo rodea: el “espejo africano, enmarcado en madera de ébano” cumple su función utilitaria y a la vez, afectiva, de ser un legado familiar. Pero más allá de estos atributos, de manera implícita tiene propiedades no pertinentes: enlazar destinos, propiciar reconocimientos, establecer lazos entre hechos y personas alejados en el tiempo y espacio, etc. Y, sobre todo, no hay posibilidad de explicar el origen o la causa del desorden natural: el funcionamiento del espejo no responde a leyes conocidas. Tampoco es posible verificar su duración. Una vez finalizada la trama de la historia de El espejo africano (2008) es posible que el lector se pregunte: “¿qué pasará luego con el espejo? ¿Hasta dónde, hasta cuándo seguirá uniendo destinos? Tampoco es posible verificar algunas de las regularidades de su comportamiento.

Por último, hallamos otra característica de este imaginario fantástico que subyace en la novela El espejo africano (2008): la contradicción, o también llamada por Campra (2008) “superposición momentánea de órdenes inconciliables”. Es esta una propiedad necesaria del mundo fantástico, así como la ambigüedad lo será de su lenguaje. Si bien no observamos contradicción, sí creemos que la superposición actúa en la novela interponiendo un orden lógico y cronológico de los hechos de la historia que se narra –los primeros años de las luchas de la Independencia por parte del ejército sanmartiniano– con un orden fantástico, con una lógica supra temporal y espacial simbolizada por el funcionamiento “mágico” del espejo.

En el mundo posible del fantástico, tal como lo observamos en la novela El espejo africano (2008), se trata de “este mundo que ha cambiado sus propiedades porque la Ley ha cesado de manera momentánea.” (Arán 1999: 49). Pero, ¿qué Ley es la que cesa momentáneamente en este relato? Creemos que es la Ley de un “submundo epistémico” que construye la imagen de “mundo real”: el discurso y la lógica de la Historia, con su entramado lógico-causal. Son los seres individuales e invisibles para la Historia –niños y niñas esclavos, huérfanos, mujeres excluidas– los que construyen la trama de un discurso que, aun en la sociedad en que vivimos, no se cuenta del todo.

Conclusión

Para concluir esta breve presentación, retomamos una afirmación que expresa Liliana Bodoc (2015) en el capítulo “Lo mágico” de la serie televisiva Los confines de la palabra: “Empecé a escribir literatura fantástica segura de que era otra manera de pensar la realidad, no un escapismo sino la posibilidad de crear mundos alejados de las leyes naturales.” Esta exploración que estamos realizando intenta indagar y describir el alcance de esta búsqueda estética explicitada por la escritora y plasmada en textos narrativos que, lejos de brindarnos “mundos posibles” fácilmente clasificables, se vuelven escurridizos y ambiguos como los espejos. Consideramos como una oportunidad el estado de vacancia en que se hallan las investigaciones acerca de las novelas de Liliana Bodoc que decidimos estudiar. Si bien hallamos publicaciones, observamos que circunscriben el abordaje solamente al análisis temático de ambas novelas. Estos artículos se focalizan en el potencial pedagógico de las obras ya que se consideran propicias para enseñar acerca de valores tales como la búsqueda de la identidad, la diversidad racial, entre otros. Pero, no hemos encontrado hasta el momento, investigaciones que vinculen a estos textos u otros de los mencionados en el corpus con el imaginario fantástico.

Nuestra investigación, en esta etapa, recoge y releva rasgos que permiten leer a las novelas El espejo africano (2008) y El rastro de la canela (2016) desde una estética emparentada con la construcción de mundos posibles maravilloso y fantástico, alotópicos y sintópicos. Después de todo, se trataría de intentar responder esta pregunta que Bodoc (2015) formula en el capítulo “Lo mágico” de Los confines de la palabra: “¿Es política la fantasía? No puede escindirse la política de la fantasía. Cada escritor tiene una visión del mundo y eso es política.”

Y para intentar dar respuestas provisorias, tomamos una afirmación de Pampa Arán:

Los discursos de la religión, de la filosofía, de la historia, de la psicología e incluso de la concepción de la literatura como canon suelen estar tematizados para mostrar las fisuras, límites y transgresiones de la construcción cultural de la realidad. Tal construcción es sometida a examen no para demostrar que es incognoscible, sino que su conocimiento es siempre provisorio y parcial y que lo que llamamos lo real o lo verdadero no es sino un modo (uno entre muchos) de expresar la norma dentro de cierto sistema vigente. (1999: 55)

Sostenemos que las novelas El espejo africano (2008) y El rastro de la canela (2016) transgreden la construcción de la realidad que realiza un sistema de conocimiento como lo es el de la Historia como disciplina; pone en evidencia que hay otros modos, entre muchos, de intuir lo real.

Bibliografía

Andruetto, M. Hacia una literatura sin adjetivos. Córdoba, Comunicarte, 2009.

Arán, P. El fantástico literario. Aportes teóricos. Córdoba, Narvaja editor, 1999.

Bodoc, L. La saga de los Confines. Los días del venado. Buenos Aires, Norma, 2000.

La saga de los Confines. Los días de la sombra. Buenos Aires, Norma, 2002.

La saga de los Confines. Los días del fuego. Buenos Aires, Norma, 2004.

Memorias impuras. Los padres. Buenos Aires, Planeta, 2007.

El espejo africano. Buenos Aires, Editorial SM, 2008.

Tiempo de dragones. La profecía imperfecta. Buenos Aires, P&J, 2015.

— “Lo mágico”. Liliana Bodoc presentadora y escritora. Los confines de la palabra. Capítulo tres. Canal Encuentro, 2015.

El rastro de la canela. Buenos Aires, SM, 2016.

Tiempo de dragones. El elegido en su soledad. Buenos Aires, P&J, 2017.

Campar, R. Territorios de la ficción. Lo fantástico. Madrid, Editorial Renacimiento, 2008.

Carranza, M. “La realidad de lo fantástico”. Revista Babar, 2015. Bit.ly/38vBcJ8.



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