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Banquinero[1]

(Chaco, Argentina, 1930-2019)

Joaquín Rotman y Lucrecia Marcelli[2]

Definición

Los banquineros constituyen un grupo de individuos, parejas o familias que viven en las banquinas, es decir, en un espacio de tierra de entre 5 y 7 m ubicado entre los alambrados y los caminos rurales. Se encuentran en la región noreste del Chaco, en el ejido rural de la localidad de General San Martín, ciudad situada a 150 km de Resistencia (capital provincial). Se distribuyen de forma heterogénea entre diversos parajes de la zona, los cuales se hallan situados a no menos de 15 km de la ciudad.

Origen

La denominación surge a partir de la forma en que comenzaron a ser llamados por la gente del pueblo. Mientras que algunos de ellos perciben el término de un modo despectivo, otros le atribuyen un sentido meramente descriptivo. Las trayectorias de vida de quienes fueran los primeros en asentarse en la banquina —década del ’30— refiere a que muchos de los que luego serían banquineros habían sido puesteros de algún hacendado que les había permitido levantar su rancho dentro de sus tierras a cambio de su fuerza de trabajo. O bien habían sido trabajadores golondrina, por lo que habían acompañado el trabajo temporal con el asentamiento también pasajero al interior de la propiedad.

Desde la década del ’70, a partir del desarrollo de la llamada “revolución verde”, los medianos y grandes productores tendieron a reducir la demanda de mano de obra. De allí que, no sólo muchos echaron violentamente a trabajadores de sus explotaciones, sino que también tiraron sus pertenencias a la banquina. Aún más, en varias ocasiones los expulsaban de allí por la fuerza aduciendo que ésta era propiedad privada.

Será a principios de la década del ’90 que se comenzaría a conocer fehacientemente la historia de los banquineros, a partir de un censo llevado adelante por técnicos del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) por impulso de la llamada “Mesa Tierra” —un espacio de articulación entre diversos actores del territorio con el fin de relevar necesidades, entre ellas, la falta de acceso a la tierra. Los datos recopilados demostraron la existencia de al menos 300 familias banquineras, es decir, entre 1500 a 2000 personas aproximadamente—. A comienzos del nuevo milenio, de las 300 familias quedaban 150, las restantes habían migrado a centros urbanos. Ese número se mantiene hasta la actualidad. En relación al censo, los técnicos señalaron que la presencia de banquineros resultaba un problema de difícil solución dado que, como tales, eran “incategorizables”: en tanto pequeños productores eran campesinos —es decir, descapitalizados— y en tanto campesinos estaban en las banquinas —es decir, eran campesinos sin tierras—. Incluso llegarían a ser concebidos como una “nueva clase social”.

A partir de entonces, los banquineros ganaron tanto visibilidad a nivel territorial como así también la posibilidad de generar articulaciones con otros actores de la región. Entre ellas, hacia fines de la década del ’90, con docentes provenientes de las provincias de Formosa y Santa Fe, los cuales pertenecían a un movimiento de instituciones educativas no tradicionales, llamadas Escuelas de la Familia Agrícola (EFA). Asimismo, comenzaron a forjar lazos con comunidades originarias (de la etnia Qom), con diversos agentes del Estado (INTA, Ministerios de Salud y Educación y referentes políticos de la zona) y con campesinos de la región. Será en una asociación civil sin fines de lucro llamada “Encuentro” en donde los diversos actores mencionados continuarán fortaleciendo sus redes.

Características

Los banquineros manejan ciertos criterios de elección respecto a qué banquina ocupar. Algunos optan por los caminos menos transitados, para escapar de la interferencia estatal, del pisoteo de los animales y del polvo generado por el tránsito de vehículos. Pero la mayoría prefiere los caminos más transitados o aquellos más cercanos a una escuela rural, un hospital o un curso de agua. Puesto que no tienen acceso a la red de agua potable, el agua se obtiene del río, de algún pozo que se haya podido hacer en el terreno de algún vecino -a no menos de medio kilómetro de distancia— o de la lluvia. En la vida banquinera la luz es el candil y el fuego para cocinar o darse calor se basa en la leña de monte, la cual resulta cada vez más difícil de conseguir por el avance del desmonte indiscriminado.

Los banquineros desarrollan un tipo de economía “de subsistencia” asentada en el consumo de la propia producción (mandioca, papa, plátanos y hortalizas, hasta quesos, dulce, torta frita, pan, etc.) (Rotman, 2018). En la mayoría, el consumo se ciñe a productos de chacra, de huerta o de granja. A los fines de su quehacer diario cuentan con escasas y rudimentarias herramientas (principalmente asadas)y técnicas manuales de laboreo. Viven en casas o ranchos angostos construidos principalmente con madera de palma, dotados de bases poco profundas y pisos de tierra. Mientras algunos miembros de la familia son más estables, otros prueban suerte en grandes ciudades u otras banquinas. En este último caso, la existencia itinerante suele derivar en el retorno, por lo cual edifican otra casa-rancho al lado de la de los miembros que no migraron. De todos modos, su vida cotidiana suele transcurrir en el exterior, ya que la vivienda suele ser sólo un espacio para dormir o refugiarse de la lluvia.

Ex banquineros

Una mención aparte merece un grupo de banquineros integrado por 80 personas que, luego de un proceso de lucha de más una década (1998 a 2009),logró que el gobierno provincial expropiara un lote de 500 ha. Conocidos desde entonces como “ex – banquineros”, cada uno de sus 17 representantes recibió en promedio 25 ha, aunque aún hoy muchos de ellos continúan sin título legal de las tierras. En las parcelas “ex – banquineras” se observa o bien la presencia de dos viviendas o bien de una sola “hibridada”. Las dos viviendas consisten en la reconstrucción de la casa o rancho que tenían cuando vivían en la banquina, por un lado, y otra casa de material, por otro. En otras oportunidades, lo que se aprecia es la unión de una y otra estructura, es decir, sobre la base de la casa o rancho reconstruido se edificó la casa de material. En este sentido, entonces, ser banquinero es ser campesino (aún) sin tierras (Rotman, 2018). Y ser “ex – banquinero” es seguir siendo banquinero (aún) con ellas.

Reflexiones y debates

Los banquineros se erigen como un nuevo sujeto rural, no solo por el hecho característico de su presencia en las banquinas sino, sobre todo, por el proceso que habilita la banquina como espacio vivible, y, a su vez, por cómo se la habita. Además, su singularidad responde al reconocimiento de un proceso de producción de subjetividad en términos de la existencia de una “identidad banquinera”, pasible de ser vista y abordada a partir de la presencia del grupo “ex banquinero”. En este sentido, resulta sugerente la posibilidad de abordar y comprender la vida campesina incluso allí en donde existe un sujeto que no posee tierras. Siendo así, si el tener tierras no es un elemento distintivo del “ser campesino”, entonces ¿cómo se configura ese sujeto? Y si el poseer tierras no determina el “ser campesino”, ¿por qué los ex banquineros, entonces, lucharon por obtenerlas?

Por último, sería posible desarrollar una epistemología banquinera que refiera menos a la vida en los márgenes —como supervivencias y resistencias—, y sí más a los márgenes de la vida política, para comprender sobre qué y cómo opera la marginación de la ciudadanía plena (Fernández, 2006; Agamben, 2017). Esta perspectiva abre una nueva arista de interpretación, al ubicar a los banquineros en un territorio signado por condiciones que se entrecruzan e hibridan, tales como pobreza, marginación, desigualdad, inclusión, diversidad y otras formas de vida (Canclini, 2013). Ello invita a reflexionar sobre las tensiones entre aquello que excede a la colonialidad del poder y aquello que captura la forma de vida unaria de Occidente (Quijano, 2000; Fernández y Cabrera, 2012). Así, la articulación de fenómenos asociados a la peculiaridad campesina, la subjetividad rural y la subjetivación política permitiría entender más profundamente no sólo el modo en que Occidente opera respecto a aquellos que construye como “otro interno” (Sabatella, 2011), sino también la inclusión de actores marginados desde la dimensión propia de los sujetos. Sujetos que son marginados —excluidos y supervivientes— resistentes, pero que no solo son eso sino, sobre todo, están siendo alteridad (Kusch, 2007), una alteridad en disputa.

Bibliografía

ACCChaco (2010). Disponible en: http://accchaco.com.ar

Agamben, G. (2017). Homo Saccer. El poder soberano y la vida desnuda. Buenos Aires, Argentina: AH Editora.

Canclini García, N. (2013). Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Fernández, A. M. (2006). Política y subjetividad. Asambleas barriales y fábricas recuperadas. Buenos Aires, Argentina: Tinta Limón.

Fernández, A. M. y Cabrera, C. (2012). El campo de la experiencia autogestiva: las fábricas recuperadas en la Argentina. Revista Sujeto, Subjetividad y Cultura, 1, 6-23.

Grimson, A. (2011). Los límites de la cultura. Crítica de las teorías de la identidad. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Kusch, R. (2007). Obras Completas. Rosario, Argentina: Fundación A. Ross.

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder y clasificación social. Journal of world-systems Research, 6(2), 342-386I. Recuperado de www.jwsr.ucr.edu

Marcelli, L. N. (2018). Diálogo de saberes académicos – campesinos en el nivel secundario de la Escuela de la Familia Agrícola Fortaleza Campesina del paraje Buena Vista, Gral. San Martin, Chaco, como camino facilitador del aprendizaje (Tesis de grado). Universidad Nacional del Chaco Austral, Argentina.

Rotman, J. (2018). La EFA Banquinera. Del reconocimiento de la singularidad a la singularidad del reconocimiento. EnVI Jornada de Investigadores en Formación en Educación (JIFE) – Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educacion (IICE). Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Sabatella, M. E. (2011). Procesos de subjetivación política: reflexiones a partir de un proyecto de medicina Mapuche en Los Toldos. Bariloche, Argentina: IIDyPCa – Universidad Nacional de Rio Negro – CONICET.


  1. Recibido: julio de 2019.
  2. Joaquín Rotman:Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Docente Facultad de Psicología (UBA). Maestrando en Psicología Social Comunitaria (UBA). Doctorando en Psicología (UBA) y ex Becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Contacto: joaquin_rotman@hotmail.com Lucrecia Marcelli: Licenciada en Gestión Educativa por la Universidad Nacional del Chaco Austral (UNCAUS). Profesora en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales por la Universidad del Centro Latinoamericano-Centro Educativo Latinoamericano. Especialista en Pedagogía de la Alternancia por la Asociación para la Promoción de las EFA. Especialista en Formación para la Promoción Rural por la FEDIAP (Federación de Institutos Agrotécnicos Privados)-OIT. Contacto: recreandoutopias@yahoo.com.ar


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