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Miradas socioculturales sobre Cadáver exquisito de Agustina Bazterrica

Claudia del Valle Zurita (Universidad Nacional de Catamarca)

El presente trabajo pretende realizar un abordaje interpretativo sociocrítico sobre la novela Cadáver exquisito de Agustina Bazterrica, ganadora del Premio Clarín Novela 2017, a partir de la convergencia de categorías socioculturales de análisis provenientes de distintos marcos teóricos, a saber: “lógica del desecho y políticas de la perversión” de Adrián Scribano (2017) y “estructuras del sentir y dominante” – “residual” – “emergente” de Raymond Williams (1980), con el objetivo de llegar a un desentrañamiento profundo del signo literario. De este modo, observamos que Cadáver exquisito puede ser leído en clave sociológica debido a que está impregnado de referencias a una sociedad argentina caníbal en crisis que se plasma en un futuro distópico, sin solución de continuidad.

Estructuras del sentir

Si reparamos en la categoría “estructuras del sentir” de Raymond Williams observamos que en la novela se articulan las reacciones y la experiencia del propio protagonista, Marcos Trejo, encargado general del frigorífico Krieg, sobre el cambio sociocultural que experimentó cuando tuvieron que comenzar a comer carne humana, debido a que los animales contrajeron un virus que resultaba mortal para las personas y tuvieron que exterminarlos de manera radical:

Muchos naturalizaron lo que los medios insisten en llamar la “Transición”. Pero él no porque sabe que transición es una palabra que no evidencia cuán corto y despiadado fue el proceso. Una palabra que resume y cataloga un hecho inconmensurable. Una palabra vacía… Todos naturalizaron el canibalismo. (Bazterrica [1] 2017: 16)

De este modo, las actitudes manifiestas por él ante un pasado transformado, lejano y que es sentido y vivido como irremediable, son el recuerdo, la nostalgia y el lamento: “Quisiera anestesiarse y vivir sin sentir nada. Actuar de manera automática, mirar, respirar y nada más. Ver todo, saber y no decir. Pero los recuerdos están, siguen ahí…” (Bazterrica: 16)

Así, entre todas las tensiones experimentadas, los cambios y las incertidumbres por el canibalismo impuesto desde el “discurso oficial”, se hallan también en estas “estructuras del sentir una violencia ecológica” contra los animales:

Quiere borrar las imágenes lejanas, los recuerdos que persisten. Las pilas de gatos y perros quemados vivos. Un rasguño significaba la muerte. El olor a carne quemada se sintió por semanas. Recuerda los grupos con las escafandras amarillas que recorrían los barrios por las noches para matar y quemar cualquier animal que se les cruzara (Bazterrica: 18).

A estos cambios sociales también se los considera como “cambios de presencia”, en el sentido de que se producen mientras son vividos, y que a pesar de ser emergentes o pre emergentes “no necesitan esperar una clasificación o una racionalización antes de ejercer presiones palpables y de establecer límites efectivos sobre la experiencia y sobre la acción” (Williams: 154). Por ejemplo, Marcos cae en la cuenta de la desolación existente en la ciudad mientras maneja solo y despacio por ella:

Hay personas, pero es una ciudad que parece desierta. No sólo porque se redujo la población, sino porque desde que no hay animales hay un silencio que nadie escucha pero que está ahí, todo el tiempo, retumbando. Esa estridencia silenciosa se nota en las caras, en los gestos, en la forma de mirarse los unos a los otros. Pareciera que todos viven detenidos, como si esperaran que la pesadilla terminara. (Bazterrica: 110)

Lógica del Desecho (LdD)

Adrián Scribano en su artículo “Emociones y Dependencias” (2017) sostiene que “en un mundo depredatorio, las lógicas de interacción se constituyen entre las torsiones elípticas que se instancian entre consumir y desechar” (Scribano: 332), de este modo, las prácticas del sentir de la sociedad están “moldeadas desde lo desechable, lo desechado y el desechar como inter-acción” (332). Trasladado esto a la novela de Bazterrica, el propio Trejo menciona lo que solía decirle su padre acerca de que en China las personas ya “se están empezando a matar por la cantidad que son, no entran. Y acá, acá todavía hay lugar, pero nos vamos a quedar sin agua, sin alimentos, sin aire.” (Bazterrica: 19).

Es así como esta lógica depredatoria avanza en contra de los seres humanos desechables; el protagonista, por ejemplo, cree que lo del virus es un invento, “una puesta en escena para reducir la superpoblación” (19), porque desde que tiene consciencia escuchó hablar de la escasez de recursos. En este sentido, él recuerda también cómo fueron los comienzos del canibalismo clandestino de la sociedad, por la imposibilidad de comer carne de animales, y quiénes fueron los primeros humanos desechables:

La prensa registró el caso de dos bolivianos desempleados que fueron atacados, descuartizados y asados por un grupo de vecinos… Fue el primer escándalo público y el que instaló la idea en la sociedad de que, después de todo, la carne es carne, no importa de donde venga… En algunos países los inmigrantes empezaron a desaparecer en masa. Inmigrantes, marginales, pobres. Fueron perseguidos y, eventualmente, sacrificados (Bazterrica: 18).

En el ideario social y colectivo la idea del exterminio de los inmigrantes pobres, inclusive hoy en día, remueve sensaciones encontradas, sentires agenciados en el odio y la indiferencia, más aún si sobre ellos sobrevuela la noticia de algún delito cometido en la nación que los recibe y acepta. Pero una vez que terminan con ellos y el canibalismo se mercantiliza, avanzan por las cabezas, las reses, las hembras, los padrillos y los críos de ellos, que perderán su categoría de humanos, se los marcarán, quitarán sus cuerdas vocales y se convertirán en objetos desechables para la sociedad, consumibles y muy apetitosos.

Políticas de la Perversión (PdP)

Scribano sostiene que la “política de la perversión” implica hacer de la mentira y la manipulación “un estado de cosas” deseable en tanto estrategia central para el “manejo de las emociones” y, en este sentido, “su modulación y ejecución debe pensarse en las tramas del sentir que se elaboran en las tensiones entre sociabilidades, vivencialidades y sensibilidades” (Scribano: 333). Esto relacionado con la novela puede vivenciarse de principio a fin, como ya lo dijimos anteriormente, el propio protagonista descree del discurso oficial, de que el virus en la carne de los animales sea masivo, imposibilitándolos de comerla, teniendo que acudir al canibalismo, camuflando y haciendo pasar “una-cosa-por-otra” (333). No obstante, una vez que las prácticas estatales y gestiones gubernamentales posibilitan la legalización de este mercado, todo se adapta y dispone rápidamente a la nueva situación:

La legalización se llevó a cabo cuando los gobiernos fueron presionados por una industria millonaria que estaba parada. Se adaptaron los frigoríficos y las regulaciones. Al poco tiempo los empezaron a criar como reses [a los humanos] para abastecer la demanda masiva de carne (Bazterrica: 18).

Asombrosamente, en este panorama distópico y cruel, el sector académico-universitario se resiste y no acepta esta política perversa, combate desde su lugar al “cambio social”, al canibalismo, apoyando las protestas masivas y reclamos de las organizaciones de derechos humanos con artículos y estudios.

La “política de la perversión” “es un énfasis de autosatisfacción [es lo que ‘yo siento’], es una manera de “aceptación del mal” que busca expandirse, reproducirse y masificarse” (Scribano: 333). Esto puede visualizarse cuando Marcos visita en el coto de caza humana a Urlet, quien lleva adelante este negocio perverso, fagocitándose del dolor y el miedo de las cabezas humanas placenteramente, con las siguientes palabras:

Hay una vibración, un calor pequeño y frágil que lo hace particularmente delicioso. Arrancar una vida a bocados. Es el placer de saber que, gracias a tu intención, a tu accionar ese ser dejó de existir. Es sentir como ese organismo complejo y precioso expira poco a poco, pero que, al mismo tiempo, comienza a formar parte de uno. Para siempre. Ese milagro me fascina. Esa posibilidad de unión indisoluble (Bazterrica: 165).

No obstante, más adelante aclara que estas prácticas pueden realizarse en la medida de que hay una “acción estatal” que lo permite:

Después de todo, desde que el mundo es mundo nos comemos los unos a los otros. Si no es de manera simbólica, nos fagocitamos literalmente. La Transición nos concedió la posibilidad de ser menos hipócritas (Bazterrica: 170).

En consonancia con lo referido, las “prácticas del sentir” retratadas en la novela constituyen una “economía política de la moral” que sobrepasa todo lo humanamente aceptable, en el sentido de que las “hembras preñadas” cobran una plusvalía radical, tanto para el cazador Urlet, como para El Gringo, dueño del criadero Tod Voldelig. Urlet, por ejemplo, le dice a Marcos que sólo quiere que le lleve hembras preñadas, que no tiene ningún problema de que cuesten el triple: “Quiero algunas con el feto desarrollado, como para comerlo después” (Bazterrica: 168).

Dominante, emergente y residual

Raymond Williams (1997) postula que para realizar un análisis profundo sobre cualquier cultura y entenderla en su complejidad es necesario abordarla desde tres aspectos fundamentales: lo dominante, lo emergente y lo residual.

El elemento cultural “dominante” implica todo lo hegemónico, lo instaurado e impuesto social y culturalmente, que en la obra Cadáver exquisito estaría representado por el gobierno en primera medida, quien con su “discurso oficial” (Bazterrica: 17) impone el canibalismo:

El gobierno, su gobierno, decidió resignificar ese producto. A la carne de humano la apodaron “carne especial”. Dejó de ser sólo “carne” para pasar a ser “lomo especial”, “costilla especial”, “riñón especial”… Nadie puede llamarlos humanos porque sería darles entidad, los llaman productos, o carne, o alimento. Menos él, que quisiera no tener que llamarlos por ningún nombre. (20)

Por consiguiente, son los criaderos, los frigoríficos, las curtiembres, las carnicerías y los laboratorios, quienes también imperan y doblegan las voluntades de las “cabezas” humanas sometidas para promover la rentabilidad del mercado de la carne, imponiéndose a través del terror y la voracidad.

Marcos Trejo, el protagonista de la novela y encargado general del frigorífico Krieg, asegura que ellos trabajan con varios criaderos, siendo estos el primer eslabón del circuito de la carne. Lo llamativo de allí es el silenciamiento que se le hace a la carne desde un principio: “… desde chiquitos los aíslan en incubadoras y después en jaulas…les sacan las cuerdas vocales y así los pueden controlar más. Nadie quiere que hablen porque la carne no habla.” (32).

Así también, el frigorífico de Krieg, donde trabaja Trejo, es parte fundamental de esta cultura dominante, desde el hecho de que su dueño lleva el negocio a la perfección y a la hora de hacer números y transacciones es el mejor, aunque:

Es alguien que no termina de encajar en ningún lugar. Sólo le interesan los humanos comestibles, las cabezas, el producto. Pero no le interesan las personas. Detesta saludarlas, sostener pequeñas charlas sin sentido sobre el frío o el calor, tener que escuchar sus problemas, aprenderse sus nombres… (67)

Como se dijo anteriormente, otra fuerza de la cultura dominante está representada por las carnicerías, debido a que vendría a constituir el último eslabón de la cadena comercial de la carne. Caso exponencial representa la Carnicería Spanel, que lleva por nombre el de su dueña, quien fue una de la primera en reabrir sus puertas luego de la “transición” o el proceso en el que naturalizaron el canibalismo:

Él sabe que a Spanel el mundo le resulta indiferente. Sólo sabe trozar carne y lo hace con frialdad de cirujano… Para Spanel tocar, cortar, triturar, procesar, deshuesar, despiezar eso que una vez respiró es una tarea automática, pero de precisión. Es una pasión, calculada. (47)

Los laboratorios terminan de generar la atmósfera siniestra de la dominación cultural debido es que donde se llevan a cabo la experimentación con especímenes vivos incluso. Trejo, por su parte, detesta a la doctora Valka y a su “laboratorio de horrores”, por ejemplo, ella le dice que “es maravilloso registrar el funcionamiento de los órganos con el ejemplar vivo y consciente”, cuando observa cómo trabajan en uno al que tienen sobre una mesa y “que le dieron un sedante leve para que no se desmaye del dolor”, concluyendo este episodio con “¡qué belleza ese corazón latiendo!” (47)

Recordemos que para Raymond Williams lo “residual”, en cambio, se encuentra a cierta distancia de la cultura dominante, pero una parte de él se incorpora a ella, como un remante de lo vivido y practicado de experiencias, significados y valores; no obstante, presenta una relación alternativa e incluso opuesta a aquella (Williams 1997: 144). En Cadáver exquisito, al inicio del periodo de Transición se observa que lo “residual”, en consonancia con LdD, de Scribano, recae sobre la parte más vulnerable de la sociedad: los marginales, los innominados, los inmigrantes, los que sobran, que serían la carne que le sirve de sustento a la propia clase dominante, y que luego se mercantiliza a grandes escalas. No obstante, esto no deja afuera a las luchas y a las tensiones de los que se oponen, inclusive, atentando contra sus vidas como las personas que “se dejaron morir bajo la forma de una depresión aguda… o simplemente se mataron.” (Bazterrica: 22).

Lo “emergente”, por otro lado, comprende una nueva clase que posee nuevos significados y valores en el proceso cultural, vinculada así también con nuevas prácticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones que se crean mediante mecanismos de adaptación ante la subordinación imperante (Williams: 145-147). Trasladado este concepto a la novela observamos que la emergencia cultural está dada por el surgimiento de una “clase burguesa” que puede acceder a tener para su consumo una cabeza doméstica y, por lado, “los carroñeros” que merodean los frigoríficos.

La práctica cultural emergente de la clase burguesa, aunque se manifiesta próxima a la dominante, es desigual y depende de aquella en la medida de que la deja ser, dosificando y controlando las cabezas domésticas. En la novela el propio Marco Trejo, junto a su hermana Marisa representan esta clase. El primero, porque adquiere como regalo del Gringo a una hembra PGP[2], quien a su vez es controlada por un inspector de la Subsecretaría de Control de Cabezas Domésticas y, la segunda, porque consigue una PGP y la deposita en un cuarto refrigerado al lado de la cocina. Su hermano se da cuenta de esto cuando acude al velorio que ella le hace en su casa al padre:

“La consiguió, la muy turra” piensa [Marcos]. Tener una cabeza doméstica en la ciudad es un signo de estatus que da prestigio. La mira mejor y se da cuenta de que es una PGP porque puede distinguir las siglas. A un costado, en la mesada ve que hay un libro… Guía para realizar la muerte por mil cortes en cabezas domésticas… Claro, piensa, la va a ir descuartizando de a poco con cada evento. (Bazterrica: 233)

Por su parte, los carroñeros emergen, cultural y violentamente, ante la imposibilidad de alimentarse, en las orillas de los frigoríficos, que a pesar de encontrarse en lugares aislados tuvieron que rodearse de cercas electrificadas porque ellos intentaron entrar varias veces:

Rompieron las cercas cuando no estaban electrificadas, las treparon, se lastimaron sólo para conseguir carne fresca. Ahora se conforman con los sobrantes, con los pedazos que no tienen utilidad comercial, con la carne enferma, con eso que nadie comería, excepto ellos. (65)

El frigorífico, a sabiendas del riesgo que implica la presencia invasiva de los carroñeros, ya que el ansia de la carne es peligrosa, como cultura dominante, los condiciona, incorporando prácticas “misericordiosas” para mantener el hambre apaciguados, dándoles algunas cabezas enfermas.

No obstante, cuando los carroñeros logran interceptar un camión a la entrada del frigorífico, matando a su chofer y a todas las cabezas que eran transportadas, Mari, una de las empleadas, no para de llorar y decirle a Marcos que estos “monstruos salvajes” son “sucios, miserables, que habría que haberlos matado hace tiempo, que son negros de mierda, siempre rondando como cucarachas, que no son humanos, son lacras, son animales salvajes.” (239-240).

Conclusiones

Luego de haber leído en clave sociológica la novela Cadáver exquisito, podemos decir que se percibe una “estructura del sentir” que desprecia lo marginal, lo débil, lo pobre, así como también la gente que piensa, resiste y lucha.

Las “prácticas del sentir” se agencian en esta sociedad en la urgencia de la subsistencia, en el hambre, en el afán por avanzar sobre la carne silenciada e innominada. “Nadie puede llamarlos humanos, porque sería darles entidad, los llaman producto, o carne o alimento”, dice Marcos Trejo al experimentar la angustia que se suscita en él ante la imposibilidad de llamarlos por estos nombres.

Todas las páginas están impregnadas con prácticas perversas amparadas desde entes gubernamentales hasta inspectores que realizan controles habituales para que se cumplan las reglas y no se realice algo que esté prohibido, como por ejemplo esclavizar a las cabezas o someter sexualmente a las hembras.

Las emociones encontradas paralizan a Marcos Trejo, quien con pensar añora el tiempo pasado y siente que tiene una piedra en el pecho que lo asfixia, oprime y ahoga. La muerte de su hijo y el posterior abandono de mujer acrecientan esta sensación en su cuerpo. No obstante, la llegada de la hembra PGP que le regala El Gringo, establece un cambio radical en su vida, a pesar de que al principio su presencia le genera molestias, incertidumbre e incomodidad, luego llena su vacío existencial. Desde el momento que la embaraza le propicia cuidados especiales, la baña, arropa, alimenta y la llama Jazmín. Pero al momento del alumbramiento le pide a su mujer Cecilia que vuelva a su casa y lo asista, debido a sus conocimientos de enfermería. Ella lo ayuda, no sin antes recriminarle su accionar clandestino e ilegal, pero cuando recibe a su hijo varón, él amorosamente “le entrega su hijo a Cecilia, que lo empieza a acunar, le canta. Él le dice “ahora es nuestro” y ella lo mira sin poder responder, emocionada, confundida.” (Bazterrica: 249). Teniendo en cuenta sus angustias existenciales vividas desde su vacío personal y hastío laboral en el frigorífico, su subjetividad se construye en un centro de gravedad donde confluyen en tensión todas las variables del sujeto, pero que al final, contradictoriamente, actúa en consonancia con la PdP que prevalece a lo largo de todo el relato, prescindiendo inescrupulosamente de Jazmín:

Ella lo mira con desesperación. Primero la abraza y le besa la marca de fuego. Intenta calmarla… Él levanta la maza que trajo de la cocina y le pega en la frente justo en el centro de la marca de fuego. Jazmín cae aturdida, desmayada. (249)

Finalmente, lleva su cuerpo al galpón para faenarlo y comer luego su carne, sin ningún remordimiento, después de todo solo es un “cuerpo”.

Bibliografía

Bazterrica, A. Cadáver exquisito. Buenos Aires, Clarín Alfaguara, 2017.

Scribano, A. “Emociones y dependencias”. Aportes a una sociología de los cuerpos y las emociones desde el sur, 2017. Bit.ly/2DaABRA.

Williams, R. Marxismo y literatura. Barcelona, Península, 1997.


  1. Posteriormente, cuando tengamos que referirnos a la novela, lo haremos con las siglas CE.
  2. Las hembras de Primera Generación Pura “son las cabezas nacidas y criadas en cautiverio y que no tienen modificaciones genéticas ni reciben inyecciones para acelerar el crecimiento” (pp. 29-30). A esta hembra que le regala el Gringo la llama luego Jazmín y, a pesar de las prohibiciones existentes sobre someterlas sexualmente, la embaraza y le da un hijo, pero una vez que cumple con este propósito, contra todos los pronósticos visibles y patentes a lo largo del relato, debido a que la cuida y convive con ella decide dormirla de un mazazo para faenarla luego cuando se da cuenta de que al ver a su hijo recién nacido “tenía la mirada humana del animal domesticado” (Bazterrica: 249).


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