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Universidad pública, investigación y territorio: diálogos para la construcción
colectiva de saberes

Fernanda García Germanier, María Sofía Bernat
y María Lucrecia Gandolfo[1]

Palabras clave: universidad, investigación, financiamiento, comunicación

Introducción

El presente trabajo se propone abrir el interrogante acerca del papel de las universidades públicas en las sociedades latinoamericanas. Nos preguntamos si estos espacios académicos se han acercado a las necesidades de nuestros pueblos. Por eso, partimos de destacar el financiamiento recibido para profundizar investigaciones enmarcadas en proyectos de inclusión.

Tres becarias financiadas por entidades estatales diferentes confeccionamos este artículo, donde se piensan y se vinculan las prácticas de investigación enmarcadas en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Sostenemos que el debate es una instancia fundamental para construir conocimientos colectivos y plurales, que no solo respondan a las lógicas institucionalizadas en la academia, sino que además dialoguen con los saberes producidos en una multiplicidad de territorios.

Como investigadoras en formación que reciben un estipendio del Estado nacional y provincial para desarrollar actividades en esta materia, resaltamos la importancia de la intervención pública y el fomento de indagaciones en temas estratégicos que se acerquen a los sectores populares, no desde una mirada paternalista o colonial, sino asumiendo que los conocimientos se construyen colectivamente.

Los números de la investigación

En 2007 el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. A través de este organismo ‒el primero en América Latina‒, el Estado Nacional fomenta la investigación científica, contempla la innovación productiva asociada a la ciencia y a la tecnología, y vincula estos aspectos con la economía y la inclusión social.

De acuerdo con el balance de gestión del periodo 2008-2014 de la cartera,[2] la asignación presupuestaria del Tesoro Nacional pasó de $1.137.600.000 en 2008 a $4.963.173.549 en 2014; y de $330.000.000 a $588.748.000 de financiamiento externo.

Lo local como objeto de estudio

Los grandes acontecimientos históricos, así como los más cotidianos, pueden convertirse en nuestros objetos de estudio. Es allí donde la academia nos presta sus experiencias y saberes para construirlos, problematizarlos, y para acercarnos al campo de trabajo con una gran caja de herramientas, de métodos y de técnicas.

No obstante, el territorio y sus actores también nos hablan. Nos hablan y comparten los saberes aprehendidos de la más auténtica experiencia. Por eso, nuestra labor como investigadoras conlleva además la tarea de lograr un intercambio enriquecedor, que tenga por objetivo la producción de un conocimiento colectivo útil a la sociedad toda.

Entonces, el cierre de un ramal de ferrocarril y de una fábrica cementera despierta el interés y comienza a transformarse en proyecto de investigación. El episodio nos traslada a la historia de una localidad de la provincia de Buenos Aires, Pipinas, fundada en diciembre de 1913 a la vera del ramal La Plata/Magdalena-Pipinas del Ferrocarril Sud. Hacia allí vamos. Nos acercamos a ese territorio con un proyecto de tesis que se transforma con cada nuevo relato recogido a través de entrevistas dirigidas, en profundidad e historias de vida, con cada observación no participante, con cada información que descubrimos al indagar los documentos de época. En este punto, es importante explicitar que, como doctorandas, todavía nos encontramos en etapas de redefiniciones constantes y que los distintos seminarios de nuestra formación de posgrado se constituyen en instancias necesarias y enriquecedoras para orientarnos en la concreción de un plan de tesis sólido.

El conocimiento, entonces, no es una instancia objetivada que nos espera dentro de la institución para ser descubierto. Tampoco se nos oculta fuera de sus paredes y debemos ir en su búsqueda. Los saberes que se construyen y que construimos en nuestra práctica como becarias se ubican en las conjunciones y entrecruzamientos.

Perseguimos el objetivo de identificar y analizar las estrategias resilientes recreadas por una comunidad afectada por la crisis que provocó el modelo neoliberal en Argentina, para problematizar los vínculos entre las adscripciones identitarias y los procesos de transformación del pueblo. Como dijimos, Pipinas es un espacio rural que afrontó dos crisis importantes: la clausura definitiva del ferrocarril en 1978, durante la última dictadura militar, que fue el medio de transporte que motivó la fundación del poblado; y el cierre, en 2001, del principal impulsor de la economía local, una fábrica cementera que funcionaba desde 1939. Ante las disrupciones de sus medios productivos de vida, el pueblo pudo encontrar mecanismos de respuesta que le permitieron reconceptualizar esa fábrica abandonada, a partir de la recuperación del predio mediante la apertura de un hotel e impulsando la creación de un Polo Espacial. Como parte de estas iniciativas, surge la propuesta de repensar la ruralidad a través de la creación de espacios relacionados con lo que sus pobladores denominan “turismo comunitario”.

Las razones expuestas hacen de Pipinas un microlugar desde donde podemos mirar transformaciones históricas, económicas, sociales y culturales que trascienden los límites de lo local. La pregunta por una comunidad que debió reinventarse ante las pérdidas enunciadas nos permite, entonces, problematizar procesos, reconocer escenarios y actores, así como también tensiones (urbanidad/ruralidad) y disputas, y analizar construcciones de sentido motorizadas por la posibilidad de autotransformación.

Partir de la producción colectiva de saberes

Es posible afirmar que hay múltiples experiencias que dan cuenta de la producción colectiva de saberes, que parten de la universidad entendida como un actor político clave, que dialoga con otros y otras para construir conocimientos. Entonces, en este trabajo no hacemos hincapié en investigaciones encerradas en la academia ‒aunque nos preguntamos si tal cosa es plausible‒, sino en aquellas que se desarrollan en territorios, junto a los/as protagonistas de diversas historias.

Retomar esos saberes y esas prácticas, muchas de las cuales nacen al calor de la vida cotidiana, es un desafío para todos/as los/as que compartimos que el campo de la comunicación se construye y se nutre a partir de las realidades de cuantiosos actores, pero especialmente, de aquellos y aquellas que fueron excluidos/as durante décadas por políticas que tendían a olvidar o a esconder lo que no era rentable.

En nuestro caso, analizamos los conflictos de sentidos, actores y prácticas en la relocalización de un asentamiento ubicado en Ringuelet (La Plata). Este proyecto surgió a partir de las inundaciones del 2 de abril de 2013, debido a que el barrio se encuentra en los márgenes del arroyo El Gato, el cual se desbordó durante la catástrofe.

Aquí creemos que los distintos sujetos actúan de modo colectivo y, en algunos casos, colaborativo. Participan de este proceso vecinos y vecinas, militantes, voluntarios que no viven en el barrio y, en ciertas oportunidades, referentes estatales. Se considera que existe una decisión traducida en un compromiso de estos actores que intervienen en el asentamiento en cuestión, motivando cambios. Sin embargo, se destaca la necesidad de la política pública a la hora de pensar en transformaciones estructurales, como la reubicación. Fundamentalmente, teniendo en cuenta que la inundación acrecentó una desigualdad material y de derechos que ya existía. Muchos barrios precarios, que sufren las consecuencias de las lluvias y los temporales en numerosas situaciones, requieren la presencia del Estado, y podemos pensar que la ciudadanía también se define en la práctica (Reguillo, 2000), con diálogo, discusión, reflexión y acciones.

Para Martín-Barbero (1991), el barrio brinda elementos para esgrimir un nosotros y se trata de un territorio para practicar la solidaridad. Asimismo, es un escenario de disputas y de intervenciones. Pero, sobre todo, hay que resaltar que forma parte y dialoga con el resto de la ciudad ‒que pide obras hidráulicas‒ y, por eso, no podemos dejar de analizar la reubicación en relación con todo el contexto urbano.

Por otra parte, si pensamos que podemos transformar y transformarnos a partir del vínculo con los/as otros/as, cobra mayor relevancia el trabajo de campo etnográfico: la observación participante de las asambleas, las reuniones, la palabra de los/as protagonistas en tales encuentros junto a las entrevistas en profundidad nos acercan a la perspectiva de estos actores, a sus modos de interpretar el mundo y de luchar por la reivindicación de derechos: en este caso, la vivienda digna enmarcada en el acceso justo al hábitat.

Muchas veces al hablar de asentamientos se acude a la noción de culturas o sectores populares. Desde aquí creemos que retomarla vale la pena si se la hermana a la idea de subalternidad y, para Saintout (2014), “si hay subalternos hay injusticia”. Por eso, se vuelve relevante estudiar estos procesos, con miras a producir transformaciones sociales que incidan en la vida cotidiana de los actores implicados. Analizar e interpretar procesos donde otros y otras son protagonistas, pero en los cuales nos involucramos más allá del objeto-sujeto de estudio, nos formula el interrogante acerca de si producimos conocimientos solo para y entre algunos/as o podemos imaginar que lo hacemos con una multiplicidad de personas, sin ignorar el lugar desde el cual partimos: la universidad pública.

Por eso, continuamos preguntándonos si en tanto investigadoras estamos siendo capaces de reconocer los lugares de intervención urgente. Y, a cada paso, nos cuestionamos el por qué y para qué de nuestros trabajos, formulaciones que se vuelven permanentes y se dan a cada paso de este recorrido.

Si para hablar de la relocalización del asentamiento de Ringuelet concebimos fundamental la voz de sus intervinientes, es ilusorio creer que constituimos saberes en soledad. Poner de relieve estos discursos es también una práctica política porque revaloriza la palabra de quienes fueron históricamente excluidos por modelos neoliberales. No de un modo heroico, sino concibiendo la comunicación como constructora de comunidad, de la que todos/as formamos parte y somos relevantes. Comunicar es poner en común y hacia ese desafío deseamos encaminarnos: compartir saberes y experiencias con otros/as para producir conocimientos quizás distintos a los hegemónicos, pero que puedan ser igualmente legitimados.

Sin embargo, en tanto sujetos que intentan interpretar procesos, creemos que producimos también para que nos puedan leer todos/as, para que lo que construimos sea colectivo tanto al momento de realizarlo como de leerlo en sentido amplio, para que el conocimiento académico no quede restringido a unos/as pocos/as, sino que sea democrático y esté al alcance de cada comunidad interesada. Pero producimos, sobre todo, porque nos mueve el deseo de aportar, aunque sea mínimamente, a la elaboración de ideas que nos hagan cuestionar el statu quo en pos de una mayor inclusión social. Por ello en este caso, tal como lo indica Valdez (2014, p.11), intentamos

“mirar con” los habitantes del barrio, desde sus vivencias, prácticas y discursos, como productores sociales de sentido, pero inscriptos en un contexto socio-político donde es necesario organizarse, negociar sentidos y condiciones materiales y simbólicas, para apropiarse el espacio urbano.

Producir conocimiento con y desde las organizaciones de la sociedad civil

Asumiendo la importancia de una producción participativa, que rescate saberes y los ponga a circular, es que se hace imprescindible trabajar con experiencias y conocimientos de la cotidianeidad. De este modo surgió la propuesta de beca de abordar la manera en que la gestión de la comunicación online, de diferentes organizaciones de la sociedad civil (OSC) situadas en territorio bonaerense, contribuye a la configuración de la imagen institucional y establece determinado vínculo con su comunidad.

Es interesante concebir los procesos como lo hace Daniel Cabrera, quien asegura que la tecnología más que un conjunto de aparatos se transforma en una manera de entender el mundo actual. Mundo complejo y caótico, para el cual el abordaje de la realidad comunicacional es importante en tanto

en las estrategias de comunicación se construye un pasado compartido, se fabrica un presente, y sobre todo, se proyecta “el mundo que vendrá”. Y lo que se puede observar en estos mundo futuros incoados, en el presente de la acción colectiva aparece una sociedad venidera, a veces luminosa, otras oscura, pero siempre tecnológica y tecnologizada. Las tecnologías presentes se muestran como parte de un curso histórico inevitable que conduce a la humanidad a su destino (Cabrera, 2006, p. 134).

Partiendo de esta conceptualización, hablar de prácticas online es hacer referencia a la mediación de Internet, espacio que concebimos como generador de transformaciones en la manera de habitar el mundo y que ha impactado notablemente en el campo de la comunicación porque, en conjunto con otras tecnologías de la información, ha posibilitado la inmediatez y la globalidad en cuanto a la conectividad y una multiplicidad de contenidos que pueden ser compartidos.

Ahora bien, el crecimiento de las prácticas comunicacionales mediadas por la web 2.0 y la consecuente utilización de las redes sociales digitales online ha configurado dichas plataformas como mediaciones simbólicas. Por eso se plantea desandar las lógicas con que algunas organizaciones de la sociedad civil suman a sus prácticas comunicativas cotidianas la mediación de esas redes y tejen una determinada relación con el entorno en el que se insertan.

Pero no se trabaja analizando a las organizaciones sociales por fuera, sino que se trabaja desde ellas, debatiendo y analizando con sus miembros estas nuevas prácticas que incorporaron en los últimos años. Para lograr esto partimos de concebir, tal como lo hace Domínguez (2010), que lo que siempre entendimos como reunión de personas y le dimos nombre de red social, hoy, en el seno de la cultura digital, dicha expresión serefiere a la misma idea de trabajar en conjunto en un espacio en común. La web 2.0 es participativa en tanto está constituida por los saberes y aportes de todos los webactores (categoría que adquieren quienes participan en las plataformas digitales).

Abordar investigativamente la comunicación institucional mediada la web 2.0 merece aclarar que:

La comunicación institucional no implica utilizar técnicas o herramientas que garanticen la circulación de mensajes, sino que involucra el análisis de la complejidad de los procesos de comunicación, visualizándola como disciplina transversal que recorre y determina la vida de una organización (Etkins, 2012, p. 10).

Es por eso que las necesidades comunicativas de las OSC deben ser entendidas y gestionadas desde procesos participativos, y las investigaciones a abordar deben ser concebidas desde las mismas lógicas, construyendo sentidos desde procesos democratizadores y dialógicos.

Y esto es a lo que apuntamos, procesos nutridos por las voces de todas y todos, procesos que rescaten las experiencias de quienes le ponen el cuerpo a la actividad, como es el caso de las organizaciones de la sociedad civil constituidas en objeto de una investigación financiada por el Estado. Las organizaciones median simbólicamente sus prácticas comunicativas a través de tecnologías de información y comunicación, pero la idea del trabajo de beca apunta a construir con los referentes de las diferentes instituciones y los encargados de las plataformas digitales un saber sobre esas prácticas comunicacionales.

Por ejemplo, en la aproximación a un análisis realizado sobre las prácticas que se generan en torno al Facebook de la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Chivilcoy, junto con los administradores del perfil, que son nada más y nada menos que el jefe y el segundo jefe del cuerpo activo del cuartel, vislumbramos que las nuevas tecnologías impactaron en el régimen espacio-temporal de una ciudad bonaerense con sesenta y cinco mil habitantes. El universo de observación de esta investigación es constituido por un caso puntual de Facebook: el perfil oficial público de la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Chivilcoy.

Dicha sociedad fue fundada el 7 de julio de 1945, previa inquietud de un grupo de vecinos, y gestionada con la ayuda del Centro Comercial e Industrial de la ciudad. Iniciada en la sede de dicho centro, la institución contó con un establecimiento municipal antes de alcanzar el propio en 1971. Actualmente, la sociedad cuenta con una comisión directiva, un cuerpo activo de sesenta inscriptos, y una reserva conformada por hombres jubilados en la institución.

Es interesante resaltar el vínculo de la institución con los habitantes de Chivilcoy y la zona, en tanto la sociedad ha logrado crecer ‒en términos de infraestructura y logística‒ gracias al aporte de la comunidad. Además de historia y trayectoria, la institución cuenta con reconocimiento a nivel provincial por su quehacer cotidiano en la ciudad y los alrededores.

En este contexto, el proyecto de investigación considera que el caso citado cobra interés de análisis debido al previo lazo comunicacional que encuentra, en el Facebook de la sociedad, otro espacio donde mantener ese vínculo. Además, aceptando la puntualidad de esta sociedad, no deja de presentársela como una institución paradigmática en tanto, si bien caso particular, puede servir para referir a muchas otras instituciones, situadas en el territorio provincial, con la misma característica comunicacional y con semejante iniciativa.

No obstante, en el mencionado diálogo con los administradores del perfil, concluimos que una necesidad institucional, que data de largo tiempo, como lo es la obtención de visibilidad, viene a encontrar en esta página un espacio más de concreción, ya que permite mantener el buen lazo con la comunidad, y aclarar al máximo el modo de actuar de la Sociedad de Bomberos Voluntarios y el cuerpo activo en particular. Rescatando estas voces de organizaciones de la sociedad civil, que detallan su experiencia, podemos aportar a construir un saber útil. Más aun cuando las producciones que abordan la comunicación online en la planificación institucional se refieren en su mayoría a organizaciones con fines de lucro o de nivel estatal, generalmente desde una perspectiva de fidelización de clientes, con visión mercantilista, y lo cierto es que todas las organizaciones, independiente del tamaño, el sector o la actividad, se encuentran envueltas en procesos comunicacionales. Generar un conocimiento con la sociedad civil para la sociedad civil implica poner en relieve las experiencias de quienes moldean las prácticas comunicativas diariamente, constituyéndolos en referentes para otras organizaciones, para otros agrupamientos. Es el saber del pueblo, que vuelve al pueblo, Estado y universidad pública mediante.

Afortunadamente, es en ese trabajo de investigación, de ida al campo, de producción colectiva, donde la universidad pública y otras entidades del Estado habilitan una relación y posibilitan la producción de conocimientos garantizando el vínculo de cada rincón del territorio en el que se insertan. Generamos conocimientos para todos/as, desde el colectivo para el colectivo, nos interesa aportar a la academia pero también a prácticas democratizadoras que rescaten saberes cotidianos, que están latentes fuera de la academia con necesidad de visibilidad. Hay muchas experiencias y queremos recuperarlas, aportando entre todos/as al saber de un pueblo que contemple las realidades de cada uno de sus soberanos.

A modo de cierre

En estas líneas nos preguntamos si la academia se aproxima a las necesidades de las culturas populares, entendidas desde la idea de subalternidad. Nos movilizó el deseo de conocer para qué y para quiénes producimos, deseo que se construye con las intervenciones de otros/as actores.

En un contexto que fomenta la investigación científica, nos parece fundamental posicionarnos con visión crítica para garantizar la participación plural en nuestros espacios de inserción. Somos parte de una nueva forma de entender la producción de conocimiento, de una apuesta a la construcción colectiva y del quiebre del pensamiento hegemónico que implica que el saber estaba, se creaba y se reproducía dentro de la academia.

Reconocemos esto como una ventaja en tanto es tiempo de legitimidades distintas y de ampliación de oportunidades para el conocimiento pero sobre todo lo pensamos como un desafío que nos alienta y moviliza hacia una producción participativa, porque es desde la construcción colectiva que se democratizan los saberes.

Sostenemos que las universidades públicas son actores políticos claves para producir conocimientos que incidan en la planificación de políticas estatales para lograr una mayor inclusión social. Porque este ámbito institucionalizado puede albergar una diversidad de saberes y prácticas, que pongan en cuestión el statu quo y favorezcan los debates. Creemos que si no se acepta lo dado tal cual se presenta a nuestros ojos, es posible pensar en ser protagonistas de otras realidades, entendiendo que somos sujetos de derecho ‒por lo tanto la educación nunca puede ser un privilegio de algunos/as‒ y de conocimiento: todos y todas podemos entre-aprendernos a partir del diálogo y la participación.

Por eso, celebramos que en los últimos años los espacios de investigación hayan privilegiado, con recursos económicos y humanos, aquellos proyectos que apuntan a interpretar procesos que nos permitan enriquecer las democracias de nuestros pueblos.

Bibliografía

Cabrera, D. (2006). “Lo tecnocomunicacional”. En Lo tecnológico y lo imaginario, cap. 4. Buenos Aires: Biblos.

Caldevilla Domínguez, D. (2010). “Las redes sociales. Tipología, uso y consumo de las redes 2.0 en la sociedad digital actual”. Revista UCM, vol. 33. España: Universidad Complutense de Madrid.

Etkin, E. (2012). Comunicación para organizaciones sociales. De la planificación a la acción. Buenos Aires: Editorial La crujía.

Martín Barbero, J. (1991). De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. México: Gustavo Gili.

Reguillo, R. (2000). Emergencia de culturas juveniles: estrategias del desencanto. Buenos Aires: Grupo editorial Norma.

Saintout, F. (2014). “Las culturas populares en la televisión”. Página 12. Recuperado el 10 de septiembre de 2015 de http://goo.gl/22i2cG.

Valdez, R. (2014). Producción social de sentido acerca del hábitat popular. El caso del barrio La Victoria, en la periferia del Gran La Plata. Trabajo de tesis realizado como requisito para optar al título de Doctor de Comunicación. Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.


  1. Doctorandas en Comunicación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Contactos: fernandagarciagermanier@hotmail.com, sofiabernat@gmail.com, lucregandolfo@gmail.com.
  2. El informe completo puede consultarse en el sitio web oficial del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva: http://goo.gl/ObW5EF.


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