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Población rural dispersa[1]

(Argentina, 1991, 2001 y 2010)

Fernando Ariel Manzano[2]

Definición

Existe un abanico de definiciones sobre lo rural, predominando las diseñadas para fines estadísticos. Los censos de población definen lo rural en oposición a todo lo que no es urbano.

En Argentina, desde el censo de población del año 1991, se cuantifica a la población residente en el medio rural, diferenciando entre rural agrupada y rural dispersa. Esta última surge a partir del excedente de la población rural en general que no reside en una localidad inferior a 2000 habitantes.

Origen

En el pasado, la diferenciación entre zonas rurales y urbanas se realizaba en función del uso del suelo (Clout, 1976). El espacio rural circundante, durante las últimas décadas, se encuentra en constante transición debido a los múltiples usos –localización de industrias, emprendimientos inmobiliarios, actividades terciarias– en el marco de una creciente valorización del suelo (Tadeo, 2010). Esta transición también se ve afectada por las nuevas relaciones de complementariedad rural-urbana orientadas por las demandas de una producción y circulación modernas y territorialmente próximas (Silveira 2006). Esto generó que, en la actualidad, convivan una multiplicidad de definiciones sobre lo rural vinculadas a determinados fines para las cuales fueron diseñadas. Entre ellas, predominan las generadas con motivos estadísticos por sobre aquellas de carácter conceptual (Dirven y Candia, 2020).

Por otra parte, la mayoría de las definiciones censales de lo rural actualmente en uso en América Latina –para especificar el lugar de residencia de la población– fueron diseñadas para la ronda de Censos de 1960 y se mantienen desde entonces sin debates conceptuales ni modificaciones sustanciales (CEPAL, 2011). Estas han sido definidas como oposición a todo lo que no es urbano (Dirven, 2019), y se basan en un criterio cuantitativo en relación a la cantidad de habitantes que posee un centro poblado –este umbral presenta variaciones entre países, por ejemplo: 1.000, 2.000 o 2.500 residentes– (Pellegrini y Raposo, 2014). Resultando la población dispersa como toda aquella que no reside en los centros poblados –ciertos países usan también los términos: rural disperso, rural concentrado, periferia urbana o similares (Dirven y Candia, 2020)–.

Para el caso argentino, la definición estadística de ‘lo rural’ fue acuñada en Francia durante el siglo XIX. En ella, el criterio que distingue lo rural de lo urbano es la cantidad de habitantes (Castro y Reboratti, 2008). Así, desde el censo de 1914, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), considera como población urbana, a los residentes en localidades de dos mil habitantes o más (Mikkelsen, 2013).

La definición utilizada para determinar la condición de ruralidad de los habitantes, según el INDEC, es la de considerar como población rural a toda aquella que reside en una localidad cuyo número de habitantes es inferior a 2.000 personas. Distinguiendo entre población rural agrupada –residente en centros poblados con menos de 2.000 habitantes–, y población rural dispersa, esta última comprende al resto de la población rural –habita en campo abierto o en algún tipo de explotación, fuera de cualquier aglomeración (INDEC, 2003)– (Pellegrini y Raposo, 2014). La población dispersa, en Argentina, es relevada mediante el operativo del Censo Nacional de Población y Vivienda (CNPV) que realiza un relevamiento nacional exhaustivo (INDEC, 2003). Así, se contabiliza a la población del lugar como rural dispersa, sin hacer referencia a localidad alguna (Dillon, 2016).

La definición de localidad adoptada en Argentina, al momento de establecer si un determinado asentamiento poblacional en el espacio rural constituye o no población rural agrupada o dispersa, adopta criterios físicos (Vapñarsky y Gorojovsky, 1990) en el cual se especifican las condiciones que deben reunir las áreas edificadas para ser consideradas localidad, y que fuera adoptado por el INDEC desde el año 1991.

En Uruguay, por ejemplo, el INE (Instituto Nacional de Estadística) establece como población rural a lo que denomina población dispersa –basada en una norma jurídica del año 1946 (Romero, 2004)– definida como la que no reside en centros poblados. A su vez, la definición de centro poblado es una potestad de cada gobierno departamental, no existiendo un criterio operativo fijo sobre centro poblado (Piñeiro y Cardeillac 2014).

La delimitación geográfica denominada rural disperso de Colombia utilizada por el DANE (Departamento de Administración y Estadística) se caracteriza por la disposición dispersa de viviendas y de explotaciones agropecuarias –así como también de predios de descanso o recreo, zonas de usos mineros o extractivos– y se encuentra comprendida entre el perímetro censal de las cabeceras municipales y de los centros poblados, y el límite municipal (DANE, 2019, p.11).

En Costa Rica, a partir del Censo de 1984, comenzó la delimitación en urbano, periferia urbana, rural concentrado y rural disperso –previamente se utilizaban solo los criterios de urbano y rural–. El área rural dispersa comprende todo el espacio que no ha sido considerado urbano, periferia urbana, y rural concentrado (Rodríguez y Saborío, 2008).

En el campo de la producción académica argentina, se ha optado frecuentemente por la denominación de pueblos o poblados (Murmis y Feldman, 2005) e inclusive caseríos (Gaignard, 1989) para referir a las localidades rurales sin hacer referencias explícitas, en la mayor parte de los casos, a cuestiones vinculadas con el tamaño de los asentamientos. Posteriormente, se ha avanzado en caracterizar al espacio rural en un sentido amplio mediante una combinación de variables que permitan un acercamiento a su complejidad y a su carácter polisémico (Mikkelsen, 2013; Bidaseca y Gras, 2009).

Características de la población rural dispersa en Argentina según los últimos censos (1991, 2001 y 2010).

En Argentina, la población rural dispersa se redujo alrededor del 24% en el período intercensal 1991 a 2010, mientras que la población rural agrupada se incrementó 18%. Esta reducción se da en el marco de una disminución de la población rural total –en el año 2010 el porcentaje de población rural representó solo el 9,1% de la población total– e incremento de la proporción de población rural en relación a la dispersa a nivel total país –representando 36,1 y 63,9%, respectivamente–(Mikkelsen, 2013). Esta dinámica presenta diferencias a nivel regional pudiendo establecer dos grupos diferenciados: Noreste Argentino (NEA), Noroeste Argentino (NOA) y la región de Cuyo, con amplio predominio de población rural dispersa, y las regiones Pampeana y Patagonia, con composiciones más equilibradas entre la población rural agrupada y dispersa (Pasciaroni et al., 2010). La mayor movilidad territorial de la población rural dispersa resulta un elemento analítico de relevancia. A partir de las mejoras operadas en las vías de comunicación se genera un vínculo más acelerado y fluido entre las explotaciones en las que trabajan y sus residencias (Mikkelsen, 2013).

Destacando que las definiciones de población rural agrupada y dispersa remiten a un umbral cuantitativo, existen una multiplicidad de realidades que coexisten entre los límites demarcados por la definición estadística. Los habitantes de localidades muy pequeñas y aisladas pueden encontrarse en condiciones materiales de vida no muy diferentes de quienes viven en campo abierto. Destacándose una mayor disparidad entre población agrupada y dispersa en lo que a condiciones de vida se refiere, y no entre población urbana y rural, según la clasificación estadística (Pellegrini y Raposo, 2014). Manzanal (2006), considera que la diferenciación de la zona rural entre población aglomerada y dispersa, es insuficiente para relevar la compleja gama de actividades económicas y fuertes interrelaciones sociales y económicas existentes. En este sentido, se destacan: la ausencia de avances en mayores subdivisiones dentro de lo rural (Dirven, 2019), y la falta de consenso acerca de la forma de delimitar esos pequeños asentamientos anclados en áreas rurales (Pasciaroni et al., 2010).

Debates y reflexiones

Al momento no existe una definición universal de lo rural, las definiciones vigentes realizan mayoritariamente una caracterización de lo rural como resultado residual de lo urbano, basándose en consideraciones demográficas y/o productivas. De manera, que la categoría rural hace referencia a los asentamientos dispersos o de baja densidad poblacional, con predominio de las actividades agropecuarias, en donde las condiciones materiales de vida resultan bastante homogéneas, y se diferencian del estilo de vida urbana (Clout, 1976; Echeverri y Ribero, 2002). Este enfoque, basado en el proceso de urbanización e industrialización, supone que las áreas rurales sufrirán una continua disminución de su población debido a la emigración a las ciudades en un contexto de aumento de la demanda del empleo industrial (Abramovay, 2000).

El abordaje a partir de la definición estadística de lo rural presenta limitaciones para explicar los cambios importantes y diversos que ha experimentado el mundo rural latinoamericano (Piñeiro y Cardeillac, 2014). Las actuales configuraciones territoriales de los espacios rurales son multifuncionales, heterogéneas y dinámicas, a partir de los procesos de modernización y globalización, y complejas articulaciones entre el espacio local y los contextos regionales, nacionales e internacionales (Sili, 2000). Así, el espacio rural se viene modificando paulatinamente, como soporte de las actividades y como construcción social. En donde aparecen nuevos elementos que reflejan vínculos rurales-urbanos –dejando atrás la tradicional dicotomía entre estos términos, así como también la coincidencia entre lo rural y lo agrario–, y que dan cuenta de un concepto de “ruralidad” más amplio entre algunos de ellos, cabe mencionar: incremento de la agricultura no tradicional; predominio de fuerza de trabajo asalariada temporal, especialmente femenina; artesanías; empresas pequeñas y medianas; turismo rural; actividades de servicio; comercio; educación; instituciones del gobierno local; agriculturización; expansión de barrios privados, clubes de campo, chacras; entre otras (Castro Ríos, 2012; Gómez, 2003, Pérez, 2001). En Argentina, este proceso no puede generalizarse, aunque se admite una resignificación de lo rural (Nogar, 2009).

Bibliografía

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  1. Recibido: marzo de 2022.
  2. Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Doctor en Demografía por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Investigador categoría adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con lugar de trabajo en el Instituto de Geografía, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (IGEHCS-UNICEN). Contacto: fernando14979@hotmail.com.


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