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“Vientos más propicios para las letras”: auge, centralidad y caída de las Causeries de Lucio V. Mansilla en el periódico Sud-América

Damián Lima (Universidad Nacional de La Plata)

El día jueves 16 de agosto de 1888 marca el comienzo de una prolífera relación escrituraria que Lucio V. Mansilla mantendrá durante el espacio de dos años con el periódico Sud-América. Sus Causeries, charlas amenas donde predomina el recurso de la digresión y se despliega el anecdotario autobiográfico, a través de las cuales el autor consiguió consolidar, como señala Sandra Contreras, “un género de exclusivo uso personal, inconfundible en su marca, inimitable” (2010: 201), registran un movimiento inicial de auge y centralidad en el espacio del folletín del diario –coincidente con la afirmación de Tim Duncan de que “las causeries del jueves de Mansilla estaban en boca de toda la ciudad” (2007: 81)–, al que solo la grave crisis económica y la convulsión política, con alzamiento armado incluido, llevará a su caída e inesperado fin.

Desde el comienzo mismo, en los sueltos que el periódico publica en la sección “Noticias”, puede observarse una progresiva instalación de Mansilla en el espacio del folletín del diario. La primera causerie, “Horfandad sin hache”, del 16 de agosto, es anunciada como un texto más que se inserta en el folletín: “El general Mansilla nos ha favorecido con la Causerie que publicamos hoy en nuestro folletín…”. Sin embargo, el 20 de agosto, un suelto más extenso anuncia la presencia de las Causeries como folletín semanal del periódico: “El general Mansilla nos dará todos los jueves un folletín…”. Y luego, el suelto que acompaña a la primera entrega de la causerie “¿Por qué?”, del 23 de agosto, se refiere al “folletín del General Mansilla” y lo caracteriza como una “nueva sección de Sud-América”. Es decir, en pocos días una colaboración para el folletín del diario se convierte en una nueva sección del Sud-América: el folletín de Mansilla. Este primer momento de auge coincide con las causeries más celebres, aquellas que más han sido recopiladas en selecciones, incluso dando nombre a antologías, como es el caso de “Los siete platos de arroz con leche”.

El fenómeno de las Causeries dentro del Sud-América es único, excepcional, y merece ser estudiado con detalle, considerando tanto los textos como sus paratextos en el contexto original de publicación. Son varios los elementos que permiten dar cuenta de la centralidad que adquieren los escritos de Mansilla en el periódico, y algunos que solo mencionamos brevemente son: la aparición de imitadores, que publican causeries propias y motivan sueltos como el del 17 de noviembre de 1888: “Tenemos una prueba del interés y amenidad de las narraciones con que nos favorece todas las semanas el General Mansilla: hace escuela. Publicamos hoy una causerie de un joven…”; las varias interacciones o repercusiones textuales de los escritos de Mansilla en el mismo diario o en otros, como sucede con la causerie “Limosna y mendicidad” –donde aparece lo que Iglesia y Schvartzman caracterizan como el “eco instantáneo de las causeries” (1995: 13)–, o como en “Veinte años después”, que surge como respuesta a una publicación injuriosa de La Nación y despierta toda una serie de réplicas textuales, en lo que podríamos caracterizar como un “evento polifónico”. En este trabajo nos centraremos en otros dos aspectos que consideramos los más interesantes para explorar el fenómeno de las Causeries: el aparato publicitario que el periódico crea en torno de éstas y la amplia disponibilidad del diario hacia los escritos de Mansilla, quien puede ser considerado como propietario textual del espacio del folletín durante los dos años ya señalados.

Desde el comienzo de su publicación, la redacción del Sud-América construye alrededor de las causeries lo que podría considerarse un verdadero aparato publicitario de anuncios y comentarios, que preceden o acompañan a los folletines de Mansilla. Se trata de textos breves, de carácter elogioso y bajo nivel de impersonalidad, que salen en la sección “Noticias” del diario, entremezclados con las novedades políticas, culturales, policiales, deportivas y otras misceláneas. Siendo ciento veinte el total de entregas de las causeries en Sud-América, se han registrado un total de cincuenta y siete textos sueltos que conforman, entre anuncios y comentarios, este aparato publicitario.

Coincidiendo con el momento de apogeo y mayor popularidad, entre noviembre de 1888 y febrero de 1889, se publican con regularidad dos sueltos por semana referidos a las Causeries: el primero los días lunes, anunciando la causerie que saldrá el día jueves, mencionando su dedicatoria y haciendo alguna referencia breve y a veces jocosa sobre su contenido, para atrapar la atención del lector; y el segundo suelto los días jueves, acompañando a la causerie del día, tratándose en general de un comentario original, intrigante, que codifica en una breve sentencia un guiño relacionado con algún tema que Mansilla escribe en su causerie. Citamos algunos ejemplos: “Ejecución. Decididamente no hace correr hoy día sangre el general Mansilla en nuestro folletín. El pobre cuadrúpedo continúa con la espada de Damocles sobre su cabeza. ¿Lo salvará algún milagro?” (01/11/1888); “Juan Patiño. Nos remite hoy nuestro amigo el general Mansilla su Causerie del jueves próximo. Los negros la leerán con gusto y los aficionados al cognac también” (19/11/1888); “Nuestro folletín. Los que lo lean sabrán cómo es un mercado de carne humana” (06/12/1888); “Folletín. El lector que se atreva a pronunciar correctamente la palabra esquimal de 22 letras que hoy escribe el general Mansilla tendrá tanta imaginación, como él, y más memoria” (03/01/1889).

A partir de marzo de 1889 deja de respetarse la regla de salida de un anuncio los lunes y un comentario los jueves, pero los sueltos siguen apareciendo con relativa frecuencia, anunciando o comentando las Causeries, y cumpliendo además una nueva función: avisar y señalar los cambios de días en la publicación del folletín. Como ejemplos: “Alteramos en nuestro último número el día, publicando el miércoles el referente al General Alvear, porque cuadró la casualidad de ser aniversario de Ituzaingó” (25/02/1889); “Como Sud-América no saldrá mañana anticipamos hoy el consabido de nuestro amable colaborador el general Mansilla” (17/04/1889); “Aunque hoy vaya una con el sello tan personal de nuestro amable colaborador, el jueves publicaremos la de costumbre” (21/05/1889).

Este recurrente sistema publicitario distingue a las Causeries de los demás folletines publicados en ese período, tanto los internacionales como “Gladys Harvey” de Paul Bourget o “Recuerdos de mi infancia” de León Tolstoi, como los nacionales, de tipo criollista, tales como “Ánima del Poncho Verde” de H. Leguizamón, “El perro adivino” y “El miliciano Rojas” de Fortún de Vera, o “Recuerdos de Entre Ríos” de Fray Mocho. Estos folletines, algunos de larga duración, otros de fugaz estadía, carecen del aparato publicitario que rodea a las Causeries, y su presencia en Sud-América pasa sin ser anunciada ni comentada.

Con lo analizado hasta el momento podemos afirmar que las Causeries ocupan un rol central en el espacio textual del folletín de Sud-América, siendo Mansilla el más asiduo colaborador literario durante los dos años de relación. Desde el inicio Mansilla se adueña del espacio del folletín y lo maneja de acuerdo a su voluntad, marcando los días de publicación, reclamando intervenciones especiales para otros días de la semana, escatimando textos que decide guardar para más adelante o remitiendo causeries “extraordinarias” que se suman a las “consabidas” de los jueves. El gesto más radical de esta libertad para manejarse está en la finalización de su colaboración con el diario, que será una sorpresa para los mismos editores, como analizaremos más adelante.

El jueves 5 de septiembre de 1889 se informa en un suelto que el folletín de Fortún de Vera no aparecerá en el zócalo, sino en la primera página, lo cual justifican señalando que pertenece, “por derecho de primacía, el folletín del jueves a nuestro brillante colaborador y amigo General Mansilla.” Este es solo uno de los ejemplos que demuestran hasta qué grado Mansilla es considerado un colaborador excepcional, distinguido de los demás, cuya presencia se vuelve cada vez más insistente, no sólo en el espacio del folletín que domina y tiene adjudicado de manera casi exclusiva, sino también a través de otro tipo de intervenciones, tales como artículos, cartas, noticias sobre su vida personal –como el hurto de su reloj de pared o la muerte de su hijo–, discusiones con otros personajes o periódicos, opiniones, reseñas de obras, e incluso textos con el título “De Mansilla: publíquese”. El causeur mantiene un canal directo de comunicación con Rufino Varela Ortiz, propietario-director del Sud-América entre agosto de 1889 y noviembre de 1890, con quien intercambia cartas públicas a través de las páginas del diario, a quien dedica la causerie “Raimundo” y a quien le escribe, por ejemplo, en junio de 1890: “Querido Rufino. Hazme el gusto de publicar [este texto], no donde caiga, sino en lugar preferente.”

Esa disponibilidad del diario a los textos de Mansilla va de la mano con la fecundidad de sus colaboraciones, con el caudal escriturario que pone a disposición. Como es sabido, Mansilla anuncia y promete causeries que escribirá a futuro, anticipa títulos de las que ya tiene escritas, o escribe y guarda en su cajón algunas que publicará cuando crea conveniente: el caso más extremo se da con “La madre y el hijo”, que Mansilla decide publicar como última causerie, el 28 de agosto de 1890, mientras que ya había sido leída y prometida al hijo de Benjamín Posse a través de un suelto el 21 de septiembre de 1889, casi un año antes. La proliferación de escritos que surgen de la pluma –o del dictado– del causeur parece no tener un límite definido –sólo la crisis del 90 le pondrá un fin–, tal como se revela en un suelto del 2 de mayo de 1889: “interpelado por nosotros sobre sus Causeries, nos contestó: ‘tengo aún unos doscientos a trescientos temas’. ¡Que Dios nos dé vida y salud a todos!”.

Entre esa vasta multiplicidad de temas, uno con el que Mansilla suele juguetear en sus Causeries es el de la profecía y lo onírico. En su causerie “De cómo el hambre me hizo escritor”, publicada en octubre de 1888 en La Tribuna Nacional, relata una escena de su destierro en la Confederación, en la cual el gobernador lo ve por primera vez y pregunta: “¿Quién es aquel profeta?”. En la causerie “Pérez”, del 13 de marzo de 1890, menciona que se parece a su padre en el hecho de que “tenía visiones proféticas”. Sin embargo, lo que aquí nos interesa es un episodio descrito en la causerie “Allons, enfants de la patrie”, del 18 de noviembre de 1889, que comienza con las sugestivas palabras: “He soñado y no he soñado” (1890: 121). Tomando como punto de partida la noticia de un movimiento revolucionario en Brasil que convirtió al Imperio en República, Mansilla narra su pesadilla sobre una inminente revolución en la Argentina. Entre sueños, grita: “¡Qué! ¿No oyes los tiros, el cañón, las campanas, el ruido, ¡qué!, no ves a la gente que corre en todas direcciones?” (1890: 131) y observa a los líderes del alzamiento “nada menos que con gente armada y bala en boca, al frente de un ejército de ciudadanos, los más patriotas, que nos insultaban […] diciéndonos: ‘¡A la calle!, ¡miserables!, ¡traidores a la constitución!, ¡con vosotros no hay patria republicana posible!’” (1890: 132). Mansilla revive sus fantasías de convertirse en Lucius Victorius Imperator, como en el sueño de Una excursión a los indios ranqueles. Todavía en el mundo onírico, la revolución triunfa, pues “eran implacables, no daban cuartel, querían a todo trance gobernar ellos” (1890: 133) y se dirigen a la casa de Juárez Celman, quien sale en bata y medio dormido a enterarse “de que el pueblo, los que tales se titulaban, no querían su gobierno en la forma que lo vemos” (1890: 134). Publicados en una causerie en noviembre de 1889, estos fragmentos realmente parecen funcionar como una verdadera profecía de lo que vendrá apenas medio año después, cuando tras meses de crisis económica y convulsiones políticas se produzca la llamada Revolución del Parque, alzamiento armado de la Unión Cívica que produjo la renuncia a la presidencia de Juárez Celman y signó, colateralmente, el fin de la publicación de las Causeries, tanto en la prensa periódica, como su recopilación en libro.

El jueves 28 de agosto de 1890 se publica “La madre y el hijo”, última causerie que aparece en el folletín del Sud-América, escrita al menos un año antes, como ya fue mencionado. Podemos conjeturar que en estos últimos momentos Mansilla, ante el peso de los conflictos políticos, ligado muy estrechamente al juarismo, preocupado por su posición como presidente de la Cámara de Diputados y con la renuncia de Juárez Celman literalmente en sus manos, ya no escribe nuevas causeries, sino que envía al periódico las “de cajón”, escritas hace tiempo y guardadas para ser publicadas a futuro. Las últimas dos sirven de evidencia, siendo que también la anteúltima causerie, titulada “Pues!”, lleva una nota al pie aclarando que fue escrita hace meses. El cierre de la última causerie es un “Post-Scriptum” donde Mansilla anuncia: “Lector: aquí suspendo por el momento estas Causeries […] Me despido, pues, hasta que soplen vientos más propicios para las letras (bellas o no).” Lo increíble del caso es que los editores del Sud-América se enteran del cese de la colaboración de Mansilla con el diario a través de ese texto. Al día siguiente aparece un largo suelto titulado “La colaboración del General Lucio V. Mansilla”, donde se percibe la sorpresa y consternación de los editores, quienes señalan: “Aunque no tenemos confirmación oficial […] parece que el general suspende su colaboración literaria”, a la vez que se lamentan en caso de que así sea y, a través de grandes elogios a la pluma de Mansilla, apelan a que vuelva atrás sobre su resolución y siga enviando sus Causeries. Este cierre de colaboración, sin notificación oficial a los editores del periódico, no hace más que confirmar la exclusiva y particular relación que Mansilla mantuvo con el Sud-América, su libertad para apropiarse del espacio y manejarse por su propia cuenta, incluso cuando desea dejar de publicar.

El jueves 4 de septiembre de 1890 asistimos al primer ejemplar del Sud-América en dos años que no tiene una causerie en su folletín.

Increíblemente, el sábado 13 de septiembre de 1890 aparece un esperanzador texto en la primera página del diario, con el título: “La vuelta de Mansilla – Próximas Causeries”. Quien espere encontrar la voz del causeur confirmando su regreso se llevará una gran decepción: el texto no es otra cosa que una carta del hermano del secretario de Mansilla, con un comentario editorial que dice: “con esto esperamos que así que el general Mansilla se reponga de sus últimos descalabros políticos, nos siga favoreciendo con sus folletines.” A pesar del titular engañoso y del anhelo de los editores de un posible retorno de las Causeries de Mansilla, este nunca se producirá.

¿Por qué Mansilla, que afirmaba tener hasta trescientos temas de escritura, deja de publicar sus Causeries? Si bien no podemos plantear una respuesta completa en estas breves notas, hay un factor relevante que se deduce de la lectura del Sud-América: el diario cambia después de la Revolución del Parque, produciéndose un giro ideológico y político tras la caída de Juárez Celman y la conformación del nuevo gobierno presidido por Carlos Pellegrini, acercándose cada vez más a lo que era la férrea oposición del Sud-América durante el juarismo: la Unión Cívica. Poca vida le quedaba al diario juarista fundado en 1884 por Paul Groussac y Carlos Pellegrini: en septiembre de 1892 saldrá su último ejemplar. Por otro lado, los diarios opositores y la prensa satírica redoblan sus ataques, tanto hacia los escritos como a la figura de Mansilla, quien queda demasiado identificado como uno de los “incondicionales” del Unicato de Juárez Celman, publicándose artículos, textos sueltos, versos satíricos –dirigidos “al general Mantequilla” y otros apodos–, ilustraciones en las que aparece caído y humillado, e incluso nuevas Causeries apócrifas, que si hacia 1888 tenían un carácter de imitación elogiosa, ahora aparecen como sátira despiadada.

“Como en una partida de ajedrez, las piezas cambian de posición”, escribe Mansilla en su libro En Vísperas, de 1903. Los reajustes políticos y sociales que siguen a la Revolución descomponen ese “entre-nos” que funcionaba como interlocutor privilegiado de las Causeries. En estos y otros factores yace la explicación del silencio del causeur, la clave de ese brusco, sorpresivo e inapelable cese de colaboración de Mansilla con el Sud-América.

Bibliografía

Contreras, S. “Lucio V. Mansilla, cuestiones de método”. A. Laera (dir.). Historia crítica de la literatura argentina (vol. 3: El brote de los géneros), Buenos Aires, Emecé, 2010.

Duncan, T. “La prensa política: Sud-América, 1884-1892”. Revista de Instituciones, Ideas y Mercados, 46, 2007.

Iglesia, C. y Schvartzman, J. “Entre-Nos, folletín de la memoria”. L. V. Mansilla. Horror al vacío y otras charlas. Buenos Aires, Biblos, 1995.

Mansilla, L. V. Charlas inéditas. Buenos Aires, Eudeba, 1966.

Entre-nos. Causeries del jueves. Buenos Aires, Hachette, 1963.

Entre-Nos. Causeries del jueves. Buenos Aires, Casa Editora de Juan A. Alsina, 1889-1890 (5 tomos).

Horror al vacío y otras charlas. Buenos Aires, Biblos, 1995.

Mosaico. Charlas inéditas. Buenos Aires, Biblos, 1997.

Sud-América. Material relevado de los ejemplares de este periódico aparecidos entre el 10 de julio de 1888 y el 12 de diciembre de 1890. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Hemeroteca de la Biblioteca del Congreso de la Nación (material en microfilm).



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