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Ciencia para la resolución de problemas sociales: recuperando el aporte de Amílcar Herrera

Thaís Araújo Soares[1]

Palabras clave: tecnología social, ciencia y tecnología, América Latina

 

Amílcar Herrera, respetado geólogo argentino, estudió Geología en Estados Unidos y Argentina. Es considerado uno de los más consagrados estudiosos en ciencia, tecnología y sociedad. Por causa de la dictadura militar fue obligado a seguir trabajando y estudiando en otros países, como Chile e Inglaterra.

En Inglaterra se dedicó a reflexionar acerca de la ciencia y la tecnología, y a estudiar el atraso científico y tecnológico de los países subdesarrollados buscando soluciones para los problemas de investigación en Latinoamérica.

En 1977 fue invitado a participar de una conferencia en UNICAMP, Brasil, sobre Ciencia, Tecnología y Estrategias para la Independencia, y allá permaneció para crear el Instituto de Geociencia, en el cual fue profesor por muchos años.

Con la ayuda de otros profesores, Herrera construyó en UNICAMP un instituto distinto a los que había hasta ese momento en América Latina. Tenía la idea de un instituto multidisciplinar que tratara asuntos y problemas específicos de la región y que pudiera resolverlos utilizando la ciencia y la tecnología en favor del progreso.

Hasta fines de la década de 1960 eran conocidos dos argumentos que explicaban el retraso de la ciencia y tecnología en los países latinoamericanos:

  1. Que los ciudadanos de estos países no tenían predisposición a la investigación
  2. Se culpaba al gobierno por la falta de incentivo, fondos y trabas burocráticas a la investigación científica

Sin embargo, Amílcar no creía totalmente en ninguna de las dos hipótesis. Para él la primera explicación no tenía sentido ya que muchas razas y culturas que antes eran consideradas inferiores mostraron grandes avances. Y la segunda, aunque parcialmente verdadera, no era suficiente para explicar el atraso científico porque no demostraba bien la relación de este con los factores que generaban el subdesarrollo.

Para este geólogo las dos principales causas del atraso y subdesarrollo de los países de América Latina son los empresarios y el Estado. Los países subdesarrollados importan tecnología de los países desarrollados sin realizar mucha investigación técnica. O sea, la adquieren pero no hacen las investigaciones científicas necesarias, eso explica por qué esa tecnología muchas veces no tiene conexión con los problemas regionales.

Amílcar sostenía que el desarrollo de un país está directamente relacionado con la investigación científica y tecnológica (CyT), con la infraestructura y con la constante producción de las industrias. Creía que la diferencia entre los países desarrollados y subdesarrollados es que los primeros tienen investigación CyT, apoyo del Estado y de las empresas hacia la resolución de los problemas de su país; y los segundos solo exportan tecnología de los países desarrollados sin que ella tenga necesariamente alguna vinculación con los problemas locales. O sea, los países latinoamericanos proporcionan materias primas y compran tecnologías que generalmente no son apropiadas para la región y tampoco ofrecen soluciones para los problemas vigentes.

… la investigación científica y tecnológica se realiza en relación con temas que directa o indirectamente están conectados con sus problemas del desarrollo. El progreso se refleja en forma inmediata y espontánea en el funcionamiento de sus fábricas, en su tecnología agrícola, en su infraestructura y, en general, en el constante incremento de la producción (Herrera, 1969, p. 704).

Pero eso no sucede en América Latina. Según Herrera, para que podamos utilizar la tecnología como herramienta para la construcción de una sociedad desarrollada, igualitaria, hacia el progreso, es necesario entender que solo la transferencia de tecnología desde los países extranjeros no cambia la situación. “… existen campos fundamentales de la tecnología en los cuales la investigación que se realiza en los países industrializados no solamente no es útil a los países subdesarrollados, sino que incluso resulta perjudicial para sus intereses económicos…” (Herrera, 1969, p. 708).

Además de la transferencia y compra de tecnologías a los países desarrollados y la creencia de las comunidades internacionales de que los latinoamericanos no tienen predisposición para la tecnología ni espíritu empresarial como ellos, Herrera creía que uno de los problemas fundamentales era que en América Latina no se invertía mucho en investigaciones tecnológicas, principalmente en la esfera privada, y las que se realizaban eran académicas o no tenían relación con la solución de problemas y las prioridades del país.

… la elección de procesos de producción más adecuados a las condiciones particulares de cada país solo puede hacerse sobre la base no solo de un conocimiento exhaustivo de las condiciones locales, sino también y fundamentalmente de una comprensión clara de los resultados y las tendencias y los probables desarrollos futuros de la investigación científica y tecnológica (Herrera, 1971, p. 75).

Para Herrera es necesario hacer una planificación económica y social, determinar las prioridades y fijar objetivos concretos de investigación para lograr crear una tecnología que tenga conexión con los problemas de la región y pueda solucionarlos de forma eficiente sin necesariamente importar las tecnologías que solo responden a fines de los países desarrollados. Además del rol fundamental de la CyT, Amílcar afirmaba la importancia de la política en la solución de los problemas sociales.

Según él, es una obviedad que la ciencia es la condición para superar el subdesarrollo de América Latina. Pero ella sola no es capaz de hacer todo el trabajo. La ciencia “requiere condiciones económicas, políticas y sociales que ella misma no puede crear y que solo pueden darse mediante una profunda transformación de las estructuras socioeconómicas que están en la base misma del subdesarrollo” (Herrera, 1971, p. 17).

No hace falta que los países de América Latina inventen una tecnología, dice Herrera, pero sí que encaminen los estudios y las investigaciones tecnológicas hacia los problemas de su territorio y comunidad. Por ese motivo la tecnología no debe ser solamente comprada o transferida a dichos países, es necesaria una planificación que apunte a una reestructuración económica y social, establecer el orden de prioridades de los problemas a resolver y transformar estos últimos en objetivos de investigación científica y ponerlos en práctica.

Él tenía plena convicción en que si los países de América Latina importaban tecnología, estaban también importando cultura, hábitos y todo lo relacionado a los valores implícitos porque esas tecnologías “responden a los fines, necesidades y aspiraciones de los países desarrollados” (Herrera, 1973b, p. 993). Entonces, la solución sería recuperar “la capacidad de decisión social del uso y fines de la tecnología” (Herrera, 1973b, p. 993).

La ciencia y tecnología son necesarias para superar la desigualdad y lograr mejores condiciones de vida para todos. Pero para eso es necesaria una transformación de orden social y económica desde su base que cambie las estructuras trabajando en proyectos nacionales que

introducen profundas modificaciones en la estructura social, económica y política de esos países; se supone como mínimo: la radical redistribución de los ingresos a favor de las clases populares para crear un verdadero mercado de masas; el cambio de la agricultura, con la destrucción del latifundio y la introducción de métodos modernos para producir; la ruptura de la dependencia externa, con el consiguiente abandono del papel de materias primas o de bienes manufacturados que a los países desarrollados no les interesa o conviene producir; y la completa reestructuración del Estado, para dotarlo de la fuerza y de la autoridad que debe tener en el proceso que requiere la nacionalización y el control de los elementos estratégicos del desarrollo (Herrera, 1973b, p. 130).

Sin embargo, esas transformaciones todavía están lejos de ser alcanzadas en los países latinoamericanos. En 1971 Herrera publicó su libro Ciencia y política en América Latina, en el que profundiza sobre los problemas en la región. Hoy se percibe aún la falta de solución a la mayoría de los problemas expuestos. O sea, algunos temas planteados por él siguen teniendo espacio en la actualidad, lo que muestra por qué estudiar a Amílcar Herrera, cuando se estudian políticas científico tecnológicas pensadas desde y para la región, es tan útil y enriquecedor.

Bibliografía

Dagnino, R. (1995). “Herrera: un intelectual latinoamericano”. Redes, 2(5), diciembre, pp. 141-146.

Herrera, A. (1969). “La ciencia en el desarrollo de América Latina”. Comercio Exterior. México, pp. 704-712.

Herrera, A. (1971). Ciencia y política en América Latina. México: Siglo XXI.

Herrera, A. (1973). “La creación de tecnología como expresión cultural”. Comercio Exterior. México.

Núñez, I. y Herrera, A. (2010). “La ciencia y la tecnología como condición para el desarrollo de América Latina”. En Del Valle Riviera, M. C. (coord.). El pensamiento latinoamericano sobre el cambio tecnológico para el desarrollo. México: IIEc-UNAM.


  1. Maestranda en Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Contacto: araujosoaresthais@yahoo.com.ar.


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