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Espacio y tiempo de la educación
en la sociedad de la pantalla

Diego Levis[1]

Palabras clave: escuela, pantallas electrónicas, redes, tecnomadismo

Educación, pantallas electrónicas y redes: una relación compleja

La rápida expansión de Internet y de las pantallas portátiles durante los últimos veinte años multiplicó y renovó los discursos acerca del potencial educativo atribuido desde décadas antes a las computadoras personales y a anteriores máquinas de comunicar.

La incorporación de pantallas y redes en las escuelas, en muchas ocasiones, se presenta como condición necesaria y suficiente para la transformación y mejora de la educación. La atención, erróneamente, se centra más en el potencial de las tecnologías propuestas que en las relaciones socioeducativas y económicas puestas en juego.

Los organismos multilaterales, respondiendo al impulso de las empresas informáticas y de telecomunicaciones, contribuyen a difundir la idea de que pantallas y redes, tal como si se tratara de una varita mágica, son la solución para los problemas a los que se enfrenta la educación en la compleja sociedad contemporánea, a la que caracterizamos como “sociedad de la pantalla”.

Más allá del alcance y de la valoración que se haga de las sucesivas acciones para la incorporación efectiva de las tecnologías digitales en la escuela a lo largo de las últimas décadas, lo cierto es que la introducción de la pantalla y más recientemente de Internet en la educación escolar, salvo excepciones puntuales, no ha producido los efectos positivos previstos. Uno de los principales motivos de la falta de incidencia directa de estas tecnologías en los resultados educativos, a nuestro juicio, es la indefinición de los objetivos pedagógicos perseguidos. Esto dificulta la apropiación socioeducativa de pantallas y redes, condición necesaria para que dejen de ser percibidas, tanto por docentes como por estudiantes, como un apéndice extraño al aula.

¿Qué educación para la sociedad de la pantalla?

Cuando aludimos a educación y escuela, muchas veces presumimos que existe consenso acerca de las funciones y finalidades que requerimos de ellas, lo cual termina siendo un obstáculo tanto para el análisis coyuntural como para diseñar propuestas renovadoras que contemplen la incorporación efectiva de pantallas y redes en la educación escolar. En tal sentido, consideramos que en este comienzo de siglo se puede distinguir la existencia de al menos tres visiones diferenciadas de las funciones de la escuela:

a. Conservadora: el espacio-tiempo de la escuela debe conservar las características fundamentales de la escuela moderna en cuanto a los objetivos y métodos de la enseñanza (trasmisión vertical de conocimiento, horarios rígidos, disciplina claustral, evaluación individual, enseñanza bancaria, etc). Desde esta perspectiva la incorporación de pantallas y redes en el aula es considerada mayoritariamente como un factor disruptivo que se tolera cuando son utilizadas como extensión y/o mejora de anteriores herramientas de la educación (cuaderno, manual, pizarra, etc.).

b. Legitimadora: el espacio-tiempo de la escuela ha de apuntar a la consolidación y naturalización del sistema económico neocapitalista, fundamentado en el flujo libre de capital financiero, la deslocalización de las industrias con alto componente de mano de obra no especializada y la vigilancia global. En este contexto, las pantallas y redes aparecen plenamente integradas en la organización social y económica, siendo funcionales a la descentralización, movilidad e intemporalización[2] del trabajo (y la educación) que propone (e impone) la tecno-globalización. La incorporación efectiva de estas tecnologías en los procesos de enseñanza y aprendizaje es, desde esta posición, una necesidad ineludible.

c. Transformadora: el espacio-tiempo de la escuela debe estimular la creatividad y garantizar el aprendizaje de conocimientos necesarios para la vida social y personal respetando la dignidad y la libertad de todos los seres humanos. Una escuela inclusiva que, tal como señala Morin, enseñe la condición humana en toda su dimensión (individuo, sociedad y especie). La escuela, desde esta perspectiva, debe reinventarse como espacio-tiempo privilegiado para la construcción de ciudadanía. El uso combinado de pantallas digitales y redes permite concebir nuevas condiciones de aprendizaje y nuevos conocimientos a desarrollar a través de la exploración, la experimentación, el debate y la reflexión.

Tecnomadismo y educación: la escuela fuera del espacio-tiempo de la escuela

Las computadoras portátiles, los celulares multifunción y las tabletas, y otras pantallas electrónicas de uso cotidiano, permiten realizar en cualquier lugar y momento (incluso en movimiento) tareas que hasta no hace mucho tenían prefijadas un espacio-tiempo determinado (fábrica, oficina, escuela, etc.). De igual modo, estos artefactos electrónicos poseen la capacidad de ser utilizados como herramientas creativas, como dispositivos de apoyo en los procesos de enseñanza y aprendizaje, como medios de comunicación comunitaria y como canales de difusión alternativos, entre muchos otros usos potenciales menos explorados.

La movilidad e intemporalización electrónica de gran parte de nuestras actividades públicas y personales da lugar a la emergencia de una forma de vida social a la que podemos caracterizar como tecnomadismo, entendiendo como tecnómada a la persona que se comunica, se entretiene, trabaja y/o estudia desde lugares cambiantes (en movimiento o no) en momentos variables, utilizando para ello dispositivos digitales provistos de pantallas electrónicas, conectados a una red telemática inalámbrica.

El tecnómada, a diferencia del nómada tradicional, se desplaza y se desenvuelve de forma individual y está siempre ubicable (la pantalla funciona a modo de baliza). Separado físicamente de los integrantes de la comunidad a la que pertenece, el tecnómada, predominantemente, se vincula con el mundo mediante la pantalla. El tecnomadismo afecta de manera profunda el empleo del espacio y del tiempo establecidos (y normalizados) en la sociedad industrial (lugar y momento para el trabajo, para el estudio, para comer, para dormir, para el ocio y el juego claramente delimitados).

La disponibilidad y uso cotidiano por parte de niños/as y jóvenes de pantallas portátiles conectadas a redes inalámbricas interpela a la escuela a traspasar la frontera de los muros del aula. Las computadoras y otros medios informáticos están presentes en las aulas, aun en instituciones que no disponen de equipamiento informático, en tanto estudiantes y docentes, en un altísimo y creciente porcentaje, tienen contacto cotidiano con alguna pantalla electrónica. La utilicemos o no durante las clases, estén o no físicamente en el aula, la presencia de la pantalla electrónica atraviesa el espacio-tiempo de la escuela llevando el afuera adentro y el adentro afuera. La presencia ubicua de la pantalla hace que la escuela esté dejando de ser un lugar cerrado, delimitado en un espacio y tiempo concretos.

El lugar y el momento, en cuanto categorías preestablecidas para realizar una determinada actividad, empiezan a perder relevancia para las personas pertenecientes de manera plena al universo sociotécnico de la sociedad de la pantalla. La posibilidad que ofrecen los dispositivos portátiles de conectarnos a Internet cuando lo deseemos y desde distintas ubicaciones permite que el aula, de algún modo, se desplace con los estudiantes. Allá en donde se encuentren, sin importar el momento, pueden, potencialmente, acceder a los contenidos y actividades propuestas por sus profesores. También pueden buscar y almacenar informaciones en distintos formatos y otros materiales de estudio, realizar actividades de investigación, registrar y/o compartir los resultados de la observación de situaciones concretas de la realidad física por medio de la voz, el texto, imágenes fijas o cinéticas

La posibilidad que ofrecen pantallas y redes de extender los límites del aula más allá de los muros de la escuela permite imaginar la aparición de formas híbridas de enseñanza y de aprendizaje que integren la sistematización que ofrece la educación formal y el carácter lúdico y muchas veces imperceptible con el que se produce la adquisición de conocimientos y competencias diversas en el aprendizaje informal. Pero no se trata de un proceso natural ni sencillo. Es fundamental desarrollar estrategias pedagógicas que impulsen a los educandos a asumir el compromiso de su formación, que despierten la curiosidad, la creatividad y el ansia de aprender de modo tal que la educación, como señalaba Albert Einstein, “pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación”(1995, p. 30).

Hacia la escuela tecnómade

La escuela necesita renovarse. Prácticamente nadie lo pone en duda. La expansión del uso de pantallas y redes desmorona la estructura organizativa de la escuela moderna fundada en un espacio-tiempo claramente delimitado y cuestiona su modelo pedagógico basado en la estandarización de saberes a través de la transmisión vertical de conocimientos enciclopédicos y la evaluación individual (recompensa o castigo). La sociedad de la pantalla requiere otra educación. Lo hemos señalado antes: el verdadero desafío es decidir qué educación aspiramos, para formar a qué personas, en qué modelo de sociedad.

Intentar retrotraer la educación a una situación anterior además de ser imposible sería un sinsentido. El uso de pantallas y redes se adapta perfectamente a la realización de distintas actividades, incluidas las educativas. La disolución de los límites espacio-temporales de la escuela produce expectativas y desconcierto en el mundo de la educación. La concepción de la escuela como espacio vigilado destinado a moldear y controlar el cuerpo y los procesos intelectuales (lectura, memoria, razonamiento) de los niños y niñas y a transmitir verticalmente contenidos diversos en un tiempo firmemente regulado es difícil, por no decir imposible, de sostener en la móvil sociedad de la pantalla. Constatar esto nos obliga a pensar en propuestas para la educación del futuro.

Tecnológicamente es posible concebir una escuela tecnómade, basada en el uso intensivo y extendido de pantallas y redes y en la asistencia libre no obligatoria y sin regulaciones de horario a instituciones educativas para consultar cuestiones específicas o generales a docentes-guía, asistir a cursos sobre temas de interés personal de cada estudiante y/o compartir experiencias pedagógicas y convivenciales con otras personas. Esta modalidad permitiría combinar el potencial del aprendizaje informal y de la enseñanza personalizada con lo mejor de la escuela moderna (relación con pares, presencia de un sujeto enseñante, sistematización de contenidos). La escuela tecnómade permite imaginar la conformación de espacios-tiempo educativos no regulados y personalizados, indistintamente presenciales y no presenciales, de acuerdo con la disponibilidad y necesidad de cada estudiante. De tal manera, sería posible establecer situaciones educativas de nuevo cuño, en las que la vinculación entre el agente enseñante y el sujeto aprendiz se produzca en un espacio-tiempo flexible y no preestablecido, que conjugue la riqueza del encuentro físico con pares y enseñantes –no olvidemos la importancia que tiene el cuerpo para el desarrollo de la inteligencia y del aprendizaje–, y el potencial de la enseñanza y el aprendizaje mediados por pantalla.

La escuela tecnómade se adapta bien a las características de la sociedad contemporánea, tanto en lo que se refiere al sostenimiento de un sistema de educación universal, de vocación integradora e igualitaria, como a las formas emergentes de organización social y de empleo del tiempo, que hacen que cada vez sea más habitual el desencuentro entre la jornada escolar de niños y niñas sometida a un horario fijo, y la jornada laboral de los padres, tendencialmente flexible, con todos los problemas que esto conlleva para la vida de unos y otros.

Desde un punto de vista pedagógico, este modelo de escolarización favorecería el desarrollo de entornos mediados de enseñanza y aprendizaje con estudiantes estimulados y guiados, en lo que fuera requerido, por los docentes. La no regulación horaria, la posibilidad de agruparse con quienes prefieran, moverse en los distintos espacios físicos de la escuela habilitados para ello y asistir a los cursos que consideren de interés hacen del educando un sujeto activo, comprometido con su proceso de aprendizaje y, al mismo tiempo, fuente de conocimientos para el resto de la comunidad educativa a la que pertenece. La escuela tecnómade facilita, así, el desarrollo de sinergias entre los conocimientos e intereses de niños y jóvenes en un marco no competitivo, estableciendo condiciones favorables para la enseñanza y el aprendizaje colaborativos.

Reflexiones finales

La enseñanza escolar se haya atrapada en la indefinición. Aferrada a una concepción de la educación que ha sido funcional a la organización social y económica de los Estados modernos le cuesta amoldarse a la realidad social, cultural y económica que impone la tecno-globalización neocapitalista.

Sin alternativas viables, gobiernos, organismos multilaterales y un sector mayoritario de la academia han impulsado durante las últimas décadas la incorporación de medios digitales en el sistema educativo, presuponiendo que la sola presencia de los dispositivos tecnológicos en las aulas desencadenaría un círculo virtuoso en la educación. De tal modo, se presumía, la escuela recuperaría la vitalidad perdida. Nada de esto ocurrió pues no basta con incorporar pantallas y redes en las aulas. Las instituciones escolares no supieron o no pudieron apropiarse pedagógicamente de los nuevos enseres tecnológicos. Esta dificultad imprevista terminó siendo uno de los argumentos más frecuentemente utilizados para cuestionar la vigencia de la escuela como ámbito privilegiado para la educación de niños, niñas y jóvenes.

El desprestigio actual de la escuela moderna nos obliga a repensar la escuela para transformarla y renovarla, no a desecharla. Reivindicar el concepto “escuela” como institución especializada en la enseñanza no implica defender la secular escuela moderna, en tanto espacio-tiempo de control y encierro, destinado al disciplinamiento e instrucción corporal y espiritual/ideológico de niños, niñas y jóvenes para vivir y trabajar en una sociedad, la industrial, que indefectiblemente se desmorona.

En este contexto, proponemos un modelo de escuela híbrido al que denominamos “escuela tecnómade”, fundado en el uso intensivo y extendido de pantallas y redes y en la asistencia libre no obligatoria a instituciones educativas.

La escuela debe integrarse en la realidad social y cultural de la sociedad de la pantalla en la que vivimos. Una escuela transformadora que contemple las subjetividades del niño, la niña y el joven tecnómades, condicionadas por el distanciamiento físico que imponen pantallas y redes, capaz de fomentar la curiosidad, la imaginación y la creatividad, garantizando el aprendizaje de los conocimientos y habilidades necesarios para una vida social y personal en libertad en la que confluyan lo individual y lo comunitario.

Bibliografía

Dewey, J. (1899). La escuela y el progreso social. Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, XXXIX(662), pp. 129-134; (663), pp. 161-165. Madrid (trad. de Domingo Barnés de algunos fragmentos seleccionados de la obra de Dewey).

Einstein, A. (1995). Mi visión del mundo. Barcelona: Tusquets.

Freinet, C. (1998). Técnicas Freinet de la escuela moderna. México: Siglo XXI. (1ª ed. en francés, 1969).

Freire, P. (2003). El grito manso. Buenos Aires: Siglo XXI.

Levis, D. (2014). La pantalla ubicua (2da. ed. amp.) Buenos Aires: La Crujía.

Levis, D. (2012). “Tecnomadismo digital: de la escuela moderna a la escuela ciberista. Enseñanza y aprendizaje en la pantalla ubicua”. En AA. VV. Libro Azul. Montevideo: Plan CEIBAL/ANEP.

Levis, D. (2011). “Redes educativas 2.1: Medios sociales, entornos colaborativos y procesos de enseñanza y aprendizaje”. RUSC, 8(1). Universitat Oberta de Catalunya.

Levis, D. (2007). “Pantallas tecnómades”. Trabajo presentado en las V Jornadas de Etnografía y Métodos Cualitativos, IDES-Centro de Antropología Social, Buenos Aires, agosto. Publicado en Actas.

Morin, E. (1999). Siete saberes para la educación del futuro. Santillana/UNESCO. Recuperado de http://goo.gl/omdCdZ.

Petrella, R. (2005). “La enseñanza tomada de rehén. Cinco trampas para la Educación”. Revista Iberoamericana de Educación, Nº 36/3, junio. Recuperado de http://goo.gl/P6UHdu.

Pardo Kuklinski, H. (2012). “Outliers School. Educación: ideas sobre el futuro”. Recuperado el 10 de abril de 2015 de https://goo.gl/LUbbk9

Piaget, J. (1968). Educación e instrucción. Buenos Aires: Protea.


  1. Doctor en Ciencias de la Información, Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Sociales, Argentina. Contacto: educación@diegolevis.com.ar.
  2. Con “intemporalización” nos referimos a la tendencia a utilizar los recursos telemáticos para diluir los límites entre el (espacio) tiempo de trabajo y el (espacio) tiempo libre o personal.


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