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Migración del trabajo agrícola asalariado[1]

(América Latina, s.XX – comienzos s.XXI)

Mauricio Chamorro Rosero[2]

Definición

Se denomina migración del trabajo agrícola asalariado al desplazamiento de las personas a un lugar distinto del de su residencia con el propósito de trabajar remuneradamente en actividades relacionadas con la producción agrícola o ganadera. Este desplazamiento puede efectuarse dentro de un país o hacia un país extranjero, involucrando varios patrones de movilidad, como la migración pendular, circular o errante, y sujetándose a diversas relaciones laborales, como el trabajo a jornal, temporal, estacional o a tiempo completo.

Historia

La relación entre agricultura y migración es históricamente significativa, de modo que existen múltiples factores que explican los desplazamientos hacia o desde las prácticas agrícolas. Para David Akeju, (2013), es posible distinguir tres factores que han influido en la migración en un entorno agrícola. El primer factor de migración es la búsqueda de tierras cultivables, lo que implica que los agricultores se desplazan hacia tierras que tienen mejores condiciones para la producción. El segundo factor se precisa por la mecanización y el uso de tecnología en la agricultura, lo cual ocasiona, principalmente, un desplazamiento de la población rural hacia las zonas urbanas por la destrucción de empleos. Finalmente, el tercer factor de migración se presenta por la demanda de mano de obra durante la temporada de siembra y cosecha, lo que genera una migración del trabajo agrícola asalariado.

En el caso de América Latina, desde el siglo pasado la relación entre agricultura y migración se encuentra determinada por el impacto de las políticas de desarrollo económico (Useche, 2013). Los dos enfoques de desarrollo económico desplegados en la región a partir de la segunda mitad del siglo XX –la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y el neoliberalismo– influyeron de forma directa, aunque distinta, en las dinámicas migratorias. De este modo, el sesgo urbano que contenían las políticas de desarrollo desplegadas en el periodo de la ISI provocó un desequilibrio entre el sector rural y urbano (Escobal y Ponce, 2003; Robinson, 2015). Los subsidios a la industria, la demanda de mano de obra y el incremento de los salarios urbanos promovidos por la ISI fueron algunas de las causas que propiciaron masivos desplazamientos internos de los habitantes rurales hacia las ciudades. Más adelante, los programas de ajuste estructural neoliberal implementados a partir de la década de 1980 condujeron, entre otras cosas, a la expansión de los centros agroindustriales y a la reducción o eliminación de los subsidios para los agricultores, lo cual afectó, principalmente, a los pequeños productores agrícolas e incrementó las desigualdades en el sector rural. En este contexto, empieza a desarrollarse una migración internacional que, tras la migración interna de tipo rural-urbana promovida durante la ISI, para muchas personas representó una segunda migración.

Sin embargo, la implementación de políticas neoliberales sobre el sector agropecuario también favoreció un proceso de concentración y acumulación de capital por parte de los enclaves agroindustriales y los productores agrícolas que se encuentran incorporados al actual régimen alimentario (Friedmann, 2005). Esto ocurrió en detrimento de una población rural apartada de la producción de alimentos para el mercado y de los trabajadores rurales plenamente proletarizados. Por esta razón, mientras en algunos lugares decrecieron las oportunidades de empleo, en los lugares donde se concentra la producción agrícola comercial se incrementó la demanda de fuerza de trabajo (Bernstein, 2012), por lo que se organizó un proceso de migración vinculado al mercado del trabajo agrícola. Así, las dinámicas de cambio agrario impulsadas por las políticas neoliberales constituyen las causas estructurales que explican la migración del trabajo agrícola asalariado en los países de América Latina.

Patrones de movilidad y formas de relación laboral

La demanda de fuerza de trabajo en los lugares donde se ha desarrollado una consistente agricultura comercial depende de los procesos de cambio agrario que incluyen, entre otros, la presencia de nuevas tecnologías para la producción, las facilidades de acceso y destino de los productos agrícolas al mercado nacional e internacional, la diversificación de las actividades productivas, el incremento de la superficie total de cosecha y el volumen de la producción (Rojas, 2017; Carton de Grammont y Lara, 2000). Cuando la demanda de fuerza de trabajo para la producción agrícola de una determina zona no puede satisfacerse con la fuerza de trabajo local, esta se suple con trabajadores y trabajadoras migrantes que provienen de zonas cercanas (mano de obra regional), de otras regiones del país (mano de obra interregional) o de países extranjeros (mano de obra internacional). En consecuencia, la migración del trabajo agrícola asalariado puede ser de carácter interna o internacional.

La migración del trabajo agrícola asalariado de carácter interna se conforma por varios patrones de movilidad, entre los que se destacan la migración pendular, circular y errante. Como explica Sara María Lara (2006), la migración pendular “tiene lugar entre el pueblo de origen y el lugar de trabajo, para regresar al lugar de origen”. La migración circular “involucra más de dos lugares de trabajo, con residencia en el pueblo de origen o con residencia principal en un campamento”. Finalmente, la migración errante consiste en la circulación por “distintos lugares de trabajo sin tener una residencia fija. Estos circuitos están íntimamente relacionados con la dispersión geográfica de las empresas y el carácter intermitente del empleo que generan” (Lara, 2006: 12).   

Por su parte, además de reproducir varios patrones de movilidad presentes en la migración interna, la migración del trabajo agrícola asalariado de carácter internacional utiliza mano de obra extranjera y puede ser de tipo Sur-Norte o Sur-Sur. Aunque la migración entre los países del Sur representa más de la mitad de las migraciones que ocurren en el mundo (Ratha y Shaw, 2007), los estudios sobre la migración de tipo Sur-Norte son los que más abundan en la literatura especializada, pasando por alto la importancia de la migración Sur-Sur como consecuencia de las prácticas de desarrollo económico orientadas a la exportación (Lee, 2010). En cualquier caso, algunos estudios sobre la migración del trabajo agrícola asalariado de carácter internacional han señalado que este tipo de migración podría presentarse bajo condiciones de irregularidad, lo que podría considerarse una “migración invisible” (Rojas, 2009), o realizarse de forma regular, haciendo referencia a una “inmigración ordenada” en torno al mercado de trabajo agrícola (Durand, 2007; Reigada, 2011).

Finalmente, es importante anotar que el trabajo agrícola migrante –interno o internacional– se somete a distintas relaciones laborales, como el trabajo a jornal, temporal, estacional o a tiempo completo. El trabajo a jornal es aquel que se remunera al final de cada jornada trabajada o por tarea realizada. Las personas que realizan un trabajo a jornal se denominan jornaleros y jornaleras. El trabajo temporal y estacional es aquel que se presenta por un período de tiempo específico pero limitado. A las personas que cumplen este tipo de trabajo se las denomina temporeros y temporeras. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la mayoría de los trabajadores jornaleros, temporales o estacionales “no reciben tipo alguno de seguridad social o indemnización por desempleo, vacaciones pagadas ni licencia por enfermedad o maternidad. De hecho, muchos de los asalariados agrícolas a tiempo completo carecen también de estos beneficios” (Hurst, 2007: 25).

Reflexiones

En la migración del trabajo agrícola asalariado participan, mayoritariamente, los trabajadores agrícolas que en su localidad padecen con más fuerza la pobreza rural. Debido a su posición de clase, estos trabajadores agrícolas obtienen en las agroempresas los empleos menos valorados, más precarios y flexibles (Lee, 2010; Posadas, 2015). Sin embargo, en vista de que –por sí sola– la migración no ofrece vías para salir de la pobreza, la incorporación a los mercados de trabajo agrícola locales e internacionales produce nuevas formas de pobreza y perpetuán la pobreza crónica (Rojas, 2017).

Por otro lado, la migración del trabajo agrícola asalariado representa “un fenómeno donde se observan complejos y soterrados mecanismos de explotación y discriminación” (Rojas, 2017: 15) sobre una fuerza de trabajo que es considerada subalterna debido a sus características particulares de clase, género, raza, etnicidad o ciudadanía. Las distintas formas de diferenciación social organizan un mercado de trabajo agrícola segmentado que se convierte “en el elemento clave que garantiza la capacidad para hacer frente a la competitividad de los mercados agroalimentarios globalizados” (Reigada, 2011: 39). Además, la migración irregular del trabajo agrícola ha constituido la representación más favorable del trabajo para los enclaves agroindustriales y los grandes productores, ya que los migrantes indocumentados “son más vulnerables y, por lo tanto, la extracción de plusvalía puede alcanzar un nivel mayor lo que redunda en una rebaja al máximo de los costes de producción” (Molinero y Avallone, 2016: 47).

Bibliografía

Akeju, D. (2013). Agriculture and migration. In Ness, I. (Ed.), The Encyclopedia of Global Human Migration. New Jersey, USA: Wiley-Blackwell.

Bernstein, H. (2012). Dinámicas de clase y transformación agraria. México D.F: Universidad Autónoma de Zacatecas y Miguel Ángel Porrúa.

Carton de Grammont, H., y Lara, S. (2000). Nuevos enfoques para el estudio del trabajo rural en México. Migración y mercados de trabajo. Cuadernos Agrarios, Nueva época, 19-20, 122-140.

Durand, J. (2007). El programa bracero (1942-1964). Un balance crítico. Migración y Desarrollo, 9, 27-43.

Escobal, J., y Ponce, C. (2003). Innovaciones en la lucha contra la pobreza rural: potencialidades y limitaciones. En CEPAL, FAO y RIMSIP (Coords.), La pobreza rural en América Latina: lecciones para una reorientación de las políticas (pp. 41-50). Santiago de Chile: Naciones Unidas.

Friedmann, H. (2005). From colonialism to green capitalism: social movements and the emergence of food regimes. In Buttel, F.H.  & McMichael, P. (Eds.), New directions in the sociology of global development. Research in rural sociology and development. Vol. 11 (pp. 229-267). Oxford, UK: Elsevier.

Hurst, P. (2007). Trabajadores agrícolas y su contribución a la agricultura y el desarrollo rural sostenibles. Ginebra, Suiza: FAO, OIT, UITA.

Lara, S. (2006). Mercado de trabajo rural, nuevos territorios migratorios y organización de migrantes. V Congreso AMET 2006. Trabajo y restructuración: Los retos del Nuevo Siglo. Oaxtepec, México.

Lee, S. (2010). The Ties Made in the Harvest: Nicaraguan Farm-worker Networks in Costa Rica’s Agricultural Exports. Journal of Agrarian Change, 10(4), 510-536.

Molinero, Y. y Avallone, G. (2016). Produciendo comida y trabajo barato: migraciones y agricultura en la ecología-mundo capitalista. Relaciones Internacionales, 33, 31-51.

Posadas, F. (2015). Obreros agrícolas migrantes en Sinaloa. Región y Sociedad, (63), 181-211.

Ratha, D. y Shaw, W. (2007). South-South Migration and Remittances. World Bank Working Paper No. 102. Washington D.C., USA: World Bank.

Reigada, A. (2011). Restructuración agraria, migración laboral y feminización del trabajo en Andalucía (España). Agricultura, sociedad y desarrollo, 8(1), 19-43.

Robinson, W. (2015). América Latina y el capitalismo global. México D. F, México: Siglo XXI Editores.

Rojas, T. (2009). La crisis del sector rural y el coste migratorio en México. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, 4(8), 40-81.

Rojas, T. (2017). Migración rural jornalera en México: la circularidad de la pobreza. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, 12(23), 1-35.

Useche, P. (2013). Latin America: agriculture and migration. In Ness, I. (Ed.), The Encyclopedia of Global Human Migration. New Jersey, USA: Wiley-Blackwell.


  1. Recibido: junio de 2020.
  2. Abogado por la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC). Sociólogo por la Universidad de Nariño (UDENAR). Especialista en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Nariño (UDENAR). Maestro en Antropología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y doctorando en Sociología y Antropología por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), España. Se desempeña como profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC) y del Departamento de Sociología de la Universidad de Nariño (UNDENAR), Colombia. Contacto: mauriciochamorrorosero@gmail.com.


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