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Cotidiano

Tania Porcaro y Dolores Camacho

En los diccionarios de las lenguas española, francesa e inglesa, la palabra cotidiano es considerada como un adjetivo derivado del latín quotidie que significa cada día (Real Academia Española, 2023; Dictionnaire de l’Académie Française, 2023; Oxford Advanced Learner’s Dictionary, 2023). Consecuentemente, una primera definición remite a lo diario, lo correspondiente a todos los días o que ocurre cada día. A su vez, esta idea está íntimamente vinculada con la noción del día como unidad de organización del tiempo.

En la lengua francesa, sin embargo, también se incluye su definición como sustantivo: aquello que forma parte de la vida corriente. Esta segunda aproximación es utilizada frecuentemente cuando se reflexiona –en forma coloquial y académica– sobre lo cotidiano como íntimamente asociado a la vida, particularmente a la vida humana. Las numerosas actividades vitales que realizan las personas diariamente quedan comprendidas en esta noción, en la que se subraya su carácter espontáneo e inconsciente.

En estrecha relación a lo anterior, un tercer significado de la palabra cotidiano, tal como lo expresan los diccionarios de las lenguas francesa e inglesa, remite a la idea de ordinario, habitual, corriente, común, mundano, banal o trivial. Este uso le ha otorgado a la palabra cotidiano un sentido relativamente desdeñoso, como un calificativo opuesto a aquello que es importante, relevante, extraordinario, inusual o poco frecuente.

El cotidiano suele ser pensado como un dominio particular de la vida social, diferenciando las esferas o ámbitos donde ella transcurre. Así, lo doméstico ha sido concebido tradicionalmente como un ámbito privilegiado de lo cotidiano, que queda asociado al interior de los hogares, las relaciones familiares, lo íntimo, lo privado, lo reproductivo y, en muchos contextos, también a lo femenino. En este sentido, la cotidianidad tendió a ser excluida de los dominios de lo importante, como la producción, el trabajo, la política, lo público o lo estatal que, bajo esquemas patriarcales, quedó también restringido a lo masculino.

Desde las primeras décadas del siglo XX, diferentes disciplinas sociales y humanas se orientaron a indagar en la noción de cotidiano y a desarticular algunas de aquellas asociaciones lineales y binarias. A partir del reconocimiento de la relevancia que tiene en las sociedades, el término vida cotidiana se ha instalado en los estudios sociales para revisar diferentes aspectos de la humanidad. La revalorización de lo banal, lo insignificante, los hábitos, las rutinas y las actividades diarias ha cuestionado la naturalización de lo cotidiano como algo evidente, intuitivo e irreflexivo. Hacia la década de 1970, la proliferación de los enfoques micro colocó a la vida cotidiana en el centro de nuevos estudios que se propusieron evidenciar los estrechos vínculos que ella tiene con las estructuras sociales, las relaciones de poder, el campo del trabajo, la producción, la política, las ciudades, el consumo, la cultura y el género, entre otras tantas cuestiones.

El interés por la vida cotidiana también se registra en el campo de los estudios sobre fronteras estatales. Desde comienzos del siglo XXI, algunos trabajos han reflexionado sobre la relación entre cotidiano y frontera, aunque aún de manera incipiente y con escasos intentos por conceptualizar y profundizar esta relación.

Este capítulo se divide en seis secciones. En la primera, se exponen algunas conceptualizaciones y debates en torno al significado de lo cotidiano en las ciencias sociales y humanas. Las siguientes repasan diversos modos en que el cotidiano ha sido abordado en los estudios sobre fronteras, para repensar los nacionalismos, el estadocentrismo, las miradas punitivistas, los movimientos y flujos multiescalares, y las prácticas laborales y comerciales en ciudades limítrofes. La última sección presenta algunos lineamientos para continuar reflexionando acerca de la cotidianidad de las fronteras para un diálogo transversal de este campo de estudios.

Cotidiano en los estudios sociales

A lo largo del siglo XX, disciplinas como la filosofía, la sociología, la antropología y la geografía han elaborado diferentes miradas acerca de la vida cotidiana, revisando sus sentidos y usos para explicar lo social, en relación a lo espacial y lo temporal.

La filosofía se interesó tempranamente en el estudio de la vida cotidiana, como parte de un intento por recentrar las preguntas en la humanidad. Entre ellos, Heidegger reflexionó sobre el ser desde lo cotidiano y pensó la cotidianidad con relación a la constante situación de impersonalidad, normalidad e indiferencia en la que se encuentra el ser humano, producto de la pérdida de sí mismo (Heidegger, [1927]1997). Buena parte de los trabajos posteriores sobre el cotidiano reconocen como fundamentales los aportes de la fenomenología de Husserl y Heiddeger, cuyas propuestas se centraron en el sujeto, las relaciones intersubjetivas y la pregunta filosófica por el ser.

Posteriormente, diferentes investigaciones retoman estas ideas y elaboran nuevos conceptos para los estudios sociales. En esta línea, se puede destacar el trabajo de Schutz (1974), quien construye una sociología interpretativa y se propone comprender el mundo de vida. Partiendo de la fenomenología, delineó un método riguroso para realizar un análisis descriptivo de la constitución del mundo de la vida cotidiana en la experiencia humana, para aplicarlo al mundo social. Desde esta perspectiva, la cotidianidad es el lugar donde se produce la repetición constante de actos que recrean la historicidad social, pero también es el lugar donde esta última se puede transformar.

El estudio de la vida cotidiana como parte de las estructuras sociales alimentó uno de los contrapuntos centrales que emergieron de la teoría social: la tensión entre la repetición y el cambio, o la alienación y la invención. El pensamiento estructuralista-marxista tradicional ha concebido la vida cotidiana como una repetición alienante, condicionada por las lógicas de la reproducción del capital. En este marco de pensamiento, los sujetos se constituyen como actores pasivos en estas prácticas diarias, condicionados por las imposiciones de las estructuras de poder.

Esta concepción fue matizada y cuestionada desde múltiples enfoques. Entre ellos, Lefebvre ([1947]1991) reconoció que los objetos cotidianos, aquellos más cercanos, contienen la riqueza de la vida y son, al mismo tiempo, los más desconocidos. Este autor consideró, sin embargo, que la vida cotidiana no se puede captar en su escala aparente, sino que hay que verla a la luz de la historicidad. De esta forma, la vida cotidiana es el núcleo desde el cual las sociedades reiteran y repiten tendencias, pero también rompen con ellas y construyen otras diferentes. Es la revolución de la vida cotidiana, la praxis de las personas, lo que las liberará de la alienación.

Otra mirada crítica hacia la idea de alienación se sitúa en la obra de De Certeau (2000), publicada inicialmente en la década de 1980 y ampliamente recuperada en la actualidad por los estudios culturales. El autor cuestionó la idea de que los sujetos se encuentren condenados a la pasividad y a la disciplina. Por el contrario, su investigación sobre la cultura contemporánea se orientó a reconocer la fabricación que realizan las personas usuarias o practicantes y las maneras de emplear los productos que les eran impuestos por el orden económico dominante. Para ello, distinguió las tácticas ̶ que despliegan quienes denomina como practicantes ̶ , de las estrategias ̶ que desarrollan las instituciones y autoridades que producen las reglas ̶ . Para el autor, las maneras de hacer constituyen prácticas a través de las cuales las personas se reapropian del espacio organizado por técnicos de la producción sociocultural, modificando su funcionamiento mediante una multitud de tácticas articuladas con base en los detalles de lo cotidiano.

La geografía también ha tenido una extensa producción académica relativa a la espacialidad de la vida cotidiana, desde los primeros aportes de las corrientes humanistas de la década de 1970. Aquellos trabajos orientaron su interés hacia la subjetividad espacial y los espacios de vida. Es el caso de Buttimer (1979), quien reflexionó sobre los conceptos de espacio vivido, mundo vivido, experiencia vivida y tiempo vivido, para elaborar una perspectiva geográfica sobre la vida cotidiana. La autora propone que la participación en mundos sociales diversos influye en las formas de experiencia del espacio, a partir del diálogo continuo entre los cuerpos y el medio, donde es posible encontrar ritmos y rutinas, una memoria y un estilo de actuar, que se expresan espontáneamente.

Los sentidos y significados otorgados al espacio también se volvieron centrales en el análisis de la subjetividad en la vida cotidiana. En este sentido, entre las geografías anglófonas, resultaron centrales los aportes de Tuan (1979). Para el autor, a través de los patrones, las rutinas y experiencias diarias, las personas establecen lazos emocionales con el entorno y estabilizan un sentido de lugar, que afecta las expectativas del cuerpo y configura un campo habitual, en el cual las personas se mueven. De manera similar, entre las geografías francófonas cobró relevancia el concepto de espacio vivido. Para Di Méo (1999), este expresa la relación existencial que el individuo socializado establece con los lugares, los valores culturales que los impregnan, que pueden ser conocidos al escuchar a los actores, al considerar sus prácticas, sus representaciones y sus imaginarios espaciales.

Por su parte, Lindón (2020) propone que la vida cotidiana es el entretejido de sujetos, espacios y tiempos vividos. Los abordajes revisados han ido delineando ciertas espacialidades y temporalidades propias de la vida cotidiana, a escalas acotadas. Tradicionalmente, el barrio, la esquina, la escuela, el hogar, el trabajo, pero también las casas de fin de semana, de veraneo o las segundas residencias, componen toda una constelación de puntos que tejen la producción de la cotidianidad. De igual modo, los momentos, las jornadas, los días, las semanas, los tiempos de trabajo y descanso, las temporadas, las vacaciones, suelen componer una temporalidad asociada a las rutinas y ritmos cotidianos. Sin embargo, este foco de análisis no excluye la consideración de prácticas, procesos y escalas transnacionales, globales, nacionales o regionales, que también producen la vida cotidiana. Ello cobra mayor notoriedad cuando se estudian las cotidianidades fronterizas y transfronterizas.

El estudio social de lo cotidiano a lo largo de las décadas ha configurado enfoques epistemológicos y metodológicos específicos y diversos. Las metodologías construidas para abordar lo cotidiano parten del estudio de lo pequeño, de la vida diaria y de la intersubjetividad. Ello ha supuesto, tal como lo plantea la autora antes citada, un deslizamiento hacia el microanálisis, que no debe concebirse como opuesto al macroanálisis, sino como dos instancias relacionales.

Cotidiano, identidad y nacionalismos

Una estrategia habitual para pensar el cotidiano en relación a las fronteras estatales y los procesos de fronterización surge de la tensión con los nacionalismos y las marcaciones identitarias. Las geopolíticas críticas observan que los símbolos patrios, la construcción de pertenencias y las marcas de la nación forman parte de un nacionalismo banal o nacionalismo cotidiano.

En este sentido, Núñez et al. (2017) sostienen que el despliegue de una narrativa nacional en la frontera instala artefactos sociales que resignifican las prácticas diarias. Al estudiar la frontera chileno-argentina, estos autores se centran en las familias que comparten una historia común previa a la demarcación limítrofe, y reconstruyen la idea de experiencias territoriales desde la perspectiva del habitar. Argumentan que la relación del habitante con sus espacios de vida pone en juego la memoria, el arraigo, el caminar, el saber familiar y la copertenencia entre el sujeto y el paisaje.

El quehacer cotidiano y el devenir del día a día favorecen la negociación de significados y la reapropiación del espacio. Se configura, así, un contrapunto entre los sentidos que ha ido fijando la nación sobre la frontera como paisaje patrio y las reapropiaciones, reinvenciones y relecturas que producen sus habitantes en el cotidiano de cada espacio de vida.

Cotidiano, seguridad y estadocentrismo

Los estudios sobre fronteras también han apelado al cotidiano para contestar la mirada estadocéntrica y punitivista centrada en las nociones de ilegalidad, delito e inseguridad. Esta estrategia, frecuente entre los estudios antropológicos, coloca el foco de atención en los sujetos y sus prácticas diarias de cruce fronterizo, lo que permite observar las experiencias y emociones propias del transitar por estos espacios. La mirada se centra en las personas y sus cuerpos, a partir del encuentro con los dispositivos, tecnologías y agentes de control y vigilancia fronteriza.

En esta línea, Renoldi (2015) sitúa a las personas habitantes en el centro del análisis para reconocer las formas de gestión de la vida cotidiana que escapan a ciertos principios definidos por la administración central del estado. La autora observa las personas que circulan y habitan la frontera y el modo en que van creando sentidos específicos, tejiendo y usufructuando la trama que se hace en el día a día, en diálogo con cada instancia de control estatal. Sostiene que las rutinas de la vida cotidiana reformulan las grandes categorías que sustentan la legitimidad de la frontera como referencia universal, donde cada habitante vive la frontera como una experiencia y, a través de sus usos y recorridos, la reinventan.

En el estudio de la frontera de Argentina con Brasil y Paraguay, la mencionada autora observa que la ley se materializa y simboliza en cosas y acciones, y la autoridad se hace sentir en los cuerpos de quienes la cruzan. Allí, los tránsitos cotidianos crean semejanzas y acentúan contrastes, producen oportunidades y reproducen estigmatizaciones. Las rutinas, trayectorias e itinerarios diarios desafían las separaciones nacionales y las expectativas de estabilidad, a la vez que garantizan a las personas la ampliación de recursos. De este modo, la frontera abre el universo de posibilidades y reformula las distancias culturales, en el mismo proceso de marcar las diferencias.

Cotidiano, movilidad y multiescalaridad

Otra estrategia utilizada por los estudios académicos ha sido describir y pensar el quehacer diario como parte de una superposición de movilidades y trayectorias a múltiples escalas. Los flujos del comercio internacional, las redes migrantes, las relaciones familiares, el tráfico de mercaderías legalizadas e ilegalizadas, los circuitos turísticos y los movimientos laborales diarios, pendulares o estacionales van marcando trayectorias, caminos y huellas que participan en la configuración tanto de la frontera, como de la cotidianidad de estos espacios de vida. Junto con las personas y las cosas que se mueven, se fijan y movilizan discursos, narrativas e imaginarios.

En un estudio centrado entre México y Guatemala, Camacho et al. (2021) reconocen que la frontera emerge por decisiones nacionalistas más allá de los intereses y preocupaciones de la población. Sin embargo, se construye como territorio por las vivencias cotidianas de la población que lo habita, por el transitar de habitantes locales y de personas migrantes, en trayectorias que se repiten diariamente y surcan caminos transversales. Allí, la territorialidad cotidiana es constantemente reconfigurada a través de diversas expresiones del mundo global.

Al reflexionar sobre el proceso de fronterización vivido desde la perspectiva de sus habitantes, las autoras buscan abordar las relaciones transfronterizas partiendo de lo cotidiano y analizando las narrativas bajo una mirada global. De este modo, exponen las múltiples formas de habitar la frontera que permiten caracterizarla en su heterogeneidad.

Conciben a la frontera, no en términos de nacionalidades, sino a partir de las condiciones transfronterizas del habitar. Quienes habitan estos territorios reconocen su vecindad y advierten que son parte de una comunidad que negocia sus espacios y relaciones a través de la cotidianidad. Estas relaciones, siguiendo a las autoras, no están exentas de conflictos y disputas. Sus poblaciones, por lo general, viven una vida marginada de los centros nacionales de poder, situación que los une en una comunidad donde comparten sus experiencias diarias.

La vida en la frontera no es explicada solo por la repetición de acontecimientos diarios. Allí se corporizan y materializan de manera inmediata los efectos de las políticas económicas y securitarias de los estados nacionales y de los centros de poder globales. Desde esta óptica, el cotidiano es una construcción multiescalar, donde los procesos globales se encuentran con las políticas nacionales, los flujos transnacionales, las relaciones transfronterizas y las vidas locales.

Cotidiano, comercio y ciudades

Una de las actividades que estructuran la cotidianidad de muchas ciudades fronterizas latinoamericanas son las compras. Los discursos y sentidos comunes suelen rápidamente clasificarlo bajo la etiqueta de turismo de compras cuando se centra la mirada en las personas consumidoras de sectores económicos medios. En cambio, se remite al contrabando en los casos en que involucra a las personas trabajadoras de escasos recursos, que trasladan o venden la mercadería, para consumo propio o para terceras personas.

Sin embargo, el comercio fronterizo va más allá de la compra-venta y las mercaderías que circulan. Los intercambios suelen ser los que organizan las rutinas, los trabajos, los ámbitos de la producción, los tiempos de descanso, las temporadas y ciclos, las redes interpersonales y familiares, la logística local, transfronteriza y transnacional, los medios de transporte y acarreo utilizados, los sitios de depósito y distribución de mercancías, así como los espacios de esparcimiento y recreación, entre otras tantas cuestiones diarias, ordinarias o corrientes de las ciudades fronterizas.

Numerosos trabajos académicos vienen profundizando en la comprensión de las redes, estrategias y recursos que despliegan las poblaciones que hacen de este comercio un modo de subsistencia. En esta línea, el trabajo de Linares (2017) sobre las ciudades de Posadas y Encarnación muestra la circulación diaria de mujeres cuyo trabajo se centra en trasladar y vender mercaderías entre Argentina y Paraguay. La autora reconoce formas de territorialización en los intersticios a partir de la organización de los espacios de descanso, de comida, de trabajo y de confraternización, en ciertas esquinas, plazas y sitios menos controlados.

Linares observa que el sustento económico diario está garantizado por el despliegue de las diferentes estrategias que desarrollan las mujeres en función de los usos, permisos, omisiones y pequeñas infracciones sobre las normativas vigentes. Asimismo, advierte sobre los cambios urbanos promovidos por el estado y el modo en que la circulación laboral cotidiana se ve afectada por dichas políticas. La vida diaria de estas mujeres se divide entre la resignación, el reclamo ante las autoridades y el desarrollo de nuevas estrategias para sostener su actividad.

Otro trabajo relevante para reflexionar sobre la vida cotidiana entre localidades fronterizas es el aporte de Tapia et al. (2019), quienes estudiaron los movimientos de la población residente entre Tacna (Perú) y Arica (Chile). Allí reconocieron una gran cantidad de circulaciones cotidianas vinculadas a múltiples actividades, como trabajar, comerciar, para acceder a servicios de salud o por motivos de turismo, ocio y compras. Al considerar a la frontera como un recurso para estas personas y movilidades, sostienen que existe en estas ciudades un estilo de vida fronterizo, dado que gran parte de la población se identifica en su relación con la vecina, en su vida cotidiana y en su experiencia de cruce.

Más allá de estos ejemplos, en general, son escasos los trabajos que han profundizado en la cotidianidad de las actividades y rutinas de la población que habita ciudades fronterizas, por fuera del comercio. La asistencia escolar, el acceso a la salud, la recreación y el ocio, las organizaciones y reclamos sindicales, la militancia o movimientos políticos y sociales, los encuentros deportivos y culturales, las expresiones artísticas, entre otras tantas experiencias y prácticas que hacen a la vida diaria, no suelen captar la atención de la literatura académica latinoamericana, a pesar de atravesar y ser atravesadas permanentemente por la frontera.

En este sentido, en un trabajo reciente se han elaborado algunas contribuciones teóricas para pensar las especificidades de la vida cotidiana en diferentes contextos espacio-temporales fronterizos de Latinoamérica (Porcaro, 2023). Allí se indaga en la participación de tranqueras, puentes, desiertos y esquinas urbanas en la conformación de espacios de la vida cotidiana fronteriza, a través de articulaciones entre personas, objetos, emociones y afectos.

Cotidiano en las fronteras estatales latinoamericanas

Lo cotidiano emerge en las ciencias sociales como preocupación filosófica, deriva en un recorte de la realidad, disputa sus sentidos como concepto teórico y se consolida como una forma de abordaje de lo social, lo espacial y lo temporal. De todos modos, como surge de las reflexiones anteriores, los estudios sobre fronteras en Latinoamérica han incorporado solo de manera incipiente la preocupación por lo cotidiano.

Como abordaje, el cotidiano construye un diálogo permanente entre el habitar y la nación, para revisar las formas de vida en los confines estatales. La referencia nacional aparece como un contrapunto necesario e ineludible de estos enfoques. Pero también se indagan los efectos globales a escalas locales, para comprender las infinitas relaciones del mundo actual. La literatura especializada se ha orientado a repensar los nacionalismos, contestar la mirada estadocéntrica, recentrar el foco en los sujetos y comprender sus prácticas, experiencias y emociones diarias.

El enfoque de la vida cotidiana en las fronteras estatales permite recomponer la diversidad de trayectorias, la heterogeneidad de las prácticas, la pluralidad de voces y sujetos y la polisemia propia de estos espacios de vida, en contraposición a los discursos homogeneizantes de la frontera-peligro. Estas miradas se complementan y dialogan de manera fructífera para construir una visión desde abajo y desde el borde. El cotidiano se revela como una entrada fundamental para profundizar en un diálogo latinoamericano que evidencie las prácticas comunes que tejen las fronteras en la actualidad, a partir del constante ir y venir de personas, objetos, recursos, ideas y proyectos (Figuras 1 y 2).

Figura 1. Personas, objetos y prácticas cotidianas en la frontera de México y Guatemala

Fuente: Dolores Camacho. Paso el Coyote, Ciudad Hidalgo, Chiapas, junio de 2022. Proyecto Papiit-dgapa-UNAM IG400120.

Figura 2. Personas, objetos y prácticas cotidianas en la frontera de Argentina y Brasil

Fuente: Tania Porcaro. Bernardo de Irigoyen (Argentina) – Dionísio Cerqueira (Brasil), junio de 2022.

El estudio de la cotidianidad requiere de mayores revisiones que continúen contextualizando y repolitizando las múltiples experiencias de vida y formas fronterizas y transfronterizas de habitar. El modo en que las personas aprovechan, utilizan o producen relaciones e identidades locales, fronterizas, transfronterizas, nacionales o transnacionales a través de los intersticios de la vida cotidiana y de las decisiones rutinarias, es materia pendiente de indagación.

Es preciso avanzar con nuevos diálogos transversales para pensar los vínculos entre diferentes contextos fronterizos, como el urbano, donde la preocupación por el cotidiano tiene una mayor trayectoria. Pero también en fronteras periurbanas, interétnicas o productivas, donde el cotidiano no suele ser una temática frecuente de indagación. Estos diálogos abren la posibilidad de descentrar la mirada puesta exclusivamente en el estado y la nación como referentes principales y, sin negarlos, revalorizar las acciones ordinarias, los sujetos banales, las voces triviales que producen diariamente el tiempo y el espacio de la vida en comunidad.

Los nuevos abordajes necesitan diseños metodológicos cualitativos que combinen, diversifiquen y aprovechen las numerosas técnicas disponibles y creen otras nuevas, para una mejor comprensión de las especificidades de estos ámbitos complejos. Las herramientas tradicionales −como la etnografía, las entrevistas, la etnosociología, las historias de vida, las narrativas, la observación participante, los mapas mentales− pueden articularse con otras técnicas performativas que permitan nuevos acercamientos a las experiencias fronterizas dinámicas, como el estudio itinerante, los recorridos peatonales, las etnografías móviles y multisituadas, las prácticas de caminar con personas o de seguir objetos, entre tantas otras.

De este modo, se podrá reconocer la vida cotidiana en una escala de proximidad, profundizar en los pequeños mundos y sus detalles, interpretar las relaciones entre emociones, tácticas, narraciones, prácticas, imaginarios, procesos y estructuras, siempre asumiendo que el conocimiento es construido desde nuestras propias interpretaciones, del entrelazamiento de las experiencias de vida y las experiencias de investigación.

Bibliografía

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