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Crisis social y universitaria

Una introducción

Oscar Daniel Duarte[1]

Palabras clave: crisis, educación, capitalismo

¿Crisis o no crisis?

En el Congreso PreAlas 2015 desarrollé junto a Natalia Fiori la tarea de coordinación de la mesa de debate llamada “Crisis social y universitaria. El papel de las instituciones frente a la realidad social”.

En ella se presentaron varias ponencias que resumieron en gran parte los debates más importantes referidos a educación durante la última década. Si pudiéramos resumir lo que de allí surgió –y corriendo el riesgo de caer en un análisis muy simplista–, encontraríamos una tendencia a la polarización entre dos posiciones. Por un lado, aquella que considera la existencia en los últimos años de una importante mejora producto del aumento presupuestario destinado a educación, las políticas de inclusión educativa y la apertura de nuevas universidades. Por otro, aquellos que no evalúan una mejora en dicho presupuesto y que consideran la existencia de una tendencia al abandono y a la pauperización.

Cualquier estudiante, investigador o docente, luchador sindical o activista político a quien se le ocurriera hablar en los últimos años de una “crisis de la educación” debía confrontar con una cantidad de refutaciones y objeciones de la más variada índole. Sin embargo, el objetivo era el mismo y provenía de un mismo sector. Se buscaba defender, desde un claro posicionamiento, las políticas impulsadas por el gobierno kirchnerista y encabezadas por todo un sector progresista alineado detrás de él.

No obstante estos posicionamientos sostuvimos el concepto de “crisis” en la convocatoria a la mesa. La elección no fue arbitraria, sino sostenida desde un posicionamiento que establece una tendencia a la descomposición respecto al desenvolvimiento de… ¿las políticas educativas? No, sino de la totalidad del modo de producción capitalista dentro del cual la educación se desarrolla.

¿A qué nos referimos con crisis?

No es una posición obcecada contra tal o cual gobierno. Es una posición científica que encuentra en el análisis marxista una tendencia al colapso del modo de producción capitalista. La educación, en todos sus niveles, se ve atravesada por la realidad social en la cual se encuentra inserta. Es por eso que, desde un ángulo político, podríamos decir que esta posición es “anti-reformista”, y en consecuencia, “anti-reformadores”.

Bajo el capitalismo, la tendencia a la mercantilización es naturalmente inevitable. La educación, la cultura, la ciencia, no son islas. Si se trata de superar la mercantilización pero no el capitalismo, el resultado es una terapia que reposa en un diagnóstico poco riguroso y una tentativa por contener o limitar un efecto, sin revertirlo (Rieznik, 2015, p. 210).

En otra oportunidad nos hemos referido a la tendencia al colapso de la educación argentina inmersa dentro del régimen capitalista (Duarte, 2014). Allí realizamos una crítica a aquellos que solo encontraban respuestas parciales para esta pregunta. En líneas generales podemos decir que los estudios realizados explican diversos elementos existentes en la crisis educativa, pero sus límites políticos solo les permitieron arrimarse a ella parcialmente eludiendo el estudio de su configuración histórica y de su relación con los procesos socio-económicos de largo plazo, y proponiendo reformas (moderadas) como salida a una previsible descomposición.

Estos sectores progresistas apelan a un viraje pos 2003 que habría roto con una continuidad iniciada en la dictadura militar de 1976, atravesado el alfonsinismo y continuado durante la “década perdida” del menemismo. La descomposición previa a la década kirchnerista fue entendida a partir de elementos particulares, y en sus términos habría logrado ser revertida con la sola reforma de esos elementos. Es apenas uno de los muchos axiomas que pueden explicar la reconversión de dichos analistas, confiados en que su participación podría ser determinante en la transformación positiva de las “instituciones”, vinculándose al poder político y mostrando los límites de su discurso progresista.

Nuestra posición consiste en observar la crisis educativa no como algo interno a los mecanismos de la educación o como calamidades generadas por el “capitalismo neoliberal” sino como parte (indispensable) en un contexto de descomposición del régimen social capitalista.

Vaivenes

De todos modos entendemos que la tendencia al colapso no se desarrolla en forma lineal. Hay momentos de mayor profundización de crisis y otros de recuperación, momentos de recorte al presupuesto y momentos de mayor fluidez de fondos hacia ese sector. Sabemos que no es todo lo mismo y que entre los vaivenes del “mercado” existen diferentes políticas presupuestarias, legislaciones y otras medidas que nos obligan a realizar análisis particulares.

Esos “vaivenes” están atravesados por la lucha social. La forma en que se visibiliza dentro del ámbito de la educación se da en las protestas docentes y estudiantiles contra los recortes, por los salarios, las becas, los programas. En algunos casos discutiendo incluso cómo dar una nueva orientación social a la educación. También en la conducción de sindicatos o su contraparte en la cooptación de estos por los distintos gobiernos.

Para explicar esos vaivenes haremos referencia a dos elementos que han sido centrales en el discurso político-educativo de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, las “políticas de inclusión” y la “política científica”.

Respecto a esta última el panel de cierre del Congreso PreAlas Buenos Aires 2015 ha sido ilustrativo con una importante clarificación (no solo para el caso argentino) de las políticas científicas de los actuales gobiernos latinoamericanos y de su orientación social.

Se podrá sostener, tal como se planteó en dicho panel que

… la tesis de que los gobiernos de los Kirchner habrían abierto un nuevo rumbo en materia de política científica es falsa; lo mismo puede decirse del discurso similar que se plantea en Brasil y también en otros países cuyos gobiernos pretenden haber abierto un ciclo opuesto al de los neoliberales que los precedieron en el poder. También esto es falso si se consideran las marcas decisivas del neoliberalismo que los “antineoliberales” mantienen en pie: trabajo precarizado, sometimiento de la economía a las exigencias del gran capital, etc. La política científica no podía escapar a las determinaciones más generales de esta orientación gubernamental en el cono sur de nuestro continente, más allá de matices y diferencias que son propias de cada experiencia nacional (Rieznik, 2015, p. 189).

En ese marco es que ofrecemos al lector un trabajo desarrollado por los becarios de la Universidad de Buenos Aires, el cual ilustra el devenir de sus reclamos y de su lucha por mejores condiciones de trabajo.

En cuanto a las políticas de inclusión podemos afirmar la existencia de un crecimiento que entre 2003 y 2010 fue de un 5%. Según datos publicados por Infobae, el total de alumnos entre 2003 y 2010 pasó de 9.359.548 a 9.870.509, “pero esa expansión no se manifestó en la escuela pública, cuya matrícula solo creció en 66.041 estudiantes en ese período. En cambio, los colegios privados recibieron 444.920 concurrentes más en 2010 que en 2003” (Mizrahi, 2013).

La tendencia (escuché alguna vez) puede ser marcada como el derecho a la formación durante el siglo XIX, a la educación durante el XX y a la titulación en lo que va del XXI. El sentido actual de las políticas de inclusión está referido a una profundización en las políticas de contención social, trastocando las tradicionales funciones del educador para convertirlo en un “constructor de valores”, y al abaratamiento de la mano de obra detrás de una supuesta “profesionalización” a partir de la amplitud de titulaciones. Con las políticas de inclusión también aumentó la deserción escolar parcial o total, así como la pauperización educativa. Como se ve, más gente en las escuelas no es igual a más inclusión ni, necesariamente, más oportunidades.

Es por eso que hemos seleccionado otros dos artículos que muestran la necesidad de estrategias en pos de sostener la inclusión en la educación superior tanto en Argentina como en Latinoamérica. La falta de preparación en la educación media por un lado, así como los requerimientos del mercado por mayores titulaciones por otro, obligan a encarar estas estrategias como parte de un reclamo social por la continuidad educativa dentro de las universidades.

La realización de la mesa “Crisis social y universitaria. El papel de las instituciones frente a la realidad social” dentro del PreAlas Buenos Aires 2015 tuvo como objetivo la puesta en discusión de estos planteos incluso con aquellos sectores políticos y académicos que niegan o matizan esta posición. Por todo lo expuesto entendemos que no es arbitrario hablar de crisis dentro del ámbito educativo y que, sobre todo, sigue teniendo sentido luchar por darle a esta tarea una nueva orientación social.

Bibliografía

Duarte, D. (2014). “Crisis y educación. La descomposición escolar y las emergencias frente a la crisis”. Revista Hic Rhodus. Crisis capitalista, polémica y controversias, año 4, N° 7, pp 7-16. Recuperado el 28 de septiembre de 2015 de http://goo.gl/VZQR4f.

Mizrahi, D. (2013). “Escuelas: la matrícula privada creció casi 7 veces más que la pública”. INFOBAE digital. Recuperado el 9 de marzo de 2013 de http://goo.gl/3eCYXW.

Rieznik, P. (2015). La pereza y la celebración de lo humano y otros escritos. Buenos Aires: Biblos.


  1. Doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, y profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad. Es además becario posdoctoral de CONICET. Contacto: danielduarte979@gmail.com.


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