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Federación Argentina de Cooperativas Agrarias Coop. Ltda. (FACA)[1]

(Argentina, 1947-1999)

Patricia Beatriz Lombardo[2] y María Isabel Tort[3]

Definición

Entidad de segundo grado creada en 1947 a instancias de la Federación Agraria Argentina (FAA), para comercializar la producción y abastecer el consumo de sus asociados. Sus integrantes preferentemente debían ser chacareros y socios de la FAA. Se constituyó en una asamblea con 30 cooperativas, una federación y 14 representantes de cooperativas en formación, llegando a ser la organización cooperativa agraria más grande de la República Argentina. Desarrolló actividades hasta 1999, cuando se presentó en concurso de acreedores y luego fue declarada en quiebra.

Origen

La FAA nació en 1912, representando a chacareros, fundamentalmente arrendatarios, dedicados a la producción agrícola en la región pampeana. A mediados del siglo XX pasó a representar a pequeños y medianos productores, muchos de ellos propietarios de explotaciones mixtas, agrícolas y ganaderas, llegando a tener presencia relevante en las economías regionales. En este devenir y por iniciativa propia, surgieron de su seno numerosas instituciones con objetivos múltiples y con relaciones intra e intersectoriales muy diversas (Martínez Nogueira, 1988). Cabe señalar la trayectoria de generación de organizaciones relacionadas con el cooperativismo de FAA: en 1917 intentó poner en marcha un seguro mutuo contra granizo, cuya iniciativa se concretó a través de la conformación de una cooperativa en 1955, con el mismo nombre de la Federación; en 1932 se creó Agricultores Federados Argentinos (AFA), con base en Rosario; en 1963 se instituyó la Federación de Cooperativas de Crédito para asistir financieramente a cooperativas y productores agropecuarios. Además, en 1947 se fundó la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA), que llegó a actuar como exportadora, además de comercializar granos y subproductos, ganado, fibra de algodón, frutas, vinos, hortalizas e insumos para las familias y para la producción, incluso industrializaba materias primas.

Lograr la organización de los chacareros en cooperativas era parte del programa fundacional de la FAA. En el Primer Congreso Ordinario Anual de la entidad, celebrado en 1913, proponen a las cooperativas como un instrumento en la lucha contra el sistema monopólico de comercialización que dificultaba el acceso de los chacareros a la financiación y a la tierra. Por ello sus esfuerzos para difundir el cooperativismo agrario en los primeros años de existencia, aunque hasta el advenimiento del peronismo resultaron prácticamente infructuosos. A comienzos de los ´40, de las cuarenta y nueve que la conformaron, sólo quedaban seis entidades cooperativas adheridas a AFA. Según Olivera (2004), con la asunción del peronismo al poder, la Federación Agraria logró organizar y fortalecer un movimiento cooperativo ligado a la entidad gremial. El mismo alcanzaría una escala sin precedentes y sería capaz de captar a un número significativo y heterogéneo de productores rurales.

Así, FACA suma dos circunstancias favorecedoras al momento de su creación. Por un lado, encarna un viejo proyecto de la FAA de fomentar el cooperativismo. Sus dirigentes, surgidos de FAA, sostenían que el accionar cooperativo perdía eficacia si no se inscribía en el contexto de la lucha gremial, como afirmara ya en 1931 Nicolás Repetto (en “Lecciones sobre cooperación”):

Las cooperativas no deben estar vinculadas a los partidos políticos, pero no pueden desentenderse de la política, porque la política plantea cuestiones de orden fiscal, cuestiones de orden aduanero, cuestiones de orden legislativo, que pueden afectar al desarrollo, al porvenir, a la existencia misma de las cooperativas (Rodriguez Tarditi, 1970, p. 90).

De hecho, en muchas ocasiones, la sección local de FAA servía de base para la constitución de la cooperativa y entre los requisitos para incorporarse a esta y luego a FACA estaba el de que sus asociados, además de ser chacareros, debían estar adheridos a la FAA.

En el proyecto de ley de fomento de la cooperativa agraria, que presentara como diputado N. Repetto en 1927, se diferenciaban las funciones que debía satisfacer el chacarero. Por un lado, las funciones técnicas relacionadas con los aspectos más estrictamente productivos (trabajar bien la tierra, seleccionar las mejores semillas, sembrar y cosechar en el momento oportuno). Por otro, las funciones económicas (comprar en forma conveniente lo que necesita para la producción y la vida, y, sobre todo, vender a buen precio los productos de su trabajo), a las que se consideraba tan importantes y necesarias como las primeras. Como conclusión, se afirmaba que: “Debe saber organizarse para que su esfuerzo no sea sacrificado por los intermediarios o explotadores de su trabajo. La cooperativa le da el elemento, la herramienta que necesita para tal fin.” (Rodriguez Tarditi, 1970, p. 63)

Cabe destacar que FACA surge prácticamente junto al proyecto peronista de romper con los monopolios. Para FAA las cooperativas debían ser las principales beneficiarias de los flujos crediticios y de la asistencia tecnológica que brindaba el estado peronista en su intento por incrementar la productividad y la producción agropecuaria sin atarse a los viejos esquemas, como proponía el Segundo Plan Quinquenal. Pero, asimismo, consideraba que las cooperativas debían permanecer sujetas al control político-cultural de la entidad gremial. Entre otras cosas esto implicaba que se compartiera un mismo modelo de administración contable, se accediera a información económica relevante y, especialmente, que se entregase indefectiblemente su producción a FACA que, a su vez, la remitía al IAPI (Olivera, 2004). Este requisito de consecuencia era definitorio para la pertenencia al sistema.

Hacia 1951, FACA contaba con 143 cooperativas adheridas y en 1955 estaban inscriptos 130.000 miembros de cooperativas. En 1984, contaba con 328 cooperativas adheridas. Según Martínez Nogueira (1988) este crecimiento no implicó el abandono del lenguaje que caracterizó a sus primeras épocas, al punto de que:

Al insistir en que su alumbramiento real es la creación de la FAA, se define como entidad al servicio de las reivindicaciones del hombre de campo, tanto sociales como económicas, preservando un lenguaje que en sus orígenes estuvo teñido por una oposición frontal a las estructuras de intermediación (Martínez Nogueira, 1988, p. 405).

Más adelante, al aumentar el número de productores asociados y expandirse geográficamente, gana independencia y autonomía como fuerza política dando lugar a períodos de acercamiento, tensión institucional y distanciamiento respecto a la política y acción gremial de la FAA.

Proceso evolutivo y crisis cooperativa

Como ya se mencionara, la creación de FACA tenía como objetivo enfrentar un sistema de comercialización concentrado mediante un manejo más adecuado y transparente (Olivera, 2004). Esta entidad, además de proporcionar una representación institucional, permitía aumentar el alcance territorial más allá de la región pampeana.

Su funcionamiento estaba destinado a dar escala a los negocios de comercialización y provisión de insumos de las cooperativas de base, posicionándose en la década de los setenta como una de las más importantes entidades cooperativas en cuanto a acopio y exportación granaria (Lattuada y Renold, 2004). El centro de su actividad exportadora se concentraba en la terminal portuaria ubicada en el Puerto Norte de Rosario, donde disponía de un elevador de 40.000 toneladas.

En el marco de su proceso evolutivo, y teniendo en cuenta las transformaciones ocurridas en el sector agropecuario así como las necesidades y demandas de los productores, FACA incursionó en la industrialización de materias primas, en la provisión de alimentos, materiales de construcción, enseres, útiles de trabajo y maquinarias (Olivera, 2006). El avance en la complejidad y diversificación de la operatoria de la entidad también se tradujo en inversiones con financiamiento blando, prestación de servicios técnicos y financieros a cooperativas y la prestación de servicios portuarios. Como bien sostienen Lattuada y Renold (2000), el nivel de complejidad y diversificación alcanzado no fue acompañado por modificaciones significativas en su lógica organizacional ni se produjo una adaptación acorde de los métodos contables, de los criterios administrativos, de los organigramas funcionales y de los procesos de planificación.

A principios de la década de los 80, en el marco de la reforma financiera, las restricciones de la política crediticia de la banca pública y privada llevaron a las cooperativas a destinar su capital de trabajo y excedentes acumulados al financiamiento de sus asociados. Operatoria que no tuvo un respaldo técnico apropiado para la gestión financiera. La crisis de los pequeños y medianos productores más el costo del financiamiento, derivaron en dificultades de cobranza y conflictos entre las cooperativas y sus socios, en la insolvencia de las primeras y en el endeudamiento acumulativo que se trasladó a las entidades de segundo grado (Mateo y Bageneta, 2015). En este contexto, FACA sufrió una grave crisis financiera que trató de superar –con el apoyo institucional de la entidad gremial (FAA)– mediante un proceso de reestructuración financiera y reconversión productiva para alcanzar el saneamiento y poder recuperar el volumen comercializado (Lattuada y Renold, 2004).

Sin embargo, dicho proceso se interrumpió a fines de los 90 con una nueva crisis institucional. Esta nueva crisis, considerada final, se produjo en el contexto de otra etapa de mortandad de las cooperativas de comercialización agropecuaria. La situación económica-financiera de las que sobrevivieron a la década de los 80 condicionó sus posibilidades empresariales en el nuevo contexto macroeconómico y sectorial que se instaló en ese período (Barbero, Gorenstein y Gutiérrez, 2000).

A 52 años de su fundación, FACA no pudo afrontar sus deudas y en noviembre de 1999 se presentó en concurso preventivo siendo sus principales acreedores pequeñas cooperativas agrícolas de Córdoba y Santa Fe cuya solvencia patrimonial se vio comprometida, bancos públicos (Banco Nación y Banco Provincia de Buenos Aires) y un conjunto de bancos privados.

Si bien la entidad encaró una reestructuración interna mediante la reducción de sus costos fijos y la disminución del personal de planta, la venta de activos, la oferta a las cooperativas acreedoras de reintegros porcentuales sobre la base de las operatorias de granos a través de FACA como corredora de cereales y la rehabilitación de servicios como la provisión de formularios oficiales (cartas de porte, de depósito y liquidación de granos F 1116), el ahogo financiero se complicó cada vez más hasta llegar a un estado crítico que desembocó en el pedido de la convocatoria.

Así también, se buscaron alternativas de salvataje financiero con bancos y grupos inversores nacionales e internacionales con resultados negativos y altos costos de honorarios de consultoría, de gestión y asesoramiento jurídico.

Reflexiones

La entidad analizada fue creada con el propósito de constituir una alternativa válida para aumentar el poder de negociación de las cooperativas agrarias, constituidas por pequeños y medianos productores, actuando también como un agente facilitador de una mejor integración y cohesión social.

Las organizaciones cooperativas (tanto de primer como de segundo grado), deben servir a los intereses de sus asociados, pero también deben adaptar su funcionamiento para poder desarrollarse en un contexto sumamente competitivo y globalizado. Para ello es necesario un continuo rediseño que se debe llevar a cabo mediante la identificación de problemas y la búsqueda de respuestas, que permitan afrontar los cambios del contexto.

Las distintas crisis que atravesó FACA, implicaron un debilitamiento de las relaciones con las cooperativas asociadas así como del grado de compromiso de estas últimas con la organización de segundo grado lo cual, sumado a la existencia de comportamientos oportunistas de algunas de ellas, dificultaron la acción colectiva y la cooperación necesarias para buscar soluciones posibles a la problemática institucional.

El estado de crisis recurrente que afectó a los pequeños y medianos productores, agravado durante la década de los 90, acentuó la heterogeneidad de estos actores sociales y aumentó su vulnerabilidad incidiendo, en forma diferencial, sobre la evolución y funcionamiento de sus organizaciones económicas entre ellas las organizaciones cooperativas.

La mayor complejidad institucional, que estuvo acompañada por falencias en la gestión, control y en su conducción, así como por la pérdida del equilibrio entre objetivos empresariales y solidarios, dio lugar a procesos de erosión del capital social. Tampoco estuvieron ajenas prácticas de corrupción de algunos consejeros, síndicos y funcionarios.

Posiblemente la demora en identificar la gravedad y profundidad de las situaciones críticas que debió atravesar, llevó a que su estrategia se basara en un “achicamiento” y reconversión de su estructura/envergadura empresarial poniendo de manifiesto, a su vez, una baja capacidad para establecer alianzas estratégicas con empresas privadas y/o entidades cooperativas que le permitieran superar dichas situaciones.

Bibliografía

Barbero, A., Gorenstein, S. y Gutiérrez, R. (Agosto de 2000). El impacto de los cambios institucionales en el cooperativismo agropecuario pampeano. Seminario Internacional, Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.

Lattuada, M. y Renold, J. M. (2000). Reingeniería cooperativa. El debate institucional sobre el cooperativismo agropecuario del siglo XXI. Realidad Económica, (172), 73-100.

Lattuada, M. y Renold, J. M. (2004). El cooperativismo agrario ante la globalización. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores.

Martínez Nogueira, R. (Agosto de 1988). Las organizaciones de representación de intereses en el agro argentino. XX Congreso Internacional de Economía Agraria, Buenos Aires, Argentina.

Mateo, G. y Bageneta, J. M. (Mayo de 2015). Cooperativismo agrario y agronegocio. Tensiones entre un modelo centenario y los requerimientos de un agro reconvertido (1990-2010). V Jornadas Nacionales de Historia Social, La Falda, Argentina.

Olivera, G. (2004). La Federación Agraria Argentina y la cuestión del cooperativismo en la Argentina peronista. Ciclos, XIV (27), 99-122.

Olivera, G. (2006). Cooperativas, crédito estatal y desarrollo rural. Una primera aproximación a su estudio en el caso de Córdoba (1940-1960). Mundo Agrario, 6(12), 1-23.

Rodriguez Tarditi, J. (1970). Juan B. Justo y Nicolás Repetto en la acción cooperativa. Sus discípulos. Buenos Aires, Argentina: Intercoop Ed. Cooperativa Limitada.


  1. Recibido: febrero de 2021.
  2. Ingeniera Agrónoma y Doctora de la Universidad de Buenos Aires (UBA), área Ciencias de la Educación. Contacto: patricia@agro.uba.ar
  3. Licenciada en Sociología y Magíster en Economía Agraria y en Ciencias Sociales, por la Universidad Nacional de La Plata (UNP) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Contacto: mariasabel47@yahoo.com.ar.


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