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Miradas críticas hacia los sistemas de
evaluación de revistas científicas de
Ciencias Sociales y Humanas

Alicia Itatí Palermo[1]

Desde hace varios años el sistema de CyT y los científicos venimos siendo objeto de evaluación, desde diferentes ámbitos. Se evalúan las instituciones, las carreras de grado y de postgrado, los investigadores, los proyectos de investigación, las revistas científicas, entre otras cosas. Pero ocurre que los supuestos en los que se basan estas evaluaciones y los criterios vienen generalmente impuestos desde otras disciplinas, desde otras regiones o países, sin considerar las especificidades de la ciencias sociales y humanas, de nuestros contextos y su diversidad, de las diferentes trayectorias académicas de los investigadores, de las diferencias de financiamiento en los sistemas de CyT y de la desigualdades de acceso a los recursos, de la ausencia de políticas relevantes, etc.

En los últimos años, desde diversos ámbitos y actores académicos se viene desarrollando un debate y una crítica a dicho sistema, sobre todo a los paradigmas en los cuales estos se basan (especificidad de las ciencias sociales y humanas, supuestos y para qué de la evaluación, criterios de evaluación por parte de los organismos de CyT, entre otras cosas), con la idea de aportar a construir nuevos paradigmas y criterios de evaluación específicos de las ciencias sociales y humanas, contextualizados, y basados en un debate que nos lleve a pensar qué tipo de ciencias sociales y humanas queremos y para qué, es decir, cuál es su impacto social y su relevancia y en qué medida ellas pueden contribuir al logro de una sociedad más justa y equitativa. A su vez, cómo y quiénes llevamos a cabo ese proceso, en qué contextos, cuál es la especificidad de este conocimiento en nuestras disciplinas, cuáles son las teorías y metodologías con las que investigamos, cuál es el valor de ese conocimiento, cómo lo queremos comunicar y a quiénes, entre otras cosas.

Nuestras disciplinas se caracterizan por la convergencia de múltiples paradigmas y presupuestos metodológicos, que llevan a diferentes métodos de investigación y criterios de validez; con objetivos que no son solo de conocimiento sino que apuntan al para qué de la investigación, la contextualización del proceso de investigación en un tiempo y espacio, donde intervienen los aspectos históricos, políticos, educativos, regionales, entre muchos otros, la particularidad de los sujetos de investigación y de las relaciones que establecemos durante el proceso de investigación, las distintas posibilidades de investigación, etc. Los criterios, por lo tanto, deben apuntar a la especificidad de estas disciplinas dentro del conjunto de disciplinas científicas, pero también a esta diversidad.

Si bien este debate atañe a los distintos tipos de evaluaciones que he mencionado, en esta exposición me referiré más específicamente a la evaluación de las revistas científicas de Ciencias Sociales y Humanas de América Latina en el contexto mundial.

Las revistas científicas juegan un rol clave en la lógica del conocimiento científico y son consideradas uno de los principales medios que tiene la comunidad científica para comunicar sus investigaciones, aunque no el único.

Hay autores que afirman que las revistas no son solo un medio para la comunicación del conocimiento científico sino que desde el punto de vista sociológico debe considerarse que también constituyen un eslabón en el sistema de evaluación de la actividad de investigación. Señala Martin Sempere (2001, p. 7) que “el concepto de revista encarna todas las funciones principales que han de cumplirse en la comunicación científica, teniendo como principal elemento la certificación de la calidad”, pero también la protección de los derechos de autor, la difusión de los resultados de las investigaciones, la función relacionada con el almacenamiento y la accesibilidad, que asegura la estabilidad de la información. Desde esta perspectiva, “las revistas científicas son el resultado del esfuerzo realizado por los editores y otros agentes del sistema de I+D que, junto con los investigadores, hacen posible su existencia. La calidad de estas publicaciones, su difusión y su impacto entre la comunidad científica reflejan el grado de madurez de un sistema de I+D” (Sempere, 2001, p. 9).

Por lo tanto, la edición de una revista especializada se considera también un aspecto clave tanto en la institucionalización de toda disciplina como en el sistema de evaluación científica.

Actualmente, estamos siendo protagonistas de una transformación en el ámbito de la comunicación: el paso de una modalidad escrita a una electrónica. La tecnología de la información está provocando transformaciones masivas no solo en el concepto de revista científica sino en el campo académico en general (Mendoza, Paravic, 2006). Pero tiene un efecto desigual en los diferentes campos científicos y en las diferentes regiones del mundo.

En estas últimas décadas se ha producido un cambio radical que atañe al modelo de revista científica, en el cual pasamos de un modelo en el que el elemento clave es la revista, la “marca”, la institución que lo produce, la fuente de la legitimidad, la representación de una universidad, de una editorial de prestigio o “alternativa”, asociada a una portada como su símbolo, a un modelo digital, que es un modelo distinto de gestión editorial, cuya unidad de comunicación es el artículo. En otras palabras, el artículo ya no está necesariamente constreñido a la forma clásica de la revista, sino a cómo se entienden las revistas hoy: bases de datos digitales.

En estos últimos años, están apareciendo las mega revistas (Osorio, 2013). En el año 2006 nació la publicación PLoS ONE, que a la fecha es la revista más grande del mundo. Solo en 2012 publicó 23.464 artículos. La primera mega revista de ciencias sociales y humanidades es la Open Library of Humanities y es reciente también (2014). Se trata del modelo que se conoce como Open journal.

Podría pensarse que este cambio se relaciona con el acceso abierto al conocimiento, al que en estos últimos años se tiende desde algunos espacios más críticos, pero sin embargo, una de las características que ha revestido el proceso editorial de revistas científicas a nivel mundial es la concentración transnacional de empresas editoras, lo que ha llevado a una mercantilización creciente de dicho proceso. La producción, circulación y evaluación del conocimiento científico a través de las revistas académicas está fuertemente condicionada por esta mercantilización. Y no siempre que una revista sea electrónica garantiza el acceso abierto al conocimiento.

Las herramientas a través de las cuales, en la actualidad, se evalúan mayormente las revistas son los índices que registran la frecuencia con la que los artículos son citados por otros autores, esta frecuencia indica el índice de impacto de calidad de las revistas científicas. Es lo que se conoce como factor biométrico. El índice más reconocido de revistas a nivel mundial es desarrollado por el SCI (Institute of Scientific Information, que publica el Science Citation Index y el Social Sciences Citation Index), que desde 1992 pertenece al consorcio editorial Thomson Corporation, de origen canadiense (Patalano, 2005, p. 220).

Este índice, además de tener criterios muy rigurosos para revistas científicas, entre ellas estar escritas en idioma inglés, cobra para indexar revistas.

Existen prejuicios para indizar en él revistas que no proceden de Estados Unidos o de Europa Occidental, o que no son escritas en inglés o en francés. Para los investigadores latinoamericanos, escribir en español garantiza el reconocimiento del idioma en el cual se ha realizado la investigación y al cual pertenece no solo el equipo de investigación sino los sujetos participantes y en el cual se ha desarrollado el trabajo de campo y el análisis, y se han escrito sus producciones.

Son pocas las revistas latinoamericanas indexadas por el SCI. Por un lado, muchas de ellas no cumplen ese conjunto estricto de normas y criterios y por otro lado, porque directamente no nos interesa cumplirlos. Muchos editores de revistas latinoamericanas venimos trabajando en red para establecer índices regionales con criterios específicos.

No obstante, varios de los organismos de ciencia y técnica de los mismos países latinoamericanos, a la hora de valorar la producción de sus investigadores, tienen generalmente en cuenta los artículos publicados en revistas indexadas por el SCI u otros índices internacionales. Esto provoca que muchas veces los investigadores prefieran publicar sus artículos en revistas extranjeras para obtener mayores puntajes a la hora de que les valoren su producción.

Además, la temática de las revistas internacionales deja de lado ciertos temas de importancia para el desarrollo de los países de América Latina.

Las revistas latinoamericanas de Ciencias Sociales publican artículos de excelente nivel, y las hay muy prestigiosas, pero son escasas las que tienen visibilidad mundial, y aun visibilidad en la propia Latinoamérica. Este es uno de los aspectos clave a la hora de pensar en criterios regionales y específicos de nuestras disciplinas.

Otras de las problemáticas que enfrentan las revistas latinoamericanas es el financiamiento, que refleja la problemática de financiamiento del sector de ciencia y técnica en la región y en las instituciones donde se realizan las investigaciones, ya sean universidades, asociaciones o institutos de investigación. Esto atenta contra la posibilidad de distribución de los artículos incluidos en las revistas científicas, que en varios casos está supeditado al sistema de mercado del que ya hemos hablado. Y también contra la posibilidad de permanencia de las revistas, o la posibilidad de cumplir con la frecuencia declarada, que es un requisito para la indexación.

A su vez, hay una falta de reconocimiento y en algunos casos de capacitación en edición de los editores de estas revistas, quienes son investigadores de alto nivel pero que frecuentemente se ven sobrepasados por el número de horas y dedicación que implican los procesos de edición de revistas científicas; frecuentemente llevan a cabo este proceso con poca colaboración, tanto del equipo editorial como de las instituciones editoras, y esta ardua tarea no es compensada a la hora de obtener puntaje en las evaluaciones. En efecto, los sistemas de evaluación contemplan la participación de los investigadores en un comité editorial, que a veces representa poco compromiso, pero no la figura de editor, que es el responsable de la gestión de la revista. No he leído en ninguna de las propuestas que están circulando sobre nuevos criterios de evaluación el reconocimiento a esta labor, que supera en creces a participar en el comité editorial, aun a pesar de que sí se reconocen otras actividades de gestión académica.

Otra de las dificultades de las revistas latinoamericanas es la ausencia o poca presencia de políticas editoriales que apoyen estas revistas.

El sistema de comunicación académica, sobre todo el basado en revistas científicas, actualmente se encuentra en crisis y es necesario pensar en implementar modelos alternativos.

A lo largo de estas últimas décadas ha habido esfuerzos por resolver algunos de los aspectos de esta crisis, por parte de distintos actores, tales como los propios investigadores, los editores de revistas científicas, las universidades y centros de investigación, los investigadores, sistemas de ciencia y técnica nacionales, las redes, etc.

Hay una creciente preocupación por parte del CAICYT CONICET de reposicionar estas revistas, y también por parte de instituciones como CLACSO o el Consejo de Decanos en Ciencias Sociales y Humanas. Desde el Programa PISAC, cuyo director está hoy aquí, se lanzó recientemente un Programa de Fortalecimiento de Publicaciones Periódicas de Ciencias Sociales y Humanas, que tiene entre sus objetivos desarrollar talleres dirigidos a editores de revistas científicas y elaborar un manual de buenas prácticas en edición científica, como ya existe en otros países.

Cobra relevancia, como venimos discutiendo en los foros Sur-Sur, lo siguiente:

– el cuestionamiento del modelo productivista y de la burocratización y tecnificación de la actividad intelectual en marcha en muchos de los países de América Latina;

– el uso estratégico de las redes sociales y la creación/potenciación de redes colaborativas;

– el rol de las universidades nacionales en la transferencia e intercambio de conocimiento para los procesos de transformación social.

Señala Barbero (2002, p. 59) que

pensar desde América Latina la transformación de los saberes en la llamada sociedad del conocimiento debería implicar elucidar lo que eso significa en sociedades que son, al mismo tiempo, sociedades del desconocimiento: del no reconocimiento de la pluralidad de saberes y otras competencias culturales que comparten tanto las mayorías populares como las minorías indígenas o regionales. Saberes y competencias que ni la sociedad ni la propia universidad están sabiendo valorar e incorporar a sus desactualizados mapas del conocimiento. Nos hallamos así ante una crisis de identidad del conocimiento.

pues la sociedad de la información es a la vez, y estructuralmente, una sociedad de mercado, esto es, aquella en la cual el modo actual de producción y circulación del conocimiento y su valor responde a una lógica mercantil.

Frente a esto, ¿cuáles son los desafíos de las revistas de ciencias sociales en Latinoamérica? Las problemáticas de las revistas científicas debe ser abordada tanto desde las políticas de Estado, desde las propias revistas y sus instituciones editoras, y desde las asociaciones o instituciones o redes latinoamericanas (Palermo, 2009).

Desde las políticas de Estado, es necesario trabajar para revalorizar las revistas científicas nacionales, apoyarlas financieramente y capacitar a los editores. Es fundamental el financiamiento destinado al sistema de ciencia y técnica en general y al de comunicación científica en particular.

En estos últimos años,

la adhesión de los países latinoamericanos al Sistema Latindex inicia un cambio en los conceptos que regían sobre la apreciación científica de los contenidos de las revistas que se publicaban en la región. El sistema Latindex permite la selección, evaluación y jerarquización de las revistas, de acuerdo con normas internacionales, pero utilizando parámetros de calidad editorial propios para la región (Flores, 2008).

Otras iniciativas regionales son Redalyc o la Biblioteca virtual de CLACSO y SciELO,[2] para la versión electrónica de las revistas. Todos estos son modelos para la publicación electrónica cooperativa de revistas científicas en Internet, especialmente desarrollados para responder a las necesidades de la comunicación científica en los países en desarrollo y particularmente de América Latina y el Caribe. El modelo intenta proporcionar una solución para asegurar la visibilidad y el acceso universal a su literatura científica, contribuyendo a la superación del fenómeno conocido como “ciencia perdida”.

Permite la publicación electrónica de ediciones completas de las revistas científicas, la organización de bases de datos bibliográficas y de textos completos, recuperación de textos por su contenido, la preservación de archivos electrónicos y la producción de indicadores estadísticos de uso e impacto de la literatura científica.

En junio de 2014, el CONICET ha emitido la Res. 2249, que aprueba el Documento Bases para la categorización de publicaciones periódicas en CS Y H., en la que establece una jerarquización de los índices y portales bibliográficos, en tres niveles: 1) internacional global y regional (por ejemplo, ISIS, SCOPUS y SCIELO); 2) internacional y regional (por ejemplo, Sage, Redalyc o Núcleo Básico de Rev. Arg.) y 3) bases referenciales bibliográficas y catálogos regionales (por ejemplo, Clacso, Latindex, Portal Bid, Educational Researh).

Desde las propias revistas y sus instituciones editoras es necesario concientizarse para el trabajo en red, en forma cooperativa con otros editores, trabajar en la creación de índices nacionales o regionales.

Los editores también debemos trabajar para revalorizar las revistas científicas de ciencias sociales y nuestro propio rol como editores.

La compleja situación de las revistas y su futuro en Iberoamérica, no solo dentro de los índices nacionales de revistas sino también en el contexto internacional ‒debido a la inexistencia de una política científica de difusión en la mayoría de los países latinoamericanos‒, requiere de una labor colectiva que, indudablemente, sería de difícil solución por parte de una sola publicación u organismo. La conformación de redes ofrece la posibilidad de movilizar esfuerzos, capacidades y políticas editoriales, que trasciendan dinámicas establecidas por los administradores de la difusión del conocimiento. Las redes facilitan la creación de acuerdos comunes para programas editoriales e influyen de manera participativa y colectiva en las políticas existentes al respecto. Una red nos permite organizarnos como editores, directores o responsables de revistas; intercambiar información; instaurar alianzas y realizar hasta donde sea posible y conveniente un trabajo compartido de recursos y revistas de diferentes instituciones y espacios geográficos. Una organización que se constituye a partir de intereses comunes y de objetivos compartidos, que busca la coordinación de los editores, conservando, a su vez, cada uno su autonomía (Sandoval Forero, 2004).

Nuestra concepción sobre la comunicación del conocimiento científico no debe agotarse en la tarea de edición, sino que debe extenderse a la tarea de constituir un espacio de comunicación e intercambio de las problemáticas que enfrentan las revistas académicas del área de las Ciencias Sociales en América Latina y de trabajo cooperativo entre ellas.

Desde la Asociación Latinoamericana de Sociología, un conjunto de editores de revistas latinoamericanas fundamos Revistalas,[3] en el 2003.

Luego de este breve panorama de las problemáticas de las revistas de ciencias sociales en América Latina y sus desafíos, esbozaremos algunas conclusiones.

La tecnología de la información puede constituir y de hecho constituye una herramienta para mejorar el intercambio y la visibilidad de las revistas latinoamericanas. Pero es necesario considerar las desigualdades de recursos entre los diferentes países de la región, así como al interior de cada uno de ellos. Asimismo, la disponibilidad de un artículo en la web no siempre implica que el acceso sea abierto, ya que el sistema continúa en gran parte mercantilizado.

Las dificultades que tienen nuestras revistas atenta, como hemos visto, contra su permanencia y calidad académica.

El sistema de comunicación del conocimiento científico no está exento del debate respecto de qué tipo de conocimiento científico queremos producir y comunicar y para qué, como así también a quiénes y cómo lo queremos comunicar.

No se trata de seguir reproduciendo estructuras de poder ni desigualdades en el sistema científico, sino de participar activa y colaborativamente en la construcción y en el establecimiento de las políticas y criterios que apunten a revalorizar las revistas de Ciencias Sociales en América Latina.

Para finalizar, estamos convencidas de que aunando esfuerzos y trabajando en forma cooperativa, lograremos ir superando pasos tendientes a la revalorización de las revistas latinoamericanas. Para ello necesitamos contar también con políticas específicas y participar como editores en el establecimiento de estas políticas.

Bibliografía

Barbero, J. (2002). “Transformaciones del saber y del hacer en la sociedad contemporánea”. Revista Electrónica Sinéctica, N° 21, julio-diciembre, pp. 59-66.

Flores, A. M. (2008). “Las normas para la edición de revistas científicas, los índices y la evaluación de las revistas científicas. Aportes y críticas”. Trabajo presentado en el panel: “Las revistas académicas de Ciencias Sociales: problemáticas y perspectivas de la edición científica en Argentina”, V Jornadas de Sociología en la Universidad Nacional de La Plata y I Encuentro Latinoamericano de Metodología de las Ciencias Sociales, organizado por la Revista Argentina de Sociología, La Plata.

Mendoza, S. y Paravic, T. (2006). “Origen, clasificación y desafíos de las Revistas Científicas”. Investigación y Postgrado, 21(1), junio. Caracas.

Ossorio, F. (2013). “Modelos para la edición de revistas académicas del sur”. Trabajo presentado en el XXIX Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología, Santiago de Chile.

Palermo, A. I. (2009). “Publishing Sociological Scientific Journals in Argentina: Problems and Challenges”. En Burawoy, M. (ed.). Challenges for the sociology in an unequal world. International Sociological Associaton, Taiwanesse Sociological Association, Taipei, Taiwan.

Patalano, M. (2005). “Las publicaciones del campo cientifico: las revistas academicas de América Latina”. Anales de documentacion, Nº 8, pp. 217-235.

Sandoval Forero, E. (2004). “Ciencias Sociales y revistas científicas en América Latina”. Revista Convergencia, vol. 11.

Sempere, M. (2001). “Papel de las revistas científicas en la transferencia del conocimiento”. En Román Román, A. (coord.). La edición de revistas científicas. Guía de buenos usos. Madrid: CINDOC.


  1. Licenciada en Sociología y doctora en Educación, Asociación Argentina de Sociología, Universidad Nacional de Luján, Argentina. Contacto: aliciaipalermo@gmail.com.
  2. SciELO Scientific Electronic Library Online = Biblioteca Científica Electrónica en Línea.
  3. La red Revistalas está coordinada por Eduardo Sandoval Forero y Alicia Itatí Palermo.


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