(Escala global, 1950-2024)
Adrián Gustavo Zarrilli[2]
Definición
Una nueva época geológica en la que la actividad humana se ha convertido en la fuerza dominante que moldea el funcionamiento del sistema terrestre. Se caracteriza por el impacto generalizado y a menudo irreversible de las actividades humanas en la biosfera, la geología y los ciclos biogeoquímicos del planeta. Estos impactos incluyen cambios significativos en la composición atmosférica, la pérdida de biodiversidad, la alteración de los sistemas hidrológicos, la acidificación de los océanos y el cambio climático.
Origen del concepto
El término “Antropoceno” se ha convertido en un concepto fundamental en las discusiones contemporáneas sobre el impacto humano en el medio ambiente y la geología planetaria. Su origen es formulado por el químico Paul Crutzen, quien lo propuso en el año 2000. Los debates sobre el concepto no se limitan a su definición y origen, sino que se extienden a cuestiones fundamentales sobre su precisión como concepto geológico y sus implicaciones filosóficas, políticas y éticas (Crutzen y Stoermer, 2000).
Para Crutzen (2002), el desarrollo de la especie humana ha provocado cambios irreversibles en el planeta. Entre los factores destacados se encuentran el aumento de la población, diez veces mayor en los últimos tres siglos en comparación con períodos previos; un incremento de dieciséis veces en el uso de energía durante el siglo XX; un aumento en el número de cabezas de ganado y, por consiguiente, en los niveles de emisiones de metano; un aumento histórico en los gases de efecto invernadero; la degradación de bosques; la disminución de una amplia variedad de especies animales y vegetales; la explotación excesiva de la superficie terrestre; y el uso de más de la mitad del agua dulce disponible.
El empleo de un término geológico sirve para resaltar los cambios ambientales contemporáneos en una escala global y significativa en el contexto de la historia de la Tierra. En este sentido, Malhi (2017) y Zalasiewicz et al. (2017) identifican otros rasgos distintivos del Antropoceno relacionados con el cambio climático, como el aumento del nivel del mar, las alteraciones químicas principalmente en los ciclos de carbono y nitrógeno, la generación de residuos a gran escala y las tasas aceleradas de erosión y sedimentación.
Perspectivas temporales
El inicio del Antropoceno, como señala Crutzen, puede rastrearse hasta la Revolución Industrial. La evolución tecnológica del siglo XVIII, destacando principalmente la máquina de vapor de James Watt en 1769, favoreció el uso del carbón como fuente primaria de energía en la producción. A su vez, la conversión de la energía en trabajo aumentó la productividad de las fábricas, permitiendo que un mayor número de personas demandaran los productos finales y dando inicio a un ciclo económico virtuoso que perduró hasta el siglo XIX. Aunque los años subsiguientes vieron la incorporación de la electricidad y el petróleo como nuevas fuentes energéticas, es en el siglo XX donde se produce una transformación estructural de la economía y su relación con la energía (Crutzen, 2002).
Según lo establecido por el Grupo de Trabajo del Antropoceno durante una reunión en 2009, la década de 1950 marca el inicio formal de esta nueva era geológica, coincidiendo con el notable aumento en el consumo energético per cápita nunca antes registrado en los últimos 200 años, en sintonía con las décadas de bonanza del capitalismo posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, el estilo de desarrollo cultural, económico y social impulsado a mediados del siglo XX ha contribuido en gran medida a la grave situación energética y ecológica actual.
La discusión sobre el inicio del Antropoceno ha llevado a diversas propuestas sobre la fecha exacta en la que la influencia humana comenzó a tener un impacto significativo y discernible en la geología y el medio ambiente del planeta. Una de las propuestas más comunes sugiere que el Antropoceno comenzó con la Revolución Industrial, que se inició aproximadamente en el siglo XVIII. Durante este período, la humanidad experimentó un cambio radical en sus métodos de producción, energía y transporte, lo que condujo a un aumento masivo en la emisión de gases de efecto invernadero, la deforestación generalizada, la urbanización rápida y la explotación desmedida de los recursos naturales. Estos cambios fueron lo suficientemente significativos como para dejar una marca duradera en la geología del planeta, registrada en estratos de sedimentos y capas de hielo.
Por otro lado, algunos científicos y académicos argumentan que el Antropoceno no comenzó realmente hasta la era nuclear, particularmente después de la detonación de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial en 1945. Este evento marcó el comienzo de una nueva era en la que la humanidad adquirió la capacidad de causar cambios globales a una escala sin precedentes, no solo a través de la contaminación atmosférica y la degradación del medio ambiente, sino también mediante la alteración directa de la estructura atómica de la Tierra. La era nuclear trajo consigo no sólo la amenaza de destrucción masiva, sino también el inicio de la era del antropoceno tecnológico, caracterizada por la producción y dispersión generalizada de materiales radiactivos y la capacidad de alterar los sistemas biológicos y ambientales a niveles moleculares y genéticos.
Estas diferentes perspectivas sobre el comienzo del Antropoceno reflejan la complejidad de los cambios inducidos por el hombre en el planeta y subrayan la necesidad de un enfoque multidisciplinario para comprender plenamente las implicaciones de esta nueva era geológica.
Antropoceno y Gran Aceleración
En el Norte global, el debate sobre el Antropoceno como una nueva era geológica se enfocó rápidamente en determinar su punto de inicio. Los geólogos han establecido criterios específicos para identificar tales períodos, basados en la evidencia sedimentaria, lo cual no siempre coincide con los métodos de datación empleados por los historiadores. Sin embargo, existe un consenso emergente en la actualidad que sitúa el comienzo del Antropoceno a partir de 1950, bajo el concepto de “gran aceleración” (Steffen et al., 2011), dado que muchas de las actividades contaminantes que definen la crisis del Antropoceno experimentan un incremento significativo después de este año.
La relación existente entre ambos conceptos (Antropoceno y la Gran Aceleración) es fundamental para comprender la magnitud y la rapidez con la que la actividad humana ha transformado el planeta en tiempos recientes.
La Gran Aceleración se refiere a un período que comenzó aproximadamente en la mitad del siglo XX, marcado por un rápido aumento en una serie de indicadores clave de actividad humana, como el crecimiento de la población, la urbanización, la producción industrial, el consumo de recursos naturales, la emisión de gases de efecto invernadero y la alteración del medio ambiente a escala global. Estos cambios se pueden visualizar en gráficos que muestran una “aceleración” pronunciada en diversas variables socioeconómicas y ambientales, de ahí su nombre. Ambas ideas señalan el papel dominante de la humanidad en la configuración del sistema terrestre. La Gran Aceleración representa una fase específica dentro del Antropoceno, en la que las actividades humanas alcanzaron niveles sin precedentes de intensidad y escala, desencadenando cambios profundos y a menudo irreversibles en los sistemas biológicos, climáticos y geológicos del planeta.
Por lo tanto, la Gran Aceleración puede considerarse como una manifestación particularmente intensa del Antropoceno, donde la influencia humana alcanzó un punto crítico y se aceleró exponencialmente, exacerbando los desafíos ambientales y sociales asociados con esta nueva era geológica. Esta relación subraya la necesidad de abordar las causas fundamentales de la Gran Aceleración, así como sus impactos, para abordar eficazmente los desafíos del Antropoceno y trabajar hacia un futuro más sostenible y equitativo.
Reflexiones
La discusión sobre si el Antropoceno debería ser formalmente reconocido como una nueva época geológica involucra consideraciones tanto científicas como conceptuales, y refleja la complejidad de definir y caracterizar los límites y las características de las divisiones geológicas.
Los geólogos que abogan por el reconocimiento formal del Antropoceno como una nueva época argumentan que los cambios inducidos por los humanos son lo suficientemente significativos y generalizados como para dejar una marca discernible en el registro geológico. Estos cambios incluyen la alteración de los ciclos biogeoquímicos, la extinción masiva de especies, la contaminación generalizada del medio ambiente y la redistribución de materiales geológicos a través de actividades como la minería, la construcción de represas y la urbanización. Proponen que el Antropoceno debería tener una estratigrafía definida, posiblemente marcada por capas distintivas de sedimentos o depósitos geológicos que reflejen estos cambios y que puedan ser identificados en todo el mundo.
Por otro lado, algunos geólogos y críticos argumentan que los cambios inducidos por el hombre aún no han alcanzado una magnitud o una duración suficientes como para justificar la designación de una nueva época geológica. Señalan que las divisiones geológicas históricas, como el Pleistoceno o el Holoceno, se caracterizan por eventos y procesos que ocurrieron durante miles o incluso millones de años, mientras que el lapso de tiempo del Antropoceno es relativamente corto en comparación. También plantean preocupaciones sobre la subjetividad en la definición de los límites del Antropoceno y la posibilidad de que otros eventos geológicos importantes se pasen por alto o se minimicen en el proceso.
La discusión sobre el reconocimiento del Antropoceno como una nueva época geológica refleja la necesidad de equilibrar la evidencia científica de los cambios inducidos por el hombre con consideraciones prácticas y conceptuales sobre la naturaleza y la escala de las divisiones geológicas. Si bien algunos argumentan a favor de la designación del Antropoceno como una señal de la influencia humana dominante en el planeta, otros plantean preguntas sobre la objetividad y la utilidad de esta designación en el contexto más amplio de la geología planetaria.
En el contexto latinoamericano, el impacto del Antropoceno se manifiesta de manera especialmente relevante y compleja. En las últimas décadas, la región ha sido testigo de un acelerado proceso de urbanización, industrialización y expansión agrícola, con consecuencias significativas como la degradación ambiental, la deforestación, la contaminación del aire y del agua, así como la pérdida de biodiversidad. Además, América Latina alberga una amplia diversidad de ecosistemas, desde la selva amazónica hasta los páramos andinos, los cuales desempeñan un papel vital en la estabilidad climática y el bienestar humano.
El Antropoceno también ha contribuido a profundizar las desigualdades sociales y económicas en la región, con impactos desmedidos en comunidades marginadas y vulnerables. La explotación de recursos naturales, la contaminación industrial y la expansión de la agricultura intensiva suelen afectar de manera desproporcionada a las poblaciones indígenas, campesinas y afrodescendientes, cuyas formas de vida dependen directamente de los recursos naturales para su subsistencia y cuyos derechos territoriales son a menudo ignorados o violados.
Además, Latinoamérica se encuentra en una encrucijada crucial en términos de desarrollo sostenible y mitigación del cambio climático. Por un lado, la región posee una vasta riqueza de recursos naturales y un gran potencial para la energía renovable. Por otro lado, enfrenta desafíos significativos en materia de gobernanza ambiental, desarrollo económico equitativo y capacidad de respuesta ante los impactos del cambio climático.
Desde una perspectiva latinoamericana y de las ciencias sociales/humanidades, el Antropoceno y su historia previa están inextricablemente ligados a la colonialidad y al surgimiento del sistema mundial capitalista, así como al capitalismo racial (Wallerstein, 1974). La crítica al capitalismo europeo/occidental como motor del Antropoceno se acompaña de una crítica radical a la modernidad europea/occidental y del reconocimiento de que el Antropoceno pone fin abruptamente a las nociones teleológicas de “desarrollo”, “progreso” y “civilización” del modelo europeo.
En resumen, el concepto de Antropoceno ha emergido como un marco conceptual poderoso para comprender la interacción entre la humanidad y el medio ambiente en la era moderna. Sin embargo, su significado y sus implicaciones siguen siendo temas de debate y reflexión en la comunidad académica y más allá.
Bibliografía
Crutzen, P. J. (2002). Geology of mankind. Nature, 415, 23.
Crutzen, P. J. y Stoermer, E. F. (2000). El “Antropoceno”. Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana, 52(1), 75-83.
Malhi, Y. (2017). The Concept of the Anthropocene. Annual Review of Environment and Resources, 42(1), 77-104.
Steffen, W., Grinevald, J., Crutzen, P. y McNeill, J. (2011). The Anthropocene: conceptual and historical perspectives. Philosophical Transactions of the Royal Society A: Mathematical, Physical and Engineering Sciences, 369(1938), 842-867.
Wallerstein, I. (1974). The Rise and Future Demise of the World Capitalist System: Concepts for Comparative Analysis. Comparative Studies in Society and History, 16(4), 387-415.
Zalasiewicz, J., Waters, C. N., Summerhayes, C., Wolfe, A., Barnosky, A., Cearreta, A. and Williams, M. (2017). The Working Group on the Anthropocene: Summary of evidence and interim recommendations. Anthropocene, 19, 55-60.
- Recibido: abril de 2024.↵
- Profesor y Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Estudios Posdoctorales Universidad Federal Rural de Rio de Janeiro (UFRRJ). Investigador Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científica y Técnicas (CONICET). Profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Contacto: azarrilli@unq.edu.ar.↵






