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Vicisitudes al inicio de la implementación de un proyecto de transferencia universitaria a un programa municipal de recolección
selectiva de residuos

Pablo Schamber, Clara Bressano y Miguel Lacabana[1]

Palabras clave: transferencia, inclusión social, residuos

Introducción: parte del contexto

Este trabajo es resultado de una serie de reflexiones que surgen al inicio de la implementación de un proyecto de transferencia tecnológica para la inclusión social[2] a un programa municipal de promoción de clasificación domiciliaria y recolección selectiva de residuos reciclables al que denominaremos “KR”. Es, por tanto, un ejercicio de reflexión sobre una sucesión de acontecimientos favorables y adversos, suerte de sistematización de dilemas que surgen ante una realidad más compleja de la que fuera prevista al momento de elaborar el proyecto. Como toda deliberación compartida, contiene más preguntas que respuestas, interrogantes que se abren ante la incertidumbre de un trabajo que se inicia en un escenario político incierto, dado el contexto electoral donde nuestros interlocutores actuales pueden ser reemplazados por otros, cualesquiera sean los resultados del voto popular.[3]

A modo de presentación contextual, debe reconocerse la existencia de acercamientos previos entre el equipo de investigación que conformamos en el Programa Institucional Interdisciplinario de Intervención Socio-ambiental (PIIdISA) de la UNQ, con referentes políticos y técnicos del municipio vinculados al KR. Desde el PIIdISA colaboramos en la realización de un diagnóstico sobre distintos aspectos vinculados a la gestión de residuos a nivel local. Como resultado de esta tarea conjunta se publicó un informe en el año 2014, donde surgieron los primeros datos básicos del KR y se afianzaron las relaciones con los responsables de su organización. Por otro lado, la transferencia de fondos que realizó en el año 2013 el gobierno de la Nación para construir una Planta de Clasificación y Valorización de residuos[4] fue planteando potenciales intervenciones en las que el PIIdISA podría realizar distintas acciones de asistencia técnica.

Cabe destacar también que este acercamiento se fue dando mientras se producía la municipalización del servicio de recolección y barrido de residuos en el distrito. A partir de esta decisión del gobierno municipal se crea la Unidad Ejecutora Ambiental, a cuyo frente es designado el secretario de Hacienda. Estos cambios institucionales generaron un progresivo desplazamiento de las funciones realizadas por la Secretaría de Medio Ambiente (SMA), uno de nuestros principales referentes municipales para la elaboración del proyecto de transferencia, y área de la que depende el KR.

El objeto de la transferencia

La transferencia planteada está orientada al fortalecimiento y ampliación del KR hacia grandes generadores y otras localidades del municipio, dado que este se implementa exclusivamente a nivel domiciliario y la recolección diferenciada solo se realiza en ciertos barrios de una de las localidades del municipio. Aunque reconoce antecedentes más antiguos, en su fase actual el programa se puso en marcha en el año 2008, justo al inicio de la primera gestión municipal del actual intendente, reelecto en 2011.

Aunque el KR no cuenta con ninguna resolución de creación ni partida presupuestaria específica, se trata de la única iniciativa municipal continua, que promueve y organiza operativamente la clasificación domiciliaria y la recolección selectiva de residuos reciclables. Además del salario del coordinador (que tiene rango de “director operativo”), el municipio financia dos camiones en función de un acuerdo con sus propietarios que incluye combustible y chofer.[5]

Luego de distintas locaciones para su funcionamiento, la sede actual del KR se ubica en instalaciones que pertenecen al ámbito provincial, dado que allí funcionó antiguamente una institución de enseñanza media. Al mudarse la escuela quedaron vacías las instalaciones, y ante la posibilidad de una intrusión la provincia cedió el uso de un sector de ese espacio al municipio. Si bien actualmente funciona además del KR una delegación municipal, la cesión del espacio por parte del gobierno provincial parece haberse acordado de manera “informal”, dado que no fue posible encontrar documentación que la acredite.

El programa cuenta allí con un galpón donde se descarga, clasifica y acopia el material que proviene de la recolección selectiva. El aspecto general de las instalaciones es de gran deterioro, tal como lo evidencian las imágenes 1 y 2.

Imagen 1

basura 1

Imagen 2

Tampoco se cuenta con herramientas o tecnologías propias de una planta de clasificación tales como cinta transportadora, prensas enfardadoras o montacargas.

En la actualidad el programa está integrado por aproximadamente nueve personas, divididas básicamente en dos grupos de trabajo. Por un lado está el “grupo de mujeres” (aunque no son únicamente mujeres quienes lo componen)[6] o “recolectores”. Son los responsables de la actividad territorial, se encargan de la promoción de la clasificación selectiva entre los vecinos y del retiro de las bolsas con los residuos reciclables. Su jornada laboral comienza alrededor de las 9 a. m. en una pequeña oficina contigua al galpón. Mientras van llegando se ponen a doblar las bolsas vacías que serán entregadas a los vecinos. Cuando el grupo se completa (cuatro personas resultan suficientes) y el chofer o el coordinador del programa lo indican, parten a realizar el recorrido correspondiente a ese día. Suelen ir caminando, dado que los puntos de inicio de los recorridos quedan cerca de la sede. Algunos de los varones jóvenes que fluctúan en este grupo se quedan en el camión para subir las bolsas cargadas a la caja. Una hora más tarde aproximadamente, el recorrido queda concluido. Los recolectores se dispersan hacia sus propias viviendas, algunas ubicadas en la misma localidad. El chofer conduce el camión cargado hacia al galpón y lo estaciona adentro hasta el día siguiente, cuando tendrá lugar un próximo recorrido. Los integrantes de este grupo son beneficiarios del Programa Ingreso Social con Trabajo “Argentina Trabaja” (PAT)[7] y perciben, además de este ingreso, un 25 % del total obtenido por las ventas de los materiales reciclables recolectados.

Una vez descargado lo recolectado en el barrio, entra en operación el grupo de “clasificadores”. Este grupo, a diferencia del “grupo de mujeres”, obtiene sus ingresos únicamente de las ventas que realiza el KR. Es decir, perciben el 75% de los ingresos obtenidos en las ventas y no se encuentran en el marco de ningún programa o subsidio de ingresos nacional o municipal como contraprestación de la tarea que realizan, aunque puedan gozar de otros beneficios del sistema de seguridad nacional (Asignación Universal por Hijo, pensiones, etc.).

Los clasificadores descargan las bolsas del camión y las acarrean hasta las dos “mesas de trabajo” existentes en el galpón. Alrededor de estas mesas colocan bolsones de un metro cúbico u otro tipo de recipiente más pequeño, empleados para el acopio de los materiales que van siendo seleccionados. En la actualidad, la clasificación que realizan permite distinguir once tipos de materiales reciclables: diario y revista, cartón, tetra, tapita, lata y fierro, vidrio mezcla, vidrio verde, pet cristal, pet verde-celeste-rosado, plástico y corcho. Además se utiliza otra bolsa para la colocación de “basura”, es decir, material que no puede ser aprovechado. Este rechazo se va apilando en un sector del galpón a la espera de su retiro por parte del municipio. Como el municipio no retira la basura con regularidad, esta se acumula conformando montículos de dimensiones realmente importantes dentro del propio galpón (tal como puede verse en la parte derecha de la imagen 1).

Si bien la clasificación manual bolsa por bolsa es la actividad principal de este grupo, existen otras actividades complementarias que resultan necesarias para el pleno funcionamiento del emprendimiento, como garantizar el reemplazo de algún integrante del “grupo de las mujeres”, ya que la ausencia de alguno de sus miembros afecta la realización de la recolección. También, como se dijo, realizan la descarga del camión una vez que llega al galpón y acarrean las bolsas desde el montículo de descarga hasta las mesas de trabajo, trasladan el rechazo hacia el sector donde se lo apila, acuerdan (con el coordinador del programa y los choferes de los camiones) los días de venta, cargan los bolsones que contienen los materiales ya clasificados al camión para las ventas[8] y, por último, son los encargados de calcular, en función de los porcentajes establecidos, los montos que le corresponden a cada grupo por las ventas realizadas.

Este grupo estuvo integrado durante los primeros cuatro meses del año 2015 por cuatro personas, con lazos familiares entre sí. Sin embargo, solo la referente principal es quien tiene continuidad en este trabajo, dado que el resto puede alternar algunos períodos de tiempo en otros trabajos o changas. En las dos mesas de trabajo se realizan las mismas labores y generalmente en una jornada o jornada y media, logran clasificar toda la carga recolectada por el camión durante un recorrido. La comercialización de la mercadería la realiza de manera independiente cada “mesa de trabajo” o subgrupo, turnándose en el uso del camión. Además del grupo de recolección y de clasificación, el KR tiene un coordinador. Ese cargo lo ejerce, desde el año 2011, la misma persona. El nombramiento del coordinador al frente del programa forma parte de un acuerdo entre partidos aliados de la fuerza que gobierna el municipio, situación que repercute, de alguna manera, en la falta de apoyo del secretario al KR.[9]

El coordinador del KR se encarga de la organización cotidiana de las tareas de los grupos de trabajo, registra a los presentes, resuelve los reemplazos ante las ausencias, ordena las licencias y vacaciones para que no haya superposiciones, mantiene informados a los miembros del programa de novedades administrativas, eventualmente retira los paquetes de las bolsas verdes vacías que se entregan a los vecinos de la dependencia municipal donde las proveen, entre otras tareas. Por otro lado, no dependen de él los trámites vinculados al cobro o renovación de las asignaciones que perciben del PAT los integrantes del programa, si bien confecciona una planilla donde registra (con escasa sistematicidad) el presentismo.

Vicisitudes y dilemas

En los pocos meses en los que lleva vigente la implementación del proyecto de transferencia, relevamos información minuciosa sobre las características tanto productivas como relacionales de los integrantes del KR, pero también sobre la trama política interna municipal en la que están insertos algunos de nuestros interlocutores, lo que nos puso en alerta frente a situaciones no previstas inicialmente. Sin ser exhaustiva ni una enumeración pormenorizada, se exponen a continuación ciertos dilemas y vicisitudes que atravesamos en escasos meses de iniciar el trabajo.

El programa, como tal, involucra la articulación compleja de distintos actores con modalidades de inserción productiva, social y política que obedecen a lógicas e intereses que no necesariamente son comunes o apuntan hacia los mismos propósitos. El grupo beneficiario del PAT fue convocado por decisión discrecional del secretario debido a que participan de su agrupación política. Independientemente del mérito que puedan tener como promotores del KR y de la eficiencia en la tarea de la recolección, ese modo de inserción y esa afinidad desdibujan la autoridad del coordinador, que como dijimos, no pertenece a ese colectivo político, sino a una agrupación distinta. Además, quienes perciben el beneficio del PAT no encuentran especialmente provechoso ampliar territorialmente el KR o captar nuevos generadores, dado que (en lo inmediato) implicaría aumentar el esfuerzo manteniendo ingresos que constituyen una suma fija. Eventuales aumentos en los ingresos por incrementos en los porcentajes de ventas distribuidos no parece resultar un estímulo atractivo. Además, podría implicar la discontinuidad de la organización cotidiana, ya que implicaría una extensión de la jornada que actualmente finaliza alrededor de las 11 a. m.

El grupo de “clasificadores”, por el contrario, sí manifiesta interés en la ampliación y fortalecimiento del KR. Para este grupo el aumento en la recolección de residuos reciclables es inmediatamente redituable en tanto sus ingresos dependen de las ventas que realizan semanalmente. Esta posición diferencial con respecto al otro grupo genera cotidianas tensiones, que no necesariamente son expuestas. La suspensión de un recorrido, situación que se reitera ante el ausentismo del grupo de los recolectores, o a imponderables climáticos (lloviznas o lluvias), significa para ellos menos materiales para clasificar, menos materiales para vender y por lo tanto menos ingresos. En este contexto, el rol del coordinador adquiere el matiz de un contenedor de conflictos interpersonales antes que el del planificador y propulsor de mejoras sustantivas para el funcionamiento del programa.

La existencia de lógicas e intereses en cierta medida opuestos entre los dos grupos que conforman el KR incide sobre los propósitos de la transferencia vinculados con el fortalecimiento y la ampliación. Sin dudas, el grupo de los clasificadores ve con provecho que el KR se expanda, dado que sus ingresos están directamente asociados a la cantidad y calidad de mercadería tratada. Se ha visto además cómo los miembros estables pueden convocar a otras personas de su entorno para compartir las tareas y los ingresos. En cambio, el grupo de los recolectores, al cobrar un ingreso fijo proveniente de su participación en el PAT, se resiente ante la posibilidad de extender el radio de acción del KR. La proporción del 25% de las ventas que le corresponde a cada uno de los que integran este grupo no le significa una mayor ventaja, en la medida en que también tendrían que incrementar sus horas de trabajo. La situación se complejiza aun más debido a que el “grupo de las mujeres” considera que debe percibir el porcentaje de las ventas realizadas sobre cualquier mercadería que produzca el KR, incluso de aquella que no provenga de la recolección en la que participan, como pueden ser donaciones institucionales o retiros directos en grandes generadores por parte del grupo de los que clasifican, una de las estrategias planteadas en el proyecto de transferencia, que de modo incipiente y con mucha dificultad, se viene llevando a cabo.[10]

Otro aspecto complejo del proceso de transferencia está vinculado a la dirección del KR. El coordinador operativo del KR tiene muy poco margen de acción. Oscila entre actividades elementales para no dejar que el KR decaiga y promueve aquellas acciones que de acuerdo con su interpretación resultan bienvenidas por su superior inmediato (el secretario), sin que puedan ser interpretadas por este como la búsqueda de réditos propios, puesto que, como se indicó, es militante de una agrupación política distinta a la de él. En síntesis, las distintas pertenencias políticas del coordinador y el secretario generan un recelo mutuo, lo que dificulta la implementación del proyecto de transferencia en tanto plantea cortocircuitos en los interlocutores con capacidad de decisión sobre el KR.

El proyecto de transferencia cuenta, sin embargo, con un canal vital entre la universidad y el KR: el factor relacional basado en la frecuencia del contacto, la elaboración conjunta de propuestas y objetivos y, por consiguiente, en la confianza construida. En tanto miembros del equipo de investigación de la universidad, podemos aportar un cierto “saber” sobre el qué hacer para mejorar lo existente en el KR, identificando las dificultades actuales para así alcanzar a elaborar estrategias que permitan su expansión y fortalecimiento. Esto es, en principio, el objetivo ideal o propósito inicial de la relación universidad-programa. Sin embargo, una de las problemáticas no contempladas y que influyen (de forma directa e indirecta) es la trama política y los intereses contrapuestos de los miembros y actores que participan del KR. Por un lado, el traspaso de responsabilidad de la dirección del servicio de recolección domiciliaria de SMA a la Unidad Ejecutora Ambiental torna más difícil la resolución de cuestiones operativas que antes podían ser resueltas eventualmente de forma más sencilla y directa. En términos operativos, este cambio político-administrativo supuso dar marcha atrás con la posibilidad de contar con más vehículos para ampliar los recorridos. Asimismo, la desconfianza entre los referentes gubernamentales del KR torna borrosa la instancia en donde se toman efectivamente las decisiones, instancia de acuerdo central para acordar alternativas y estrategias que permitan la mejora y ampliación del programa. Ejemplo de ello son las dificultades para regularizar la tenencia del galpón donde actualmente funciona, y otras cuestiones elementales pero imprescindibles para un fortalecimiento del KR, como su formalización institucional, asignación presupuestaria, entre otras. Esta situación se agrava en la coyuntura política, atravesada por la disputa electoral. Nuestros actuales interlocutores podrían cambiar, lo que implicaría revisiones o modificaciones en los acuerdos hasta ahora realizados.

Reflexiones finales

La experiencia de una primera aproximación al KR a partir de una investigación académica y las necesidades institucionales convergieron en un acercamiento que permitió consolidar el vínculo para comenzar el proceso de transferencia. Sin embargo, las acciones pensadas en el marco de la transferencia dependen muchas veces de los acuerdos político-institucionales entre las distintas agencias gubernamentales tanto locales como nacionales. En este sentido, la transferencia se inscribe en una trama político-institucional específica, que no es posible soslayar en el proceso, y que en la actualidad no favorece nuestras intervenciones. En este sentido, se observa cierto desinterés en los niveles políticos donde se toman las decisiones, en este caso el municipio, en adoptar e implementar dispositivos de intervención propuestos por el equipo de investigación. Por otro lado, aún se carece, en términos institucionales, de instancias receptivas a la incorporación de lo producido por la universidad en las áreas de máxima decisión política (Estebánez, 2004, p. 26).

Efectivamente, la investigación puede hacer un aporte directo al objetivo de colaborar en la solución de problemas de inclusión social e incluso proveer insumos para el diseño de una nueva política pública, para este caso, en torno a la gestión de residuos sólidos urbanos del municipio. Avanzar en esta dirección y en la obtención de soluciones supone, como lo plantean Alzugaray et al. (2011), la puesta en marcha de distintas etapas. En este sentido, podemos identificar que como equipo hemos avanzado en tres de las etapas señaladas por los autores: la identificación del problema que afecta la inclusión social y de los actores que están dispuestos a movilizar diversos recursos para obtener una solución y, por último, la traducción del problema de inclusión social en un problema de investigación. Sin embargo, la solución efectiva del problema social de inclusión social en torno a la gestión de residuos no puede concretarse por fuera de una acción estatal sistemática y articulada, situación que torna borrosa y compleja la puesta en marcha, por las características del municipio y su trama política, de una solución integral con participación amplia y comprometida de los distintos actores vinculados al problema. Es decir, el KR tiene características que exceden el mero componente programático o de implementación de la transferencia.

Uno de los interrogantes que surgen, entonces, es ¿qué herramientas es imprescindible transferir cuando no es una empresa la que demanda sino una política pública, un servicio municipal atravesado por distintos intereses? Estas preguntas son cruciales, especialmente cuando se trata de emprendimientos que pueden considerarse “protoempresas” ligadas a lógicas de sobrevivencia más que a lógicas de mercado. Sin duda es un conocimiento nuevo y novedoso, dado que es un tipo de conocimiento que no está ligado a una lógica de acumulación sino, en el mejor de los casos, a una lógica de trabajo permanente que mejore la calidad de vida y la calidad ambiental. Para avanzar en una respuesta es necesario recoger y procesar los saberes de estos sectores y ponerlos en contexto con los saberes técnicos y académicos para optimizar el trabajo concreto, al tiempo que se torna prioritario la creación o articulación de instancias institucionales gubernamentales que permitan la implementación efectiva de las soluciones con la participación de los distintos actores involucrados. De ahí que la transferencia sea un proceso abierto y complejo que requiere tiempo y acuerdos institucionales progresivos para evolucionar. En este sentido, el proceso de transferencia involucra no solo la preocupación por la transmisión de conocimientos, sino por crear las condiciones para una organización de aprendizaje (Senge, 1990).

Fuentes

Notas de campo y entrevistas a actores clave.

Bibliografía

Alzugaray, S; Mederos, L. y Sutz, J. (2011). “La investigación científica contribuyendo a la inclusión social”. Revista CTS, N° 17, pp. 11-30.

Estebánez, M. E. (2004). “Conocimiento científico y políticas públicas: un análisis de la utilidad social de las investigaciones científicas en el campo social”. Espacio Abierto, N° 1, pp. 7-37.

Senge, P. (1990). The fifth discipline. London: Century Business Press.

Wahab, S. A; Rose, R. C y Wati Osman, S. I. (2012). “Defining the concepts of technology and technology transfer: a literature analysis”. International Business Research, 5(1). Canadian Center of Science and Education.


  1. Pablo Schamber, doctor en Antropología, Universidad Nacional de Quilmes. Universidad Nacional de Lanús, Argentina. Contacto: pjschamber@hotmail.com.
    Clara Bressano, licenciada en Ciencia Política, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Contacto: cbressano@gmail.com.
    Miguel Lacabana, doctor en Economía, Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Contacto: mlacabana@gmail.com.
  2. Este proyecto, radicado en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), se elaboró en el marco de la “Convocatoria Doctores en Universidades para Transferencia Tecnológica D-TEC 2013” (véase http://goo.gl/YY9k1j).
  3. El próximo 25 de octubre se eligen jefe distrital (intendente) y concejales.
  4. Hasta la fecha el área municipal donde recae la responsabilidad por la construcción de la Planta no realizó imputación de los fondos recibidos.
  5. Debido a los atrasos en los pagos (que rondan los 10.000 pesos mensuales) por parte del municipio, el programa no siempre puede contar con el vehículo usado para los recorridos, dado que su propietario busca suplir la falta de dinero realizando otras actividades con el camión, o simplemente decide no asistir porque no le pagan.
  6. Este grupo lo conforman cuatro mujeres de modo estable, y eventualmente también lo integran algunos varones jóvenes.
  7. El cobro de este beneficio comenzó hace varios años y la inscripción para su continuidad se renueva anualmente. Toda la tramitación la realizan los interesados ante el área que lo gestiona desde el municipio, y este ante Nación, dado que es un programa federal.
  8. Una o dos veces por semana, en lo que constituye una tarea que demanda enorme esfuerzo físico, los bolsones cargados con los materiales ya clasificados se suben al otro camión para ser vendidos a un intermediario de la zona. Entre las razones de su elección como lugar de ventas se destaca el hecho de que ofrece comparativamente mejores cotizaciones que otros competidores, y que recibe una amplia variedad de materiales. Recientemente (abril de 2015) se consiguió comercializar los vidrios y chapas con un comprador que ofrece dejar contenedores metálicos en el galpón y retirarlos una vez llenos. Si bien paga 5 centavos menos por kilo de material, a los miembros del programa que conforman el grupo de los “clasificadores” les resulta más conveniente por el ahorro de esfuerzo.
  9. Anteriormente el rol de coordinación era ejercido por el marido de una integrante del programa perteneciente al “grupo de las mujeres”, quien sigue vinculado a la SMA de la Municipalidad. Su relación con el secretario, más estrecha que la que tiene el actual coordinador, hace que sea percibido por este como canal de información “hacia arriba” sobre el funcionamiento diario del KR.
  10. De hecho, el PIIdISA impulsa en la UNQ un programa de clasificación de residuos, y una parte de la fracción reciclable comenzó a ser llevada al KR. También se hicieron gestiones para que una pequeña estación de acopio de botellas de gaseosas vacías instalada en un hipermercado de la zona tenga al KR como destinatario.


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