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La construcción social del espacio distal

Roxana Cabello[1]

Palabras clave: teletecnologías, espacio distal, construcción, desigualdades

El desarrollo y expansión de las teletecnologías repercute sobre la construcción social del espacio

Las teletecnologías[2] pueden hacer viables las acciones y las interacciones a distancia por parte de distintos tipos de actores. Cuando esta potencialidad se realiza, se produce alguna clase de modificación de la experiencia espacial, de las relaciones espaciales y de las representaciones sobre el espacio. Estamos acostumbrados a habitar el espacio natural y urbano que podemos denominar “proximal”. Un espacio territorializado, que requiere movimientos físicos para la actuación y suele representarse como recintual (es decir que distingue interior, frontera y exterior). En cambio, a partir de la intervención de las teletecnologías, se reconoce un nuevo tipo de entorno en el cual podemos actuar e interactuar: el entorno distal. Es reticular, eléctrico (virtual), representacional, con movilidad electrónica y gran velocidad de transmisión, digital, aéreo (asentado en los satélites), global, asincrónico e inestable (Echeverría, 1998).

Espacios que no están asentados en la tierra ni son presenciales, que carecen de la estabilidad de los espacios naturales o urbanos. Sin embargo este entorno distal permite comunicarse, transmitir informaciones y realizar teleacciones (compras, transacciones bursátiles, disparo de misiles, consumo de medios, etc.)[3] y es complementario del espacio proximal.[4] Sostenemos que el espacio distal resulta en parte de un proceso de construcción social y proponemos algunas orientaciones para analizar dicho proceso.

El espacio distal se constituye como ámbito de interacción y a través de las interacciones

Uno de los ámbitos privilegiados de sociabilidad y de distintos tipos de transacciones y relacionamiento entre las personas, los grupos y las organizaciones es el que se produce en Internet y ciertas redes y espacios digitales (muchas veces se hace referencia a algunos de esos ámbitos como espacio virtual o como ciberespacio, pero evitaremos introducir esas definiciones porque requieren un nivel de precisión que nos aparta del interés de este artículo). Entendemos que los intercambios sociales y la construcción social de los espacios están mutuamente implicados. “Las relaciones tienen una vida social en tanto que poseen una existencia espacial” (Lefebvre, 1974), pero sostenemos también que en buena medida “el espacio distal existe como red de relaciones”. Como plantea Harvey (1994), decir que algo es socialmente construido no significa que sea subjetivo y arbitrario. Entendemos que el espacio distal se constituye como cierta estructura objetiva, entre otras cosas a partir de acciones e interacciones subjetivas.

Para analizar ese proceso consideramos la propuesta de Henri Lefebvre para el análisis del espacio proximal, que identifica tres dimensiones: prácticas materiales espaciales, representaciones del espacio y espacios de representación (Lefebvre, 1974; Harvey, 1994, 1998). En este primer ejercicio enfocamos desde esta perspectiva trialéctica (dialectique de triplicité) el espacio distal e identificamos factores que participan en su construcción. Partimos de la presunción de que la construcción del espacio distal es un proceso complejo en el que participan:

a) Los factores que lo hacen materialmente posible desde el punto de vista sociotécnico (el desarrollo tecnológico, los requerimientos y funciones atribuidas por parte de los actores diseñadores y usuarios a los dispositivos que permiten la construcción de este espacio, los saberes y discursos respecto de esas tecnologías y los que circulan por ellas, los dispositivos, etc.). Las teletecnologías y su proceso de construcción social.

b) La experiencia, la percepción y la imaginación desplegada en flujos, interacciones y teleacciones por parte de los actores individuales y colectivos. El espacio vivido.[5]

Este trabajo enfoca este segundo aspecto y se apoya en la pregunta ¿de qué modo participan la experiencia, la percepción y la imaginación en la construcción social del espacio distal? Presentamos aquí una propuesta para el análisis de ese proceso refiriéndonos siempre al caso de Internet. La tesis que motoriza esta primera aproximación es la siguiente:

El espacio distal complementa el espacio proximal. Es una trama inestable asentada en el funcionamiento y usos de teletecnologías, en cuyo proceso de permanente construcción y transformación intervienen actores de diversa índole, los cuales asumen diferentes posicionamientos respecto de la accesibilidad, el uso y la apropiación, la dominación y el control y la producción efectiva del espacio.

Para aportar elementos para el análisis de ese proceso, describimos algunos de los aspectos que identificamos en relación con las tres dimensiones principales: prácticas espaciales, representaciones del espacio y espacios de representación.

La dimensión de las prácticas materiales espaciales en la construcción del espacio distal

Para Lefebvre (1974) el de las pratiques spatiales es el espacio que integra las relaciones sociales de producción y reproducción y está vinculado con la percepción que la gente tiene con respecto a su uso cotidiano: sus recorridos, los lugares de encuentro.

Entenderemos que el espacio distal va configurándose como resultado de la acción subjetiva social y de las operaciones simbólicas que realizamos. Y que una y otras asumen distintos valores en relación con la accesibilidad, el uso y la apropiación, la dominación y el control y la producción efectiva del espacio. Los actores sociales participan en mayor o en menor medida (o se distancian) de diferentes flujos de relaciones, ya se trate de transacciones de distinto tipo (económicas, financieras, informativas, etc.) y/o de aquellos que conforman sistemas de interacción comunicativa (redes sociales digitales, grupos de interés, foros, listas de correo, etc.). Además navegan de un sitio a otro, entran y salen, fragmentan el espacio abriendo ventanas. A partir de las prácticas van construyéndose entramados a través de los cuales circulan flujos en los que los actores participan (o no participan) que tienen una impronta a nivel experiencial y que son susceptibles de ser objetivados para su representación. La complejidad, densidad y alcance de esos entramados variará en función de distintos tipos de factores, algunos de los cuales se construyen y desarrollan en el espacio proximal.

Atendemos también a las prácticas de apropiación y uso del espacio.[6] Los ambientes que construyen (o no construyen) los actores, como blogs, páginas web, perfiles, exhiben la definición de parcelas personalizadas y los intentos de estabilización y delimitación en el espacio desterritorializado. Las redes que los actores integran y promueven portan las marcas funcionales que atribuyen a las tramas espaciales virtuales: ¿son de sociabilidad, profesionales, comerciales? Además los actores intervienen en el espacio virtual y se valen de él para diseñar e implementar estrategias de supervivencia y/o desarrollo profesional o laboral en general, y despliegan prácticas que impactan en la organización de su vida cotidiana (como el teletrabajo).

Entendemos que la construcción social del espacio distal involucra tensiones, algunas de las cuales pueden manifestarse, por ejemplo, en ciertos fenómenos que se producen en Internet: la tensión entre acceso libre y privatización (software libre, acceso y administración de sitios, páginas, comunidades). Las jerarquías que se conforman en esos espacios de acción e interacción manifiestan confrontaciones y relaciones de poder que repercuten directamente en la configuración espacial de la trama (quiénes están adentro y quiénes afuera; quiénes están arriba y quiénes abajo; cuál es la forma que adopta el espacio reticular y en qué medida se aleja del espacio piramidal, etc). Por ejemplo, en muchas comunidades de práctica en Internet, a pesar de los supuestos sobre los liderazgos compartidos, se producen estructuras verticales.[7]

Por otra parte, la propia construcción del espacio distal se apoya en normas y protocolos que se organizan de manera espacial. El modelo OSI (Open System Interconnection) es un marco de referencia para la definición de arquitecturas en la interconexión de sistemas de comunicaciones e identifica siete “capas”[8] (físico, enlace de datos, red, transporte, sesión, presentación y aplicación), que definen las fases por las que deben pasar los datos para viajar de un dispositivo a otro sobre una red de comunicaciones. Se usa actualmente con valor formativo, pero se construyeron muchos protocolos siguiendo esta normativa. También existen diferentes modelos de arquitectura de redes (topológico, de flujos, funcional) y otros aspectos que influyen en la configuración espacial, como las funciones de las redes, la infraestructura y el almacenamiento. La producción de los sistemas reticulares es la manera como se conforman materialmente estos espacios, con enormes distancias en las modalidades de participación de los actores (desde los especialistas que diseñan e implementan las arquitecturas hasta los usuarios o habitantes más básicos del espacio distal). Sin embargo dentro mismo de esta arquitectura general pueden identificarse intervenciones productivas de espacios diferenciados, como entornos de juegos y simulaciones de distintos tipos producidos por jóvenes inquietos u otro tipos de usuarios no especialistas.

Acciones, interacciones, navegaciones, parcelas personalizadas, jerarquías, diseños, juegos y conflictos. El espacio distal se constituye como trama en las prácticas materiales.

a) La dimensión de las representaciones del espacio en la construcción del espacio distal

Lefebvre entiende las representaciones del espacio (représentations de l’espace) como un espacio concebido y abstracto que se representa a la manera de mapas, planos técnicos, discursos. Es el espacio dominante en las sociedades, está ligado con las relaciones de producción existentes en una sociedad y tiende a imponerse a otras formas de representación.

Estas caracterizaciones nos permiten también analizar el espacio distal. Está generalizada la convicción de que muchos de los discursos ficcionales sobre el espacio virtual, los entornos virtuales, la realidad virtual, fueron anticipatorios respecto de posteriores desarrollos científicos y técnicos. En 1945 Arthur Clarke proponía la instalación de satélites de comunicaciones geoestacionarios. Veinticinco años después, en su novela “2001”, se realiza una videoconferencia que es posible gracias a la intervención de ese tipo de satélites. En 1965 se había puesto en órbita el primer satélite comercial EarlyBird de Intelsat. En 1984, en su novela Neuromancer, William Gibson acuñaba el término ciberespacio, que se convirtió en referencia sobre el ambiente de interacción virtual generado por computadoras. Sin embargo también es cierto que el conocimiento acumulado sobre las diversas maneras de concebir el espacio y las tecnologías que lo afectan debe haber permeado la mayoría de los discursos que fueron produciéndose al respecto. T. Maldonado (1994) es uno de los autores que ha realizado una suerte de genealogía de las imágenes virtuales estableciendo parentescos entre ellas y el espejo, el trompe-l’oeil y otras formas de representación.

Asociados o no con anticipos ficcionales, los especialistas han desarrollado distintas nociones que suponen manifiestamente representaciones del espacio. Entre las más difundidas podemos destacar las de brecha digital e inclusión digital. La primera se refiere a una escisión que involucra una medida de distancia entre unos posicionamientos a un lado y al otro, lejos y cerca del espacio distal y respecto de él.[9] Por otra parte, la fórmula inclusión digital también remite a cierta metáfora del espacio proximal, ya que existe un adentro al que se aspira a pertenecer. La noción de sociedad de la información (uno de los “adentro” de la inclusión digital) es una abstracción en tanto formación social, pero consolida una trama discursiva de las redes y los flujos, que se extiende conforme al mapa que construye el índice de la sociedad de la información: son los países los que, de acuerdo con el puntaje que obtienen en el índice, ingresan (o no) a ese espacio y extienden sus fronteras.

Existen también macro-representaciones sobre el espacio personal. Los discursos sobre la personalización de los perfiles y los muros en las redes sociales son un ejemplo de construcción simbólica del espacio personal en el maremágnum distal. La significación que asume el tamaño de la red de cada uno (la cantidad de amigos o contactos) se construye en diálogo entre el habitante de la red y la trascendencia que los sentidos sociales le atribuyen. Otro tanto sucede con las comunicaciones sobre distintas localizaciones en “la nube”, que interpelan al sujeto y ayudan a configurar la noción de espacio personal: “Consultá tu espacio de almacenamiento en Google Drive”; “Si alguna vez necesitas más espacio, puedes suscribirte a Dropbox Pro, que ofrece 1 TB de espacio”.

Hay representaciones del espacio distal que dan cuenta de ciertos “imperativos territoriales”. Unas de las más difundidas son las que se construyen sobre la relación global-local. El espacio distal se figura como aquel que, por un lado, amplía o trasciende fronteras. Por el otro, circunscribe la localidad: la asocia al territorio o la recorta en su singularidad entre la multiplicidad virtual (a la manera de pantallas, de voces, de expresiones culturales). Unidad en la diversidad y mundo sin fronteras; opacidad en la multiplicidad que impide reconocer las diferencias; glocalidad como expresión de deseo de construcción de un espacio abierto pero respetuoso de las identidades, son algunos de los discursos que construyen de manera compleja el espacio distal.

Hay además zonificaciones, áreas prohibidas en el espacio distal. Las páginas de pornografía, abuso infantil o trata de personas son algunas de las localizaciones que construyen los bordes no deseados, los márgenes a veces desconocidos y a la sombra, los objetos de control.

Finalmente hacemos mención a los sistemas de representación de la arquitectura distal: diversas maneras de graficar sistemas de flujos, representaciones del espacio reticular, discursos y esquemas sobre las estructuras rizomáticas, gráficos que ilustran la vinculación entre los satélites y los flujos de información, etc. Una de las representaciones más difundidas es la del espacio virtual asociado a la realidad virtual. Puede pensarse como una realidad simulada en la que el observador puede penetrar interactivamente en un ambiente tridimensional generado por la computadora (inmersión en un espacio tridimensional) o como un sistema que permite la participación simulada del actor desde el exterior en el espacio representado en el video (Maldonado, 1994).

Realidad virtual, inclusión digital, arquitectura de redes, discursos e imágenes. El espacio distal se constituye como trama compleja y conflictiva en sus representaciones.

b) La dimensión del espacio de representación en la construcción del espacio distal

Para Lefebvre (1974) el espacio de representación (espaces de représentation) es el espacio experimentado directamente por sus habitantes y usuarios a través de símbolos y despliegues de imaginación. Según Lerma Rodríguez (2013), se trata de espacios dinámicos cuyos significados se construyen y modifican en el trascurso del tiempo por los actores sociales, y dan cuenta de formas de conocimientos locales, opuestas a las ideologías dominantes del espacio. Lefebvre concibe que el espacio de representación, aunque es sujeto de dominación, es también fuente de resistencia, ya que se desarrolla en una relación dialéctica con las representaciones dominantes del espacio.

Si pensamos en el espacio distal, los usuarios desarrollamos una serie de disposiciones y actitudes que operan conforme a cómo lo imaginamos (además de cómo lo habitamos). En estudios realizados con diferentes tipos de públicos hemos identificado disposiciones de atracción o repulsión, de distancia o deseo, de acceso o rechazo. Buena parte de la apropiación y uso del espacio distal se apoya en la construcción de familiaridad y el afianzamiento de una sensación de confianza que nos permita desplegar recorridos, disfrutar de la navegación, ampliar las redes hipertextuales y dotarlas de reversibilidad. Por el contrario, la falta de familiaridad suele ser la base de una serie de temores que dificultan la apropiación del espacio distal y la ampliación de sus fronteras, la inseguridad respecto del territorio desconocido o la fantasía de perderse en medio de la maraña de caminos posibles. Algunos componentes del capital simbólico con el que contamos nos permiten consolidar ciertas disposiciones y derribar barreras simbólicas respecto de a qué zonas podemos o no acceder o qué podemos imaginar o no respecto del espacio virtual.

Por otra parte, construimos un espacio representado personal: trazamos mapas mentales sobre el espacio virtual ocupado por cada uno. ¿En qué medida y de qué modo las personas nos percibimos en un espacio otro, complementario del espacio proximal, y lo visualizamos como una ampliación de nuestro campo de acción e interacción? Distintos factores condicionan ese mapa personal. Entre ellos, nuestra propia disposición a objetivarnos como cuerpos situados, al decir de Merleau Ponty. Como puntos en un universo distal que adquiere sentido para nosotros y se constituye como espacio a partir de nuestra propia posición. Las organizaciones y grupos apelan a indicadores externos para mapear su posicionamiento en el espacio distal (reputación, seguimiento, visualización) y su contribución a la conformación del entramado reticular.

Podemos también generar nuestros propios proyectos utópicos convirtiendo el espacio distal en escenario de ficciones, paisajes virtuales, simulaciones. Cuando se trata de percibir (o, agregamos, imaginar) un objeto desconocido, que no ha sido presentado antes, sino que está representado, se torna muy importante la familiaridad que tenga el observador con el uso del medio de representación (Maldonado, 1994, p. 39). De allí que suponemos que tanto el conocimiento y uso de las teletecnologías como de otros proyectos similares acumulados serán factores que marcarán diferencias al producir representaciones de ese tipo por parte de los actores.

Disposiciones, actitudes, capital simbólico, proyectos imaginados, los espacios de representación construyen el espacio distal superando el espacio físico a través del uso simbólico.

El espacio distal: desarrollo desigual y combinado

En esta primera aproximación buscamos hacer visible una manera de pensar el espacio distal como construcción. Creemos que la mirada clásica de Lefebvre, que identifica una relación trialéctica entre lo que Harvey sintetizó como la experiencia, la percepción y la imaginación en la construcción social del espacio, resulta una buena orientación aunque haya sido originada en relación con el espacio que aquí denominamos proximal. Creemos que nos ha permitido reconocer y ordenar algunos de los componentes del proceso complejo que se produce en relación con el espacio distal. Constatamos que la impronta material y simbólica que los sujetos individuales y colectivos realizamos en el proceso de construcción permanente del espacio distal manifiesta grados o intensidades diferentes. Avanza desde el mero acceso hasta formas más efectivas de producción del espacio que involucran apropiación, dominio y control. La participación en ese proceso gradual es desigual, se produce de manera combinada en las tres dimensiones (prácticas materiales espaciales, representaciones del espacio y espacios de representación) y podrá tomarse en cuenta como una de las señales importantes del tipo y grado de inclusión digital que conseguimos.

Bibliografía

Baringo Ezquerra, D. (2013). “La tesis de la producción del espacio en Henri Lefebvre y sus críticos: un enfoque a tomar en consideración”. Revista QUID, 16(3), pp. 116-135.

Bianchi, M. P. (2014). “Prácticas en una comunidad colaborativa virtual: condiciones de posibilidad para la cooperación, aprendizajes y sociabilidad”. Revista Razón y Palabra, Nº 87. Recuperado el 11 de abril de 2015 de http://goo.gl/f5wdVZ.

Castells, M. (1998). La era de la información, vol. 3: Fin de milenio. Madrid: Alianza.

Castells, M. (2000). “Grassrooting the space of flows”. En Wheeler, J.; Aoyama, Y. y Barney, W. (eds.). Cities in the Telecommunications Age.The fracturing of Geographies. Nueva York: Routledge, pp. 18-27.

Castells, M. (2008). “Comunicación, poder y contrapoder en la sociedad red (II). Los nuevos espacios de la comunicación”. Revista Telos, Nº 75, abril-junio. Recuperado el 2 de enero de 2014 de http://goo.gl/DlDYqG.

Dimendberg, E. (1998). “Henri Lefebvre on abstract space”. En Light, A. y Smith, J. M. (eds.). The production of Public Space. Boston: Rowman&Littleflield, pp. 17-47.

Echeverría, J. (1998). “Teletecnologías, espacios de interacción y valores”. Teorema, Revista internacional de filosofía, XVII(3).

Géliga Vargas, J. (2006). “Acceder, cruzar, nivelar: disyuntivas escolares ante la Brecha Digital”. En Cabello, R. (coord.). “Yo con la computadora no tengo nada que ver”. Buenos Aires: Prometeo y UNGS, pp. 41-87.

Harvey, D. (1994). “La construcción social del espacio y del tiempo: una teoría relacional”. Geographical Review of Japan, 67(2) (Ser. B), pp. 126-135 (trad. de P. Zusman).

Harvey, D. (1998). La condición de la posmodernidad. Buenos Aires: Amorrortu.

Lefebvre, H. (1991) [1974]. The production of space. Londres: Blackwell.

Lerma Rodríguez, E. (2013). “Espacio vivido: del espacio local al reticular. Notas en torno a la representación social del espacio vivido en la globalización”. Revista Pueblos y Fronteras digital, 8(15), pp. 225–250.

Maldonado, T. (1994). Lo real y lo virtual. Barcelona: Gedisa.

Merleau-Ponty, M. (1975). Fenomenología de la percepción. Barcelona: Ed. Península.

Ramírez Velazquez, B. (2014). “Lefebvre y la construcción del espacio. Sus aportes a los debates contemporáneos”. Revista Veredas, Nº 8, pp. 61-73.


  1. Doctora en Ciencias de la Comunicación Social, Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina. Contacto: rcabello@ungs.edu.ar.
  2. Tecnologías que hacen posible la conformación y funcionamiento de las redes y servicios de comunicaciones, para el transporte, almacenamiento y procesamiento de cualquier tipo de información (datos, voz, video, etc.).
  3. Según Echeverría las teletecnologías portan los valores de las empresas multinacionales que las desarrollan y esto influye en la valoración de los resultados que permiten producir.
  4. Consideramos la diferenciación entre espacio proximal y espacio distal y no aquella otra que presentaba Castells 1998, 2000), sobre todo en La era de la información, cuando hablaba de espacio de los lugares y espacio de los flujos en el marco de su teoría social del poder. El espacio de los flujos es en donde se despliega la lógica de las organizaciones de poder global, mientras que la experiencia fragmentada queda confinada a los lugares. El autor se refiere a la sociedad red pero no habla de espacio de las redes. Algunos de nuestros interrogantes, en cambio, indagan cómo participan los actores (individuales y colectivos) con sus interacciones en ese espacio (¿de los flujos?, ¿de las redes?) y en su construcción, además de su posicionamiento en el espacio proximal (o en los lugares).
  5. Estudiar el espacio vivido implica comprender cómo la gente vive el espacio con el cuerpo, cómo lo siente, lo nombra, lo significa, se lo apropia. El modo como las personas reconocen y significan. Para Lefebvre es importante observar la pluralidad de sentidos y de significados que guarda un mismo lugar para diferentes actores (Lerma Rodríguez, 2013).
  6. Harvey (1998) propone analizar los espacios y tiempos individuales en la vida social a partir de cuatro dimensiones: accesibilidad y distanciamiento, apropiación y uso del espacio, dominación y control del espacio y producción del espacio. Sin embargo, hay que aclarar que se refiere al espacio que llamamos aquí “proximal” (y no al espacio distal que intentamos analizar en este artículo). Sus dimensiones funcionan únicamente como referencia en nuestro esquema.
  7. Analizando prácticas en una comunidad colaborativa virtual, M. Bianchi (2014, p. 11) ha observado que “(…) el equipo está organizado de acuerdo con jerarquías que se obtienen en base a producción, calidad y regularidad en la actividad de colaboración y se otorgan por decisión deliberativa de los integrantes del staff. Estos atributos se adquieren con práctica, y la base de la práctica la constituye el aprendizaje y crecimiento constante. (…) (generalmente el más respetado es aquel que más sabe y el que más ayuda y comparte)”.
  8. Un tratamiento especial requeriría entrar en el tema de Internet profunda y los niveles de Internet, pero será materia de otro artículo.
  9. Según Géliga Vargas (2006), una de las primeras apariciones del término se constata en un estudio realizado por la Markle Foundation en 1995 y publicado en 1997. A un lado de la brecha, Katz –el autor del informe– posicionó a los poseedores y del otro lado a los desposeídos; entre ellos dibujó una “amplia y creciente división de la información”.


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