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63 Vecindad

Julio da Silveira Moreira

La palabra vecindad viene del latín vicinitas. Está compuesta por la palabra vecino (latín vicinus), aquel que está cerca o que vive cerca. Ambas palabras se originan de vicus, que se traduce como aldea, villa, barrio o secuencia de casas. Históricamente, designaba pequeños asentamientos de población en las afueras de la fortaleza romana. La raíz indoeuropea es weyk o wick, que a su vez origina la expresión oikos (casa u hogar), que proviene del griego. De la lengua sajona provienen las palabras neighborhood y neighbor, esta a su vez formada por las palabras neah, nigh o near (cerca) y gebur (habitante).

Así, vecino también puede significar el que reside en una ciudad, pueblo o barrio, con relación a los demás residentes. En sentido simbólico, es sinónimo del que se encuentra cerca, literal o figurativamente, o alguna cosa que se asemeja a otra (semejante, similar). En las ciencias de la naturaleza, el concepto se asemeja al ecotono o región de transición entre dos o más ecosistemas.

En los sentidos histórico y jurídico-político, la idea de respeto y reconocimiento del vecino estaba presente en el principio de la igualdad soberana al que se comprometieron los estados de Europa en los Tratados de Paz de Westfalia, en 1648, que es considerado un divisor de aguas en la historia del derecho internacional (Mazzuoli, 2010). El principio establecía a los entes estatales el derecho de existencia e integridad territorial, y el deber de no intervención en estados vecinos.

Este capítulo revisará la relación entre frontera y vecindad. Para ello, se estructurará en tres secciones. La primera sección, aborda las reflexiones teóricas y filosóficas que se acercan a la idea de vecindad a través de regiones fronterizas. La segunda, en cambio, aborda las relaciones entre culturas, territorios e identidades, llegando a conceptos relacionados a vecindad, como transnacionalismo migrante, culturas híbridas y multiterritorialidad. Finalmente, en la tercera sección se proporcionan ejemplos concretos de vecindad, dentro de una categorización de casos, como regiones fronterizas, pueblos transfronterizos y movimientos pendulares de frontera.

Reflexiones en las teorías sobre fronteras

El establecimiento de una línea de frontera genera de por sí una región de frontera y, a partir de ella, pueblos o personas vecinas. En la frontera, se genera una subjetividad entre quienes están “de este lado” (el mismo/la misma) y quienes están “del otro lado” (el otro/la otra), aunque esta percepción es siempre relativa al sujeto que nombra. La vecindad es, así, una marca de identidad relacionada al territorio y a la cultura.

La idea de vecindad en la frontera enmarca la cuestión de “el otro/la otra”, la otredad o alteridad. Estudiando a Lévinas, Viveros Chavarría (2015) enseña que la cercanía o proximidad entre sujetos no se refiere al espacio físico, sino a un ámbito de lealtad y reconocimiento del otro/la otra, en un proceso de llegar a ser humano. El sentido de inclusión y responsabilidad ante el otro/la otra y su interiorización en la subjetividad del yo demuestran la interdependencia y son presupuestos de la libertad en la ética de Lévinas.

Cuando una persona aborda a su interlocutor llamándole vecino o vecina, está demostrando que conoce el hecho de que él o ella vive cerca suya, que tienen algo en común, o puede estar simplemente dando a su palabra la potencia del reconocimiento del otro. Es común, en el sur de Brasil, hablar a otra persona con el nombre vecino, como sinónimo de amistad.

Por eso la paradoja de la frontera, que, al dividir, también une. La idea de vecindad está incluida en la de comunidad (traducida del alemán Gemeinschaft), donde los vecinos son los que no comparten un vínculo familiar inmediato -por eso hay una línea de separación-, pero sí relaciones cotidianas de amistad o enemistad. La noción de comunidad se diferencia de la de sociedad (del alemán Gesellshaft), donde los individuos poseen lazos impersonales y son indiferentes a la vida privada del otro (Sennett, 2019).

La vecindad está en el centro de la definición de regiones transfronterizas, como espacios de vida que traspasan las líneas de separación. A partir de allí se originan prácticas sociales y procesos de integración entre los territorios colindantes. Así, la concepción de la frontera se traslada desde el margen hacia el centro (Morales, 2010; Tapia Ladino, 2017). No se debe entender la colindancia como una fusión.

En las regiones al interior de cada país, también se notan fronteras no nacionales, como las fronteras agrícolas, que ponen en colindancia diferentes estructuras o modelos productivos, económicos y sociales. Otro ejemplo es la segmentación de paisajes urbanos en grandes ciudades, donde el pasaje de un barrio a otro o el adentrarse a una calle desconocida puede representar el cruce de una frontera interna o invisible.

Culturas, territorios e identidades

La idea geográfica de región, de frontera se refiere tanto a los territorios como a las identidades, donde se viven experiencias de vecindad. La región representa una frontera extendida, en donde los intercambios culturales crean y reproducen identidades propias, que no son ni de un país ni de otro (Moreira, 2014). A esto se asocian los conceptos de transnacionalismo migrante (Vertovec, 2006), culturas híbridas (García Canclini, 1989) y multiterritorialidad (Haesbaert, 2013).

Vertovec (2006) aporta a los procesos de transformación no sólo en la perspectiva individual de personas migrantes, sino en las regiones donde se encuentran múltiples identidades. El transnacionalismo migrante se divide en tres aspectos: (1) la “bifocalidad” (estar “aquí y allá”, experimentar diferentes territorios de forma simultánea); (2) la recomposición de estructuras de identidades-fronteras-órdenes y (3) el desarrollo económico (a través de remesas por agencias de transferencia, asociaciones de oriundos y redes de microcrédito). Los tres aspectos del transnacionalismo se verifican en los fenómenos de vecindad a través de las fronteras aquí discutidos. El autor no sólo describe los aspectos del transnacionalismo, sino que observa cómo ellos despliegan procesos de transformación en las sociedades locales, incluyendo sujetos migrantes y no migrantes, acompañando a Castles (2002), quien sugiere una transformación en la vida cotidiana de las sociedades influenciadas por la migración y un acoplamiento de nuevas formas de pertenencia social. En la actualidad, se puede hablar del transnacionalismo desde otras bases, con las capacidades de conexiones interpersonales, reveladas por las tecnologías digitales.

Por su parte, Canclini (1989) habla de los intercambios y simultaneidades culturales más allá de los lugares de frontera y fenómenos transnacionales. Sus objetos de reflexión alcanzan a la totalidad de la vida social bajo lo que se llama globalización o posmodernidad. Ciudades globales como Nueva York son vistas como lugares donde se dan culturas híbridas, que no son originales de allí, que son la mezcla entre la cultura de origen de los migrantes y su intersección con otras culturas conforme se da el arraigo.

También se puede hacer referencia a la multiterritorialidad (Haesbaert, 2013), como experiencia simultánea o sucesiva de diferentes territorios, comprendiendo la superposición de diferentes nociones de territorialidades, visualizando un esquema en redes, diferente de un esquema plano-lineal. La multiterritorialidad se relaciona con el desplazamiento de los sujetos, o sea, la movilidad humana y la migración, indicando que la experiencia de vecindad no se da apenas cuando hay una frontera lineal entre estados, sino también cuando las identidades de los sujetos en una misma ciudad o región o espacio compartido están marcadas por diferentes origen y formas propias de manifestar sus costumbres.

Un ejemplo lo proporciona la convivencia de muchas etnias en la ciudad brasileña de Foz do Iguaçu, incluyendo, más allá de brasileños de varias partes, paraguayos, taiwaneses, chinos y árabes, así como haitianos y venezolanos, de las olas más recientes de movilidad. En ese concepto, los territorios están impregnados en las marcas culturales, identitarias, lingüísticas, religiosas y semióticas de los sujetos.

Además, la ciudad está inserta en una región de frontera, en conurbación con Puerto Iguazú, en Argentina, y un conglomerado de ciudades en Paraguay (Ciudad del Este, Presidente Franco, Hernandarias y Minga Guazú). En este caso, son más que ciudades vecinas, o ciudades gemelas. Son un conjunto de ciudades, en una malla urbana extendida, en los tres países. En el cotidiano de la región, las personas se desplazan constantemente de un lugar a otro para actividades comunes a todas las ciudades, como las compras en supermercados. Las diversidades y asimetrías promueven actividades económicas propias, como, por ejemplo, una persona que sobrevive vendiendo en Foz do Iguaçu electrónicos adquiridos en Ciudad del Este, o una persona que sobrevive en Ciudad del Este vendiendo textiles adquiridos en Foz do Iguaçu. Se trata de desplazamientos cortos, que en su cotidianidad no generan un movimiento migratorio, sino más bien un proceso de multiterritorialidad.

Se puede sumar, como otro ejemplo, la identidad Ch’ixi (Rivera Cusicanqui, 2010), aprendida de la cosmología andina, de los estudios postcoloniales y de los desarrollos de la teoría social en Bolivia. Lo ch’ixi es una forma de percibir la diversidad cultural y transhistórica de los pueblos, trascendiendo las teorías sobre mestizaje, al sostener una imagen en el que no hay ni fusión ni separación. Más bien, se trata de un gris que al acercar la mirada se puede percibir claramente el blanco y el negro. Así, las diferencias culturales responden a una dialéctica en la que, sin fundirse, se antagonizan o se complementan. Además, dan movimiento al proceso histórico, al relacionarse y reproducirse.

Región de frontera, pueblos transfronterizos y movimientos pendulares

En los estudios de fronteras, la vecindad puede ser percibida en tres fenómenos o procesos: conformación de regiones fronterizas, de pueblos transfronterizos y la movilidad pendular a través de las fronteras.

En la región de frontera, los nacionales de diferentes países, aunque estén relacionados a su propia nacionalidad, son vecinos, están cercanos e interactúan a punto de conformar un espacio de relaciones. Es la región de frontera unidad multiterritorial. Los municipios ahí están más identificados con la región fronteriza que con el departamento/provincia/país en que están ubicados. Como ejemplo, la ciudad de Barra do Quaraí (Brasil) tiene más enlaces socioeconómicos cotidianos con las ciudades vecinas de Bella Unión (Uruguay) y Monte Caseros (Argentina), que con su capital provincial (Porto Alegre), separada por 700km de distancia. La ciudad de Foz do Iguaçu (Brasil), a su vez, está a 640km de distancia de Curitiba, la capital del estado de Paraná, habiendo más enlaces socioeconómicos cotidianos con las ciudades vecinas (Puerto Iguazú y Ciudad del Este) que con la capital.

En el mismo sentido está el concepto de ciudades gemelas, utilizado para fomentar políticas públicas e integración regional. Un caso de región de frontera con esa dinámica es la de los municipios Santana do Livramento (Brasil) y Rivera (Uruguay), donde no hay controles de tránsito aduanero y migratorio, haciendo que las dos ciudades, de alguna manera, sean una sola. Lo mismo ocurre en la región de Pedro Juan Caballero (Paraguay) y Ponta Porã (Brasil).

Ya los pueblos transfronterizos son continuidades étnicas que extrapolan las fronteras de un estado nación. Puede ser así porque existen como tal antes del establecimiento geopolítico de dichas fronteras, o mismo después, en flujos masivos de movilidad debido a hechos históricos estructurantes, como conflictos armados o catástrofes naturales.

Un ejemplo lo constituye toda la región fronteriza entre Guatemala y el estado mexicano de Chiapas, que era parte de Guatemala y fue anexado/incorporado a México en un proceso de varios años que culminó en 1824. El proceso de reterritorialización tuvo continuidad con el conflicto armado interno en Guatemala, desde 1960, y con repercusiones aún actuales, forzando a gran parte de la población del país a cruzar la frontera y establecerse en su lado mexicano.

Hoy, las personas de los dos territorios guardan similitudes e identidades, marcadas también por la identidad étnica de las diferentes etnias maya de la región, como los tzotzil y tzeltal en Chiapas, y los k’iche’ y kakchiquel en Guatemala. La región híbrida de frontera se prolonga por las orillas del Río Suchiate, concentrando su paso principal en el entramado de los municipios de Ciudad Hidalgo, en México, y Tecún Umán, en Guatemala (Figura 1). Aunque la región posee tanta cercanía e identidades históricas y étnicas, está marcada por los controles estatales y procesos de militarización, ya que México replica en su frontera sur las políticas de contención de la migración hacia la frontera con Estados Unidos.

Otros ejemplos muy recordados de pueblos transfronterizos son tres. Por un lado, se encuentran los guaraníes, en comunidades distribuidas entre Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. Por otro lado, se pueden mencionar a los Mapuche, localizados a ambos lados de la Cordillera de los Andes, en Chile y en Argentina. Finalmente, se destacan los Wayúu y Guahibo, entre Colombia y Venezuela.

Por último, se puede mencionar la migración pendular en regiones de frontera, especialmente en contextos laborales, viviendo un proceso psicosocial de vecindad. Debido a las diferentes circunstancias económicas y ventajas laborales entre países vecinos, se generan flujos pendulares, o sea, la movilidad de doble flujo y continuada. Se mencionan, como ejemplo, el masivo y diario movimiento pendular de residentes en la ciudad mexicana de Tijuana, que en la alborada van a trabajar en la región metropolitana de San Diego (Estados Unidos), retornando a su ciudad al fin del día. El movimiento de trabajadores pendulares se da en muchas regiones de frontera donde hay continuidad urbana, como en el caso de Desaguadero (entre Perú y Bolivia), Puerto Quijarro-Corumbá (entre Bolivia y Brasil) y Salto del Guairá (entre Paraguay y Brasil).

Figura 1
Mural en la frontera Guatemala-México

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Fuente: Julio da Silveira Moreira.

Bibliografía

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García Canclini, N. (1989). Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. México: Grijalbo.

Haesbaert, R. (2013). Del mito de la desterritorialización a la multiterritorialidad. Cultura y representaciones sociales 8(15), 9-42.

Hall, S. (2003). A questão multicultural. In: Da diáspora. Identidades e mediações culturais. Org. Liv Stovik. Belo Horizonte: Editora UFMG.

Morales, A. (2010). Desentrañando fronteras y sus movimientos transnacionales entre pequeños estados. Una aproximación desde la frontera Nicaragua-Costa Rica. En: M. E. Anguiano y A. M. López (Eds.), Migraciones y frontera. Nuevos contornos para la movilidad internacional (pp. 185-224). Barcelona, España: Icaria.

Mazzuoli, V. de O. (2010). Curso de Direito Internacional Público. São Paulo: RT.

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Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa. Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Buenos Aires: Tinta Limón.

Sennett, R. (2019). Construir y habitar. Ética para la ciudad. Barcelona: Anagrama.

Vertovec, S. (2006). Transnacionalismo migrante y modos de transformación. In: Portes, A., DeWind, J. Repensando las migraciones. Nuevas perspectivas teóricas y empíricas. Ciudad de México: Porrúa.

Viveros Chavarría, E. F. (2015). Alteridad familiar: una lectura desde Emmanuel Lévinas [recurso electrónico]. Medellín: Funlam. Recuperado de https://www.funlam.edu.co/modules/fondoeditorial/item.php?itemid=94

Tapia Ladino, M. (2017). Las fronteras, la movilidad y lo transfronterizo: Reflexiones para un debate. Estudios fronterizos, 18(37), 61-80.



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