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44 Migración

Marcela Tapia Ladino

Según el diccionario de la Real Academia Española, migración alude a los viajes periódicos de las aves y otros animales, al traslado de archivos o documentos de una plataforma a otra y al desplazamiento de personas o grupos humanos por motivos económicos o sociales (https://dle.rae.es/migración). En este sentido la definición remite al cambio de lugar y al movimiento como elementos centrales del concepto, que pueden ser de animales, cosas o personas.

Al revisar definiciones del ámbito de las ciencias sociales se aprecia que el elemento común es la idea del desplazamiento de personas o grupos de uno a otro sitio, lo que supone un cambio de residencia por un tiempo variable. Micolta (2005) revisa una serie de definiciones utilizadas por estudiosos de las migraciones y concluye que las migraciones son desplazamientos humanos que implican el cambio de residencia a una distancia “significativa”, que puede ser permanente o con cierta voluntad de permanencia. Por tanto, se advierte que la noción contiene al menos dos dimensiones, una espacial y otra temporal. La primera alude al cambio de lugar (rural-urbano, urbano-urbano, fronterizo o internacional) y la segunda a un tiempo que implique permanencia o interés por desarrollar una actividad en el lugar al que la o las personas se trasladan. Hay poca claridad respecto de cuánto tiempo es suficiente para afirmar cuándo se trata de migración. Sin embargo, en la mayoría de los casos la referencia es la realización de un proyecto migratorio o una actividad que se lleva a cabo en el lugar de destino por un tiempo variable, algunos meses o años.

Este capítulo se divide en cuatro secciones. La primera se concentra en las definiciones predominantes sobre migración. La segunda sección propone una aproximación general a la relación entre migración y frontera. La tercera sección se detiene en la discusión más reciente en los estudios migratorios y la cuarta discute la noción de migrante en el marco de la producción reciente sobre fronteras y el giro y paradigma de la movilidad.

Definiciones predominantes de migración

En la noción de migración suelen distinguirse dos fenómenos que son, a su vez, dos caras de la misma moneda: la inmigración, es decir, la llegada de migrantes a un lugar; la emigración, es decir, la salida de personas de un lugar para dirigirse a otro. Por tanto, se trata de un fenómeno que afecta por lo menos a dos espacios, origen y destino. También se hace referencia al espacio por donde se desplazan las personas para llegar al punto final o lugar de destino, es decir, el tránsito. Al mismo tiempo, estos movimientos pueden ser de un espacio rural a otro urbano o de una ciudad a otra dentro de un mismo país o el cruce de una frontera internacional. En estos casos se hace referencia a la migración campo-ciudad, a la migración interna y a la migración internacional, respectivamente, aunque se pueden distinguir más variantes.

Dentro de las definiciones más importantes se encuentran aquellas que elaboran los organismos internacionales, los cuales son relevantes dado que son los entes que preparan informes de dimensiones globales cuyo objetivo es hacer una revisión de los aspectos más importantes del fenómeno. Al mismo tiempo estas entidades buscan recomendar a los gobiernos orientaciones para gestionar el fenómeno migratorio. Uno de ellos es la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), que fue creado en 1951. Para la OIM el término migrante:

abarca todos los casos en que la decisión de migrar fue tomada libremente por la persona interesada por razones de ‘conveniencia personal’ y sin intervención de un factor externo convincente; por lo tanto, se aplicaba a personas y familiares que se mudaban a otro país o región para mejorar sus condiciones materiales o sociales y mejorar las perspectivas para ellos o sus familias. Las Naciones Unidas definen al migrante como una persona que ha residido en un país extranjero durante más de un año, independientemente de las causas, voluntarias o involuntarias, y los medios, regulares o irregulares, utilizados migrar. Bajo tal definición, aquellos que viajan por períodos más cortos como turistas y empresarios no serían considerados migrantes. Sin embargo, el uso común incluye ciertos tipos de migrantes a corto plazo, como los trabajadores agrícolas temporales que viajan por períodos cortos para trabajar plantando o cosechando productos agrícolas (Perruchoud, 2004, p. 61-62).

A partir de esta definición, la OIM tiene como foco de interés la migración internacional dado que el cruce de las fronteras implica, entre otros aspectos, un cambio de estatus de quienes migran, al pasar de ser nacional a extranjero. En este sentido la idea de migración se focaliza en los movimientos humanos internacionales y fronterizos debido a las implicancias económicas, sociales, jurídicas y culturales que supone el cruce las fronteras. Una de ellas -y que está en el centro de la definición del organismo internacional- es la voluntariedad de la migración, aspecto problemático para el análisis, puesto que por lo general las personas que deciden migrar lo hacen por no contar con adecuadas condiciones de vida en su lugar de origen o porque se encuentran constreñido/as a hacerlo.

Por otro lado, las definiciones administrativas y jurídicas también complejizan el concepto debido a que muchos de los migrantes actuales cruzan las fronteras en calidad de turistas ocultando las verdaderas razones que los motivan y/o obligan a dejar su país. Esto último porque en muchos casos huyen de la violencia, de las crisis económicas y políticas o están amenazado/as, o porque apenas pueden sobrevivir. De modo que se produce un desajuste entre las categorías dominantes utilizadas hasta la fecha que no permiten captar adecuadamente la complejidad de los movimientos (Crawley y Skleparis, 2018), especialmente en contextos de tránsito.

Las categorías de refugiado y migrante económico -esta última casi siempre bajo la modalidad de ingreso de turista- dificultan la comprensión de las verdaderas razones de la migración, el desplazamiento y los reclamos de protección internacional. Esta situación no sólo pone en entredicho la idea de voluntariedad que se adjudica a los movimientos de población sino porque tiene consecuencias en términos de cómo se estructuran los movimientos a partir de políticas de exclusión, expulsión y contención. En el último tiempo se constata la complejidad que adquieren los movimientos y las dificultades que posee la categoría migrante para captarlos, especialmente en el caso de las caravanas migrantes de Centroamérica a Estados Unidos o de subsaharianos hacia Europa en el Mediterráneo.

La temporalidad utilizada para definir cuándo se está en presencia de un migrante, es decir, de una persona que busca establecerse en un país distinto y desarrollar allí un proyecto migratorio es también problemática. Para los organismos internacionales un migrante es aquel que establece su hogar al menos doce meses en el país de destino (Czaika y De Haas, 2014). Pero esta definición deja fuera numerosos movimientos a través de las fronteras de menor duración. Los movimientos repetitivos o recurrentes, por días, semanas o meses quedan fuera de esta definición y en varias ocasiones son entendidas como categorías residuales de la migración (Mallimaci, 2012). El problema en estos casos es que se trata de desplazamientos que no necesariamente implican un cambio de residencia o al menos no por un periodo prolongado.

Fronteras y migraciones

La migración puede concebirse como movimientos de población que implican el cruce de las fronteras. Esto se vuelve especialmente importante en el actual contexto de la globalización, dado que los movimientos de población ocurren en el espacio y las fronteras son elementos importantes que contribuyen a su conformación y estructuración. En este sentido se puede afirmar que en la actualidad no es posible estudiar las migraciones sin estudiar las fronteras debido a las consecuencias que supone el cruce respecto de los derechos, cambio de estatus jurídico, las condiciones laborales y el paso de una estructura social a otra, entre otros aspectos.

En el sentido señalado es preciso tener en cuenta que las fronteras son espacios construidos desde lo nacional y aunque se ha discutido mucho sobre su alcance, es innegable que mantienen una capacidad de exclusión, cierre y resguardo. Asimismo, es posible afirmar que más allá del debate, las fronteras están marcadas por operaciones de poder y dominación entre lo global y lo nacional y cumplen distintas funciones como barrera, protección, filtro, interfaz y diferenciación (Söhn, 2014). En este sentido no se trata sólo de las fronteras territoriales, aunque estas siguen manteniendo una centralidad importante a la hora de hacer referencia a la migración, sino a todos los procesos de fronterización que desterritorializan las funciones de cierre, clausura o control y que están situados más allá del límite físico. Los aeropuertos, las embajadas, los controles biométricos o la externalización del control migratorio son algunos de los dispositivos que modelan y estructuran los movimientos de población, especialmente de quienes buscan desesperadamente la supervivencia.

La proporción de migrantes se ha mantenido más o menos estable hasta la segunda mitad del siglo pasado con un 2,1% el año 1965 y 2,3%, en 1980 de la población mundial, para aumentar entrada la actual centuria con un 2,8% el año 2000 y un 3,5% el año 2019 (Mcauliffe y Khadria, 2019). Si bien la proporción de las personas que viven en un país distinto al de su nacimiento es baja en términos estadísticos, la inquietud se relaciona con la tendencia al aumento, las implicancias que con lleva el cruce de las fronteras y la dificultad para predecir la escala y el ritmo de su comportamiento (Mcauliffe y Khadria, 2019). De hecho, hoy se sostiene que las migraciones internacionales son un rasgo definitorio del mundo contemporáneo y aunque hasta hace poco todo indicaba que seguirían creciendo, el actual contexto de pandemia pone en entredicho esta tendencia (Gamlen, 2020). Esta situación interpela a la ética de los estados, puesto que cada día es más urgente establecer unos mínimos que aseguren los derechos humanos de quienes migran, para lo cual se han propuesto pactos que aseguren su cumplimiento.

Los estudios migratorios hoy

Los estudios migratorios son un cuerpo de análisis teórico que busca proporcionar explicaciones generales sobre las migraciones (Arango, 2018) que incluye la historia del fenómeno y posee un desarrollo proveniente de distintos ámbitos de las ciencias sociales, las humanidades, la geografía y la economía, entre otros. Si bien estos estudios no forman un cuerpo unificado de producción, debido a la diversidad de enfoques y temas abordados, tienen como centro la preocupación por los movimientos de población y el impacto que implica en las personas el cruce de las fronteras. La mayoría de estos estudios se ubican en el contexto de globalización en el cual el movimiento de mercancías, la apertura de los mercados internacionales, la compresión del espacio y el tiempo gracias a las nuevas tecnologías son los elementos distintivos de las migraciones contemporáneas.

El aumento de las migraciones obedece factores como las guerras, la violencia y las crisis políticas, económicas y ambientales, que explican en muchos casos el apremio por buscar mejores opciones fuera del país de nacimiento. El avance de las tecnologías permite mantener los contactos con el país de origen. También es posible el retorno o las visitas periódicas, especialmente en la migración fronteriza, lo que puede dar lugar a un nuevo estilo de vida. Sin embargo, no siempre las personas se mueven con la misma facilidad y fluidez, incluso en casos de gran precariedad los y las migrantes se enfrentan a obstáculos difíciles de remontar y que les pueden costar la vida. Esto ha motivado, por una parte, la discusión de la noción de migrante y por otra, ha incentivado la búsqueda de nuevos marcos conceptuales que permitan comprender de mejor forma la migración reciente y los distintos tipos de movimientos de población.

Dentro de la producción teórica reciente, el transnacionalismo vino a criticar la interpretación sobre los movimientos de población que tendían a establecer una mirada dicotómica de los desplazamientos, especialmente respecto de dos espacios, a menudo vistos como separados: origen/destino o país expulsor/país receptor. Bajo esta interpretación se tendía a mirar a la o el migrante en uno u otro espacio, indagando respecto de las causas de la migración o de los procesos de adaptación o inserción en el destino, lo que daba por resultado una idea estática de la migración. Esta mirada dio por resultado una escasa atención a los procesos de conexión entre espacios y enfatizó el interés por comprender la adaptación e integración de quienes migraban en los países de destino. El aporte del transnacionalismo fue relevar los vínculos, contactos y relaciones que mantienen los y las migrantes a través de los territorios donde estaban insertos, atendiendo al surgimiento de campos sociales transnacionales o espacios transnacionales y los subsecuentes lazos. Así, surgieron estudios sobre familias transnacionales y las distintas formas de mantención de relaciones afectivas, sociales y culturales a través de las fronteras, entre ellos la maternidad, la conyugalidad, el asociacionismo migrante y las remesas sociales, entre otros aspectos (Feldman-Bianco y Glick Schiller, 2011; Schiller, 2005).

La producción sobre migración transnacional ha sido prolífica. Sin embargo, también fue objeto de críticas, entre ellas porque, más allá del mantenimiento de vínculos por sobre las fronteras, los y las migrantes están situados en territorios. Esto quiere decir que, si bien pueden surgir campos o espacios sociales transnacionales, finalmente la situación está afectada por el lugar donde se encuentran insertos, es decir, en estados nacionales porque son éstos los que establecen reglas y marcos normativos. También son importantes los contextos sociales y culturales porque también afectan y modelan su inserción en esas estructuras. Con todo, esta producción teórica y empírica permitió discutir la idea estática de la migración y dar cuenta de los procesos e interacciones de las personas que deciden migrar.

Otra crítica a la noción de migración proviene de la dificultad de nombrar a una serie de movimientos de población que escapan a este concepto: aquellos que no implican la residencia permanente o el establecimiento definitivo en el lugar de destino, pero que sí incluyen el cruce repetido de las fronteras. En la bibliografía se han usado distintos conceptos para aludir a este tipo de movimientos, como migraciones temporales que se refiere a movimientos laborales que motivan a las personas a cruzar las fronteras por periodos cortos, casi siempre en tiempos de cosecha o de alta demanda de mano de obra, para desempeñarse como jornaleros o para realizar distintos tipos de trabajos. Dada la estacionalidad de estos movimientos, concentrados en los momentos de mayor demanda de mano de obra, también se les ha denominado temporaria, pendular, aves de paso o golondrina (Bendini, 1999; Hinojosa et al., 2000; Piore, 1979). Estos movimientos pueden dar lugar a la migración en el sentido clásico, en establecimiento definitivo.

Por último, una de las críticas más fructíferas sobre la noción de migración se refiere a la idea bastante extendida del migrante como un varón. Ello se debe a que por mucho tiempo se asoció la migración a hombres que viajaban solos o acompañados. Si bien las mujeres siempre han estado presentes en las migraciones, la producción científica ha tendido a definir el fenómeno con un sesgo androcéntrico, es decir, a entender al migrante en clave masculina. Desde las últimas décadas del siglo XX, especialmente investigadoras feministas han desarrollado trabajos para relevar a las mujeres en las migraciones, explicar su ausencia en ese corpus y el sesgo científico que las invisibilizó. Las migraciones están organizadas, entre otros ejes de dominación, por el género. Por lo tanto, no da lo mismo ser hombre o mujer a la hora de cruzar las fronteras. La decisión de migrar, los ajustes familiares que implica la partida de una mujer, las oportunidades laborales que encuentran en destino y los distintos tipos de vulnerabilidad a que se exponen las migrantes tienen que ver con el género y con una serie de mandatos y representaciones que ello supone.

A partir de estas críticas feministas a los estudios migratorios es que se ha incorporado la interseccionalidad como una estrategia analítica y metodológica porque permite superar los sesgos señalados. Este enfoque surge en Estados Unidos de la mano de investigadoras feministas afro que discutieron la universalidad de la experiencia femenina basada en un tipo de mujer norteamericana blanca, de clase media y profesional o trabajadora (Crenshaw, 1989). Los estudios de Davis (2005) relevaron que las categorías de etnia, religión, la clase social, casta o la nacionalidad, entre otras, son parte de las identidades sociales que al mismo tiempo son ejes de desigualdad. Estos ejes interactúan y explican las asimetrías y las injusticias sociales a las que se ven enfrentadas las mujeres en las sociedades patriarcales. Este corpus teórico ha sido aplicado en los estudios migratorios y ha permitido comprender cómo operan los distintos ejes de dominación en los movimientos de población y sus resultados. A partir de estos aportes no sólo se logró comprender por qué las mujeres no aparecían en los estudios migratorios, sino también visibilizar la experiencia femenina y el carácter relacional del género en los movimientos de población.

Migración y movilidad/es fronteriza/s

Otro de los aportes al debate de las migraciones proviene de la producción teórica sobre movilidad, concepto que se ha utilizado desde distintas perspectivas, en la geografía, el urbanismo, la antropología, los estudios culturales y el turismo. Sheller y Urry (2006) lo utilizaron para teorizar respecto del desplazamiento de personas, objetos e ideas a través del lente del movimiento, aportando al debate un nuevo paradigma, el de la movilidad. La base de sustento de esta propuesta fue una crítica al sedentarismo, un énfasis en el movimiento y una mayor atención a una multitud de formas de movimientos en lo que se ha llamado “el giro de la movilidad”. Según este enfoque parece que todo el mundo está en movimiento: viajeros, mochileros, trabajadores, comerciantes o científicos, no sólo por motivos laborales, por tanto, incluye todo tipo de movimientos de personas en un sentido amplio y diverso.

A la luz del desarrollo del paradigma y giro de la movilidad, migración y movilidad son conceptos que se cruzan, pero no son sinónimos (Salazar, 2019). De hecho, para Heyman (2012) la migración es parte de una variedad mucho más amplia de movimientos de población, es decir, de movilidad, especialmente porque implica una combinación de movimientos, imaginarios y experiencias y por tanto un proceso social.

Los estudios migratorios, hasta fines de la centuria pasada, centraron su interés en las causas e impactos de la migración con énfasis en la clave del establecimiento y del origen y/o destino. En cambio, la movilidad es un concepto más amplio que permite, por ejemplo, dar cuenta de la circulación y de movimientos que no suponen necesariamente el establecimiento en un lugar determinado. La conjunción de espacio de movimiento, tiempo y motivo diferencian a la migración de la movilidad. El caso más conocido es el de los commuters, palabra que no tiene una traducción precisa al español, pero que alude a quienes se mueven entre dos localidades en un mismo país o entre países diferentes.

En América Latina la bibliografía consigna numerosos casos de este tipo sobre movilidad laboral fronteriza también se usa como sinónimo de trabajadores transfronterizos, o bien de forma más genérica, para designar a las personas que cruzan la frontera (en ambos sentidos) con cualquier fin específico: trabajar, estudiar, visitar familiares, ir de turismo y de compras (Campos-Delgado y Hernández, 2016; Tapia et al., 2019). Respecto a movilidad laboral encontramos casos en la frontera de Bolivia y Argentina de campesinos tarijeños que viajaban por temporadas a la zafra de la caña de azúcar en Tucumán (Hinojosa et al., 2000) o en de trabajadores tacneños y puneños que cruzan la frontera chileno-peruana para trabajar en los valles de Lluta y Azapa en Arica (Rojas y Vicuña, 2014).

De este modo la noción de movilidad en frontera es un concepto que permite dar cuenta de otro tipo de movimientos de población que no implican necesariamente el establecimiento en el destino, pero que puede ser un resultado. En este caso se trata de movilidad fronteriza con distintos fines, a partir del despliegue de una serie de prácticas sociales fronterizas donde el cruce de la frontera se convierte en un recurso y una oportunidad. Esta noción permite comprender las movilidades que ocurren en regiones donde la frontera juega un lugar central en su configuración y en la vida de quienes las habitan. No se trata de una situación particular, sino de un fenómeno bastante extendido en las regiones fronterizas donde las personas no sólo cruzan para trabajar, sino para comerciar, buscar salud, ocio amenidad o hacer turismo y que son modeladas por las especificidades propias de los países fronterizos.

Bibliografía

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