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Trabajador azucarero[1]

(Región Noroeste, Argentina, 1880-1976)

Florencia Gutiérrez[2]

Definición

El trabajador azucarero remite a un actor social diverso y complejo cuya emergencia, para el contexto argentino, se sitúa en el último cuarto del siglo XIX con el desarrollo en gran escala del cultivo e industrialización de la caña de azúcar. El epicentro de esta transformación productiva fue la región del noroeste (la planicie pedemontana de Tucumán, Salta y Jujuy y, en menor medida y sólo durante dos décadas, la orilla del río Dulce en Santiago del Estero).

El carácter periódico y regular de la zafra y la complementariedad de las tareas de fábrica y de surco, propias de la condición agroindustrial azucarera, modelaron y escindieron el universo laboral entre los trabajadores permanentes (ligados por contratos anuales para trabajar en el ingenio o los cañaverales) y los temporarios (obreros golondrinas vinculados a la cosecha). Hasta la actualidad, la mayor demanda de mano de obra se concentra durante la época de la zafra e industrialización (corte, recolección, transporte y procesamiento de la materia prima), extendida entre los meses de mayo a octubre o noviembre. Por su parte, el fin de la cosecha da paso a la temporada de cultivo, es decir, la etapa dedicada a las labores culturales propias de la caña y a las tareas de mantenimiento y reparaciones de la maquinaria en los ingenios.

Mercado de trabajo y condiciones socio-laborales

Esta primaria diferenciación de los trabajadores asumió modalidades diversas en las dos principales subregiones azucareras: la tucumana y la salto-jujeña, donde la proletarización y el mercado del trabajo tuvieron rasgos disímiles. En Tucumán, la mano de obra se conformó con criollos y mestizos de la propia provincia y quienes llegaban de Santiago del Estero y Catamarca para la zafra. Esta uniformidad contrastó con la heterogeneidad de trabajadores cooptados por los ingenios de Salta y Jujuy, donde primó la diversidad étnica, cultural y lingüística. En primera instancia, los indígenas chaqueños (chiriguanos, tobas y matacos), quienes tuvieron una mayoritaria presencia hasta la década de 1920. A ellos se sumaron los campesinos y pastores de la Puna (de raigambre andina), así como los braceros y campesinos criollos y mestizos de los valles calchaquíes, de las provincias vecinas (especialmente de Catamarca) y de las propias zonas productoras. En tercer lugar, a partir de la década de 1930, la presencia de inmigrantes bolivianos completó este diverso mosaico laboral (Campi y Lagos, 1995).

En ambas economías azucareras, la implementación de un conjunto de componentes coactivos (leyes contra la “vagancia”, papeleta de conchabo y peonaje por deudas) destinados a captar y retener la fuerza laboral se conjugó con incentivos monetarios. En Tucumán, la crisis y el cuestionamiento de este sistema de normativas socio-laborales —signado por la resistencia de los jornaleros, quienes se fugaban de sus lugares de trabajo y eran recontratados por otros patrones— culminó en 1896 con la abolición de ley de conchabo, situación que alentó el avance de un mercado de trabajo libre y unificado, rasgo definitorio del capitalismo (Campi, 2009). En Salta y Jujuy, la liquidación del sistema coactivo fue posterior, la papeleta de conchabo y el peonaje por deudas pervivieron hasta 1921 y 1915, respectivamente. Hasta avanzado el siglo XX, en los dos espacios azucareros, la composición salarial combinó el pago en metálico con la denominada ración (consistente en carne, maíz, sal y leña) y el vale(moneda privada emitida por las empresas que el obrero canjeaba en la proveeduría del ingenio) (Campi y Lagos, 1995).

La disparidad numérica y el contraste de las condiciones socio-laborales fue uno de los rasgos de este norteño mundo agroindustrial. Por un lado, los trabajadores temporarios fueron el segmento numéricamente más importante, en tanto la ausencia de mecanización de las tareas agrícolas —situación que comenzó a revertirse en la década de 1960 con el uso del tractor y luego con las cosechadoras integrales— implicó la contratación de una ingente cantidad de brazos. Por otro lado, soportaron las peores condiciones de trabajo y una larga postergación en materia de derechos laborales.

Trabajo familiar y dominación masculina

La recuperación del trabajo del “cosechero” o “zafrero” implica pensar en términos de familia.Si bien el contrato laboral se realizaba con el varón de la familia, las mujeres y los niños colaboraban activamente en las faenas agrícolas, cuya paga era a destajo, es decir, por cantidad de caña hachada, pelada y cargada en la zorra o el carro. De esta forma, la exclusión contractual de la mujer en la esfera rural profundizó las formas de dominación masculina en los hogares campesinos y reforzó la dependencia de las mujeres respecto de la figura del varón proveedor (Campi y Bravo, 1995).

El trabajo en las fábricas también privilegió la contratación de mano de obra masculina. Las mujeres únicamente eran contratadas para coser las bolsas de arpillera en las que se envasaba el dulce, inserción productiva percibida como una extensión de las tareas realizadas en sus hogares y que, por ende,no cuestionaba la tradicional división del trabajo que les delegaba la realización de las labores domésticas y el cuidado de los hijos. Sin embargo, fuera del ingenio, las mujeres o hijas de los obreros contribuían de diversas formas con la economía familiar: realizaban tareas domésticas en el chalet de los propietarios, las casas del personal jerárquico o las oficinas de la administración; preparaban y vendían comida; o lavaban y planchaban la ropa de los empleados solteros. Asimismo, las necesidades económicas del hogar obrero alentaron la inserción laboral de los niños en las fábricas, donde numéricamente el trabajo infantil fue más importante que el de las mujeres. Este masculino universo fabril azucarero se completaba con el personal jerárquico, los técnicos y empleados administrativos, quienes controlaban los procesos de trabajo y pautaban los ritmos productivos (Gutiérrez, 2013).

Organización sindical y primeras formas de protesta

En lo que respecta a la organización y formas de protesta de los trabajadores, la primera gran huelga azucarera tuvo lugar en 1904 al influjo del socialismo y su epicentro fue el departamento de Cruz Alta (Tucumán). Finalmente, el convenio firmado entre las partes estableció un sueldo mínimo para los peones de ingenio, pagadero en moneda nacional, cláusula que suponía terminar con el vale como forma de pago. Sin embargo, su uso persistió hasta mediados del siglo XX. En 1923 tuvo lugar, también en Tucumán, la segunda coyuntura de protesta obrera abierta y generalizada que culminó con la promulgación de la jornada laboral de 8 horas para los obreros de fábrica (lo que implicaba sumar un nuevo turno laboral durante la zafra) y un pequeño aumento salarial.La dificultad para articular paros generales se conjugó con la declaraciónde huelgas parciales (por ingenio), rápidamente sofocadas por la patronal, y con diversas estrategias de resistencia que iban desde la quema de cañaverales hasta la rotura de maquinaria. Comparativamente, en Salta y Jujuy los trabajadores tuvieron más dificultades para organizarse y demandar colectivamente pero el ausentismo laboral, las fugas, así como el alzamiento y matanza de los “obreros turcos” en Jujuy en 1916 expresaron diversas formas de resistencia articuladas “desde abajo”.

Antes del peronismo, la dificultad de los obreros azucareros para fundar sindicatos en los ingenios fue una constante marcada por el rechazo de los empresarios y la debilidad del Estado para respaldar la organización laboral. Sin embargo, en 1935 la creación de la Unión General de Trabajadores de la Industria Azucarera (UGTIA), vinculada al socialismo, constituyó el esfuerzo sindical más nítido y persistente de los obreros tucumanos (Ullivarri, 2011). El punto de inflexión llegaría en 1944 con la irrupción de la Federación Obrera Tucumana de la Industria Azucarera (FOTIA). Ese año, con el respaldo de las agencias estatales, los trabajadores pudieron concretar la fundación de sindicatos de base que, finalmente, convergieron en la Federación. Los trabajadores azucareros de Salta y Jujuy también avanzaron en su sindicalización mediante la creación, en 1946, de la Federación Obrera Regional de la Industria Azucarera (FORIA), que en 1947 se integró a la FOTIA. Cuando esta última fue intervenida, luego de la huelga del ´49, la FORIA se disolvió y sus sindicatos se afiliaron separadamente a la Confederación General del Trabajo (Kindgard, en prensa). A lo largo de la primera década peronista, diversos decretos nacionales regularon el mundo laboral azucarero e impulsaron múltiples derechos laborales que, aunados al avance del sindicalismo y la protesta, generaron un cambio sustantivo en la experiencia de los norteños trabajadores (Rubinstein, 2003 y Gutiérrez, 2014).

Crisis azucarera, represión estatal y cierre de ingenios

Los años sesenta fueron testigos de la más profunda crisis azucarera del siglo XX. En Tucumán, entre 1966 y 1968, el cierre de 11 de los 27 ingenios impactó sensiblemente en el mundo laboral. En este contexto, los trabajadores articularon —con diversa suerte— formas de lucha y resistencia para defender y preservar su fuente de trabajo. La formación de Comisiones Pro Defensa (como espacios comunitarios articulados en pos de la pervivencia de los ingenios) se conjugó con tomas de fábricas, ollas populares, movilizaciones, cortes de ruta y paros en los ingenios que seguían moliendo. Estas expresiones de beligerancia implicaron la acción conjunta de trabajadores, comerciantes, curas párrocos, dirigentes políticos y gremiales, maestras y vecinos de las comunidades azucareras.

Finalmente, los 9.327 puestos de trabajo perdidos con el cierre compulsivo de las fábricas desencadenaron un proceso de pauperización, desocupación y emigración forzada. En búsqueda de alternativas de sobrevivencia, el éxodo de los trabajadores fue un común denominador. La muerte de los pueblos azucareros los empujó a la capital provincial y a otros centros urbanos, especialmente la Capital Federal, donde pasaron a engrosar las denominadas “villas miseria” (Pucci, 2007; Nassif, 2016).

En los años setenta, la represión contó entre sus principales víctimas a los trabajadores del dulce. Desde el denominado Operativo Independencia y a lo largo de la última dictadura militar, el accionar del terrorismo de Estado acechó el ámbito gremial y el mundo obrero azucarero no fue la excepción. Así, la dictadura prolongó el poder represivo sobre la clase trabajadora que, desde hacía más de una década, resistía las políticas desmantelamiento del aparato productivo y sus profundas consecuencias sociales. Las investigaciones reunidas en el libro Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidadprecisan que en el ingenio La Fronterita (Tucumán) se registraron, al menos, 25 trabajadores víctimas de delitos de lesa humanidad; dos de ellos fueron asesinados, nueve desparecidos y 14 secuestrados y luego liberados. En el ingenio Concepción (Tucumán) se identificaron, al menos, 26 víctimas obreras (21 fueron detenidas-desaparecidas). Ambos ingenios funcionaron como centros clandestinos de detención. En julio de 1976 en Jujuy, la denominada Noche del apagón, en referencia al masivo corte de energía eléctrica en Libertador General San Martín —que contó con la connivencia entre las fuerzas represivas y los empresarios azucareros— significó el secuestro y desaparición de trabajadores del ingenio Ledesma.

Bibliografía

Bravo, M. C. (2004). Liberales, socialistas, Iglesia y patrones frente a la situación de los trabajadores en Tucumán. En J. Suriano (Comp.), La cuestión social en Argentina, 1870-1943 (pp. 31-61). Buenos Aires, Argentina: La Colmena.

Campi, D. y Bravo M. C. (1995). La mujer en Tucumán a fines del siglo XIX. Población, trabajo y coacción. En A. Teruel (Comp.), Población y trabajo en el noroeste argentino, siglos XVIII y XIX (pp. 143-170). Jujuy, Argentina: UNIHR – Universidad Nacional de Jujuy.

Campi, D. y Lagos M. (1995). Auge azucarero y mercado de trabajo en el noroeste argentino, 1850-1930. En J. Silva Riquer, J.C. Grosso y C. Yuste (Comps.), Circuitos mercantiles y mercados en Latinoamérica, siglos XVIII y XIX (pp. 442-499). Ciudad de México, México: Instituto Mora.

Campi, D. (2009). Contrastes cotidianos. Los ingenios del norte argentino como complejos socioculturales, 1870-1930. Varia Historia, 25(41), 245-267.

Gutiérrez, F. (2013). Desigualdad social, masculinidad y cualificación en el sindicalismo azucarero. Tucumán, 1944-1949.Anuario IEHS, 28,59-75.

Gutiérrez, F. (2014). La irrupción del poder obrero en los ingenios azucareros: avances, límites y cuestionamientos. Tucumán, 1944-1955. Quinto Sol, 18(2), 135-157.

Kindgard, A. (en prensa). La CGT en Jujuy en tiempos del primer peronismo: contextos, actores y dinámicas. En G. Contreras (Coord.), La CGT y el primer peronismo. Prácticas gremiales, institucionales y políticas de la Confederación General del Trabajo, 1946-1955. Buenos Aires, Argentina: Prometeo.

Landaburu, A. y Lenis M. (2015). Asociacionismo, empresarios azucareros y cuestión social en Tucumán: las huelgas azucareras, 1919-1923. En J. M. Cerdá,G. Guadarrama, M. D. Lorenzo y B. Moreyra (Coords.),El auxilio en las ciudades. Instituciones, actores y modelos de protección social. Argentina y México. Siglos XVII- XX(pp. 429-456). Zinacantepec, México: El Colegio Mexiquense y Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”.

Michel, A. y F. Burgos (2005). Agroindustria azucarera y sindicatos en la provincia de Salta (1943 – 1955). Escuela de Historia, 1(4), 1-18.

Nassif, S. (2016).Tucumán en llamas. El cierre de los ingenios y la lucha obrera contra la dictadura (1963-1973). Tucumán, Argentina: HUMANITAS-Colección Tesis de la Universidad Nacional de Tucumán.

Pucci, R. (2007).Historia de la destrucción de una provincia. Tucumán 1966. Buenos Aires, Argentina:Ediciones del Pago Chico.

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado. Tomo 1. Buenos Aires, Argentina: Dirección Nacional del Sistema Argentino de Información Jurídica, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

Rubinstein, G. (2003). El estado peronista y la sindicalización de los trabajadores azucareros. En D. Macor y Tcach C. (Eds.), La invención del peronismo (pp. 319-363). Santa Fe, Argentina: Universidad Nacional del Litoral.

Ullivarri, M. (2011). Sindicatos en la ‘capital del azúcar’. Organización y lucha en el mundo del trabajo de la provincia de Tucumán (Argentina), 1930-1943. Historia Agraria, 55, 105-137.


  1. Recibido: julio de 2019.
  2. Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Maestra y Doctora por El Colegio de México. Profesora de la UNT e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto Superior de Estudios Sociales. Contacto: florenciagutierrezb@yahoo.com


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