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Recursos digitales y vida universitaria
en el Gran Buenos Aires

Una reflexión sobre la apropiación de tecnologías como factor de afiliación en la educación superior

Adrián Lucas López[1]

Palabras clave: tecnologías digitales, apropiación, afiliación universitaria

Introducción

En la actualidad las repercusiones sociales e institucionales a partir de la integración de tecnologías es uno de los tópicos más reflexionados en las ciencias sociales, y en esas discusiones la incorporación de Internet y la ampliación del proceso de digitalización toma la delantera. Sin embargo, existe una justificación práctica para aquella obsesión y es que el nuevo entorno tecnológico modifica prácticas, sentidos y discursos, y resulta necesario reflexionar en cada grupo social o institución con el objetivo de comprender las características de los cambios y así poder optimizar la gestión de las tecnologías. En particular, la Argentina presenta un contexto tecnológico de fuerte renovación en varios espacios, pero fundamentalmente, en los educativos tras la puesta en marcha de políticas que permiten el acceso y la disponibilidad de tecnologías, como es el Programa Conectar Igualdad, entre otras.[2] Por lo tanto, el advenimiento de los dispositivos y su gestión en los ámbitos institucionales nos obliga a pensar las experiencias que transitan los sujetos involucrados, los nuevos procesos de aprendizaje que implican y sus consecuencias en el funcionamiento institucional. Investigaciones anteriores en el área (Winocur, 2006; Crovi Druetta, 2008) han señalado a la universidad pública como un espacio privilegiado de socialización informática vinculado no solo a las exigencias curriculares sino también a la propia cultura universitaria. Para estas autoras el ámbito de la universidad constituye un universo simbólico que a veces sin proponérselo estrictamente se posiciona a la vanguardia en la utilización de novedosas tecnologías y en la emergencia de prácticas y discursos en torno a ellas.

Este artículo presenta una reflexión conceptual a partir de algunos avances de una investigación en curso en el marco de un proyecto de beca doctoral en la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina, cuyo plan se denomina: “La integración de Internet en las prácticas académicas de los estudiantes de universidades nacionales del Conurbano Bonaerense. El caso de la región educativa 9na”. [3] A partir de una indagación preliminar y exploratoria de uno de los objetivos de la investigación que tiene que ver con la reconstrucción y el análisis de las formas de apropiación de Internet que realiza el grupo en estudio, presentamos la sistematización de una dimensión de análisis que creemos fundamental al momento de abordar las repercusiones de los usos de las tecnologías en la educación superior, dadas las características actuales del nivel de estudios y el contexto particular de la investigación: la dimensión afiliación. Estudios anteriores (López, 2012, 2014; Cabello y López, 2015) nos permiten sostener que tanto en las dinámicas que se desarrollan en los entornos virtuales (relatadas por ellos) como en los espacios físicos, la utilización de Internet contribuye en buena medida con la inserción o afiliación (Alain Coulon, 1995, 2008) académica e institucional al espacio universitario. Los estudiantes demuestran que la incorporación de esta tecnología les permite entrar en contacto con una variedad de prácticas, hábitos y sentidos que los conducen a establecer una conexión mucho más fluida con los códigos y rutinas propios del oficio de estudiante. La relevancia de este factor en la indagación se impone ante la situación general de la educación superior en la región, que detenta una alta tasa de deserción y desgranamiento (Ezcurra, 2011), junto a las fuertes iniciativas estatales de lograr mayores condiciones de igualdad e inclusión por la vía de la integración de tecnologías.

La experiencia estudiantil en el contexto del Gran Buenos Aires

La investigadora Ana María Ezcurra (2011) llevó adelante una investigación en la Universidad Nacional de General Sarmiento que tuvo como objetivo detectar los condicionamientos sociales, culturales y educativos que se le presentan a la educación superior al momento de pretender mayores niveles de igualdad. Los resultados de esa investigación que indagó la problemática a nivel global demostraron que existe una fuerte desigualdad en el acceso a los estudios superiores basada en una desigualdad social estructural y en alza. Los principales indicadores sobre la educación superior, tanto en los países de la región como en las grandes economías, combinan dos tendencias encontradas, por un lado, una fuerte masificación de las matrículas y una ampliación de la oferta de universidades y centros de estudio que se complementa con ingentes tasas de deserción y desgranamiento. Hace aproximadamente cuarenta años se viene produciendo una masificación de la educación superior a nivel global que continúa y se intensifica cada vez más, lo cual implica procesos de inclusión social, de ingreso de sectores sociales que antes se encontraban excluidos de la educación superior. Sin embargo, esas franjas desfavorecidas que ahora ingresan a las nuevas universidades muchas veces emplazadas en zonas periféricas, deben sortear una gran cantidad de escollos para permanecer en el sistema educativo, dadas sus condiciones desiguales en la distribución del capital económico y cultural. Por este motivo la autora insiste en que existe un proceso de inclusión que es, a la vez, excluyente. Los procesos se vinculan a partir de una relación causal: las franjas sociales que se incluyen son luego las más afectadas por el abandono.

En nuestro caso, los estudiantes que ingresan a las universidades de la región novena[4] provienen, en una gran proporción, de sectores sociales desfavorecidos con serios déficits de capital económico y cultural.[5] Este tipo de estudiantes, por diversas razones, asociadas a su trayecto específico de socialización y a experiencias educativas negativas durante el nivel medio, llegan a los estudios superiores con una considerable brecha entre sus propios conocimientos y las demandas académicas que requieren los estudios superiores. Una cantidad importante de ellos trabajan, tienen a su cargo diversas responsabilidades familiares y son estudiantes de nuevo ingreso, que representan el primer miembro de la familia en continuar con los estudios superiores. Dada esta situación y en muchos de los casos, la universidad no logra estructurar modelos pedagógicos que permitan salvar las distancias cognitivas y provoca una reproducción ampliada de esta desigualdad cultural socialmente condicionada (Ezcurra, 2005, 2007, 2011; Gluz, 2011).

Estas carencias en el desempeño académico, que también incluyen la gestión de las tecnologías digitales, no involucran solamente a los distintos niveles de la educación formal previa, sino que resultan una problemática que se inscribe y que, de alguna manera, es respuesta de las características específicas de los sujetos respecto de su inserción en el espacio social. Si seguimos a Kisilevsky (2002), entendemos que los diferentes recursos académicos con los que cuentan los estudiantes ejercen influencia a lo largo de todo el trayecto de los sujetos en interacción con el sistema educativo, ya que define como condiciones pedagógicas a “los diversos factores del contexto social, económico y familiar que afectan el rendimiento educativo” (Kisilevsky, 2002, p. 29).

Sobre la apropiación de tecnologías

En los últimos años la noción de apropiación se ha posicionado como un concepto fundamental en los estudios que indagan experiencias de vinculación con recursos digitales de todo tipo. Los abordajes al respecto, en general, algunos más precisos que otros, atienden a una experiencia particular de contacto con un objeto, dispositivo técnico o contenido mediático con la intención de comprender sus modalidades básicas de funcionamiento, significados asociados y modos de integración a la vida práctica. Por lo general, hacen referencia a la posesión e incorporación del objeto con la posibilidad de adaptarlo desde una posición creativa a las necesidades, deseos e intereses que surgen en la vida cotidiana de las personas (Silverstone, Hirsch y Morley, 1996, p. 47; Thompson, 1998, p. 66; Winocur, 2009, p. 20; Morales, 2009 y 2011, p. 56). Sin embargo, creemos, junto con Delia Crovi Druetta (2013), que el fenómeno de la apropiación responde a una multiplicidad de aspectos y dimensiones que requiere tener en cuenta el carácter social e histórico del proceso y las consecuencias de las desigualdades sociales y culturales en las que se produce.[6] Por este motivo es que la autora recomienda comenzar a pensar esta problemática desde el enfoque socio-histórico formulado por Lev Vigotsky (1896-1934) y continuado por Alexis Leontiev (1903-1979). Esta escuela de pensamiento consideraba que los seres humanos desarrollan sus estructuras cognitivas y psicológicas en estricta relación con el entorno y que las formas de la conducta individual y colectiva tienen un origen social y cultural, siempre estimulados a partir de una base biológica común. Este proceso de adquisición de experiencias y referencias culturales en el entorno es denominado interiorización. La interiorización se produce a partir del contacto sostenido con instrumentos de mediación (herramientas o signos) con creciente independencia del contexto, de regulación voluntaria y realización consciente (Baquero, 1996, p. 34). Una instancia en la que se reorganiza y reconstruye la actividad psicológica del sujeto como producto de su participación en situaciones sociales específicas. Esto pone de manifiesto la centralidad que tiene para estos autores la interacción con los demás sujetos y con los objetos de la cultura, que implica como mecanismo específico de funcionamiento el dominio de las formas semióticas externas, lo cual no hace referencia a una copia de la realidad externa en un plano interno existente, sino a una creación novedosa de un plano interno de la conciencia (Baquero, 1996, p. 46).[7] Por lo tanto, un dominio progresivo de los instrumentos mediadores, de los cuales el lenguaje es el que tiene mayor importancia, genera superiores niveles de autonomía en el sujeto y nos conduce a formas cada vez más sofisticadas de apropiación de la cultura.

A partir de esta base conceptual, Leontiev (1983) concibe dentro de su teoría de la actividad la noción de apropiación como un proceso intrínsecamente humano en el que indefectiblemente están en juego la generación de habilidades y competencias: “Para apropiarse de los objetos o fenómenos que son el producto del desarrollo histórico, es necesario desplegar, con relación a ellos, una actividad que reproduzca en su forma los rasgos esenciales de la actividad encarnada, acumulada en el sujeto” (Leontiev, 1983, p. 217).

Tal como lo explica este pasaje, el acto de apropiación no es otra cosa que la disposición de un proceso de aprendizaje activo en el que a partir de una relación dialéctica entre un sujeto y un objeto se adquieren nuevas aptitudes que reflejan novedosas funciones psíquicas. Por lo tanto, en esta teoría el trabajo o actividad es un elemento esencial, que compuesto tanto por estructuras físicas como psíquicas, permite que el hombre intervenga los fenómenos objetivos del mundo, y en un contexto de comunicación, los individuos puedan reproducir las aptitudes y funciones humanas históricamente formadas (Leontiev, 1983, p. 134).

En estos actos en los que se producen relaciones con los objetos y se construye nuevo sentido como resultado de ese contacto la noción de actividad es central:

Los elementos constitutivos de la actividad son: a) la orientación, se parte de determinadas necesidades, motivos y tarea; y b) la ejecución, consiste en realizar acciones y operaciones relacionadas con las necesidades, los motivos y la tarea. En toda actividad humana se debe tener clara la finalidad, así como también las condiciones de realización y de logro (…) La actividad inicialmente es externa cuando hay un manejo real de los objetos materiales, y luego es interna cuando se realizan acciones con los mismos objetos en un plano representativo. El lado significativo de la actividad consiste en dar sentido tanto a las acciones prácticas como a las acciones mentales (representaciones mentales) y en extraer su significado. El sentido se enmarca en el proceso de apropiación cultural por parte del sujeto (Montealegre, 2005, pp. 34-35).

Por lo tanto, de las consideraciones de esta teoría para analizar los procesos de apropiación tecnológica se desprende lo siguiente:

  1. Las actividades que involucran procesos de apropiación establecen relaciones recíprocas entre sujetos y objetos a partir de una necesidad o motivación particular que implica la ejecución de un conjunto de operaciones específicas.
  2. El proceso permite incorporar significados a partir de los cuales se elaboran nuevas habilidades o competencias físicas y mentales.
  3. Su condición procesual permite el establecimiento de niveles o grados de desarrollo de las operaciones y del cumplimiento del objetivo o motivación.
  4. El cumplimiento del proceso puede dar lugar a la generación de nuevos productos o modalidades de ejecución (usos), y al intervenir la creatividad se dispara la posibilidad de la innovación.

La apropiación de tecnologías como factor de afiliación en la universidad

Desde nuestra perspectiva, tanto los procesos de apropiación tecnológica como los de afiliación al espacio universitario se relacionan estrictamente, ya que ambos implican un acto hermenéutico de transformación personal y ampliación cognitiva. Tal como la hemos definido, la apropiación de tecnologías involucra una experiencia de ampliación de saberes que puede contribuir con la adaptación práctica y simbólica a un espacio institucional. En esta línea, Coulon (1995, p. 178) entiende la entrada a la vida universitaria como un proceso a partir del cual los sujetos adquieren un nuevo estatus social. La condición de estudiante en la formación superior representa una nueva posición social que implica el desarrollo de nuevas prácticas y hábitos asociados. En términos generales, se trata de la conquista de autonomía en un nuevo espacio con otras referencias temporales, nuevos roles y normativas extrañas a los marcos de pensamiento previos. Un momento de transición que se inicia con una posición de extrañamiento con respecto a los comportamientos y sentidos, luego se pasa a un momento de aprendizaje complejo de nociones y perspectivas, hasta llegar a la integración o afiliación, que implica la asimilación del oficio de estudiante. Esta tarea incluye el reconocimiento por parte de pares y profesores y el manejo de códigos y prácticas que permiten la realización de productos que demuestran un conjunto de competencias adquiridas, relativas tanto al desarrollo intelectual y al desempeño en el aprendizaje (afiliación académica) como a la gestión institucional y a la comprensión de nuevas rutinas, espacios, tiempos y reglas (afiliación institucional).

Por lo tanto, podemos observar que ambos procesos, apropiación y afiliación, se producen a partir de una experiencia concreta, ya que una gran cantidad de los saberes que están en juego son implícitos y, además, en las dos instancias, se pretende conseguir autonomía de trabajo en un contexto cultural del que aún no se forma parte.

El acceso, disponibilidad y uso efectivo de Internet en la universidad alteró para siempre no solo las prácticas educativas, sino también las relaciones entre los actores y con la institución, lo cual ha generado un novedoso marco de situaciones comunicativas que amplían las posibilidades de:

  • Obtención de información relevante
  • Adquisición de referencias prácticas que ilustran modos de acción
  • Incorporación a comunidades de práctica para la resolución de tareas académicas o para la realización de trámites institucionales
  • Identificación con el nuevo rol social, reconocimiento interno por parte de la comunidad educativa y afirmación externa ante otros grupos y actores sociales

Si bien buena parte de la experiencia de estudiante universitario sigue pasando por el encuentro entre las personas involucradas en el espacio físico, las tecnologías aportan posibilidades comunicativas que impactan en diversos aspectos. Según Coulon (2008, p. 15) las modificaciones más relevantes en el proceso de afiliación se juegan en tres niveles presentes en toda situación de aprendizaje: el tiempo, los espacios y la normativa en funcionamiento. A partir de nuestras observaciones hemos podido constatar que la utilización de las diferentes tecnologías en el ámbito universitario ha producido efectos positivos en esas mismas dimensiones.

  1. El tiempo: la disponibilidad de los correos electrónicos, las redes sociales, los mensajes de texto y las plataformas virtuales oficiales permiten agilizar las interacciones con los pares, los profesores u otros miembros de la institución. Los nuevos espacios de conexión aportan la posibilidad de trabajo de manera sincrónica o asincrónica y el desarrollo de aprendizajes en comunidad y en forma colaborativa.
  2. El espacio: los recursos digitales amplían las posibilidades de encuentro para la reflexión o el intercambio de ideas. Los grupos en redes sociales, los campus virtuales y los sitios oficiales de Internet de las universidades les han facilitado a los estudiantes acceso a información importante para transitar la vida universitaria, un encuentro fluido entre pares y profesores y ha permitido establecer una relación más próxima con la institución en contraposición a las desorientaciones que pueden producirse en el espacio físico.
  3. Las reglas o normativa: la interacción cotidiana con los diferentes actores de la comunidad educativa en las redes admite que los estudiantes puedan tomar contacto con una mayor cantidad de referencias culturales sobre conocimientos relativos al funcionamiento institucional y a las reglas académicas del aprendizaje en el nivel superior, al mismo tiempo que participan en diversas situaciones sociales de interacción y contacto con otros que les permiten desarrollar y ensayar su nueva posición y rol social.

Como corolario de esta reflexión conceptual informada de los datos preliminares y exploratorios obtenidos hasta el momento, presentamos la siguiente sistematización, que nos permitirá continuar con la reflexión en momentos posteriores de nuestra investigación y constatar el nivel de afiliación (académica e institucional) al espacio universitario provocado por la disposición y contacto con tecnologías digitales interactivas que permiten efectivizar la apropiación de Internet:

Definición de la dimensión afiliación para el estudio de la apropiación de tecnologías por parte de estudiantes en la educación superior

SUBDIMENSIÓN

ÁREAS DE INDAGACIÓN

Desempeño académico

Conocimiento sobre uso, filtrado y contrastación de información en buscadores y en la web en general.

Uso de bases de datos externas, páginas oficiales de revistas, universidades u otros centros de estudios, repositorios digitales, etc.

Utilización de correos electrónicos, mensajes de texto y/o redes sociales ante la realización de trabajos grupales colaborativos en la universidad y/o para compartir/obtener información.

Conocimiento y uso de plataformas virtuales (Moodle) oficiales de la universidad para la obtención de bibliografía, realización de trabajos prácticos y comunicación con profesores y compañeros.

Conocimiento y uso de programas informáticos estrictamente educativos que permitan la gestión de áreas específicas del currículum universitario, como pueden ser Autocad o Geogebra.

Utilización de aplicaciones móviles sobre buscadores o repositorios digitales de información académica.

Integración institucional

Conocimiento, uso y participación en correos electrónicos, mensajes de texto y/o grupos en redes sociales para obtener información necesaria para la realización de diversas gestiones institucionales.

Conocimiento, uso y participación en páginas oficiales, intranet y/o perfiles de redes sociales oficiales y no oficiales con compañeros, profesores u otros actores de la universidad para la resolución de cuestiones administrativas o para intercambiar experiencias relacionadas con la vida universitaria.

Conocimiento, uso y participación en plataformas virtuales oficiales (Moodle) para la realización de trabajos prácticos en forma colaborativa, el intercambio de información y experiencias sobre el tránsito por la institución o simplemente para entrar en contacto con los compañeros de curso.

Fuente: elaboración propia sobre la base de la conceptualización de Alain Coulon (1995, 2008).

Un final abierto

Los efectos positivos visualizados en la vinculación de los estudiantes con Internet nos han permitido delimitar tres aspectos fundamentales que coinciden con los niveles de análisis utilizados por Coulon (2008) para observar el proceso de ampliación cognitiva que se produce en el ingreso a la universidad o afiliación, con lo cual podemos afirmar que la apropiación de Internet, tanto en su dimensión material como simbólica, facilita la adquisición de referencias culturales que aportan autonomía para transitar el nuevo y dificultoso espacio universitario. Esta dinámica se verifica en los dos tipos de afiliación relevantes en el primer año de estudios, por un lado, mejora la incorporación de saberes, prácticas y lógicas propias del funcionamiento de la institución (afiliación institucional) y, por otro lado, contribuye con el manejo de nociones y habilidades para el desempeño de las tareas académicas que solicita el aprendizaje en este nuevo nivel de estudios (afiliación académica). La reflexión en esta línea nos ha permitido demarcar una dimensión de análisis de la apropiación de tecnologías por parte de estudiantes en los estudios superiores con sus respectivas subdimensiones y áreas de indagación.

Las nociones de apropiación y afiliación no solo se asemejan a nivel conceptual, sino que también proponen situaciones y experiencias que demuestran cambios en instancias similares, como son la relación con el tiempo, con los espacios y con los nuevos códigos culturales. En este momento de masificación persistente de la educación superior con pretensiones de inclusión social efectiva es necesario buscar soluciones contundentes contra el fracaso académico, para lo cual el análisis de los recursos digitales significa un buen camino, ya que la cultura digital compendia buena parte de los sentidos y nuevos modos de estar juntos de los jóvenes estudiantes.

Bibliografía

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  1. Licenciado en Comunicación, Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Instituto del Desarrollo Humano (IDH), Observatorio de Usos de Medios Interactivos (OUMI), Argentina. Contacto: adlopez@ungs.edu.ar.
  2. Algunas de las políticas nacionales y provinciales actuales que tienen como objetivo efectivizar el acceso y la disponibilidad de tecnologías digitales interactivas son: El Plan Operativo de Acceso “Mi TV Digital” que pone en funcionamiento el Servicio Argentino de Televisión Digital Terrestre (SATD-T). Dentro de las políticas públicas de educación digital se encuentra la iniciativa de integración pedagógica “Primaria digital” que prevé la incorporación de equipamiento a través de un aula digital móvil, además de capacitación a docentes y a equipos directivos; el Plan Provincial Digital municipio por municipio, implementado por la Subsecretaría para la Modernización del Estado, que se dedica a instalar Internet libre, gratuito y seguro en espacios públicos de todo el territorio provincial, o el Plan Nacional de Telecomunicaciones Argentina Conectada, que tiene como objetivo establecer una plataforma digital de infraestructura y servicios que brinde soluciones de conectividad incluyendo la conexión satelital.
  3. La investigación se propone describir y comprender las modalidades de apropiación que establecen los estudiantes universitarios de universidades nacionales del Gran Buenos Aires con Internet a partir del contacto con diferentes tecnologías digitales interactivas (TDI), en particular, terminales fijas y dispositivos móviles. Se toma el caso específico de la región novena de la provincia de Buenos Aires, que comprende los partidos de Malvinas Argentinas, San Miguel, José C. Paz y Moreno, durante el año 2015. Las diferentes universidades caso son la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), la Universidad Nacional de Moreno (UNM), la Universidad Nacional de Lujan (UNLU-Sede San Miguel) y la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ). Para abordar esta cuestión se analizan los usos y las formas de apropiación que los estudiantes construyen a partir del contacto con los diferentes dispositivos, al momento de desarrollar prácticas de sociabilidad y socialización circunscriptas al ámbito universitario. Se trata de un abordaje cualitativo a partir de la realización de observaciones, entrevistas individuales en profundidad y análisis de comunidades de práctica. En esta primera etapa se realizó un total de doce entrevistas, tres por cada universidad, a fin de probar el instrumento de recolección de datos. Los estudiantes entrevistados pertenecen a un rango de edades que va de los 20 a los 35 años y se encuentran en los primeros años de las siguientes carreras universitarias: Ingeniería Industrial, Economía Industrial, Ingeniería Electromecánica, Profesorado de Matemática, Licenciatura en Trabajo Social, Licenciatura en Administración/Contador, Licenciatura en Economía y Licenciatura en Urbanismo.
  4. El Censo Nacional de Población realizado en 2010 reveló que la región novena de la provincia de Buenos Aires cuenta con una población total de 1.316.951 habitantes. Del total de hogares de la región (365.703) un 84,39% no tiene acceso a red cloacal y un 34% habita viviendas con pisos de cemento, ladrillo o tierra. Según resultados de la EPH, durante el primer semestre de 2013 el 5,4% de las personas residentes en el conurbano viven bajo la línea de pobreza y el 1,7 % bajo la línea de indigencia. En lo que respecta al empleo, en el primer trimestre de 2013 la tasa de desocupación en el Conurbano Bonaerense es del 9,4 % y la de subocupación del 10,2%. La penetración de tecnologías de la comunicación es significativa. De acuerdo con los resultados del Censo Nacional de Población 2010, el 41% de los hogares de la región poseen computadora, el 88% posee teléfono celular y el 49% posee telefonía de línea fija.
  5. De allí la preocupación en este tipo de universidades por establecer propuestas de intervención o dispositivos de aprendizaje que permitan efectivizar la articulación con el nivel medio, problemática que fue abordada en un estudio anterior en el que fue combinada con la preocupación por la incidencia del modelo uno a uno a partir de la implementación del Programa Conectar Igualdad (Cabello y López, 2015).
  6. A este respecto, otros estudios anteriores, como los de Morales, Monje y Loyola (2006) y Roxana Cabello (2007) recuperan la propuesta de Prieto Castillo (1983) para quien esta noción tenía una relación estricta con el lugar social que ocupan las personas. Por tanto de ellos se deduce que cuanto mayor poder adquisitivo tengan las personas, ellas estarán mejor posicionadas con respecto al desarrollo de nuevas habilidades y capacidades en el contacto con objetos técnicos. Además, bajo esta misma orientación Cabello (2007) apuntaba que la apropiación de TIC siempre involucra la realización de aprendizajes que se constituyen en una base cognitiva sobre la cual se producen otros desarrollos, y asumía que una porción considerable de esos saberes y habilidades componen lo que se denomina “competencias tecnológicas”. Cabe aclarar que en este estudio no nos dedicaremos particularmente a analizar lo que en abordajes anteriores se ha denominado Competencias tecnológicas percibidas (González, 1999), pero reconocemos que esta conceptualización ya plantea el origen sociohistórico de los saberes y habilidades, siempre ligados a una posición particular en el espacio social.
  7. En este sentido, el estudio antes citado de Cabello (2007) aporta la mirada de Ausubel (1963) con respecto al aprendizaje significativo, y explicita esta relación compleja entre el nuevo conocimiento y la estructura cognoscitiva del sujeto, con lo cual quedaba de manifiesto el origen social e histórico de las habilidades y competencias construidas a lo largo de las experiencias de la vida cotidiana.


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