Malena Mazzitelli Mastricchio
La Real Academia Española en su voz geográfica señala que un continente es “cada una de las grandes extensiones de tierra separadas por los océanos” (https://dle.rae.es/continente).
Cuando se nombra algún continente, ya sea América, Europa, Asia, Oceanía o África, se da por sentado que se trata de un recorte definido del planeta. Suelen naturalizarse sus límites sin ningún tipo de cuestionamiento.
Sin embargo, algunos países, como Inglaterra, dividen al mundo en seis continentes (los cuatro anteriores y agregan América del Sur separado de América del Norte); a veces suman uno más, si se considera a la Antártida. Otros, en cambio, solo hablan de cinco continentes, ya que no dividen a América en dos. No obstante, lejos de ser una división natural los continentes son el resultado de una invención cultural, histórica y en el caso de América hasta cartográfica (O’Gorman, 2004; Grataloup, 2009).
Este capítulo se divide en tres secciones: en la primera se indagan las definiciones de continente desde la geografía física; en la segunda se discute y se intenta tensionar esas definiciones poniendo principal atención en las fronteras intercontinentales; en la tercera se analiza la construcción de la delimitación de América como continente.
Continentes según la geografía física y la geomorfología
Por lo general, las definiciones sobre continente suelen apelar a criterios provenientes de la geomorfología o de la geografía física. Por ejemplo, en el Diccionario de voces y términos geográficos de 1926, se define al continente como una “gran extensión de tierra firme que comprende varios países y Estados, y que puede recorrerse sin tener que atravesar el mar” (Vergara Martín, 1926, p. 60).
Otra entrada, encontrada en el Diccionario de voces usadas en geografía física publicado por de Novo y Fernández Chicarro en 1949, define al continente como una “gran extensión de tierra que, si bien rodeada de mar, no puede llamarse isla ni península; nombres estos últimos limitados a territorios menos extensos” (de Novo y Fernández Chicarro, 1949, p. 75).
Incluso, los manuales clásicos de la escuela secundaria (reeditados en los años 1990) definen al continente como grandes extensiones de tierras emergidas (que se encuentran sobre el mar) limitadas y aisladas por las aguas de los mares y los océanos (Adas, 1992, traducción propia).
Se podría pensar que estas definiciones son antiguas y que la geografía física ya no define a los continentes como grandes extensiones de tierra. Pero esto es erróneo. La voz del libro de Geografía física de Stralher y Stralher (1997) sostiene que un continente es aquellas “áreas elevadas de litosfera cubierta por la corteza continental”. Estas propuestas establecen una diferenciación entre las tierras emergidas y las tierras sumergidas o entre continentes y cuencas oceánicas. Lo cierto es que, recurrentemente, para dar cuenta del continente se remite a la corteza terrestre, como área que tiene gran extensión y está rodeado de agua.
Esta manera de concebir al continente conduce a pensar en la teoría de la tectónica de placas y la deriva continental elaborada por Alfred Wegener (1880-1930), según la cual el mundo está dividido en placas continentales y oceánicas. De su movimiento y desplazamiento surge la forma de los continentes actuales a partir de la división del “continente madre”, conocido como Pangea.
Desde esa concepción, la frontera entre un continente y otro está dada por un criterio natural: la presencia de los océanos. Estas definiciones, sin embargo, omiten el criterio con el que originalmente se dividió al mundo. La primera división tripartita del mundo entre África, Asia y Europa fue religiosa. Efectivamente, antes de que América irrumpiera en la historia occidental, el mundo se conformaba de tres partes, a partir de un texto bíblico: son tres las razas que descienden de Noé y por lo tanto las tres regiones del mundo habitado y conocido (Urroz Kanan, 2001). Esta cosmovisión del mundo quedó representada en los mapas T en O (Figura 1).
Figura 1. Mapa T en O donde figuran los hijos de Noé

Fuente: publicado en Romero, Federico y Rosa Benavides (1998), Mapas antiguos del mundo, España: EDIMAT Libros, pag. 40. Versión tomada de Wikipedia.
Cabe preguntarse: si los límites son los océanos, ¿qué pasa entre Europa y Asia? En otros términos, ¿cuál es el límite entre estos dos continentes? ¿Será que está definido por el océano que alguna vez existió y que, actualmente, quedan separados por las placas que crearon los montes Urales hace aproximadamente 300 millones de años? ¿Cuál es el límite entre estos continentes? ¿Cómo se incluye a Oceanía que reúne a un conjunto de islas de diferentes extensiones entre las cuales se extienden mares y cuencas oceánicas? ¿Cuál es la frontera oceánica entre África y Asia?
Suele señalarse que todas las fronteras son decisiones políticas, es decir, son políticas. ¿Las fronteras entre continentes son la excepción?
Límites entre continentes
Desde hace tiempo que la geografía viene planteando que la división del mundo en continentes no es natural y que nada tiene que ver con las condiciones geológicas o físicas del planeta. Más bien todo lo contrario. Incluso Chistian Grataloup en 2009 escribió un libro llamado L’invention des continents. Comment l’Europe a découpé le monde. Por su parte, Armand Colin (2013) realizó el dossier L’invention des continents en la revista Monde(s) (https://acortar.link/gZe8eW). Allí, varios autores, incluido Grataloup, discuten sobre el carácter artificial con el que suele dividirse al planeta Tierra.
Por ejemplo, el límite entre Europa y Asia son los montes Urales. También se denomina “supercontinente” o Eurasia, ya que no está separado por una gran extensión de agua. El geógrafo alemán Karl Haushofer (1869-1946) llamaba la atención sobre esa gran masa continental desde una estrategia geopolítica. Para este teórico, Europa y Asia debían unirse social y políticamente. De esa manera, podrían crear estrategias para hacer frente a las potencias marítimas, como Estados Unidos o Gran Bretaña.
Por su parte, el límite entre Europa y África está definido por la unión entre dos masas de agua: el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, allí donde se encuentra el Estrecho de Gibraltar. Este pasaje constituye una ruta de conexión, puerta de entrada y salida del mar Mediterráneo y todo lo que en la región se produce.
Mientras que Oceanía limita por los cuatro puntos cardinales con tres océanos: el Índico, el Pacífico, y el glaciar Antártico. Geográfica y visualmente podría ser considerada isla. Es decir, visualmente este continente remite a una isla: cuando se ven los mapas más utilizados (proyección Mercator) este aparece representado con un tamaño mucho menor de lo que realmente es. Esta distorsión lleva a que se asimile como un pequeño recorte territorial cuando, en realidad, es apenas más pequeño que Europa. El binomio isla-continente ha sido discutido, citado y reformulado en diversos contextos históricos. Al respecto, Lois (2013, p. 96) propone un análisis conceptual de esta relación isla-continente y sugiere que, si bien la discusión se inició en el Renacimiento, el debate llega hasta nuestros días, tal como lo demuestra utilizar la “arquitectura continental como patrón de organización de la geografía del mundo”.
En el caso de Asia y África, su separación está dada por el mar Rojo y por el canal de Suez, que claramente no es una frontera natural. Este canal que no es precisamente un océano (tiene una profundidad media de 22 metros) une el mar Mediterráneo con el golfo de Suez a través del istmo de Suez. El canal fue inaugurado en 1869 con fuertes capitales europeos, sobre todo franceses e ingleses, y actualmente pertenece al gobierno de Egipto desde que lo nacionalizó en 1956. Su construcción achicó los tiempos de navegación (y el mundo) ya que permitió el pasaje de mercancías entre el Atlántico Norte y el Índico Norte a través del mar Mediterráneo y el mar Rojo recorriendo menos distancias.
La delimitación de América
Son varias las personas que sostienen que América es obra de Europa (Zea, 1980, como se citó en Urroz Kanan, 2001) o que depende cultural e históricamente del viejo continente (O’Gorman, 1976) o que América es América desde la conquista y antes era otra cosa (Urroz Kanan, 2001).
La primera vez que este recorte territorial aparece con el topónimo de América es en el mapa de Martin Waldseemüller que se incluyó en la obra Cosmographiae introductio de 1507 (Figura 2), de la cual se imprimieron diez mil copias. La carta más antigua donde se registró este continente es el mapa de Juan de la Cosa de 1500. Esta obra se propagó rápidamente por Europa, comenzando por lo que hoy se conoce como Alemania, lo que produjo una divulgación rápida del topónimo.
América aparece primero como isla, lo que le permitió a la geografía del siglo XV incluir esta nueva parte del mundo al marco conceptual de la época basada en un mundo tripartito (Lois, 2013). Esto llevó a una discusión conceptual en donde América a veces era representada como isla y otras veces se la consideraba un continente con un sector norte y otro sur unido por un istmo. De hecho, asegura la citada autora, en el mapa de Waldseemüller América aparece rodeada de agua cuando en realidad el océano Pacífico fue visto por los europeos recién en 1513, gracias a Vasco Núñez de Balboa.
Figura 2. Mapa de Waldseemüller, 1507

Fuente: mapa publicado en Meyer, Alicia (2010) América en la cartografía. A 500 años del mapa de Martín Waldseemüler. Universidad Nacional de México, pág. 213. Versión tomada de Wikipedia
¿Por qué América es una invención cartográfica? Luego de que Waldseemüller editara su mapa y se enterara que no había sido Américo Vespucio quien descubrió este continente, quiso cambiar el nombre del topónimo, pero ya era tarde. El mapa había inventado América como un nuevo continente. Inclusive, las versiones de 1513 y 1516 intentaron retractarse y colocar un topónimo que apoyaba la tesis de Colón, tal como Terra de Cuba- parte de Asia, etcétera (Urroz Kanan, 2001).
Otros autores, como Schmidt (2009), ponen en duda que la invención de América haya sido el resultado de la obra del humanista alemán. Esto se debe a que la inclusión del nuevo continente en la geografía imaginaria europea se dio recién en la primera mitad del siglo XVII (Elliott, 2015). Antes de ese tiempo, el imaginario geográfico europeo se limitaba, sugiere Schmidt, a pocas leguas cuadradas.
Entre los siglos XVI y XVIII se estableció una batalla simbólica por instalar un topónimo para las nuevas tierras conquistadas. Los reyes españoles llamaron oficialmente a este continente Indias o Indias Occidentales. Ese fue un topónimo muy difundido durante ese período. Más aún, los monarcas prohibieron la denominación de América y propusieron otros nombres para su reemplazo, que reivindicaran la figura de Colón y su llegada a estas tierras (Schmidt, 2009; Urroz Kanan, 2001). Inglaterra, a su vez, proponía llamarlas: Cabotia o Sebastina. En Alemania, en cambio, los alemanes reivindicaban a Martin Behaim. Así, la disputa toponímica que se suscitó en aquel período entre las diferentes potencias europeas era un reflejo de los intereses políticos que tenían con respecto al continente americano (Urroz Kanan, 2001).
A pesar de esta disputa conceptual, el topónimo Américo se convirtió finalmente en América. En síntesis, para que esto sucediera tuvieron que acontecer tres factores: en primer lugar, la concepción del mundo tripartito comenzó a desquebrajarse permitiendo otra geografía que incluyera esta cuarta parte del mundo (Lois, 2013). En segundo lugar, la impresión de la obra Cosmographiae Introductio que permitió la circulación del mapa de Waldseemüller y con él la instalación del topónimo; y en tercer lugar, fue fundamental reconocer al océano Pacífico que permitió que América se construyera como continente autónomo (Urroz Kanan, 2001), pues respondía a las definiciones físicas vigentes en ese momento, y que, como vimos, llegan hasta nuestros días. Finalmente, cabe destacar que en 1540 se publicó el mapa de Sebastian Münster que une América del Norte con la del Sur y la dibuja de manera independiente de Asia.
Ahora bien, ¿América es un solo continente o es posible dividirlo en dos? Si siguiera el criterio que separa a África de Asia (el canal de Suez), ¿América quedaría dividida por el canal de Panamá? Este canal fue inaugurado en 1914 e, igual que el egipcio, acortó los tiempos, distancias y conectó dos océanos. Si bien no es posible dar una respuesta a esta pregunta, sí debe quedar claro que los continentes son el resultado de decisiones políticas, pero también de errores o desconocimiento, como lo demuestra el caso del mapa de Waldseemüller. Los continentes son invenciones culturales, una manera más de dividir al planeta Tierra.
Figura 3. Mapa de Sebastian Münster, 1540

Fuente: publicado en Romero, Federico y Rosa Benavides (1998), Mapas antiguos del mundo, España: EDIMAT Libros, pag. 74. Versión tomada de Wikipedia.
Bibliografía
Adas, M. (1992). Geografia Noções básicas de geografia. São Paulo: Moderna.
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Elliott, J. (2015). El Viejo Mundo y el Nuevo (1492-1650). Madrid: Alianza.
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Schmidt, P. (2009). “‘Emperador de las Indias’. América en el mapa mental de la corte española del siglo XVI”. En: A. Mayer (coord.), América en la cartografía a 500 años del mapa de Martin Waldseemüller (99-124). México: GM Editores, Espejo de Obsidiana. Instituto de Investigaciones Históricas. Cátedra Guillermo y Alejandro de Humboldt. Universidad Nacional Autónoma de México.
Stralher, A. y Stralher, A. (1997). Geografía física. Barcelona: Omega.
Urroz Kanan, R. (2001). América antes de América [Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Nacional Autónoma de México]. Repositorio institucional-Universidad Nacional Autónoma de México.
Vergara Martín, G. M. (1926). Diccionario de voces y términos geográficos. Madrid: Librería y Casa Editorial Hernando S.A.






