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42 Margen

María Eugenia Comerci

El sustantivo margen tiene larga presencia en los estudios sociales y culturales. Se suele hablar de espacios marginales, aquellos que se alejan del modelo establecido como “deseable”, o de sujetos marginados, personas que están al margen de la ley o en los bordes sociales.

Según el diccionario Etimológico de la Lengua Española la palabra marginación deriva del latín marginemus originaletus sufrimientus, acusativo de amargo, que propició la palabra, margen, frontera (Gómez de Silva, 1995). ​Por lo tanto, es aquello que se mantiene en un espectro que delimita lo permisible o aceptable, de lo que escapa por alguna cuestión: vivencial, económica, política, ideológica, etc.

De acuerdo con la Real Academia Española, la noción marginal está vinculada con el adjetivo perteneciente o relativo al margen (https://dle.rae.es/marginal). También, la asocia a sujetos cuando se trata de una persona o grupo que vive o actúa, de modo voluntario o forzoso, fuera de las normas sociales comúnmente admitidas. Entre los sinónimos de marginal se menciona a aquello que es insignificante, lateral, secundario, periférico, separado, alternativo, cíclico, independiente, no comercial, variable, entre otros.

Siguiendo con la definición de la RAE, se puede afirmar que la palabra margen, que proviene del latín margo-ĭnis, se vincula con la “extremidad y orilla de una cosa” (https://dle.rae.es/margen). De este modo, lo marginal está al borde, no forma parte del centro. Estar al margen indica que alguien o algo “no tiene la intervención en el asunto de que se trata”. El acto de marginar por su parte proviene del latín margināre, orlar, derivado de margo- ĭnis, o margen. Se traduce como “poner o dejar a una persona o grupo en condiciones sociales, políticas o legales de inferioridad”. Estos procesos lejos de ser naturales suponen una separación entre lo que queda adentro y lo que queda afuera. Ese límite, implica, a menudo, procesos de estigmatización del otro “marginal” o del espacio en cuestión.

El texto se divide en cinco secciones. A continuación, se abordan los principales recorridos teóricos y las resignificaciones en los conceptos en función de los contextos en los que emergieron las categorías. Luego se analiza a la región extrapampeana como un ejemplo de espacio marginal y los principales estudios latinoamericanos en torno a la marginalidad. Con posterioridad se abordan el margen y lo marginal como espacio diferente, con el propósito de aportar a la discusión sobre el concepto desde perspectivas renovadas. Finalmente se realiza un breve estudio de caso sobre los márgenes pampeanos.

Caminos teóricos y trayectorias conceptuales

Los conceptos de marginal, margen y marginales han sido abordados desde diferentes enfoques y sentidos a través del tiempo en América Latina.

Los marginales, en el contexto regional, han tenido diferentes sujetos como foco, pero todos ellos con una connotación negativa: han sido asignados como tales “indígenas inadaptados”, inmigrantes que “no logran integrarse”, “poblaciones pobres” generalmente provenientes de espacios rurales, “delincuentes”, personas “carentes”, “atrasadas”, “segregadas”, “alejadas del sistema” o “excluidas socialmente”. El concepto puede tener una expresión geográfica cuando se refiere al espacio segmentado que se les otorga a estos sujetos.

La marginación alude al proceso de segregación y producción de esa condición a ser tornado de “marginal”. Cortés (2002) aporta a la discusión de los términos marginalidad y marginación. El segundo permite dar cuenta del fenómeno estructural que surge de la dificultad para propagar el progreso técnico en el conjunto de los sectores productivos. Para el autor este concepto se objetiva en las localidades y municipios a través de tres dimensiones: educación, vivienda e ingresos. Por el contrario, la noción de marginal, surgida en otro contexto, remite a las zonas en que aún no han penetrado las normas ni los valores “modernos” (Germani, 1962).

Spicker, et al. (2009) realizan una revisión del término marginalidad con diferentes sentidos. Un uso muy recurrente es para referirse al proceso de expulsión hacia los márgenes de la sociedad o de los procesos económicos. Según el Diccionario de las Periferias (2017, p. 27) en Madrid las “periferias marginadas” son asentamientos de pobreza que rodearon a la ciudad durante el franquismo y que hoy persisten en las márgenes. Se trata de pobreza extrema, insalubridad, narcotráfico y violencia.

Otro enfoque es el que asocia la marginalidad con la “desviación” social o sexual. La sociología funcionalista usaba este concepto para designar a aquellas personas cuya expresiones culturales y formas de vida estaban fuera de los límites de la “normalidad”.

Un tercer sentido identificado por Spicker et al. (2009), vinculado a la teoría de la modernidad influyente en América Latina, considera a la marginalidad como la resultante de los procesos de industrialización y de las etapas llamadas “tradicionales” y “modernas” (Lewis, 1961).

Desde perspectivas críticas, un cuarto sentido que se podría aportar es aquel que ve a la marginalidad como producto de la acumulación capitalista, de la generación de una población excedente y el ejército industrial de reserva en un contexto de desarrollo desigual (Amin, 1973). Autores latinoamericanos, como Nun (1969) y Rodríguez (1977), lo han abordado dentro de la teoría de la dependencia. Buscan situar teóricamente el tema de la marginalidad en las relaciones de producción, con especial referencia al caso de los países capitalistas de América Latina. De este modo, la marginalidad es, en el marco del capitalismo periférico, el producto de relaciones sociales capitalistas y se traduce en lo que Quijano (1971) llama una masa marginal.

La región extrapampeana en la Argentina como espacio marginal

La perspectiva de la teoría de la dependencia sigue presente en la Argentina en la actualidad en los estudios geográficos. La región denominada extrapampeana presenta espacios marginales que en determinado momento cobran valor por la expansión del capitalismo desde las áreas centrales (generalmente pampeanas). Para Rofman (1997), el cambio del modelo de acumulación de 1975 alteró las condiciones de desarrollo de las economías regionales generando procesos de emigración con el consecuente aumento de la “marginalidad social” en las ciudades. Manzanal (2010) menciona a los sectores marginales como aquellos que no fueron favorecidos y quedaron rezagados. Para Cépparo (2010) son las economías regionales alejadas de los centros de consumo las que poseen rasgos de marginalidad con aislamiento a las regiones centrales, abandono de los organismos públicos, éxodo de la población y pérdida de identidad territorial.

En síntesis, estos términos siguen usándose en la actualidad y persiste la mirada negativa sobre el concepto: lo marginal, los márgenes y los marginales, continúan siendo abordados como aquello se encuentra o es aislado, desintegrado, carente, atrasado, rezagado, que se aleja de lo considerado “moderno”, que está fuera de ciertos límites sociales, económicos, o culturales y, por lo tanto, se sitúa en el margen o en la orilla. A continuación, se avanza en los contextos en los que surgieron estos términos.

Estudios sobre marginalidad en América Latina

Las investigaciones antropológicas realizadas por Lewis (1961) en barrios pobres de la Ciudad de México pueden considerarse como pioneras. El autor asocia lo marginal con el concepto de pobreza, pues ambos suponen la exclusión, falta de integración y participación en las instituciones sociales, violencia familiar, organización ínfima, falta de cuidado en la niñez y carencia de recursos materiales, económicos y morales.

En la década de 1960 y en el campo sociológico enmarcado en la teoría de la dependencia y la CEPAL, el concepto comenzó a asociarse con el avance del modelo capitalista sobre sectores desocupados, trabajadores no calificados o personas pasivas denominadas “masa marginal” (Quijano, 1971; Amin, 1973). En distintos países latinoamericanos se utilizaba esa categoría, generalmente para referirse a migrantes de zonas rurales que vivían en los bordes de las ciudades, carentes de servicios, con viviendas autoconstruidas y con persistencia de pautas, normas y valores tradicionales.

La postmodernidad implica una renovación de los conceptos de marginalidad y márgenes, asociado con la diversidad en el ámbito rural-urbano. El cuestionamiento hacia la idea de progreso altera el ideal de tipo social que se tomaba como modelo. Monsivais (1998) plantea la historia del estado mexicano fundada sobre exclusiones y lo concibe como un espacio marginal, condenado a la desigualdad. Aborda las distintas marginalidades hacia los indígenas, los homosexuales, las mujeres, los protestantes. El texto pone en tensión lo “marginal respecto a qué”, a otro concebido como “minoría”.

Por su lado, Leimgruber (2013) renueva la concepción clásica del término, con un marcado determinismo geográfico y una connotación negativa de la marginalidad. La vincula con espacios aislados, con pocos recursos naturales, que no son atractivos para los inversores o que contribuyen a la emigración.

Desde un paradigma cultural, Capellá (2010) refuta esta mirada al sostener que el margen (y los marginales) ha sido históricamente un espacio subalterno, cuya diferencia era concebida como “maginalizante”, respecto de un centro tomado como modelo. Para el autor el margen es diferente, es un área de transición donde existen múltiples identidades. Desde esa perspectiva, se pueden analizar los “espacios de borde” que poseen esta idea de marginalidad intrínseca asociada con la diferencia, con lo alternativo y de allí, la potencialidad de los márgenes para generar nuevas estrategias y reinventar las existentes (Comerci, 2018).

Desde el campo sociológico actualmente se utiliza el término marginación para dar cuenta de la posición desventajosa desde el punto de vista económico, social o político de un grupo que debe integrarse a un sistema social. Entre las causas de la marginación aparece la discriminación que segrega a un grupo o clase social por algún aspecto. Desde el punto de vista territorial la marginación se traduce en “segregación” socioespacial, pues implica algún tipo de separación espacial de un conjunto mayor.

En los estudios geográficos actuales de la Argentina esta perspectiva está presente en Cépparo (2010), para quien la marginalidad se asocia con una multiplicidad de factores que condicionan las dinámicas y estructuras de los sujetos y/o espacios. Se parte de la concepción de que existe un patrón único de desarrollo y los marginales son aquellos que están fuera de ese modelo y no pueden adaptarse a las exigencias de este.

El sentido atribuido por Gutiérrez (2007), desde la perspectiva bourdiana, se asocia con agentes que se encuentran insertos en una sociedad y ocupan una posición muy desfavorable, es decir, “al margen”. Reconocer la situación de marginalidad como una manera de estar ubicado en el sistema, induce un paso teórico decisivo que señala el abandono de la aproximación dualista en términos de márgenes-centralidad. Al concebir a los márgenes dentro de un sistema estableciendo relaciones de subordinación incorpora la mirada del poder y focaliza en esos sujetos marginales de manera situada.

El margen y lo marginal como espacio diferente

Los conceptos marginales, marginalidad y márgenes permiten poner la mirada en sujetos y/o espacios no centrales ni dominantes. Ello posibilita analizar aquello que es diferente, alternativo, que se aleja del modelo considerado como “deseado”. La perspectiva de los estudios sociales y culturales, junto con las miradas críticas, permite repensar los términos y cargarlos de nuevos sentidos. A partir de Gutiérrez (2007) y Capellá (2010) se pueden pensar a los márgenes como espacios subalternos, cuya diferencia es, a menudo, considera negativa respecto de un modelo dominante tomado como centro.

Los márgenes y bordes socio-territoriales están insertos en espacios multiescalares más amplios, pero de forma subordinada y son áreas de transición con diversidad de prácticas, acciones y subjetividades. En este marco se propone al margen y a lo marginal como espacio diferente. En el margen coexisten distintos modelos y, de este modo, constituye un intersticio para la generación de formas diversas y/o autónomas de organización espacial y social.

El estudio de los márgenes abre un campo de percepción poco explorado que posibilita mirar lo alternativo, lo creativo y de allí la posibilidad de construir procesos de emancipación. En la Argentina se encuentra muy arraigada la tradición cepalina que separa la región pampeana de la extrapampeana y las pone en una situación dual. Sin negar las grandes diferencias que aún existen en los modos de penetración y difusión del capitalismo en ambos espacios, se hace necesario complejizar la mirada y hacer un uso multiescalar de los problemas de análisis. Esta perspectiva renovada de los márgenes asociada con lo alternativo y lo diferente, como aquello que se aleja del centro, permitiría ampliar el espectro de los estudios sociales y territoriales y alterar la forma de abordaje.

Repoblamiento y estrategias en los márgenes pampeanos

Cachirulo es un pequeño paraje rural, localizado a 10 km de la localidad de Toay y 20 km al Oeste de la ciudad de Santa Rosa (provincia de La Pampa, Argentina), claramente en los márgenes urbano/rurales. En el marco de la expansión del trazado del ramal Bahía Blanca-Noroeste, en 1897 llegó el ferrocarril al mencionado paraje. Sin embargo, su apogeo no duró demasiado: ante la caída de la demanda de leña de caldén, la crisis de rentabilidad y del proceso erosivo generado en los suelos, entre otros factores, quedó inactivo el ramal en 1936. A pesar del gradual descenso demográfico -que pasó de 569 pobladores (rural-urbanos) en 1942 a 25 en 1970 de acuerdo con datos del INDEC-, en la década de 1990 se reinició el proceso de repoblamiento con la llegada de tres familias desde la localidad de Toay. En la actualidad quince familias ampliadas, que en conjunto suman 70 pobladores, ejercen la posesión pacífica de la tierra y practican distintas actividades que posibilitan la reproducción social (Figura 1). Diez de ellas tienen doble residencia en Toay, es decir utilizan la movilidad como práctica cotidiana.

La totalidad de las familias de Cachirulo están asistidas por la Municipalidad de Toay en la alimentación, educación, transporte y salud. Además de esos ingresos fijos y esporádicos, se ha gestado una combinación de prácticas socioproductivas que posibilita el desarrollo de las estrategias y el proceso de repoblamiento. Junto con la presencia de leña que recolectan del monte de caldén, los suelos de la zona poseen propiedades arcillosas facilitando el desarrollo de la actividad en la producción de ladrillos artesanales. Asimismo, estas familias complementan sus ingresos con la cría de ganado porcino y caprino, destinados a la venta y planteles de aves de corral para el autoconsumo. Todas las familias consumen animales obtenidos de la caza de fauna silvestre cuando escasean los alimentos. En los últimos años se destaca el trabajo extrapredial masculino, en albañilería, en la venta de leña y en la elaboración de postes y alambrado de campos, mientras que las mujeres y los niños residen en el paraje, fundamentalmente por la escuela y el comedor.

En los márgenes pampeanos las familias garantizan la reproducción simple y ampliada con la diversificación de actividades dentro y fuera del paraje, con movilidades flexibles y optimizando los ingresos obtenidos a través de distintas redes e instituciones. En el proceso de productivo y en el acceso a la tierra se destacan la informalidad, el peso de las redes sociales para la obtención de ingresos y el uso de recursos naturales del lugar. De este modo, diversas prácticas, no exentas de tensiones y conflictos, configuran el conjunto de las estrategias de reproducción social de estos grupos en un espacio de margen.

Figura 1
Localización de las familias de Cachirulo y actividades productivas

E:Articulos publicadosRev Colombianan Cuadernos de Geo 2019ARTICULO CACHIRULOENVIO A REV COLOMBFIGURA 2.jpg

Fuente: Elaborado por Juan Pablo Bossa (2018), en base a datos la Dirección General de Catastro, la Dirección Provincial de Vialidad (Gobierno de La Pampa), sobre imagen satelital de Google Earth. Fotografías de María Eugenia Comerci y Ariel Tapia (2018).

Bibliografía

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Capellá, H. (2010). ¿El margen y la diferencia: un discurso propio? En: Cepparo, M. E. (Comp). Rasgos de marginalidad. Diferentes enfoques y aportes para abordar su problemática. Malargue, un ejemplo motivador. (pp. 73-91). Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.

Cépparo, M. E. (2010). La marginalidad. La complejidad del proceso y la identificación del concepto (pp. 19-39). En Cepparo, M. E. (Comp). Rasgos de marginalidad. Diferentes enfoques y aportes para abordar su problemática. Malargue, un ejemplo motivador. Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.

Comerci, M. E. (2018). Estrategias en espacios de borde. Santa Rosa: Editorial EDUNLPam.

Cortés, F. (2002). Consideraciones sobre la marginalidad, marginación, pobreza y desigualdad en la distribución del ingreso. Papeles de población (31), 9-24.

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Germani, G. (1962). Política y sociedad en una época en transición, Buenos Aires: Paidós.

Gómez de Silva, G. (1995). Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española. México: Fondo de Cultura Económica.

Gutiérrez, A. (2007). Pobres, como siempre. Estrategias de reproducción social en la pobreza. Córdoba: Ferreyra Editor.

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Manzanal, M. (2010). Desarrollo, poder y dominación. Una reflexión en torno al desarrollo rural en la Argentina. En: Manzanal, M y Villareal, F. (Comp). El desarrollo y sus lógicas en disputa en la Argentina. (pp. 17-44), Buenos Aires: Ciccus.

Monsivais, C. (1998). Los espacios marginales. Debate Feminista, 17, 20-38.

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Spicker, P., Álvarez Leguizamón, S. y Gordon, D. (2009). Pobreza, un glosario internacional. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.



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