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La ciencia ficción en la narrativa argentina del siglo XXI: el trauma del pasado,
el futuro como regresión

Lucía S. Vazquez (Universidad de Buenos Aires)

El presente trabajo constituye una parte de la tesis de Maestría sobre la ciencia ficción en la narrativa argentina del siglo XXI en el marco de la literatura denominada Nueva Narrativa Argentina (NNA). Y en principio se titula El futuro ya pasó. La ciencia ficción en la narrativa argentina del siglo XXI: el trauma del pasado.

Elvio Gandolfo afirmó en 1977 que no existía la ciencia ficción argentina, al menos como “tradición literaria”, ya que no alcanzaron los esfuerzos de escritores, público y revistas para conformar un género con características propias. Existió una llamativa ausencia del género en los estudios literarios en Argentina, cada vez menor. Un ejemplo es el reciente trabajo de Martín Felipe Castagnet de 2017: su tesis sobre la revista Minotauro, Las doradas manzanas de la ciencia ficción: Francisco Porrúa, editor de Minotauro. En nuestro trabajo hemos partido de una idea que aún no afirma la existencia de una “ciencia ficción argentina contemporánea” pero que va en la búsqueda de caracterizar una producción literaria que se apropia de manera particular del género. Proponemos formular la idea “ciencia ficción en narrativa de postdictadura o ciencia ficción de NNA”, en estrecha relación con la categoría de Elsa Drucaroff.

Si intentamos pensar una ciencia ficción de NNA, podremos hallar tres tendencias que en las obras que trabajamos (El año del desierto, de Pedro Mairal (2005); Plop, de Rafael Pinedo (2004); Berazachussetts, de Leandro Ávalos Blacha (2007); Gongue, de Marcelo Cohen (2012)) se encuentran, en menor o mayor medida, explicitadas como principios constructivos de los mundos narrativos: el futuro como vuelta al pasado, la constitución social en términos de “civilibarbarie” y el retroceso de los espacios a lugares originarios de la Historia nacional. Lo que está “adelante” no es más, muchas veces, que lo que pasó pero aún no se supera. Los sujetos parecen resolver la dicotomía civilización o barbarie haciendo convivir ambas, fundidas, en un futuro en el que coexiste un estado salvaje, cruel, primitivo, con uno civilizado. Los vínculos sociales y las conductas de los personajes se retrotraen, se generan enfrentamientos que son ecos del pasado histórico reciente del país. Los espacios se ven reducidos al desierto o a la desmesura del río y resultan desoladores, muchas veces también salvajes. El futuro se presenta como una vuelta al pasado en este sentido: lo que está por venir regresa inevitablemente a lo que aún no se fue.

Leer el corpus seleccionado desde la ciencia ficción implica reconocer, contradiciendo a Gandolfo, que existe una larga –aunque muy irregular– tradición del género en la literatura argentina, que puede ser rastreada desde sus comienzos[1]. Creemos que, quizá, la elección de ciertas obras de postdictadura de trabajar con recursos de la ciencia ficción tenga que ver también con otras de sus características, como la posibilidad de hacer algo “nuevo” y, por otro lado, revisar el pasado (esta vez de la Historia y de propia Literatura argentina), y “utilizar” el género para construir un futuro posible, uno en el que la literatura local asume una nueva forma, en diálogo con una tradición solapada. Si consideramos a la NNA como un nuevo movimiento –posiblemente transitorio–, que termina de constituirse post-2001 como fecha de inflexión de la Historia, podemos pensar con Raymond Williams:

En (…) períodos de transición fundamental e incluso de transición menor es habitual encontrar, como ocurre en el caso de los géneros, continuaciones aparentes o incluso supervivencias conscientes de formas más antiguas que sin embargo, cuando son verdaderamente examinadas, pueden ser consideradas formas nuevas. (Williams 2009: 247)

En nuestro país, la posdictadura y la crisis de 2001 son sin dudas períodos de quiebre y transición.

Maximiliano Crespi habla de “realismo infame” y “fantasía poshistórica”, Drucaroff piensa el “realismo agujereado”, Alejo Steimberg trabaja con la idea de posapocalipis, María Laura Pérez Gras habla de Nueva Narrativa Argentina Anticipatoria o de “narrativa distópica reciente”. Nosotros proponemos pensar una categoría que contenga el término de ciencia ficción porque creemos que las apropiaciones del género como tal son conscientes y voluntarias. Se hace algo nuevo, sí, pero desde el “espíritu” de la ciencia ficción y respondiendo, también conscientemente, a una tradición que, aunque no sea fácil de rastrear, existe en nuestra literatura.

Trabajamos con una concepción de ciencia ficción construida a partir de métodos teóricos y no inferida de las obras que se denominan con ese nombre –en el caso del corpus analizado eso sería prácticamente imposible, ya que ninguna aparece rotulada paratextualmente como ciencia ficción–, sino formulada a partir de las diferencias específicas que este género presenta y se manifiestan en las obras que podemos clasificar como tales. Se trata, básicamente, de la presencia (dominante) del “novum” validado mediante la lógica cognoscitiva. El “novum” es aquel o aquellos elementos que postulan algo “nuevo y extraño” que, en el caso de la ciencia ficción, provocan un “extrañamiento cognoscitivo”. Partimos también de las ideas bases de Capanna sobre el género y asumimos que las condiciones necesarias para poder hablar de ciencia ficción son “la presencia y la interacción del extrañamiento y la cognición”, y su recurso formal más importante: “un marco imaginativo distinto del ambiente empírico del autor”. Creemos que las herramientas y estrategias particulares que el género propone pueden ser una de las formas en que la narrativa argentina contemporánea se permite pensarse y pensar su historia.

Hay en la ciencia ficción una posibilidad de visualizar, imaginar, el futuro que nos parece sugerente en este sentido. Y resulta interesante la afirmación de Suvin de que la ciencia ficción ha sido una tradición suprimida y pasada por alto, a menudo material e ideológicamente perseguida; y al mismo tiempo, Drucaroff señala como marca generacional de la NNA el hecho de haber sido ignorada por la crítica o desvalorizada. Creemos que la elección de tanta NNA de abrevar en la ciencia ficción se relaciona en este punto con ese origen convulsionado y la tendencia a una gran lucidez desde un lugar que podemos entender como marginal.

Según Capanna, la ciencia ficción configuró el imaginario del siglo XX. Un imaginario que numerosas veces intentó anticiparse a lo que vendría. Afirma que también el mundo en el que ahora vivimos (el de fines del siglo XX y comienzos del XXI) no es más que la materialización de las fantasías de la ciencia ficción. También de sus temores, agregaríamos, de sus pesadillas, sus fantasmas. Creemos con Suvin que: “el valor cognoscitivo de toda CF, incluyendo los relatos de anticipación, está en su referencia analógica al presente del autor, y no en predicción alguna, sea parcial o global”.

Las obras que analizamos y otras que no se encuentran en el corpus ubican sus tramas en tiempos indefinidos, no fechados, que podemos pensar “futuros” a partir de indicios sutiles, como algún elemento tecnológico inexistente en nuestro tiempo o, en el caso de la novela de Ávalos Blacha, la transformación de lugares: Berazathegui en “Berazachussetts”, Puente la Noria en “Pont de la Noriê”, Burzaco en “Burzacapulco”, en una Argentina posiblemente híper-globalizada. La pregunta sobre cómo se llega a ese universo ficcional subyace las obras trabajadas, y da un significado particular a la extrapolación. Steimberg afirma: “Toda apropiación de un género dado desde coordenadas geográficas y culturas distintas de las que su origen requiere, para no caer en una simple repetición de modelos, es una adaptación” (2012: 143). Nosotros creemos que las obras analizadas comparten estrategias para singularizar sus apropiaciones, pero que no son solo de “adaptación”, sino de apropiación y resignificación con el armado de un cronotopo[2] propio como modo de intervinculación entre parámetros temporales y espaciales.

Hay una tendencia en las obras de configurar el tiempo como un futuro que es en realidad el “pasado”, es decir: “el tiempo regresa hacia atrás”. A su vez, ese pasado al que se vuelve en el futuro es la transposición de un presente (del autor, lector, históricos) que también está unido –por el lazo del trauma– al pasado reciente de su historia. Sería entonces el futuro, o ese tiempo alternativo hacia adelante, el “novum” utilizado por la ciencia ficción de NNA. Pensamos que las relaciones entre la regresión temporal y la elaboración del pasado traumático, del duelo por los desaparecidos, por “los muertos de la crisis”, de las violencias vividas a lo largo de la Historia, puede quedar a la vista.

El trauma del pasado reciente tiñe el imaginario de la NNA: el de la dictadura que retorna mezclándose con las pasiones, terrores y conflictos propios de las generaciones de postdictadura y sus mundos imaginarios. El pasado no solo no se va, sino que puede volver. Para las generaciones de postdictadura el presente es un escenario marcado por un “pasado de espanto”, no como metáfora, sino literalmente. Insiste el trauma porque se descubre, finalmente, qué pasaba en aquella época, una historia que ya pasó, pero no pasó. Capanna afirma: “Se diría que, en Argentina, como en todas partes, imaginar el futuro es, de algún modo, “asumir el pasado”. Pero en un país que casi treinta años después aún no ha terminado de ajustar cuentas con la dictadura, el pasado parecería funcionar más como inhibidor que como estimulante.” (2005). Coincidimos en la falta de elaboración del pasado reciente, pero pensamos sin embargo que, aunque también el trauma puede parecer inhibir la presencia del futuro, y, aun así, estas obras, estimuladas por ese trauma, se escriben y exploran zonas difíciles de transitar, y de ese modo lo enfrentan.

¿Y si el “novum” de la ciencia ficción de NNA se construye a partir de la posibilidad endeble de un presente luego de un pasado fulminante, arrasador de cualquier futuro? No hay presente posible, la acción se ubica hacia adelante, y allí solo se encuentra ese pasado al que es inevitable volver por lo irresuelto. Pensamos que el trauma no es solo el reciente de la última dictadura, ni el más reciente aún de la crisis social que estalló en 2001, sino que hacia atrás en la Historia son muchos los traumas que configuran el suelo que pisamos en el presente.

Proponemos hablar del mecanismo de “regresión”, que consistiría básicamente en invertir el avance en la línea temporal y convertirlo en regreso. Cuanto más adelante en el tiempo más se retrocede; cuánto más avanza, la trama se vuelve más entrópica, como si el origen fuera la destrucción. Cuando María (en EADD), al comienzo de la novela, viaja a Béccar a cobrar un alquiler, el colectivero le dice que ya no están llegando los transportes a Tigre (más adelante) “Porque no hay nada” (Mairal 2005: 33). La idea de entropía[3] sería principio constructivo porque se avanza, pero regresiva y entrópicamente. En las obras analizadas la tendencia al caos y a la desintegración es evidente. “Cuando me agarraba la desesperanza y el hartazgo, empezaba a desear que la intemperie siguiera avanzando hasta arrasar con todo de una vez” (Mairal). El carácter regresivo del futuro es claro, explícito en El año del desierto donde el tiempo histórico retrocede hasta llegar a, mínimo, la época de los malones, y la ciudad termina desintegrada como tal por el avance de la “intemperie”. Drucaroff dice que la novela de Mairal desarrolla una hipótesis sobre la posibilidad de que la crisis nunca se detuviera y la disolución nacional fuera un hecho (2006). En el caso de Plop, esta comienza con el capítulo final de la vida del protagonista: cuando lo están enterrando vivo, en una subversión también explícita. “Todo el esfuerzo es para este momento, para llegar, para poder finalmente morir” (Pinedo 2004: 12). Todo el movimiento de Plop a lo largo de su corta vida ha sido el de encaminarse hacia su propia destrucción, el único punto de llegada es la muerte. Su último movimiento es la caída en el barro en el final de la novela, la regresión literal al lugar en el que nació, ya que se llama “Plop” por el ruido que hizo al caer de su madre que, atada a un carro, lo parió mientras caminaba. En Gongue y Berazachussetts la regresión es menos explícita pero también visible: ambas obras imaginan una tierra civilizada perdida al río, la inundación de la ciudad a la que desconfigura.

El futuro es algo inevitable, es lo que está por venir; se impone su representación. Podemos proponer un cronotopo para la ciencia ficción de NNA en relación con esta idea del futuro como vuelta al pasado, al que podemos llamar “cronotopo de la regresión del desierto y/o el río”. En la configuración de los lugares, esto se juega como la regresión de un estadio previo de la naturaleza con respecto al espacio civilizado de la ciudad. Avanzar en los escenarios para los personajes puede ser adentrarse en paisajes del pasado que, supuestamente, deberían estar “resueltos” en lo político y en lo social. Son la campaña del desierto, la construcción del puerto de Buenos Aires: empresas “civilizatorias” que diseñaron de un modo muy preciso el lugar de las ciudades, y que en el futuro están desintegradas por este movimiento de “regresión”. El futuro, en este punto, se configura también como espacio, regresivo y traumático, por no resuelto. Cuando Steimberg (2012) habla de “mundos después del fin” de la ciencia ficción, propone que lo que suele sobrevivir es una tierra baldía o una distopía urbana. Afinando un poco esta idea, proponemos que –siempre manteniéndose la tensión histórica entre el “campo” y la ciudad– lo que sobrevive es el paisaje natural previo a la urbanización (¿“civilización”?) de Buenos Aires: el desierto y el río. Y pensamos que, en realidad, no estamos ante el “fin” por dos motivos, el primero lo señala el mismo autor de la mano de James Berger, quien marca la paradoja de un final que no es final en el escenario pos apocalíptico, porque siempre queda algo después del fin. El segundo, porque nuestra propuesta es que justamente lo que se encuentra adelante en el tiempo no es el fin sino el origen. Y en este sentido, la “ciencia ficción de NNA” nos permitiría una relectura y, por qué no, sanación de ese pasado traumático. Las obras se apropian de elementos de la ciencia ficción para reflexionar sobre su propio presente, consecuencia de un pasado traumático. El género permitiría la elaboración del trauma en el plano de lo literario. Pareciera que la “ciencia ficción de NNA” no puede terminar de imaginar el futuro hasta resolver su pasado.

Bibliografía

Ávalos Blacha, L. Berazachussetts. Buenos Aires, Entropía, 2007.

Capanna, P. Ciencia Ficción. Utopía y Mercado. Buenos Aires, Cántaro, 2007.

— “Argentina potencia” Página/12, 2015. bit.ly/31LMWpq.

Cohen, M. “La balada del Delta”. Los Inrockuptibles, 2011. bit.ly/2NYbqUy.

Gongue. Buenos Aires, Interzona, 2012.

Drucaroff, E. “Narraciones de la intemperie”. Revista El interpretador, n° 27, 2006.

Los prisioneros de la torre. Política, relatos y jóvenes en la postdictadura. Buenos Aires, Emecé, 2011.

Gandolfo, E. El libro de los géneros. Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2007.

Mairal, P. El año del desierto. Buenos Aires, Interzona, 2005.

Pinedo, R. Plop. Buenos Aires, Interzona, 2004.

Steimberg, A. “El futuro obturado: el cronotopo aislado en la ciencia ficción argentina pos–2001”. Revista iberoamericana, vol. LXXVIII, n° 238–239, 2012, pp. 127-146.

Suvin, D. Metamorfosis de la ciencia ficción. Sobre la poética y la historia de un género literario. México, Fondo de Cultura Económica, 1984.

Williams, R. Marxismo y Literatura. Buenos Aires, Las cuarenta, 2009.


  1. Viaje maravilloso del señor Nic-Nac al planeta Marte, en el que se refieren las prodigiosas aventuras de este señor y se dan a conocer las instituciones, costumbres y preocupaciones de un mundo desconocido es una novela argentina de “fantasía espiritista” (según el mismo autor) escrita por Eduardo Ladislao Holmberg y publicada en doce entregas semanales entre noviembre de 1875 y febrero de 1876, luego publicada en forma de libro en marzo de 1876.
  2. “Cronotopo es un modo de intervinculación entre parámetros temporales y espaciales, es el modo concreto en que se relacionan tiempo y espacio en una obra literaria; dicho de otra manera: es el modo en que una obra de arte determinada es capaz de asimilar el cruce témporo-espacial” (Drucaroff 1996: 129).
  3. Entropía es una noción que procede de un vocablo griego que puede traducirse como “vuelta” o “transformación” (utilizado en sentido figurado). Es la fuerzas o tendencia a la destrucción. Drucaroff habla de “geografía urbana de la descomposición” en “Narraciones de la intemperie” (2006). Silvina Sánchez habla de esta figura también en su artículo “La descomposición. Configuraciones de la crisis del 2001 en la narrativa argentina reciente (El año del desierto de Pedro Mairal)”.


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