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Pedagogías sexuales y literatura escolar en la construcción del Estado
moderno argentino

Gabriela Clara Pignataro (Universidad de Buenos Aires)

En los albores del Estado moderno argentino, la escuela tuvo un rol clave en la formación de un sujeto ciudadano ideal para el desarrollo local del programa institucional de la modernidad, comprendiendo dicho concepto como Francois Dubet denomina al “proceso social que transforma valores y principios en acción y subjetividad por el sesgo de un trabajo profesional específico y organizado” (Dubet 2006: 32). El trasvasamiento del programa institucional puede ser analizado en la experiencia local en los espacios de escolarización y la formación docente, los cuales estuvieron estrechamente vinculados con el proyecto de consolidación del Estado-Nación de finales del siglo XIX, en el contexto de integración económica del país al mapa mundial trazado por las potencias capitalistas. Es entonces que la tradición normalista se constituye como instrumento de un “Estado educador” que intenta homogeneizar a la población después de la llegada de inmigrantes europeos, desde los marcos teóricos del positivismo y con el objetivo de disciplinar las conductas a partir de las ideas de orden y progreso (Davini 1995).

Si bien existe amplia bibliografía en torno al espacio escolar y su relación con la construcción de la identidad nacional, los discursos pedagógicos, la formación de maestros, género y la figura de la mujer como educadora (temas abordados por autores como Lilia Bertoni (2001), Andrea Alliaud (2007), Inés Dussel (2005), Graciela Morgade (1997)) el presente trabajo, se propone sentar un punto de partida de indagación que buscará focalizar específicamente sobre las configuraciones de género delineadas dentro del contexto áulico a través del uso de libros de lectura y escritura, puntualmente bajo las formas de la poesía y la narrativa como insumos pedagógicos.

Las relaciones desiguales de género están presentes desde la gesta de la institución escolar tal como Graciela Morgade señala en su texto “Aprender a ser mujer, aprender a ser varón” (2001). Si bien la Ley 1420 de Educación Común sancionada en la Argentina en 1884 no establecía una educación separada por sexos, está sí incluía “un breve capítulo diferencial de “labores domésticas” para las mujeres y de “ejercicios militares” para los varones” (Morgade, 2001: 31). Estas diferenciaciones, que son una reflexión especular en tanto sus destellos fragmentados son múltiples y hacen luz sobre amplias dimensiones de lo femenino, fueron instituidas en la empresa educadora y los textos escolares conforman el registro más tangible y sistematizable de dicha discriminación.

¿Qué imaginarios se tramaron en las aulas? ¿Qué evocaciones líricas contribuyeron a una temprana internalización de los patrones genéricos? ¿Qué literaturas escolares funcionaron como dispositivos ejemplificantes? ¿Qué estereotipo de lo femenino y lo masculino? ¿Cuál la distancia entre la mujer de campo y la urbana? Estas preguntas serán interrogantes rectores de un futuro proyecto de investigación de archivo, cuyas fuentes documentales de análisis serán los textos digitalizados en la Biblioteca Nacional de Maestros: sus libros de lectura, cuadernillos de metodología de escritura, las guías de planificación y programas curriculares; intentando reconstruir así los lineamientos morales, los mandatos de época y constructos biologicistas/positivistas que subyacen. A modo de avance, citaremos un pasaje literario del Cuaderno tercero: método para enseñar y aprender a leer con facilidad (Sastre 1885): “La niña del campo”

Para tu parca mesa

Recógelos, pastora

Y a tus padres lleva

Porque en su compañía

Gustándolos contenta,

Al partirlos con ellos

Más dulces te parezcan

Ayuda a tu mamita

En todas las tareas

Y con honestos juegos

Las horas lisonjea

Pues estos empleos

gozarás placentera

De paz y reposo.

En este ejemplo podemos observar varias caracterizaciones del “deber ser” de una niña, expresamente una niña campesina: contentar a su progenitores, inclinarse a las tareas de cosecha, dedicarse a las tareas domésticas, convertirse en una extensión de su madre; no desviarse, es decir, el gozo sólo es gozo si es apacible y honesto. Podemos pensar aquí en tanto operaciones de moral religiosa (la adjetivación que recae en la cadena de sentido honesto-paz-reposo) y la tipificación biologicista de la mujer.

También encontramos huellas de una orientación de higiene y puericultura en pasajes como el siguiente, presente en el El libro del escolar de Pablo Pizzurno (1901):

La mamá llena la esponja de agua, en seguida la exprime sobre el cuerpo de Isolina. La chica se cubre la cabeza con la mano y el brazo:

–¡El agua está fría mamita!–exclama.
Pero no llora y se baña siempre ¡Qué buena costumbre esa! Y qué bien se sienten las personas que se bañan todos los días, aún en invierno. (33)

El contenido de lineamiento higiénico se narrativiza y cobra entonces otra pregnancia en la lectura de los escolares, permitiendo crear imágenes más cotidianas, cercanas e introyectables.

En cuanto a la asignación de roles, podemos encontrar en las novelas infantiles inscriptas en la currícula de lectura escolar, la genuflexión católica del gesto sacrificial y misericordioso, subsumido en la figura del pater abnegado, como podemos interpretar en el siguiente pasaje de la novela Sentimiento: “Por mí ¡Por mi bien deja mi padre nuestra casita! Para labrarme un porvenir, deja sus comodidades, sus amigos y sus hábitos: los libros que le son tan gratos y él leía con tanto amor en su sillón cálido, cuando todo era lozano y feliz” (Aubín 1910: 10). El rol masculino como progenitor, proveedor, heterosexual, que tiene amigos (hombres) y hábitos (cultos), aparece en este ejemplo divinizado, su grandeza es tal que el niño casi parece golpearse el pecho en una alusión también religiosa: “por mí, por mi culpa, por mi grandísima culpa.” El principio católico del deber filial, el origen de una herida fundante en la infancia que instituye futuros mandatos: la culpa propia por el sacrificio ajeno, en este caso frente a la imagen enaltecida, construida verticalmente en el progenitor varón.

Podemos vislumbrar en los ejemplos citados, tomados como recorte de un acopio de intervenciones narrativas y poéticas similares tanto en los cuadernos de enseñanza de la lectura y escritura así como en las obras seleccionadas para la lectura escolar, una clara división sexual del trabajo: el espacio doméstico es feminizado, el cuidado de las crianzas y su higiene es atención femenina, perteneciendo ambas situaciones al ámbito privado (careciendo éstas de exaltación o veneración) mientras que lo masculino ocupa lo exterior: el hombre es quien sale, participa en lo público y retorna al hogar como un salvador, un héroe triunfante.

Mirando el campo de la vida cultural en el sesgo de recorte que será analizado (1880-1920), este coincide con un período de estabilidad del movimiento romántico –que aún mantenía su vigencia– en el campo de la poesía. Si bien los textos de uso escolar se distancian de los procesos de continuidad y ruptura estilística del campo literario, resulta pertinente señalar el diálogo temático de motivos líricos presentes tanto en el dispositivo escolar como en la producción poética de la época, sobre la cual trabaja atinadamente Omar Chauvié en “Poesía y formas de sociabilidad en los poetas de la década de l880”:

Y dentro de los temas que se repiten, muchos tienden a consolidar una perspectiva estable, invariable de la sociedad y de lo real. Junto al paisaje como evocación, a cierto tratamiento ingenuo o muy pudoroso del amor, surge el tópico de la familia y el hogar, especialmente, la evocación del lar paterno como centro del recuerdo feliz. En este tópico, el ideal aparece anclado en el pasado, en un ámbito inmaculado donde gobiernan los padres, es decir las figuras ejemplares, y ese ámbito, a veces, está vinculado a los orígenes patrios o de las familias patricias. (2004 s/p)

Podemos pensar entonces, tentativamente, una relación entre campo léxico romántico, sus temas, figuras y su influencia en los motivos escolares éticos, patrióticos y sobre todo, en el núcleo duro en la educación sentimental en los inicios del Estado moderno argentino, contribuyendo así a conformar la pedagogía sexual de la época que configura distintas relaciones de poder entre género, clase, etnia y pertenencia geográfica. Así como se establece un ideal binario y heterosexual, este mismo es predominantemente blanco; en tanto las representaciones de sujetxs del campo, la periferia y las clases subalternas, si bien son atravesados por lo hétero-binario, se refuerzan en su descripción las adjetivaciones de dominación de clase bajo las formas del respeto, la humildad y el servicio, ocultando así otras formas de desigualdad.

En Pedagogías de la Sexualidad (1999) compilado por Guacira Lopes Louro, se estudia el amplio rol de la escuela en torno a los mecanismos de naturalización y continuación de las desigualdades: “Si múltiples instancias sociales, entre ellas la escuela, ejercitan una pedagogía de la sexualidad y del género y colocan en acción varias tecnologías de gobierno, esos procesos prosiguen y se complementan a través de tecnologías de autogobierno y auto disciplinamiento que los sujetos ejercen sobre sí mismos.” (10). Frente a la afirmación anterior, los últimos interrogantes que se abren (y que recapitulan los ejemplos expuestos) a la corriente investigación y su futuro devenir: ¿Cómo funcionaron los imaginarios poéticos en relación a las pedagogías? ¿Se conformaron lirismos de género? ¿Existió dentro de las aulas sólo una subordinación y funcionalidad de lo literario en pos de la construcción de una moralidad sexual? El proyecto de investigación, presentado en este trabajo intentará persistir en dichos cuestionamientos desde una perspectiva de género sobre las prácticas escolares, la currícula y los textos utilizados en la cotidianidad de la escuela del 1880.

Bibliografía

Alliaud, A. Los maestros y su historia. Los orígenes del magisterio. Buenos Aires, Gránica, 2007.

Aubin, J. M. Sentimiento: libro de lectura, Buenos Aires, Angel Estrada, 1910.

Bertoni, L. A. Patriotas, cosmopolitas y nacionalistas. La construcción de la nacionalidad argentina a fines del siglo XIX. Buenos Aires, FCE, 2001.

Chauvie, O. “Una larga y amable conversación: poesía y formas de sociabilidad en los poetas de la década de l880”. Cuadernos del Sur. Letras, 34, 2004, pp. 165-186. Bit.ly/38uyUtD.

Davini, M. C. “Tradiciones en la formación de los docentes y su presencia actuales”. La formación docente en cuestión: política y pedagogía, Buenos Aires, Paidós, 1995.

Dubet, F. El declive de la institución. Profesiones, sujetos e individuos en la modernidad. Barcelona, Gedisa, 2006.

Dussel, I. et al. La escuela como máquina de educar: tres escritos sobre un proyecto de la modernidad. Paidós, Buenos Aires, 2005.

Lopes Louro, G. “Pedagogías de la sexualidad”. O Corpo educado. Pedagogias da sexualidade. G. Lopes, Louro (Comp.) Belo Horizonte, Ed. Autentica, 1999.

Morgade, G. “La docencia para las mujeres: una alternativa contradictoria en el camino hacia los saberes legítimos”. Mujeres en la educación. Género y docencia en la Argentina 1870-1930. Buenos Aires, Miño y Dávila, 1997.

Morgade, G. Aprender a ser mujer, aprender a ser varón. Buenos Aires, Ediciones Novedades Educativas, 2001.

Pizzurno, P. A. El libro del escolar: segundo libro para niños de 8 a 10 años de edad. Buenos Aires, Aquilino Fernández e Hijo, 1901.

Sastre, M. Anagnosia. cuaderno tercero : método para enseñar y aprender a leer con facilidad. Buenos Aires, Igon, 1885.



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