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Medio

Nora Claudia Lucioni

De origen latino, la palabra medio en el idioma español es un adjetivo con diversos significados según el contexto y sus diferentes usos. Existen cuatro definiciones del diccionario de la lengua española que pueden ser relativas a los conceptos que se desarrollarán más adelante: (1) “que está entre dos extremos, en el centro de algo o entre dos cosas”; (2) “que está intermedio en lugar o tiempo”; (3) “espacio físico en que se desarrolla un fenómeno determinado”; y la más ligada al término ambiente, (4) “conjunto de circunstancias o condiciones exteriores a un ser vivo que influyen en su desarrollo y en sus actividades” (https://dle.rae.es/medio).

En la Real Academia Española, la palabra ambiente coincide con una de las acepciones del vocablo medio, “Conjunto de condiciones o circunstancias físicas, sociales, económicas, etc., de un lugar, una colectividad o una época” (https://dle.rae.es/ambiente). Ambos términos, ambiente o medio ambiente, suelen utilizarse indistintamente para referirse al mismo concepto. Se trata de una construcción idiomática originada por un error lingüístico que se remonta a 1972, en una Cumbre de Estocolmo auspiciada por las Naciones Unidas, traduciendo environment sin la coma para separar las palabras medio y ambiente. La forma correcta debió haber sido “environment: medio, ambiente”.

El término anglosajón environment deriva de la antigua palabra francesa environnement, un concepto que encierra la idea de “aquello que se encuentra alrededor”. Es un concepto equivalente al término medio (milieu en francés), que puede aplicarse tanto a escala local como global. Ejemplos de ello son la geosfera, la biósfera y la ecosfera (Bocco y Urquijo, 2013).

Lo anterior se relaciona a la idea de frontera como un fragmento del espacio absoluto, la cual describe una concepción de la frontera que va más allá de ser un simple límite divisorio. Se refiere a la frontera como un espacio con características propias y dinámicas, distinto de los territorios que separa, en lugar de ser solo una línea divisoria. Este enfoque enfatiza la frontera como una zona con identidad propia, en contraste con la visión tradicional que la considera como un límite estático. El medio está lejos de ser una continuidad sin interrupciones: está atravesado por infinidad de factores y componentes que contribuyen a su singularidad y que configuran fronteras de algún modo.

Este capítulo se divide en cuatro secciones. En la primera se aborda el concepto de medio en el discurso geográfico de la escuela francesa ligado a las ideas de medio físico-natural-geográfico para ser capitalizado en los estudios de ordenamiento territorial y en la geografía física moderna. La segunda sección hace una leve distinción entre medio físico y geosistemas para irrumpir con la idea de espacio absoluto contenedor de objetos. En este sentido, en la tercera sección se presentan a las islas Martín García, de jurisdicción argentina, mientras que la cuarta remite a Timoteo Domínguez, territorio uruguayo. Se trata de un bloque geomorfológicamente heterogéneo ubicado en el estuario del Río de la Plata, sobre el cual se definió la única frontera terrestre sobre un medio dinámico entre los dos países, que comparten la administración de esta lámina de agua.

Medio natural, físico y geográfico

A partir de los años 1970, en los estudios geográficos se comenzó a introducir el concepto de medio equivalente a la noción de ambiente. Esta posición científica impulsó a diferentes especialistas a precisar el sentido geográfico del término medio ambiente, cuyo antecedente es la obra de Pierre George (1909-2006), titulada El medio ambiente. Allí, el autor desarrolla una reflexión sobre las relaciones entre naturaleza y sociedad. Asimismo, evoca la defensa del medio ambiente humano y su dominio espacial, subrayando las interrelaciones que unen a las sociedades y el medio en que ellas se sitúan (Galochet, 2009).

Desde el punto de vista de los estudios ambientales, el medio físico es equivalente al medio natural, que hace de soporte y condiciona el desarrollo de los diferentes ciclos geológicos, químicos y biológicos. En este marco, se considera al ambiente como un sistema integrado, no sólo dominado por la hidrósfera, la atmósfera y la tierra sólida o geosfera. También, se puede incluir a la biósfera, que constituye la totalidad de vida vegetal y animal en interacción con los tres reinos físicos (Tarbuck et al., 2013).

Para Corominas (1996), el medio físico es un elemento básico a considerar dentro de la ordenación territorial, no sólo por constituir el marco donde ésta se plantea, sino también para conseguir una mejor eficacia en su gestión. Lo considera como elemento limitante, dado que el relieve, la capacidad constructiva de los terrenos y los riesgos naturales constriñen a menudo el diseño del territorio. Sobre esta idea coinciden los estudios sobre impacto ambiental:

El objeto del estudio del medio físico es el conocimiento y valoración de los efectos que en el medio producirán determinados planes, programas o proyectos de manera que puedan tomarse las medidas oportunas, en su caso, para disminuir o evitar los efectos negativos (Alonso et al., 2014).

Desde la perspectiva de la ecogeografía, el medio natural es resultado de una dialéctica donde entran en juego un amplio conjunto de factores. Allí, la acción humana adquiere un papel importante. En esta misma línea, Tricart y Kilian (1982) asumen que el medio natural debe ser considerado como un sistema determinado por dinámicas pasadas y actuales para responder, desde un enfoque integrado, a las necesidades del ordenamiento ecológico y de la conservación. Conciben al medio natural como subsistema del sistema solar, caracterizado por flujos de energía y de materia interrelacionados entre sí.

Por su parte, Carmona (2014) afirma que la perspectiva ecogeográfica es una orientación metodológica que dialoga desde la caracterización ecodinámica de las condiciones actuales de las geoformas, hacia la comprensión de los procesos, progresivos y acumulativos que les dan contenido en la escala del tiempo geológico. En este sentido, esta corriente plantea que el medio natural ocupa unas interfacies en el globo terrestre, tierras y aguas, y la atmósfera, la cual constituye una relación de interacciones ecodinámicas. Estas interfacies constituyen el medio ambiente definido por la geografía francesa que desarrolla varios conceptos que integran estas relaciones naturaleza-sociedad (Galochet, 2009).

La aproximación sistémica desarrollada en geografía permitió salir de un análisis compartimentado que presentaba una serie de datos de naturaleza distinta (físicos, sociales, urbanos, etc.) sin poder conectarlos entre sí. A partir de los años 1980, diferentes especialistas de la geografía física replantean sus investigaciones contemplando las relaciones entre naturaleza y sociedad.

En el marco de la geografía física moderna, existen cuatro aproximaciones posibles a los medios naturales (Pech y Regnauld, 1997):

  • Son los soportes de las sociedades y de las actividades humanas.
  • Constituyen el marco o el ambiente donde las sociedades humanas se instalan.
  • Componen los recursos de las economías y de las sociedades humanas.
  • Se distribuyen de manera desigual en la superficie del planeta.

Este enfoque se aplica a todas las escalas y para todos los objetos geográficos. En este sentido, se pueden tomar en cuenta los medios naturales de una manera global, considerando los diferentes componentes en tres escalas:

  • Global. Esta escala abarca la tierra como totalidad.
  • Regional. Supone identificar ámbitos de cierto grado de homogeneidad en cuanto a sus características naturales.
  • Local. Unidad comprendida entre unos kilómetros y unos centenares de kilómetros cuadrados, también denominada geosistema.

En el marco de la preocupación por la propagación desigual de los sistemas tecnológicos sobre el medio actual (entendido como medio técnico-científico-informacional), Santos (2000) afirma que no existe el dualismo entre el medio técnico y el medio geográfico o natural, sino que debe ser considerado como un espacio mixto, híbrido, compuesto de formas-contenido. Esta idea se impone a una visión estática del fenómeno geográfico porque “el contenido técnico del espacio es, en sí mismo, necesariamente un contenido en tiempo –el tiempo de las cosas– sobre el cual vienen a actuar otras manifestaciones del tiempo” (Santos, 2000).

Fronteras, geosistemas y paisaje

Según Pech y Regnauld (1997), los medios naturales son condicionantes geopolíticos y geoeconómicos. Son objetos imaginados por las sociedades, son sistemas críticos autoorganizados, llamados geosistemas, que están constituidos por un sistema espacial complejo modelado por las actividades humanas, que hace interactuar numerosos elementos (atmosféricos, litosféricos, hidrosféricos y biosféricos). Estos elementos no constituyen una colección de fenómenos naturales distribuidos al azar. Son una respuesta local a procesos donde los mismos elementos en interacción corresponden a una lógica global. La conceptualización de la naturaleza por medio del geosistema supone integrar en él la organización espacial en su dimensión sistémica y multidisciplinaria fundada en las interrelaciones que ligan la sociedad y el medio físico.

El concepto geosistema, aunque de origen naturalista, fue adaptado por Bertrand en Francia a finales de los años 1960, ligado al análisis del espacio geográfico para estudiar el grado de antropización del medio y como producto social. Esta conceptualización sistémica propone dar cuenta de la complejidad del ambiente, y permite estudiar el conjunto de efectos de acción y retroacción del complejo territorial natural. A partir de la introducción del concepto de geosistema es posible abordar toda la complejidad del paisaje y reconsiderar sobre nuevas bases teóricas y metodológicas las relaciones entre la sociedad y el medio. En este sentido se incorporó la noción de paisaje integrado. Influido por la teoría de los sistemas, supone al paisaje como un sistema conformado a partir de un complejo mecanismo de interrelaciones de diversos componentes:

el paisaje es, en una cierta porción de espacio, el resultado de una combinación dinámica, por tanto, inestable, de elementos físicos, biológicos y antrópicos que, actuando dialécticamente unos sobre otros, hacen del paisaje un conjunto único e indisociable en perpetua evolución (Bertrand, 1968).

Esta idea abona los aportes vertidos posteriormente por otros exponentes que aplican teorías estructuralistas. En esta línea se pueden mencionar las contribuciones realizadas en las obras sobre ordenamiento territorial de Tricart y Kilian (1982) y de Gómez Orea (1993 y 2003).

En este sentido, la evolución conceptual de esta acepción se relaciona con la redefinición del concepto de frontera natural asociada a los accidentes geográficos, considerados como límites inherentes a las geoformas de los territorios. Concebir al medio como un espacio estático implica ignorar la interacción constante entre elementos naturales y sociales, así como la capacidad de cambio y transformación del espacio a lo largo del tiempo.

El caso de las islas Martín García (República Argentina) y Timoteo Domínguez (República Oriental del Uruguay) en el estuario del Río de la Plata, unidas por procesos naturales, es un ejemplo claro de cómo la dinámica fluvial puede alterar los límites internacionales establecidos sobre un medio concebido, inicialmente, como estático. Este dinamismo natural, ocurrido a mediados del siglo XX, generó la necesidad de establecer una nueva frontera terrestre entre ambos países, la única de este tipo entre Argentina y Uruguay.

Isla Martín García

En 1516 fue descubierta una isla, en el Río de la Plata, por Juan Díaz de Solís a nombre de la Corona de España. Fue nombrada Martín García, y se debe al despensero de una de las embarcaciones que allí arribaron. Por su valor estratégico fue objeto de disputa entre los colonizadores portugueses y españoles.

Hacia 1680, en manos de los portugueses, fue considerada por la Corte de Lisboa como un apéndice de la ciudad de Colonia del Sacramento, a la cual proveyó de madera, trigo, carbón, carne y cuero hasta que, en 1762, los españoles la recuperaron definitivamente. A mediados del siglo XVIII, durante la época colonial, el virrey Don Pedro de Ceballos lo convirtió en un fuerte militar, dejando como vestigios, baterías, polvorines y una casa de bombas. Sus canteras estuvieron activas durante fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, proveyendo de material para el adoquinado de las calles de la ciudad de Buenos Aires (Devoto, 1974).

También, la isla contaba con un lazareto, el cual funcionó por 40 años promovido por el presidente argentino Domingo F. Sarmiento (1868-1874). Fue utilizado en epidemias como el cólera y la fiebre amarilla, en 1871. Asimismo, hubo un presidio de uso militar que quedó a cargo de la Marina hasta 1957, y que hospedó a tres ex presidentes argentinos tras haber sido destituidos por golpes militares: Hipólito Yrigoyen en 1930, Juan Domingo Perón en 1945 y Arturo Frondizi en 1962 (Mirabelli y Boragno, 2010). Todo esto permite reconocer la importancia estratégica que tuvo esta isla para la República Argentina.

A partir de 1985 la isla Martín García integra el territorio de la provincia de Buenos Aires, como parte del municipio de La Plata. Se localiza al sur de la desembocadura del río Uruguay, en la región superior del Río de la Plata, a unos 46 km en línea recta de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a 33 km del puerto argentino de Tigre, a 86 km del centro de La Plata y a 4 km de la costa de la República Oriental del Uruguay (Figura 1).

Figura 1. Ubicación geográfica de la isla Martín García

Fuente: Elaborado por Lucioni (2025) en base a cartografía del Instituto Geográfico Nacional (2025).

Geomorfológicamente, se lo denomina como Complejo Martín García (Dalla Salda, 1981). Es una pequeña astilla del macizo de Brasilia, un remanente de rocas ígneas y metamórficas del basamento cristalino precámbrico, recubierto por depósitos pleistocénicos y holocénicos. El complejo se incluyó, por edad y evolución geológica, en el Cratón del Río de la Plata (Dalla Salda, 1999).

El complejo Martín García tiene una forma elíptica, alargada en sentido norte-sur, que cubre una superficie aproximada de 168 hectáreas, con una cota máxima de 25 metros sobre el nivel medio del mar hacia su centro. Gracias a las características del basamento y la altura de la meseta, Martín García es la porción más alta de las islas del contexto regional del estuario del Río de la Plata (Benítez, 2022). Está delimitada hacia el noroeste por el islote Hércules y al norte por la isla Timoteo Domínguez, siendo el sector de mayor acrecencia sedimentaria. Está circundada, al este, por el Canal del Infierno, al sudoeste, por el Canal Buenos Aires con sus costas bañadas principalmente por las aguas del río Uruguay y, al norte, por el Canal del Este (Figura 2).

Figura 2. H-118-Cuarterón Martín García del Servicio de Hidrografía Naval (2020).

Fuente: Servicio de Hidrografía Naval (2020).

En la década de 1960 comenzó la disputa entre las Repúblicas de Argentina y Oriental del Uruguay para determinar el trazado de una línea limítrofe. Argentina sostenía que la divisoria jurisdiccional en el Río de la Plata debía ser, al menos en el Plata Superior, la línea media del canal principal de navegación (técnicamente denominada thalweg). En cambio, la posición uruguaya estaba por la división considerando la línea media del río, prescindiendo de la línea del thalweg.

A lo anterior se sumó la disputa por la isla Martín García, debido a su posición estratégica como punto dominante de la navegación hacia y desde los ríos Paraná y Uruguay y los puertos de la Cuenca del Plata (Mirabelli y Boragno, 2010). Específicamente, comenzó a ser más visible el proceso de depositación de sedimentos o embancamiento vertical acompañado por la componente acrecional en el plano horizontal localizado en el sector noroeste de la isla Martín García. Ese lugar era considerado, por entonces, como parte del territorio argentino (Codignotto, 1990).

Finalmente, las negociaciones entre ambos países finalizaron en 1974 con la firma del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, dando por cerrada una disputa limítrofe de un siglo entre ambos países. El Tratado no instauró límites, sólo estableció la traza de la línea divisoria del lecho y subsuelo del río: confirma como límite inferior la línea del paralelo de Punta Gorda que separa el río Uruguay del Río de la Plata y el límite exterior adyacente al frente marítimo que separa el territorio fluvial del océano Atlántico. También se establecieron las franjas de jurisdicción exclusiva y una zona común en el estuario.

Los tres artículos del Tratado dedicados a las islas del Río de la Plata dispusieron la soberanía uruguaya sobre la nueva isla Timoteo Domínguez, antes denominada isla Bauzá por Argentina en 1967 y publicada en la primera edición de la cartografía argentina del Servicio de Hidrografía Naval H-118 (Figura 2). El artículo 46° del tratado establece que si la isla Martín García se uniera en el futuro a otra, el límite internacional se establecerá siguiendo su actual perfil. Sin embargo, deja establecido que los aluviones que se depositen en los frentes de la isla Martín García que miran al canal Martín García (o Buenos Aires) y al canal del Infierno, pertenecerán a la Argentina. Con esto, la isla Martín García, ubicada en aguas uruguayas, se convirtió en un enclave argentino en territorio de ese país.

En la década de 1980, el arrastre aluvional de sedimentos, que son volcados por el río Paraná sobre el estuario del Río de la Plata, terminó por unir las islas Martín García y Timoteo Domínguez. La Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP), organismo internacional de carácter binacional que brinda el marco jurídico y mediador entre Argentina y Uruguay, fue la encargada de resolver la demarcación para la gestión compartida del Río de la Plata. El 18 de junio de 1988 en la cancillería argentina se firmaron las notas reversales del protocolo, una forma de acuerdo internacional simplificado, que establece los términos del acuerdo del único límite terrestre entre ambos países.

En síntesis, el Tratado adopta una norma general para las islas y una norma específica para la situación preexistente de la isla Martín García. Cabe aclarar que, a pesar de que la isla es parte originariamente del territorio argentino, el Tratado, al adoptar como divisoria de los territorios insulares en el Río de la Plata la divisoria de los recursos del lecho y subsuelo, no hubiese pertenecido a la Argentina si no se hubiera hecho la excepción expresa en su artículo 44 (Mirabelli y Boragno, 2010).

Actualmente, la isla Martín García es administrada por la provincia de Buenos Aires, específicamente por la Dirección Provincial de Islas del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) y el Ministerio de Asuntos Agrarios, quienes se encargan de la protección y conservación de su patrimonio natural. Desde 1998, es una Reserva Provincial Natural de Uso Múltiple. El puerto de la isla está habilitado como paso fronterizo internacional entre Argentina y Uruguay, permitiendo el acceso desde Tigre (provincia de Buenos Aires) y Carmelo (Uruguay). La Prefectura Naval Argentina (PNA) controla los pasos migratorios y aduaneros.

Isla Timoteo Domínguez

Relevamientos realizados en 1987 en la zona septentrional de la isla Martín García registraron un aporte sedimentario que evidenció un proceso de colmatación de los complejos isleños Timoteo Domínguez y Martín García. Este proceso estuvo representado por una secuencia de capas de arena fina intercaladas con limo arenoso-arcilloso. La colonización biológica contribuyó a que la isla Timoteo Domínguez incrementara su tamaño nueve veces entre 1969 y 1984 (Figura 3).

Figura 3. Evolución geomorfológica del complejo insular Martín García – Timoteo Domínguez

Fuente: Elaborado por Nora Lucioni (2025) a partir de Codignotto y Medina (2011).

El frente del delta avanza por la depositación de sedimentos aportados por el Paraná Guazú. El flujo del río Uruguay moviliza esos sedimentos y los deposita en el frente deltaico. Un ejemplo de este proceso es la conformación del “delta uruguayo” tras la conformación del islote El Matón y la isla Juncal al norte de la isla Martín García, cercanas a la costa uruguaya en la ciudad de Carmelo. Posteriormente, entre el este de la isla Timoteo Domínguez y el límite con el canal El Infierno emergió el islote Agustín Quirós (Figura 1). En suma, todas estas islas de jurisdicción uruguaya evidencian que el delta del Paraná dejó de ser exclusivamente argentino (Codignotto, 1990; Codignotto y Medina, 2011).

El complejo Martín García-Timoteo Domínguez presentó un incremento en su superficie en el período 1956-2000 (Figura 3). El avance acrecional en ambos sentidos (casi opuestos) permite inferir la colmatación primero y desaparición después del sector noroeste del canal Buenos Aires, con la consecuente incorporación de Martín García al delta del Paraná (Codignotto, 1996; Codignotto y Medina, 2011).

Por otro lado, se viene registrando una constante somerización de sedimentos al oeste de la isla Martín García, que ha producido la evolución del islote Hércules hasta alcanzar el muelle de Martín García. Este hecho constituye un riesgo para la navegación. En otras palabras, no obedece a una mayor carga sedimentaria aportada por el río en este sector, sino a un fenómeno de entrampamiento de sedimentos de granulometría fina, que sin la presencia del muelle habrían pasado a formar parte del sector de prodelta (Codignotto y Medina, 2013; Barrientos, 2023).

Hasta el presente, ambos países continúan trabajando en la gestión compartida del Río de la Plata gracias al espíritu de cooperación diplomática. Esto quedó plasmado en el escrito del Tratado firmado en la ciudad de Montevideo el 19 de noviembre de 1973 con la presencia de ambos Presidentes, Juan Domingo Perón por la Argentina y Juan María Bordaberry por Uruguay. En ese marco, el Presidente uruguayo señaló:

(…) este Tratado, más que una solución a un viejo problema, como un paso adelante hacia el desarrollo de nuestros dos países, como una apertura a la región entera, como la definición de un área de cooperación en la cuenca del Plata. Frente al viejo concepto ya perimido y superado de frontera que separa, se ha optado por el concepto de frontera como campo de recíproca colaboración (…). Por ello, el Tratado no se limita a señalar un criterio para las fronteras o tender una línea, sino que, además, configura un estatuto para el Río y para el frente Marítimo. (…) Un mero criterio de delimitación habría mutilado la realidad geográfica, habría escindido lo que por naturaleza no es separable, habría desarticulado la vida de los pueblos platenses en torno a estas vías acuáticas… (como se citó en Mirabelli y Boragno, 2010).

Sin la existencia del Tratado, la acumulación continua de sedimentos alrededor de la isla Martín García complicaría la definición del límite fronterizo natural basado en el río, ya que este elemento geográfico cambia constantemente.

Bibliografía

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