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¡Sombra terrible de Facundo!

Aspectos narrativos y folletinescos en tres episodios de la biografía del Tigre de los Llanos

Lautaro Domínguez (Universidad Nacional de La Plata)

En el presente trabajo abordaremos algunos aspectos del Facundo, de Domingo F. Sarmiento, obra que, antes de aparecer en formato libro, fue publicada en su origen en el espacio del folletín del diario chileno El Progreso, desde el 2 de mayo hasta el 21 de junio de 1845. Seguiremos las hipótesis filológicas planteadas por Elizabeth Garrels para poder entender el orden estructural del folletín: Facundo, como tal, es publicado hasta el Capítulo 13, “¡¡¡Barranco Yaco!!!”. Esta hipótesis es de vital esclarecimiento, teniendo en cuenta que los dos últimos capítulos que cierran la edición en libro, “Gobierno unitario” y “Presente y porvenir”, no se presentan en la publicación en el diario chileno, según los rastreos filológicos realizados por la autora. Pero además, Garrels resalta ciertas estrategias autorales que se desprenden de la lógica política, ensayística, bien característica del Facundo. Encuentra en estos elementos una intención que no es propia del campo de lo político, sino más bien del entretenimiento: Sarmiento pondría en marcha la máquina folletinesca melodramática para cautivar a sus lectores, para adherirlos a la lectura con el fin de entretenerlos.

Nuestra ponencia seguirá de cerca estas lecturas. Nos centraremos en las cuestiones melodramáticas folletinescas en tres escenas del Facundo, ubicadas dentro de la biografía de Facundo Quiroga, que abarca desde el Capítulo 5 hasta el Capítulo 13. Abordaremos los capítulos quinto, “Vida de Juan Facundo Quiroga”, séptimo “Ensayos”, y decimo tercero, “¡¡¡Barranco Yaco!!!”, reconociendo en estas escenas escogidas un movimiento iniciático, consagratorio y descendente en el protagonista de la biografía. Dividiremos estos tres movimientos en tres postas que den cuenta cada uno de sus particularidades melodramáticas y transcendentales dentro de la biografía del caudillo riojano.

Primera posta: Facundo, el gaucho malo de la pampa

Facundo Quiroga hace su aparición en el Capítulo 5, si bien se lo representa dentro de los cuadros de habitantes de la Pampa que elaboró Sarmiento en el Capítulo 2, “Originalidad y caracteres argentinos”. Dentro de esa taxonomía social encarna al prototipo de gaucho malo. “Siempre perseguido”, “distribuyendo puñaladas” y en estado de permanente nomadismo (el peón errante), la vida del caudillo se nos representa al principio de la biografía guiado bajo esta ética y conducta. El crítico Martín Barbero, en su análisis de las figuras melodramáticas, elabora una categoría conceptual que explica el comportamiento de ciertos personajes: asocia la corporalidad con los valores morales, características indisociables una de la otra, y denomina a este concepto “estilización metonímica”. Esto nos resulta importante para entender “las pulsiones” del caudillo. Sarmiento mismo aclara lo que venimos elaborando en la escena donde Facundo Quiroga apuñala al juez que le exige su papeleta de conchabo:

¿Quería saciar el encono de gaucho malo contra la autoridad civil i añadir este nuevo hecho al brillo de su naciente fama? Lo uno y lo otro. Estas venganzas sobre el primer objeto que se presentaba son frecuentes en su vida.

Similarmente, sucede lo mismo cuando Facundo se transforma en desertor del ejército. La carrera de las armas, aquella que, según la voz narradora, lo llevaría a transformarse en un héroe de la patria, es rechazada por la personalidad del caudillo al que no le gusta ser “mandado”. Según Sandra Contreras, esta desobediencia en el accionar obedece a un principio compositivo del melodrama. Facundo responde a un estereotipo de personaje popular: “el villano”. Barbero señala que estos tipos de personajes se construyen a través de un marco de esquematismo, donde la fijación cualitativa es inmodificable. El caudillo responde a esta fijación, a este “determinismo”, y se une a las montoneras de Ramírez, “vástago de las montoneras de Artigas”. Siendo parte de esta montonera, el Tigre de los Llanos obra a su voluntad espiritual y corporal, hasta que es apresado por el gobernador de San Luis y es allí donde privado de su libertad comparte celda con los prisioneros realistas.

Hasta aquí la narración obra según lo esperable. Facundo, preso por desertor y por mostrar desobediencia ante las autoridades, representa fielmente el estereotipo del gaucho malo de la Pampa. Pero es a partir de la escena en la prisión que se produce un quiebre en lo cualitativo y narrativo. Escribe Sarmiento al respecto: “esta cárcel de San Luis, empero debía ser el primer escalón que habría de conducirlo a la altura a que más tarde llegó.” Se narra una sublevación de los presos realistas que liberan a los reos comunes, entre los cuales se encuentra Facundo Quiroga. Se produce en esta escena un giro inesperado en la narración, y es allí, en esa prisión, donde se da el movimiento iniciático del protagonista, en el momento en que Facundo asesina a 14 soldados realistas y sofoca el amotinamiento:

Facundo era uno de estos reos; y ni bien se vio desembarazado de las prisiones, cuando, enarbolando el marcho de los grillos al mismo español que se lo ha quitado, hiende por entre el grupo de los amotinados y deja una ancha calle sembradas de cadáveres en el espacio que ha querido correr […] Quiroga, empero hablaba siempre del macho de los grillos y de catorce muertos.

Es través de esta acción que principia la vida pública de Quiroga y comienza a extenderse su fama. Se produce un salto ascendente, evolucionando socialmente del “gaucho malo” al Comandante de Campaña, jerarquía máxima que todo gaucho de la Pampa deseaba ostentar, según las palabras del narrador. En el Capítulo 6 (“La Rioja”) se narrará cómo Facundo, a través de consensos, conspiraciones y traiciones, se queda con la Rioja, y hace de la provincia una de sus grandes conquistas.

Segunda posta: Facundo, el Comandante de Campaña entra en acción

En el Capítulo séptimo encontramos a un Facundo que, bajo la investidura de Comandante de Campaña, logra hacerse con el poder en la Rioja, desplazando a las dos familias principales: los Ocampos y los Dávila. Siendo referente de su provincia, en el año 1825 es llamado por Rivadavia en conjunto con otros representantes provinciales para establecer un modelo social y económico para el país.

En el contexto de guerra contra el Imperio del Brasil, el gobierno porteño exige a todas las provincias el reclutamiento de hombres. El general Lamadrid es enviado a Tucumán con esta misión. Impaciente, derroca al gobierno provincial y se hace con la provincia. Viendo esta desobediencia, el gobierno porteño llama a Facundo Quiroga para que restablezca el orden y el gobierno provincial. El caudillo le presenta batalla en la localidad del Tala. Como consecuencia de este enfrentamiento surge otro quiebre narrativo inesperado: Facundo vence al general Lamadrid.

Dentro de la narración el general Lamadrid es presentado de forma hiperbólica. El narrador lo introduce de la siguiente manera:

Es el general Lamadrid uno de esos tipos naturales del suelo argentino. A la edad de 14 años empezó a hacer la guerra a los españoles, y los prodigios de su valor romancesco pasan los límites de lo posible: se ha hallado en ciento cuarenta encuentros, en todos los cuales la espada de Lamadrid ha salido mellada y destilando sangre.

Esta representación hiperbólica responde, según Barbero, a la retórica del exceso, elemento imprescindible y característico en toda obra melodramática: mientras más grande sea el obstáculo a vencer, mayor será la victoria por parte del protagonista. Es por esto que el triunfo de Facundo se tiñe de hazaña. Es en esta batalla donde se da el movimiento de consagración. Facundo Quiroga vence a quien se percibía como invencible y fuera de su provincia: “He aquí la famosa acción del Tala, primer ensayo de Quiroga, fuera de los términos de la provincia. Ha vencido al valiente de los valientes y conserva su espada como trofeo de la victoria.”

Luego se narran otras dos ocasiones en que el general Lamadrid es derrotado. Narrativamente, lo primordial es la apertura que se le da al caudillo para obrar fuera de su provincia y conquistar “todo lo que se le presente”. Esta victoria consagratoria abrirá una serie de batallas donde el caudillo, a través de triunfos y derrotas, se catapulta al mito y se inscribe definitivamente en la posteridad: “¡No, no ha muerto! ¡Vive aún! ¡Él vendrá! […] Facundo no ha muerto, está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones populares.”

Tercera posta: “El general va en coche al muere”

Hacia el final del folletín sarmientino, Facundo, el vencedor de batallas como la del Chacón y Ciudadela, ya poco tiene que ver con aquel gaucho malo que huía de las autoridades. Es tanto el poder que ha adquirido que el narrador declara que compite palmo a palmo con el que ostenta el caudillo y gobernador porteño, Juan Manuel de Rosas:

Es un combate mudo, en el que no se miden fuerzas, sino audacia de parte de uno y astucia y mañas de parte del otro. Esta lucha entre Quiroga y Rosas es poco conocida […] ambos se detestan, se desprecian, no se pierden de vista un momento, porque cada uno de ellos siente que su vida y porvenir dependen del resultado de este juego terrible.

Su poder e influencia abarca ocho provincias. En un clima de aparente calma, con los unitarios desaparecidos de la escena política, Facundo hace una breve estadía en Buenos Aires, con Rosas ausente. El riojano habla a sus espaldas y promueve a un provinciano al poder. Se registra una cierta enemistad elocuente entre el caudillo que más poder ostenta en el interior y aquel que tiene el dominio de la gran ciudad y el gran puerto. Facundo es llamado a mediar por un conflicto entre dos gobernadores en el Norte, a donde se dirige sin vacilar. Es aquí cuando se inicia el conocido itinerario trágico para el Tigre de los Llanos. En la narración puede registrarse un palpable crecimiento de la tensión que tiene como punto culminante la llegada a Córdoba, su destino final, lugar donde perecerá en manos de otro gaucho malo, el famoso Santos Pérez. Córdoba, territorio influenciado por López y conducido políticamente por los hermanos Reinafé, representa el movimiento descendente final para el protagonista del folletín sarmientino. Informado sobre la redada, Quiroga no titubea y se lanza sobre sus enemigos en Barranco Yaco. Su muerte aparece investida de una admirable valentía y se cierne dentro una lógica épica, dramática, muy propia del folletín:

[…] Llega al punto fatal y dos descargas traspasan la galera por ambos lados, pero sin herir a nadie; los soldados se echan sobre ella con los sables desnudos, en un momento inutilizan los caballos y descuartizan al postillón, correos y asistentes. Quiroga asoma la cabeza, y hace por un momento vacilar a aquella turba. Pregunta por el comandante de la partida, le manda a acercarse, y a la cuestión de Quiroga: “¿Qué significa esto?”, recibe como constatación un balazo en un ojo que lo deja muerto.

El crítico Pablo Ansolabehere, siguiendo las ideas del filósofo Edmund Burke, emplea el concepto de lo sublime como “categoría que mejor define la estética de la barbarie”. La experiencia de lo sublime aparece asociada a “la vastedad, el infinito, la oscuridad, la magnificencia, lo desproporcionado y lo monstruoso”, pero también al dolor, a las sensaciones intensas, y sobre todo, al “terror que se experimenta ante la idea o la cercanía de la muerte”. Todo el episodio de Barranca Yaco está construido en consonancia con estas ideas y a través de la estética de lo sublime, puesto que la mayoría de los personajes están advertidos y son conscientes de que se dirigen a una muerte segura, e incluso manifiestan su terror a Facundo Quiroga, quien les hace comprender que no hay mayor peligro para sus vidas que contrariarlo. En relación a la barbarie como suma de lo sublime, el énfasis aparece puesto en lo visual, en “el simple acto de clavar los ojos en el horizonte, y ver… no ver nada […] ¿Qué hay más allá de lo que ve? La soledad, el peligro, el salvaje, la muerte!!!”. En oposición con esto, Facundo Quiroga se presenta ciego ante su propio destino, debido a su carácter de tipo heroico, asociado a la vanidad y la arrogancia, pero también puede pensarse en relación con otros dos elementos: el hecho de ser guiado por el postillón, que dirige visualmente el carruaje y le imposibilita ver el camino; y la cuestión, que puede leerse de manera simbólica, de recibir el tiro fatal sobre uno de sus ojos. Como señala Sarmiento, Facundo cuenta con que el terror de su propio nombre sea superior a los terrores que experimentan los demás, lo cual explicaría su ceguera ante la muerte. Esto justifica, para Sarmiento, “la causa de su extraña obstinación en ir a desafiar la muerte. El orgullo y el terrorismo, los dos grandes móviles de su elevación, lo llevan, maniatado, a la sangrienta catástrofe que debe terminar su vida.”

El asesinato de Quiroga recibe su ajusticiamiento popular. Rosas envía a la horca a Santos Pérez y a los demás partícipes. Sin embargo, el relato de la muerte se cierra con un interrogante: ¿Fue Rosas quién lo mandó a matar? El final es inconcluso, y el narrador deja a libre interpretación presuponer quién pudo haber sido el que mandó a esa partida a asesinar al Tigre de los Llanos.

Como conclusión y cierre de esta ponencia, señalaremos que los aspectos narrativos y folletinescos de los que hemos dado cuenta, en ese triple movimiento de ascenso, consagración y caída del protagonista del folletín escrito por Sarmiento, hablan de la riqueza literaria del Facundo, cuando se hace enfoque y énfasis en las escenas de gran calidad narrativa, en episodios que a través de elementos melodramáticos y épicos despiertan en nosotros, los lectores, el placer de la lectura. En consonancia con esto, no podemos dejar de recordar uno de los mejores poemas que se escribieron sobre el caudillo riojano, “El general va en coche al muere”, de Jorge Luis Borges, con versos que le hacen honor a la leyenda que se ha construido en torno a la figura de ese “gaucho malo” de la Pampa, al Tigre de los Llanos:

Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he de soltar la vida por estos pedregales.
¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?

Bibliografía

Ansolabehere, P. “Escrituras de la barbarie”. Amante, A. (Dir). Sarmiento, volumen 4. Historia crítica de la literatura argentina. Buenos Aires, Emecé, 2012.

Barbero, M. J. “Melodrama: el gran espectáculo popular”. De los medios a las mediciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Barcelona-México, Ediciones G. Gili, 1991, pp. 124-131.

Contreras, S. “Facundo: la forma de la narración”. Amante, A. (Dir) Sarmiento, volumen 4, Historia crítica de la literatura argentina. Buenos Aires, Emecé, 2012.

Garrels, E. “El Facundo como folletín”, Revista Iberoamericana, vol. LIV, n° 143, 1988, pp. 419-447.



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