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Internacional

Angélica Alvites Baiadera

Al buscar en diferentes diccionarios la palabra internacional se puede advertir que se refiere a la relación entre dos o más naciones, estados o países. Aunque escueta, esta definición permite entrever tres cuestiones iniciales: primero, la importancia del prefijo “inter”, el cual proviene del latín que significa “entre” o “en medio de”. La segunda cuestión, es que este “entre” se da con agentes que se pueden identificar técnicamente como iguales (dos o más naciones, países y/o estados). Finalmente, se trata de una definición eminentemente moderna, al tomar como eje de articulación a los estados nacionales. Como sostiene Sassen (2013), la constitución y desarrollo del estado capitalista moderno se produce en un sistema de carácter internacional.

Los estados mantienen una larga tradición de participación en diferentes formas de internacionalismo. Desde finales del siglo XIX y principios del XX, ya se establecían acuerdos entre estados que permitían la extradición y la cooperación judicial, expandiendo así la acción estatal más allá de sus fronteras nacionales. A partir de las diferentes relaciones entre estados se desarrollan instituciones internacionales, que buscan canalizar las demandas, establecer acuerdos y, sobre todo, resolver conflictos.

La Sociedad de las Naciones, de 1919 y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) creada en 1945, constituyen mecanismos para establecer acuerdos internacionales mínimos para reducir los conflictos (inicialmente bélicos y europeos), aunque progresivamente ampliaron sus objetivos al incluir otras cuestiones, tales como los fenómenos ambientales, de género, de salubridad, etc. En este mismo siglo, surgieron espacios de integración regional, como la Unión Europea, el Mercado Común del Sur y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entre otros. Paralelamente, han cobrado relevancia diversos organismos, en su mayoría vinculados a la ONU, como puede ser la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) o la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estas instituciones y prácticas, suponen una interdependencia creciente entre los distintos actores, que reflejan no solo las apuestas de los estados de reafirmar (o intentar) definir las reglas de juego en el campo internacional, sino también sobre cómo se ejerce poder a nivel nacional/local. De este modo, fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando los estados desarrollaron y fomentaron diversas infraestructuras, regímenes y enfoques específicos de internacionalismos (Sassen, 2013). Es en estos espacios, de cooperación y conflicto, fundamentalmente, donde se dirimen las formas de comprender las fronteras como parte de la discusión política internacional.

Adicionalmente, han emergido diversas organizaciones no gubernamentales (Médicos sin Fronteras, Amnistía Internacional, Greenpeace, etc.). A la vez que han surgido movimientos que han trascendido las fronteras nacionales, como el “Ni Una Menos” en Argentina, en 2013, que se replicó en diferentes organizaciones feministas de la región, o el movimiento norteamericano que se popularizó y expandió internacionalmente en 2017 con el hashtag #MeToo, en redes sociales, para denunciar la agresión y el acoso sexual en la industria del cine. Una característica de todos ellos es que en su constitución como internacional subyace la unidad mínima de lo estatal. Es decir, que para hacer referencia a que una organización social o movimiento es internacional tiene que tratarse de aquella que opera en dos o más países.

Este capítulo se divide en cuatro secciones. Las dos primeras abordan las particularidades socio-históricas del debate sobre lo internacional como lógica organizadora del mundo. La tercera sección presenta propuestas relacionadas con los internacionalismos centrados en luchas de clases, sociales y/o culturales. Finalmente, se expone un corolario que realiza interpretaciones derivadas de los apartados anteriores.

Debates: nominaciones internacionales

En las ciencias sociales el término internacional se utiliza de diferentes maneras. Algunas disciplinas, inclusive, llevan en su nombre esta categoría. Ejemplo de ello son las licenciaturas o posgrados en relaciones internacionales, los estudios globales o en comercio internacional, entre otros.

Específicamente, en el marco de las relaciones internacionales, las escuelas del realismo y el liberalismo (en sus diferentes vertientes) se han consolidado como perspectivas que forman parte del mainstream. Sin embargo, coexisten con otras que disputan los modos de comprender lo internacional, como son las teorías críticas, la escuela inglesa, los enfoques constructivistas, los posestructuralismos, los poscolonialismos y los feminismos internacionalistas (Devés y Álvarez, 2020).

Estas diferentes vertientes tienden a realizar interpretaciones diversas sobre los modos en que se articulan los actores, prácticas y/o discursos en el ámbito internacional. Algunos analizan las vinculaciones entre el capitalismo, el espacio y las desigualdades que se constituyen en las dinámicas internacionales y las relaciones de poder entre estados y actores globales (Harvey, 2005). Otros, interpretan las transformaciones del capitalismo global en términos de riesgos, amenazas globales y nuevas desigualdades internacionales (Guild y Bigo, 2013). En cambio, otros centran sus debates sobre la dependencia económica, el desarrollo del capitalismo moderno colonial (colonialidad del poder y el saber) y el debate sobre el eurocentrismo (Quijano, 2020).

A partir de la categoría de sistema mundo capitalista, otros analizan la heterogeneidad de instituciones que se corresponden y conectan internacionalmente. Para Wallerstein (2005) las instituciones centrales en este engranaje son: los mercados, las compañías que compiten allí, los estados (dentro de un sistema interestatal); las unidades domésticas; las clases sociales. De este modo, la propuesta del autor comprende que lo mundial/global está compuesto por una jerarquía de países y regiones (núcleo, periferia y semi-periferia) que interactúan entre sí en función de la división internacional del trabajo, las desigualdades imperantes y las relaciones de poder del sistema mundial.

La intensificación y diversidad de las relaciones internacionales en el mundo contemporáneo se han denominado de diversas maneras, tales como: gobernanza global, globocentrismo, globalización, cosmopolitanismo y mundialización, entre otras. En esta discusión, el estado es puesto en jaque al pensar su posible desaparición, acompañado de la idea del fin de las fronteras. Sassen (2005) señala que más que la desaparición de estos, lo que se vivencia son procesos de transformación que redimensionan su posición y desbordan sus confines a partir de la articulación con el orden internacional. Por su parte, Salter (2012) analiza este fenómeno al señalar la doble función suturante de la frontera, al separar al soberano nacional de otros soberanos y, a la vez, vincularlos en una metacomunidad.

Estas transformaciones en el sistema mundial pueden visualizarse desde mediados del siglo XX, al establecerse diversos acuerdos internacionales para el uso de pasaportes, registros de identificación y visados que buscan demarcar en los “bordes” quiénes son ciudadanos y quiénes extranjeros, y “quiénes pueden acceder a las reglas territorializadas del Estado nación” (Garcés Mascareñas, 2010, p. 260). Serán los estados, principalmente, quienes ejerzan el derecho de controlar quién o qué ingresa y quién o qué permanece en su territorio al desarrollar “el monopolio de los medios legítimos de movilidad” (Torpey, 2020, p. 24).

Conjuntamente, en las fronteras participan otros agentes como pueden ser empresas e instituciones y organismos internacionales. Guild y Bigo (2013) señalan el avance de la privatización del control y la seguridad en las fronteras, al constituirse mercados internacionales de seguridad fronteriza. Así, por ejemplo, las aerolíneas y los funcionarios de fronteras realizan un control previo de las personas antes de la salida de los viajes, a menudo comparándolos con listas de exclusión o perfiles de amenazas asentados en diferentes bases de datos y modos de compartir información, como es la propuesta de la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL). Fundada en 1923, esta institución tiene por objetivo la cooperación y coordinación internacional entre las fuerzas policiales sobre delitos transnacionales, tales como terrorismo, tráfico de drogas y de personas, crimen cibernético y trata de seres humanos.

Además, se implementan mecanismos de externalización de las fronteras, conocidos también como “remote border control” (Zolberg, 2003). Esto implica extender los controles fronterizos y migratorios más allá de las denominadas “naciones receptoras”, hacia terceros países. Esto incluye brindar apoyo a la gestión del movimiento en dichos países y tercerizar funciones de control, con el propósito de detectar (anticipadamente) amenazas a la seguridad, combatir delitos transnacionales, controlar la migración irregular y reducir las solicitudes de asilo consideradas “falsas”, así como inspeccionar el ingreso por cuestiones sanitarias (Lemberg-Pedersen, 2019; Stock et al., 2019).

En este contexto diferentes investigaciones enfatizan en los procesos de (re)fronterización o de multiplicación de las fronteras (Mezzadra y Neilson, 2016), al modificar las vinculaciones entre los diferentes actores intervinientes. Diversos estudios comprenden el papel que las agencias internacionales están jugando en la configuración de las normas y formas de los regímenes emergentes de control fronterizo, o del “gobierno internacional de las fronteras” (Andrijasevic y Walters, 2010). Los autores, tomando como caso de análisis la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), señalan que el control de fronteras se ha constituido como un objeto de pericia técnica e intervención dentro de programas y esquemas de autoridad internacional. Así, la OIM busca gestionar las políticas fronterizas en países tan diferentes como Armenia, Etiopía y Serbia, al desarrollar prácticas que van desde la organización de seminarios de capacitación para funcionarios locales de seguridad y migración hasta la promoción de esquemas para comprar e instalar equipos de vigilancia de última generación (Pécoud y Thiollet, 2023).

Un ejemplo paradigmático de este tipo de acuerdos entre estados es la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas: FRONTEX. Se trata de una agencia de la Unión Europea (UE) encargada de gestionar y fortalecer la cooperación entre los estados miembros en materia de control de fronteras y gestión de las migraciones. Sus principales actividades son la coordinación operativa, apoyo técnico, capacitación e intercambio de información. El propósito es garantizar la seguridad y protección de la comunidad de la UE, al externalizar las fronteras y buscar controlar la movilidad dentro del espacio Schengen. Este fue un acuerdo firmado en 1985 entre varios países de Europa para la eliminación de los controles fronterizos entre ellos. Actualmente participan unos 26 países. Frente a la declaración de la Organización Mundial de la Salud de la pandemia por COVID-19, 2019-2023, se activaron controles fronterizos-sanitarios comunes entre estos países.

De este modo, las relaciones de poder desigual entre estados, organismos internacionales y empresas definen cómo estos comprenden las fronteras y cómo piensan su funcionamiento o performatividad. Así, se establecen acuerdos internacionales para controlar el movimiento de personas y cosas, se motivan y financian espacios de formación y capacitaciones a funcionarios de fronteras. Además, se promueven y estandarizan diferentes insumos de control, tales como biometría, pasaporte o documentación oficial, a la vez que se establecen requisitos y normas comunes o similares de ingreso y salida.

Algunas particularidades de los debates desde Latinoamérica

Desde América Latina se han realizado aportes a la discusión sobre lo internacional desde diversas perspectivas, incluyendo el realismo periférico, el estructuralismo latinoamericano, la teoría de la dependencia, los estudios sobre desarrollo/subdesarrollo y los estudios decoloniales. También se pueden mencionar las escuelas de Brasilia, de Rosario y de México, las miradas autonomistas, entre otros (Devés y Álvarez, 2020).

Sin embargo, algunos autores señalan que los aportes desde la región circulan localmente o no son parte de las discusiones medulares de las disciplinas o temáticas, al expresar jerárquicas, según “estatus, rol y posición”, en el orden internacional (Schulz, 2015, p. 60). Esto puede contextualizarse a partir de la forma en que se constituye el campo académico en un sistema internacional. Se configura una estructura de acumulación de prestigio que separa las áreas de “consagración internacional” de las periféricas (Beigel, 2016). Así, el campo académico no se circunscribe al ámbito nacional sino que es un entramado de actores, que se relacionan desigualmente, en un contexto de asimetrías intra-nacionales, “periferialidad intelectual” y tensiones entre dependencia y autonomía intelectual (Beigel, 2016, p. 14). De este modo, la autora, junto a otros académicos, hacen hincapié en la relación desigual y dependiente entre los actores de América Latina frente a sus equivalentes de Estados Unidos y Europa.

Otras investigaciones han abordado temas como las luchas por la independencia, la resolución de conflictos intrarregionales asociados a la delimitación del territorio, los procesos de integración regional, la participación (acotada) en el sistema de Naciones Unidas, la diplomacia y la paradiplomacia, así como la tensión entre autonomía y dependencia (Devés y Álvarez, 2020; Schulz, 2015).

En particular, algunas investigaciones analizan territorios, regiones o espacios transfronterizos, al comprenderlos como áreas donde coexisten dinámicas a diferentes escalas (Tapia Ladino, 2021). La autora indica que un espacio se vuelve transfronterizo producto del movimiento de las personas. Es en los cruces, en un espacio delimitado, donde se constituyen estrategias de reproducción de la vida, a partir de intercambios que se realizan de un lado y del otro del límite internacional.

De este modo, se evidencia una diversidad de miradas y enfoques desde América Latina para interpretar lo internacional y lo fronterizo, con el propósito de analizar fenómenos que involucran a más de un estado o la relación entre agentes de diferentes países. Una característica de los estudios latinoamericanos internacionalistas es la centralidad o discusión sobre la condición periférica, dependentista o desigual que los países de América Latina tienen con los estados, principalmente, del norte global.

Luchas y movimientos internacionalistas

Aquella frase final del Manifiesto Comunista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”, que cinco años antes Flora Tristán había inmortalizado en su libro La unión obrera como “¡Proletarios del mundo, uníos!” (1843), es un punto de inflexión sobre la importancia de traspasar la lucha de clases de los límites de los estados-nación. De este modo, el internacionalismo empezó a constituirse como parte del vocabulario político en la segunda mitad del siglo XIX al referirse a movimientos idealistas, anarquistas, socialistas y/o comunistas caracterizados por la voluntad de cooperación y solidaridad entre organizaciones de diferentes países y por la búsqueda de la transformación social más allá de las naciones.

Existe una profusa bibliografía al respecto de la organización internacional de los trabajadores, la circulación de ideas, propuestas y miradas marxistas, anarquistas y socialistas o del llamado “internacionalismo subalterno” (Featherstone, 2012). Sin embargo, la bibliografía es más acotada en lo que respecta a otros sectores contrapuestos a estos enfoques. Así, después de Ia Segunda Guerra Mundial, se buscó constituir una internacional fascista sin mucho éxito, una internacional de partidos democristianos con adherentes en Europa y América Latina y la Internacional liberal en Oxford, en 1947, con Ia adhesión de diversos partidos liberales de 19 países (principalmente europeos). Un ejemplo contemporáneo es la Fundación Internacional para la Libertad (creada en 2002), en la cual participan varios referentes de América Latina. Esta propicia la preeminencia de la libertad individual, el derecho a la propiedad privada, el gobierno mínimo y la libertad de mercado (https://fundacionfil.org/).

Por otra parte, se encuentran otros movimientos, luchas y organizaciones sociales que se articulan internacionalmente los cuales tienen como objetivo medular diversas aristas, que van más allá de las cuestiones de clases. Así, se puede reconocer a los movimientos sociales ambientalistas, feministas, de migrantes y transfronterizos.

Diferentes investigaciones analizan las interacciones de organizaciones transfronterizas de derechos humanos, sociales y comunitarios. Particularmente, Pirker (2022) analiza la red binacional denominada Mesa de Coordinación Transfronteriza Migraciones y Género. Esta trabaja en la frontera México-Guatemala y su objetivo es, no solo atender a las demandas de las personas migrantes, sino también alcanzar incidencia política y social en ámbitos transnacionales, nacionales y subnacionales. En esta red se conectan parroquias, organizaciones defensoras de personas migrantes y albergues de la región central y occidental de Chiapas y Guatemala, con organizaciones sociales de las capitales de ambos países.

Por otra parte, los movimientos feministas, en su diversidad, han contribuido a consolidar un enfoque político de sororidad más allá del territorio nacional. Así, han realizado diversos análisis sobre la construcción de la hegemonía masculina en el ámbito internacional, al revelar la división sexual del trabajo y su impacto en la configuración de las fuerzas del sistema internacional, las dinámicas de cuidado trasnacionales o las llamadas cadenas globales de cuidado.

Diversas autoras feministas, entre ellas Jean Elshtain, Cynthia Enloe, Sandra Harding y Ann Tickner, han buscado introducir un enfoque de género para comprender los modos en que se producen y constituyen políticas, prácticas y discursos en el ámbito internacional. En términos generales, las autoras señalan la ineludible tarea de construir nuevas formas de investigar y analizar dichos fenómenos. Específicamente, Enloe (2014) parte de la premisa que “lo personal es internacional” (en alusión a la frase “lo personal es político”) al centrarse en los procesos de globalización que impactan en las cuestiones laborales y salariales de las mujeres. Al mismo tiempo, analiza los aspectos masculinos de organizaciones mundiales como son las Naciones Unidas, el ejército y la cultura estadounidense, y los diferentes roles que desempeñan las mujeres en la política internacional.

La autora sostiene que las relaciones de poder entre los países a la vez que se materializan en maniobras militares, acuerdos bilaterales o encuentros diplomáticos, también lo hacen en las ideas y roles de la mujer (respetable) y el hombre (de honor) y en la división del trabajo en el campo político-internacional.

Internacional y frontera

La literatura, que se ha expuesto en este capítulo, ofrece múltiples enfoques para comprender la noción de lo internacional y su articulación con las fronteras, permitiendo afirmar que existen ciertas aproximaciones que convergen. Entre estas, se pueden resaltar tres particularidades.

En primer lugar, es importante destacar que, en términos generales, gran parte de la literatura señala la existencia de diversos espacios institucionales de carácter internacional para establecer consensos, resolver disputas y abordar tensiones mediante normas, discursos o reglas que trascienden las fronteras estatales. Sin embargo, algunos autores señalan que estos espacios pueden romperse o resquebrajarse en períodos de fuertes conflictos o guerras.

Por otro lado, las investigaciones revelan que esta interacción puede ocurrir entre actores que son técnicamente iguales, pero tiene lugar en entornos turbulentos marcados principalmente por desigualdades históricas, algunas de ellas de origen colonial, y por diferencias socio-políticas entre las partes involucradas. Además, se destaca que esta interacción no se limita únicamente a los estados, ya que otros agentes también participan en la disputa sobre las formas de comprender diversos temas. Estos actores pueden incluir organismos y empresas internacionales, organizaciones de la sociedad civil, movimientos internacionalistas, entre otros.

Finalmente, se puede afirmar que en esta dinámica desigual entre los estados, los mercados, los organismos internacionales, y las corporaciones multinacionales se establecen, debaten y disputan los modos de comprender las fronteras. Así, la cooperación, las disputas y conflictos entre estos actores reconfiguran el escenario internacional, brindando un modo de definir las fronteras. Se configura un corpus de conocimiento, provisorio, dentro de las comunidades políticas y epistémicas, como parte de la circulación global de técnicas administrativas, estándares técnicos y programas relacionados con el control, vigilancia, externalización y gestión de las fronteras.

Bibliografía

Andrijasevic, R. y Walters, W. (2010). “The International Organization for Migration and the international government of borders”. Society and Space, 28(6), 977-999.

Beigel, F. (2016). “El nuevo carácter de la dependencia intelectual”. Cuestiones de Sociología, (14), 4, 1-18.

Devés, E. y Álvarez, S. T. (eds.). (2020). Problemáticas internacionales y mundiales desde el pensamiento latinoamericano. Teorías, escuelas, conceptos, doctrinas, figuras. Chile: Ariadnas.

Enloe, C. (2014). Bananas, beaches and bases: Making feminist sense of international politics. Berkeley and Los Angeles: University of California Press.

Featherstone, D. (2012). Solidarity. Hidden histories and geographies of internationalism. Londres: Zed Books.

Garcés Mascareñas, B. (2010). “Fronteras y confines de un estado poscolonial. El caso de Malasia”. En: M. E. Anguiano y A. M. López Sala (Eds.), Migraciones y fronteras. Nuevos contornos para la movilidad internacional (259-278). Barcelona: CIDOB Ediciones-Icaria editorial.

Guild, E. & Bigo, D. (2013). “The transformation of european border controls”. In: B. Ryan y V. Mitsilegas (Eds.), Extraterritorial immigration control (252-273). UK: Routledge.

Harvey, D. (2005). Breve historia del neoliberalismo. UK: Oxford University Press.

Lemberg-Pedersen, M. (2019). “Manufacturing displacement. Externalization and postcoloniality in European migration control”. Global Affairs, 5(3), 247-271.

Mezzadra, S. y Neilson, B. (2016). La frontera como método. O la multiplicación del trabajo. Buenos Aires: Tinta limón.

Pécoud, A. y Thiollet, H. (eds.) (2023). Research Handbook on the Institutions of Global Migration Governance. UK: Edward Elgar Publ.

Pirker, M. (2022). “Moverse entre lo local y lo global: activismo transfronterizo, migración y derechos humanos entre Chiapas y Guatemala”. Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, 67(246), 205-238.

Quijano, A. (2020). Cuestiones y horizontes: de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. Buenos Aires: Clacso.

Salter, M. (2012). “Theory of the/: The suture and critical border studies”, Geopolitics, 17, 734-755.

Sassen, S. (2005). ¿Perdiendo el control? La soberanía en la era de la globalización. México: Siglo XXI.

Sassen, S. (2013). Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales. Buenos Aires: Katz.

Stock, I., Üstübici, A. y Schultz, S. U. (2019). “Externalization at work: responses to migration policies from the Global South”. CMS, 7, 48.

Schulz, C.-A. (2015). On the standing of states Latin America in nineteenth-century international society. UK: Nuffield College and University of Oxford.

Tapia Ladino, M. (2021). Los límites de las migraciones. Las fronteras y las prácticas sociales transfronterizas en el norte de Chile. Chile: Riel editores.

Torpey, J. (2020). La invención del pasaporte. Estado, vigilancia y ciudadanía. España: Cambalache. (Trabajo original publicado en 2000).

Wallerstein, I. (2005). Análisis de Sistemas-Mundo. Una introducción. México: Siglo XXI.

Zolberg, A. (2003). “The archeology of ‘remote control’”. En: A. Fahrmeir, O. Faron y P.Weil (Eds.), Migration control in the North Atlantic world (pp. 195-222). New York: Berghahn Books.



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