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Cambio climático[1]

(Argentina, 1950-2019)

María Clara Lagomarsino[2]

Definición

El cambio climático es la variación en el estado del clima debido a la alteración en la composición atmosférica por factores tanto naturales como antrópicos. El clima manifiesta una variabilidad natural propia, sin embargo, en las últimas décadas las actividades humanas han contribuido directa o indirectamente a la concentración de gases atmosféricos, provocando cambios en los regímenes climáticos.

Origen global de la discusión y observaciones iniciales

El clima en la Tierra ha cambiado históricamente, desde los ciclos glaciales hasta la conformación del sistema climático que dio inicio a la civilización humana. Dichas transformaciones son consecuencia de pequeñas alteraciones en la órbita terrestre, que inciden en la radiación solar recibida en el planeta (Sitio web NASA). Pese al carácter cambiante, el cambio climático comenzó a ser una preocupación mundial a mediados del siglo XX. Si bien anteriormente ya se planteaban teorías sobre el efecto invernadero y su vínculo con los sistemas biofísicos, fue desde mediados de dicho siglo que las cuestiones climáticas tomaron mayor relevancia, tanto en Argentina como en el resto del mundo, como consecuencia de la divulgación científica sobre el vínculo directo entre las emisiones de origen antrópico y el cambio climático global.

Entre las referencias globales se encuentran los estudios del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), el organismo de las Naciones Unidas creado en 1988 con el objetivo de proporcionar informes periódicos con base científica sobre el estado de conocimiento del cambio climático, a fin de contribuir a la elaboración de estrategias y políticas públicas ambientales. En los cinco informes confeccionados por el organismo se evidencia la influencia humana como motor de cambios en el clima debido a las grandes tasas de emisiones gaseosas liberadas a la atmósfera. Durante el último siglo se percibió un aumento vertiginoso de las mismas a nivel mundial, de modo que actualmente se reconocen las cifras más altas registradas.

En el balance climático, la alteración en la concentración natural de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) –como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O), entre otros– potencia el fenómeno invernadero, resultando en un calentamiento de la temperatura terrestre (Dickie y Coronel, 2016; Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2019). El IPCC afirma que las acciones antrópicas –en particular, la explotación de combustibles fósiles, los cambios en el uso del suelo y la deforestacióna gran escala– han sido el origen del aumento de la temperatura mundial en el último siglo. La misma se ha elevado aproximadamente 1°C respecto a los niveles preindustriales (IPCC, 1992 y 2014).

La República Argentina reconoce en su Primera Comunicación Nacional (1999) que, entre los años 1990 y 1997, las emisiones de GEI crecieron un 20% aproximadamente, presentando variaciones a lo largo de los años de acuerdo a los picos de desarrollo económico y los cambios en las tecnologías utilizadas. En el Inventario Nacional de GEI (1997) las actividades relativas a la producción energética constituían el 50% de las emisiones totales, siendo el CO2 el principal gas emitido debido a la quema de combustibles fósiles. Por su parte, las actividades agrícola y ganadera fueron también grandes aportantes del total, conformando el sector ganadero el 35% aproximadamente (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2016).

En base a modelos climáticos se evidenció que 18 de los 19 años más cálidos registrados mundialmente corresponden a los años posteriores a 2001, influyendo de esta manera en el calentamiento de los océanos, el número de eventos extremos, el volumen disminuido de la criósfera y la elevación del nivel del mar (IPCC, 2014; Sitio web NASA). Frente a este escenario global, en la Argentina el Gabinete Nacional de Cambio Climático registró variaciones climáticas durante el período comprendido entre los años 1960 y 2010. Gran parte del territorio argentino experimentó un aumento en su temperatura media en un 0,5°C aproximadamente, alcanzando niveles menores en la franja central y hasta 1°C en gran parte de la Patagonia. La temperatura mínima presentó mayores aumentos que la máxima. De la misma manera, en el este y norte del país se observó un aumento en la frecuencia de días con olas de calor y, en cambio, una reducción en los días con heladas. En cuanto al régimen pluvial, en gran parte del país se registró una elevación en la precipitación media, con marcados incrementos al este nacional, provocando importantes inundaciones debido a una mayor frecuencia de las precipitaciones más intensas. Por el contrario, la zona patagónica de la Cordillera de los Andes presentó una disminución en sus precipitaciones, y la zona Cuyana, un menor caudal fluvial en los ríos del norte de Mendoza y San Juan. Los períodos secos de la estación invernal se han alargado hacia el oeste, y especialmente hacia el norte, causando que la zona sea más vulnerable a los incendios y al estrés hídrico. Por otro lado, se ha registrado un ascenso de la isoterma de 0°C a lo largo de la Cordillera, y por tanto, los glaciares argentinos pertenecientes a los bosques andino-patagónicos han manifestado un retroceso a lo largo de las últimas décadas (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2015 y 2016).

Normativa e instrumentos de gestión

La República Argentina confirmó en 1993 su compromiso en materia climática a través de la ley 24.295, en la cual asumió las obligaciones ambientales previstas en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Ésta había surgido en la Cumbre de Río en 1992 con el objetivo de tomar medidas para estabilizar las concentraciones de GEI atmosféricos y, de esta forma, mitigar los cambios en el clima producidos por las emisiones de origen antrópico. De modo que es en el marco de la Convención que la Argentina debe elaborar y presentar informes periódicos en base a los objetivos expuestos (Inventarios de GEI y Programas de adaptación y mitigación al cambio climático, etc.), los cuales se incorporan en la Comunicación Nacional.

Dada la necesidad global de cumplir con las metas propuestas e implementar políticas gubernamentales en materia climática, se adoptó en 1997 –como herramienta internacional– el Protocolo de Kioto. Este último entró en vigor en 2005, para tomar acción a favor de la reducción de las emisiones de GEI durante los años 2008-2012 (como mínimo en un 5% en relación a los niveles de 1990). El segundo período de vigencia del Protocolo comprende el período 2013-2020 (Boix, 2013; Sitio Web Comisión Europea). No todos los países miembros mantienen las mismas responsabilidades y obligaciones manifiestas en el acuerdo. Cada uno asume “responsabilidades comunes pero diferenciadas” según sea su contribución al calentamiento global. En razón de ello, Argentina no mantiene obligaciones. De todos modos, ratificó el Protocolo de Kioto en 2001 mediante la ley 25.438, que estableció restricciones y mecanismos para contribuir a los esfuerzos mundiales de combatir el cambio climático.

De la misma manera, y con la finalidad de promover la aplicación eficaz de los principios regidos en la CMNUCC, en 2015 se celebró la Conferencia de las Partes 21 (COP 21). Allí se adoptó el Acuerdo de París, el cual reforzó las medidas con acciones y estrategias más ambiciosas, para que los países signatarios –como Argentina, que lo ratificó en 2016 mediante la ley 27.270– fortalecieran sus políticas y asumieran los objetivos del acuerdo.

En su Tercera Comunicación Nacional (2015), Argentina registró las emisiones de GEI de 2012. Éstas continuaban señalando una tendencia creciente desde 1990, representando el CO2 el 63,7%. Ese año, el mayor emisor fue el sector Energético con un 42,7%, siguiéndole los sectores Agropecuario y de Cambio de Uso del Suelo y Silvicultura, en un 27,8% y 21,1% respectivamente. Si bien manifiesta grandes diferencias respecto a los países más desarrollados, Argentina se ubicaba dentro de los 25 países con mayores niveles de emisión de GEI, aportando actualmente menos del 1% de las emisiones globales (Dickie y Coronel, 2016; Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2016).

En conformidad con el Acuerdo de París y la CMNUCC, Argentina presentó su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) en 2015, desarrolló un Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero en 2017 (cuantifica anualmente los gases emitidos y absorbidos en el territorio nacional) y sancionó la Ley 27.520 de Presupuestos Mínimos de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático en 2019. En este contexto, se elaboró un Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático como instrumento político para orientar la planificación y las decisiones en materia climática (Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2019).

Desafíos y futuros escenarios climáticos

En base a proyecciones científicas, el IPCC señala la urgencia de reducir las emisiones de GEI a fin de evitar un aumento en la temperatura mundial por encima de los 2°C respecto a los niveles preindustriales. De lo contrario, los efectos adversos se intensificarían, impactando rápida y sustancialmente sobre los sistemas humanos y naturales. Es por ello que desde entonces el cambio climático conforma una de las cuestiones ambientales más relevantes, por representar una amenaza a nivel social y económico, y también en el sostén ecológico general.

Los impactos considerados para un aumento de más de 2°C implican riesgos en la pérdida de especies, mayores procesos de desertificación, escasez de agua especialmente en zonas áridas, daños frecuentes debido a incendios e inestabilidad en el sistema alimentario (IPCC, 2019). El IPCC estima que la temperatura global puede alcanzar 1,5°C en las próximas décadas en caso de que la tasa de emisiones continúe de la misma forma que en la actualidad. Se proyectan impactos durante períodos más prolongados e incluso irreversibles, pero con variaciones según la tasa, el pico y la duración del calentamiento global, y también la región geográfica y sus niveles de desarrollo y adaptación (IPCC, 2018).

Para lograr las metas nacionales de limitar las emisiones de GEI, el gobierno argentino considera medidas intersectoriales que abarcan las áreas de energía, procesos industriales, ganadería, agricultura, modificación del uso del suelo, silvicultura y residuos (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, 2016). En caso de continuar con el mismo ritmo de emisiones, la Argentina proyecta en su Tercera Comunicación Nacional un futuro escenario nacional con transformaciones más profundas. La temperatura media podría aumentar en todo el territorio argentino y acelerar, por ende, la tasa de calentamiento, impactando especialmente en la región del noroeste. El calentamiento previsto en la región andina puede conducir a un déficit hídrico que afectaría el acceso adecuado al agua para la población y las actividades regionales. De la misma manera, se esperan períodos de sequía de mayor intensidad y duración en algunas zonas, y también un aumento en la cantidad de fenómenos extremos de temperatura y precipitación. En cuanto al régimen pluvial, si bien no se esperan cambios de gran magnitud en un futuro próximo, se estima una disminución de las precipitaciones en la zona andina de Mendoza y la Patagonia. Asimismo, acorde al continuo aumento en la temperatura se conjetura un mayor retroceso de los glaciares patagónicos.

El calentamiento global desencadena un escenario socio-ambiental que requiere de la colaboración colectiva de los Estados para que las emisiones netas de CO2 se reduzcan en gran proporción. El sistema agroalimentario mundial y el acceso al agua segura se vinculan estrechamente con la crisis climática. Particularmente en Argentina la producción agropecuaria representa una actividad económica fundamental que se encuentra altamente expuesta a las variaciones en el clima. La agenda ambiental debe atravesar las políticas intersectoriales, puesto que un adecuado desarrollo social y económico tiene como base primaria el equilibrio ambiental.

Bibliografía

Boix, R. S. (2013). El protocolo de Kioto: Connotaciones jurídicas para la Argentina. Especial referencia al mecanismo de desarrollo limpio y a los fondos de carbono. Revista de la Facultad de Derecho, 4(1), 111-135.

Comisión Europea. https://bit.ly/38dLPz1

Dickie, M. J. y Coronel, A. (2016). Cambio Climático: breve historia y tendencias en la Región Húmeda. Recuperado el 15/01/2020 de https://bit.ly/2TqNmgX

IPCC (1992). Cambio climático: Las evaluaciones del IPCC de 1990 y 1992. Primer Informe de Evaluación del IPCC. Resumen General y los Resúmenes para Responsables de Políticas y Suplemento de 1992 del IPCC. Recuperado el 15/01/2020 de https://bit.ly/2QW5sFR

IPCC (2014). Cambio climático 2014: Informe de síntesis. Contribución de los Grupos de Trabajo I, II y III al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Recuperado el 15/01/2020 de https://bit.ly/38bpD8B

IPCC (2018). Informe Especial: Calentamiento Global de 1.5°C. Resumen para responsables de políticas. Recuperado el 15/01/2020 de https://bit.ly/3abvBbj

IPCC (2019). Comunicado de Prensa del IPCC. Recuperado el 15/01/2020 de https://bit.ly/2Ttt46m

Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable (2016). República Argentina. Primera Revisión de su Contribución Determinada a Nivel Nacional. Recuperado el 15/01/2020 de https://t.ly/wShY

NASA. https://t.ly/HWA0

Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (2015). Tercera Comunicación Nacional de la República Argentina a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Recuperado el 15/01/2020 de https://bit.ly/35Pqydi

Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación (2019). Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático. Versión 1. Recuperado el 15/01/2020 de https://bit.ly/30qiU7S

United Nations Framework Convention on Climate Change. https://bit.ly/2TtQmZQ


  1. Recibido: febrero de 2020.
  2. Licenciada en Ciencias Ambientales por la Universidad del Salvador (USAL). Becaria Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Miembro del Centro de Estudios de la Argentina Rural de la Universidad Nacional de Quilmes (CEAR-UNQ). Contacto: claralagomarsino@gmail.com.


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