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Relación entre la ciencia y la política

La fuga de cerebros, entre el exilio y la repatriación

Sandra Sauro[1]

Palabras clave: ciencia, política, fuga de cerebros, exilio, repatriación

Introducción

La fuga de cerebros ocupa en el imaginario colectivo un lugar especial, casi mítico, que obliga a preguntarse respecto de su especificidad real e histórica. En las décadas de 1960 y 1970, el “brain drain” apareció vinculado con las condiciones de posibilidad del desarrollo económico en las agendas de las políticas públicas en América Latina.

Este trabajo intenta reflexionar acerca del exilio, la fuga de cerebros y la repatriación en el período comprendido entre los años 1960 y el presente, o entre la denominada “Noche de los Bastones Largos” y la creación del Programa Raíces del Mincyt. Se aspira a revisar modelos de ciencia y modelos de país que tuvieron lugar entre 1960 y el presente: un modelo de ciencia para el desarrollo en un país dependiente de otro modelo de ciencia para la innovación en un mundo globalizado, “políticas de expulsión” frente a “políticas de repatriación”.

Considerando la relación entre exilio y ciencia como una relación fundamentalmente política, se presupone que: 1) la gestión del Estado en las políticas científicas y tecnológicas, por acción o por omisión, resultó un factor importante en el exilio y repatriación de los científicos, técnicos y profesionales; 2) al derrotero político-institucional y económico-social de la historia argentina, marcado especialmente por la alternancia entre dictaduras y democracia, se agrega el propio derrotero de la ciencia, cuyo debate se dirime entre el modelo universalista y antiuniversalistas, entre el cientificismo y el anticientificismo, entre ciencia básica y ciencia aplicada; 3) la producción y aplicación de conocimientos ha cambiado históricamente por razones científicas y extracientíficas.

A modo breve de estado de la cuestión

Horowitz (1962) pone en duda la cifra de cinco mil ingenieros migrados según estimaciones que no parecían justificadas, ya que no indicaban la fuente de información ni el período considerado.

Enrique Oteiza (1962 y 1971) estudió la migración bruta de profesionales y técnicos, en particular ingenieros, de Argentina a Estados Unidos, entre 1950 y 1970. Tomó la inestabilidad institucional y política de la Argentina entre la Revolución Libertadora y la Revolución Argentina y confrontó los datos emigratorios con la evolución del Producto Bruto Interno (PBI). Las conclusiones del trabajo corroboraron un fuerte impulso migratorio durante la Revolución Libertadora y durante el gobierno de Ilia (1964). El gobierno de Frondizi y la segunda mitad del gobierno de Ilia hasta la Revolución Argentina (incluyendo la Noche de los Bastones Largos), por el contrario, mostraron un descenso en el flujo migratorio. Además, el trabajo muestra que las emigraciones aumentan cuando baja el PBI.

Bernardo Houssay (1966) dicta una conferencia en Río de Janeiro y señala:

El problema de la emigración de científicos, profesionales y técnicos es una de las preocupaciones más serias del mayor número de las naciones modernas (…) Este fenómeno lo sufren países subdesarrollados, otros en desarrollo, pero también muchas de las naciones más adelantadas del mundo actual, e incluso, quizás, aun con mayor intensidad. Sin embargo, el problema resulta particularmente grave para las naciones que se hallan en proceso de desarrollo, pues las priva de elementos que deberían actuar, en el propio medio, como factores decisivos de la evolución que debe conducirlas a más altos niveles de progreso económico y de organización social.

Entre las causas de la emigración, Houssay señalaba que los emigrados buscaban mayor prestigio y mejores condiciones de trabajo, desarrollar conocimientos, capacidades y un futuro mejor como científicos, por lo que se atrevía a afirmar que la emigración descendería cuando las condiciones locales resultaran más atractivas y ventajosas que las condiciones externas que los atraían a migrar. Cita los trabajos de Oteiza y Horowitz y toma las cifras de emigración por ellos elaboradas.

Tomando el eje de la institucionalización y profesionalización de nuevas disciplinas en los países periféricos, Suárez (1973) explica la fuga o drenaje de cerebros según las voluntades y elecciones individuales.

Investigaciones más recientes confirman la dificultad de alcanzar estadísticas y datos fehacientes con respecto a los migrados y retornados. Desde otros marcos teóricos y sobre otras vías de indagación persiguen otras razones explicativas de la fuga de cerebros.

Oteiza (1996) plantea que las migraciones selectivas son, por definición, de orden internacional. Propone una perspectiva desde el sistema mundial desigual, considerando que, en las condiciones actuales, tienden a profundizarse las desigualdades, incluyendo las que se refieren a las capacidades de científicos y tecnólogos. Los mecanismos que desencadenan la decisión de emigrar son múltiples y no se explican solo por causas económicas, sino que surgen de una proyección de vida del emigrante que percibe mejores condiciones laborales en otro destino. Por lo tanto, considera que el fuerte éxodo de investigadores argentinos se debió a la falta de una política estatal en el área de ciencia y de tecnología y a la ausencia de demanda de los sectores productivos de bienes y servicios.

Albornoz et al. (2002) subraya que “no se ha dado con una forma acertada de medición, incurriéndose en no pocas veces en deformaciones y exageraciones de las cifras y dificultando así, una adecuada percepción del tema”. Elaboran una nueva forma de medición sorteando dos dificultades: definir qué es un científico emigrado y ubicar las fuentes por la falta de registros. La cifra de 150.000 sugerida en los trabajos pioneros de Horowitz (1962) y Oteiza (1965 y 1971) resulta, según el criterio de Albornoz, muy exagerada. La falta de rigurosidad en el estudio de las cifras no hace sino mantener el tema de la fuga de cerebros en el orden ideológico y mítico (o caricaturesco, para utilizar la expresión de Albornoz et al.), lo cual impide una mejor evaluación y conocimiento del problema, así como la instrumentación de políticas públicas correctivas. Sostiene que debe abordarse el estudio del tema desde varias perspectivas: los procesos migratorios en general; el comportamiento de la comunidad científica y profesional en particular; las políticas públicas y la activa intervención gubernamental para poner en práctica medidas que permitan la reinserción de científicos en el ámbito local a través de las políticas de retorno o de las políticas de redes.

En el año 2001 la Revista Internacional de Ciencias Sociales aborda como tema central en su número 168, la ciencia y sus culturas. El consejero editorial de la revista, Ronald Watts, comenta:

Después de 30 años, la RICS vuelve a visitar el tema de las dimensiones sociales de la ciencia. En su número de 1970 dedicado a la “Sociología de la Ciencia”, puso el acento en las condiciones sociales de la actividad científica en la perspectiva de una transición global de las sociedades tradicionales a las modernas. Era una época en que la ciencia y los científicos tenían prestigio. Hoy, en un mundo marcado por la globalización, la privatización y una pérdida de fe en las viejas ideologías, hay una necesidad de repensar las visiones tradicionales de la ciencia. (…) De igual modo lo han hecho las condiciones de la movilidad científica, la comunicación, la cooperación entre centros de investigación en distintos países y el financiamiento de la ciencia.

En la misma revista, Hebe Vessuri contrapone las condiciones sociales de la ciencia en los años 1970 y en los comienzos del siglo XXI. La ciencia y la técnica actual, señala, afrontarán nuevos retos pero de carácter mundial, relacionados con el progreso de la ciencia en la sociedad global y los límites y controles que las sociedades se autoimpongan.

En la misma publicación de 2001, Meyer, Kaplan y Charum sostienen que

… en los decenios de 1960 y 1970, se producía en el mundo poscolonial la fuga de cerebros con desarrollo rápido pero desigual. A finales del decenio de 1980 y principios del de 1990, el interés se desplazó hacia el éxodo de investigadores Este-Oeste al final de la Guerra Fría y el desmoronamiento del aparato científico, tecnológico e industrial en los Estados del Este. Actualmente, la movilidad se ha convertido en un fenómeno normal. Propone utilizar el concepto de nomadismo para expresar la movilidad espacial, social e intelectual. En general, se admite que esta circulación internacional de personas y competencias tiene efectos positivos pues se interpreta como una especie de fertilización que finalmente da lugar a una optimización cognitiva mundial. Este era el argumento de los “internacionalistas” en el debate teórico sobre la fuga de cerebros en los decenios de 1960 y 1970, que afirmaban que el mercado internacional de trabajo asignaba recursos humanos adonde fueran más útiles y mejor remunerados. A esto se oponían los argumentos de que había muchos otros factores que desviaban la orientación de esta circulación, dando lugar así a atracciones desleales por parte del Norte. Pero nunca se han puesto en cuestión las ventajas de una circulación internacional y en general se admite que el nomadismo de los científicos redunda en beneficio de la ciencia.

El enfoque de la fuga de cerebros se aplicó a los flujos masivos de personas capacitadas desde los países en desarrollo hacia los países industrializados. Este enfoque se correspondía claramente con los esquemas bipolares del mundo en aquel momento, durante la Guerra Fría y con la dialéctica Norte-Sur de desarrollo/subdesarrollo. Las consideraciones más bien simplistas y mecanicistas de este enfoque han sido muy criticadas.

Mockus y Sivickas (2000) utilizaron la expresión amphibio culturalis para significar la situación vital de dualidad de científicos e ingenieros, altamente calificados y expatriados que desarrollan una doble fidelidad e identificación, con su país natal y con su país huésped.

Las nuevas formas de analizar las migraciones se dividen en dos grupos: la “opción diáspora” o la “opción retorno”. La primera busca conectarlos con su país de origen, la segunda busca repatriarlos físicamente. La opción retorno se asocia al objetivo de recuperar el conocimiento asimilado por un individuo. La opción diáspora se vincula con las nociones de redes socio-profesionales y los recursos humanos, materiales y cognitivos asociados con ellos.

Pellegrino (2003) sostiene un crecimiento de la emigración calificada de profesionales y de personas con un nivel educativo alto desde 1960 en Argentina. Entre 1966 y 1983 se vivió un clima de inestabilidad política y represión ejercida por sucesivos gobiernos militares contra los profesores universitarios y los miembros de la comunidad académica. En la década de 1970, como consecuencia de la represión política y de la crisis económica, la emigración de argentinos se masificó en volumen y ocupaciones, aunque continúa caracterizándose por un nivel educativo elevado y por miembros de las comunidades científica, artística y literaria. Desde la vuelta a la democracia en 1983 se implementaron varios programas con el objetivo de promover el retorno de los exiliados, al mismo tiempo que se promovía la inversión en investigación científica y en educación superior. A pesar de las crisis económicas, del repliegue industrial y de las insuficientes inversiones en educación e investigación, Argentina siguió produciendo profesionales y técnicos de calidad con posibilidades de inserción en los mercados laborales de los países desarrollados. De hecho, la emigración calificada se ha convertido en una tendencia estructural en Argentina desde 1990, condición que junto con las políticas de inmigración selectiva de los países centrales, caracteriza los movimientos migratorios del período contemporáneo. Los puntos de destinos elegidos se orientan hacia Estados Unidos fundamentalmente, pero también hacia Europa (especialmente Francia y España) y en menor medida hacia México, Venezuela, Israel, Australia y Canadá.

El desarrollo de la investigación científica y tecnológica, desde el punto de vista de la institucionalización, arrancó en las últimas décadas del siglo XIX, en las universidades públicas y luego en observatorios y museos financiados por el Estado. La mayor acumulación de conocimiento tuvo lugar inicialmente en la física y en la biología. En la segunda mitad del siglo XX se crearon una serie de instituciones destinadas a promover el desarrollo científico y tecnológico en diferentes áreas: se refundó la Comisión de Energía Atómica (1956), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) (1956), se creó el Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA), y en 1958 el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), este último fuertemente inspirado en su organización en el CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique) de Francia.

El desarrollo de la investigación científica alcanza un auge particular hacia la década de 1960, situación que cambia drásticamente con la “noche de los Bastones Largos” en 1966. Esta ruptura implicó un éxodo importante de científicos, con lo cual se disgregaron grupos de investigación y se eliminaron espacios donde se había logrado acumulación de conocimiento y una tradición académica. De acuerdo con las investigaciones realizadas por Slemenson y colaboradores (1970), en esa trágica represión en la Universidad de Buenos Aires renunciaron a sus tareas científicas un total de 1378 personas, de las cuales trescientas una emigraron hacia otros países; del total de renunciantes el 71% pertenecían a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Durante los años 1970, y especialmente en 1976, que inaugura la peor dictadura de toda la historia argentina, se ngenera nuevos exilios de científicos, intelectuales y militantes en general, motivados por la represión política y sindical.

En 1983, el retorno de la democracia permitió la reinserción de recursos calificados y un intento de estimular los proyectos de desarrollo científico y tecnológico. Sin embargo, los resultados han sido insuficientes por políticas de ajuste y de ausencia fuerte de políticas de Estado para el desarrollo científico y tecnológico.

La política de retorno y de redes ha ido desarrollándose en forma creciente. En 1984, el Estado argentino a través del CONICET subsidia a los científicos exiliados para su reinserción. En agosto de 1990, la Secretaria de Ciencia y Tecnología creó el Programa Nacional para la Vinculación con Científicos y Técnicos Argentinos en el Exterior (PROCITEXT). Desde la esfera privada, la Fundación Antorchas otorga subsidios de reinstalación y repatriación para científicos (Lértora, Mendoza, 1994).

Algunas ideas, a modo de conclusión o hipótesis

  1. Fuga de cerebros o migración calificada representan dos formas de expresar el mismo fenómeno pero con una fuerte y diferente carga semántica. “Fuga” significa huida, escapada, y en general está asociada con algún tipo de delito. Por lo tanto, con una situación sorpresiva, abortada, de apuro y de preservación, en tanto el que huye se escapa para salvarse. “Cerebro” se usa en sentido figurado para referirse a los talentosos, a los capacitados o especializados, genios, eminentes. “Migración” es traslado voluntario, cambio de lugar de residencia por decisión y elección. “Calificada” se relaciona con capacidad, competencia, eficiencia, aptitud, entendimiento, autoridad. Es decir, es el que puede tomar la decisión de trasladarse por mérito a sus capacidades y competencias.
  2. Derivado de 1), notamos que “fuga de cerebros” remite a una connotación más política, relacionada con la expulsión, con la renuncia, con la cesantía, con el exilio, mientras que “migración calificada” denota una significación más vinculada con la profesionalización e institucionalización de un campo de conocimiento.
  3. Derivado de 1) y 2), en la prensa, en el discurso político o por fuera de estudios especializados desde científicos sociales, “fuga de cerebros” se utilizó con mayor frecuencia en los períodos dictatoriales y “migración calificada” en los democráticos.
  4. La bibliografía especializada en migración calificada muestra diferencias respecto de qué se entiende y qué se incluye dentro de ella. Así, puede referirse solo a científicos e ingenieros, o abarcan a todos los profesionales y técnicos, e incluso, a los obreros calificados. La selección de alguna de estas definiciones depende obviamente de las perspectivas de marco teórico, ideologías políticas y concepciones de ciencia, así como de la disponibilidad y uso de las fuentes estadísticas. En relación con estas, son escasas y no permiten elaborar resultados confiables y justificables respecto de la migración ni de la dinámica de la movilidad.
  5. Las tipologías migratorias pueden clasificarse de la siguiente manera. Desde el punto de vista de las causas: a) forzadas, aquellas que se debieron a razones de persecución de tipo político, represión y persecución ideológica; b) voluntarias o debidas a motivos económicos o laborales. En América Latina, la violencia ha constituido una causa importante de migraciones y este tipo de movimientos ha incorporado particularmente a profesionales, académicos e intelectuales, que suelen formar parte de los elementos activos de oposición a la violencia política y militar. Desde el punto de vista de la duración fuera del país: a) definitivas, cuando suponen la adopción de un nuevo espacio de residencia con intenciones de radicarse en él de manera permanente o alternativamente; b) temporales, estacionales o movimientos pendulares de duraciones variables. Las migraciones de personas altamente calificadas suelen incluir una variedad de situaciones en cuanto a la duración de los movimientos, tanto en lo que serefiere a los científicos e intelectuales pertenecientes al medio académico, como a los profesionales cuyo trabajo se desempeña en el marco de compañías transnacionales u organismos internacionales. Las posibilidades de recuperación de “talentos” y las evaluaciones de los efectos de la emigración sobre los países de origen son muy diferentes según se trate de emigraciones definitivas o transitorias. En este último caso pueden mencionarse las actividades profesionales o de enseñanza que implican transferencia de conocimientos, docencia e investigación como profesionales visitantes. También el intercambio de estudiantes para la realización de estudios de posgrado puede derivar en emigración, aunque además, puede constituir un vínculo inicial que une espacios de investigación y desarrollo de universidades de países avanzados con los países de origen de los estudiantes, y también en este caso ayuda a la implementación de políticas apropiadas.
  6. En cuando a los integrantes del mundo académico, científico o artístico, la universalidad es una cualidad intrínseca a él. Aunque en este espacio la internacionalización del mundo no constituye una novedad, el desarrollo de los medios de comunicación ha potenciado los intercambios, la realización de proyectos internacionales y la configuración de redes entre individuos involucrados en este tipo de actividades. Nuestra opinión es que es justamente entre este tipo de migrantes que se pueden lograr, mediante políticas apropiadas, acciones conjuntas entre migrantes y no migrantes, orientadas a estimular el desarrollo en los países de origen.

A modo de propuesta de trabajo

La fuga de cerebros resulta un fenómeno particular de estudio en el que se cruzan la política, la ciencia, el exilio y la repatriación. Pensar como categorías históricas “fuga de cerebros” o “migración calificada” nos ayudará a despejar el mito de la realidad y a ponderar con mayor rigurosidad la importancia que tuvo para nuestro sistema científico y tecnológico.

En la bibliografía se reitera la dificultad de estimar las cifras migratorias por razones de escasez de fuentes. Consideramos que esta limitación puede subsanarse en futuros trabajos desde la metodología de la historia oral, que provee producción y fuentes orales en la reconstrucción histórica. La recuperación de testimonios de los protagonistas suma voces que de otro modo se perderían. La historia oral permite dar respuesta a los problemas que se derivan de la ausencia de fuentes escritas, resultando ambas complementarias.

La metodología de la historia oral se adecua perfectamente al estudio de las políticas públicas referidas a la fuga de cerebros/migración calificada, dentro del marco institucional que ofrece el Programa Raíces, que lleva un registro fehaciente y confiable de repatriados y de emigrados vinculados a redes científicas.

En el marco de las líneas de acción del Programa RAICES[2] nuestra propuesta apunta a entrevistar a los investigadores repatriados que ya desempeñan sus actividades en instituciones nacionales.[3] La intención es documentar la memoria viva de sus trayectorias y quehaceres en instituciones académicas, científicas o tecnológicas con el fin de confeccionar archivos orales. Estos nuevos archivos harán oír las voces de los repatriados (fugados o migrados) y aportarán mayor información para el estudio del desarrollo de la ciencia en la Argentina, de la comprensión del proceso de institucionalización y profesionalización de la ciencia y de la técnica (en su estrecha vinculación con el campo político, económico y cultural) desde renovados enfoques metodológicos y análisis historiográfico.

Las entrevistas buscarán información específica acerca de qué es la ciencia, cuál es el criterio de verdad en una determinada concepción o teoría científicas, cuál es el rol social de la ciencia, a quién beneficia la investigación científica, quién la financia, qué instituciones producen conocimiento científico, qué instituciones demandan esos conocimientos y en qué se lo aplica o utiliza.

Bibliografía

Albornoz, M. et al. (2002): “Hacia una nueva estimación de la ‘fuga de cerebros’”. Revista Redes, 9(18), pp. 63-84.enos Aires, 1962)

Horowitz, M. (1962). La emigración de científicos y técnicos de la Argentina. Buenos Aires: Instituto Di Tella.

Houssay, B. (1966). “La emigración de científicos, profesionales y técnicos de la Argentina”. Conferencia leída en Río de Janeiro el 3 de marzo en el Simposio organizado por la Academia Brasileña de Ciencias en Celebración de su 50º aniversario. Archivo del Museo “Bernardo A. Houssay”, resumida en Ciencia Interamericana, 7(4-5) y (6-12).

Lértora Mendoza, C. (1998). “Emigración de científicos argentinos. El caso del CONICET”. En Charum, J. y Meyer, J. B. (eds.). El nuevo nomadismo científico. La perspectiva latinoamericana. Bogotá, Colombia: Escuela Superior de Administración Pública.

Mateo, E. (2004). La recuperación de la memoria: la historia oral. Geografía política. España es un país de medio millón de kilómetros cuadrados que limita a los cuatro puntos cardinales con el miedo. Antonio Rabinad.

Oteiza, E. (1962). “La emigración de ingenieros en la Argentina. Un caso de ‘brain drain’ latinoamericano”. Revista Internacional del trabajo, 72(16). Ginebra.

Oteiza, E. (1996). “Drenaje de cerebros. Marco histórico y conceptual”. Redes, N° 7. Buenos Aires: Centro de Estudios e Investigaciones. Universidad de Quilmes, pp. 101-120.

Oteriza, E. (1971). “Emigración de profesionales, técnicos y obreros calificados argentinos a los Estados Unidos: análisis de las fluctuaciones de la emigración bruta, julio 1950 a junio 1970”. Desarrollo Económico, 10(39/40). Buenos Aires: IDES.

Pellegrino, A. (2003). “Migración de mano de obra calificada desde Argentina y Uruguay”. Estudios sobre Migraciones Internacionales. Programa de Migraciones Internacionales, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra. Recuperado de http://goo.gl/72iGJI.

Plano, C. y Querzoli, R. (2003). “La entrevista en la historia de vida. Algunas cuestiones metodológicas”. Observatorio Memoria y Prácticas Sociales en Derechos Humanos [CeDHEM -UNQ], segundo semestre.

Suárez, F. (1973). Los economistas argentinos. El proceso de institucionalización de nuevas profesiones. Buenos Aires: Eudeba.


  1. Doctora en Historia, UBA, Argentina. Instituto de Investigaciones Históricas Dr. Emilio Ravignani/Departamento de Historia. Facultad de Filosofía y Letras. Contacto: ssauro@filo.uba.ar / sgsauro@gmail.com.
  2. El Programa RAICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, bajo dependencia directa de la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales) fue relanzado en el año 2003 y desde el año 2008 es Política de Estado, Ley 26.421
  3. Recuperado de http://goo.gl/aVdOR3.


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