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Mujeres campesinas[1]

(Jaguari, Brasil, 2018-2020)

Renata Piecha[2] y Maria Catarina Chitolina Zanini[3]

Definición

En la comunidad de Rincão dos Alves –ubicada en el interior del municipio de Jaguari, Rio Grande do Sul, sur de Brasil– aún persisten diferencias de género, signadas por largas jornadas laborales, falta de reconocimiento del trabajo femenino y distribución desigual de los ingresos y de la tierra. No obstante, ante un contexto marcado por una cultura de cuño patriarcal, las mujeres protagonizan formas de resistencia.

Origen

Un análisis etnográfico realizado entre los años de 2018 y 2020 demostró que, en su vida diaria, las mujeres campesinas de Rincão dos Alves experimentan innumerables desafíos, por ser las principales responsables del trabajo doméstico y del cuidado familiar, a la vez que por participar activamente en el ámbito productivo. En efecto, estas mujeres están expuestas a una extensa jornada laboral marcada por la falta de reconocimiento (legal y social) de su trabajo, situación que las priva del acceso a las ganancias y fomenta las desigualdades de género.

Si bien las mujeres forman parte del sujeto social campesino, viven formas particulares de opresión, pues ocupan posiciones desiguales dentro de la estructura social (Piscitelli, 2009). De allí que es preciso comprenderlas en contextos específicos, considerando los patrones de historicidad en el cual se encuentran (Nicholson, 2000). Es decir, hay que observar las particularidades locales en que las relaciones de género se expresan, son reproducidas y adquieren significado.

Entre los años de 1888 y 1906, Jaguari recibió inmigrantes europeos de diversas nacionalidades, entre ellos, alemanes, polacos, húngaros e italianos. Reivindicando ese “origen” europeo diferenciado y autodenominándose colonas, las campesinas formaron grupos étnicos que compartían rasgos identitarios comunes, tales como el trabajo como virtud, la religiosidad y la familia como valor y patrimonio (Seyferth, 1993; Barth, 2000).

La organización de estas familias se ha fundamentado históricamente en la lógica del campesinado que comprende la familia como un valor que orienta la moralidad (Woortmann, 1995). Además, la familia se caracteriza como el principal elemento de estructuración y mantenimiento de la fuerza de trabajo; lo cual categoriza a estos sujetos –como agricultores familiares– ante el Estado (Neves, 1985). Actualmente, Rincão dos Alves es un territorio compuesto por cerca de 80 familias, en unidades familiares que poseen, en promedio, 25 hectáreas. Su principal fuente de renta es el cultivo del tabaco, que se ha introducido de forma más significativa en los últimos 20 años, por medio del sistema de integración entre las agroindustrias productoras de tabaco y la agricultura familiar.

Las trabajadoras rurales de la zona componen el “Grupo de Mujeres”, proyecto vinculado a la Empresa de Asistencia Técnica y Extensión Rural (EMATER), cuyo objetivo es propiciar espacios de ocio y sociabilidad entre ellas, a fin de preservar su salud mental con prácticas manuales y lúdicas. Esta iniciativa pretende minimizar algunas problemáticas vivenciadas por las campesinas, tales como la falta de esparcimiento y salud psicoemocional.

Las desigualdades de género

Las mujeres campesinas de Rincão dos Alves poseen su identidad centrada en sus papeles de madres y esposas. Una vez socializadas, en seguida son responsabilizadas por las actividades que desarrollan, principalmente en el espacio doméstico y aquellas relacionadas al cuidado familiar. Son las agricultoras de Rincão dos Alves quienes mantienen la rutina campesina, garantizando alimentación, comodidad y ropas limpias para el resto de los miembros de la familia. Además, el trabajo reproductivo en el mundo campesino contempla funciones que se despliegan en el entorno de la residencia, como la actividad lechera y la atención de la huerta. Según sus propios testimonios, es un trabajo diario, continuo, monótono y solitario. Además, estas funciones son desvalorizadas pues, conforme destaca Federici (2019), el trabajo reproductivo fue, desde los orígenes de la sociedad capitalista, clasificado como un “no-trabajo”.

En consonancia con la no valoración del trabajo doméstico, las mujeres campesinas participan activamente en la producción del tabaco, ejecutando las mismas funciones que los hombres. Sin embargo, su trabajo, cuando ocurre en el cultivo, es clasificado como “ayuda” (Brumer, 1996). A pesar de que su rutina laboral abarca, como mínimo, una jornada triple de trabajo en un incesante bricolaje entre el ámbito productivo y el reproductivo, marcado por la falta de reconocimiento familiar y social. Así, la división sexual del trabajo en el contexto campesino de Rincão dos Alves se presenta como una violencia simbólica que se estructura por género.

A pesar de su intensa participación en el trabajo, las mujeres campesinas no son contempladas de manera igualitaria en la renta que proviene de ese ámbito que se dice familiar. La mayor parte de las veces, la renta es administrada por los hombres, pues impera la lógica del “papá-patrón-propietario” (Seyferth, 1993), en virtud de la cual el patriarca ejerce simultáneamente autoridad moral y poder, lo cual tiende a minar la autonomía femenina (Segato, 2003).

Otra problemática que fomenta las desigualdades de género en el contexto campesino es la asimétrica distribución de la herencia y de la tierra. Moura (1978), interesada por comprender la disparidad en la distribución de tierra entre hijos hombres e hijas mujeres al interior de Minas Gerais (en Brasil), plantea que la tierra (y el trabajo de la tierra) se vincula a la figura masculina, mientras que las mujeres detentan el ámbito doméstico como su espacio por excelencia. En Rincão dos Alves observamos, además, a mujeres que fueron excluidas de esa distribución, accediendo a la tierra únicamente por la vía del matrimonio, lo cual fomenta aún más su dependencia con relación a la figura del hombre, al marido. Cuando las mujeres heredan la tierra no se les garantiza la administración de la misma que, muchas veces, queda a cargo del marido o de los hermanos.

Además, prevalece un fuerte control sobre el cuerpo y la sexualidad de estas campesinas, alentando el éxodo rural, principalmente entre las mujeres jóvenes. La migración hacia los centros urbanos se justifica, sobre todo, por la posibilidad de continuar los estudios y alcanzar, por ende, la emancipación y el ascenso social. También influye el deseo de desvincularse de la autoridad paterna y de la vigilancia sobre los comportamientos femeninos. Sin embargo, es importante afirmar que en los últimos años este escenario se ha modificado, puesto que las mujeres han ingresado con mayor frecuencia a los espacios típicamente masculinos. Estos cambios ocurren por la implementación de políticas públicas destinadas a ellas, y por la disminución de la descendencia familiar, factores que incentivan una mayor flexibilidad en los papeles de género.

Resistencias cotidianas

A partir de la década de 1960, gracias a la influencia de los movimientos feministas y la garantía de derechos sociales ofrecida por la Constitución brasileña de 1988, algunas lógicas que antes estructuraban las relaciones de género se transformaron. Uno de los mayores logros de estas mujeres fue la posibilidad de acceso a la jubilación rural (a partir de los 55 años). Este acceso reciente al dinero y la falta de inclusión en las ganancias provenientes del cultivo del tabaco impulsó a las mujeres a la búsqueda de ingresos por otras vías, como, por ejemplo, a través de la venta de sus “quitandas”, o sea, productos provenientes del trabajo femenino (huevos, gallinas, quesos coloniales, frutas frescas o en compotas, verduras y panes, entre otros). De este modo, velan por saberes tradicionales extremamente significativos en su modo de vida.

Las mujeres intentan entonces obtener sus ganancias de las actividades que ejecutan en el ámbito doméstico, fundamentales para el mantenimiento de la rutina campesina, conciliando así lo que producen para el consumo de la familia y lo que destinan a la venta. Estas ventas ocurren por vías informales, principalmente a comerciantes urbanos que revenden los productos en sus establecimientos ubicados en ciudades próximas. La comercialización, cuando involucra la presencia de intermediarios, establece relaciones dispares, pues son los comerciantes quienes fijan precios y condiciones sobre el trabajo realizado por las mujeres. En otros casos, la venta se realiza a vecinos, parientes y trabajadores urbanos, considerados “clientes fieles”, por lo que incluye trueques simbólicos, relaciones de reciprocidad, solidaridad e, incluso, amistad.

Mediante este trabajo las mujeres producen alimentos, lo cual corrobora la hipótesis de Federici (2019) que afirma que ellas son las agricultoras de subsistencia del planeta. Es decir, no sólo elaboran comida para sus familias, también satisfacen algunas demandas de alimentos de los mercados locales. Al respecto, destacamos el estudio de Henn (1983), que demuestra cómo mujeres agricultoras africanas, específicamente de Camerún y Tanzania, por medio de sus prácticas resuelven los problemas de abastecimiento de alimentos urbanos y rurales. Son ellas quienes satisfacen las necesidades básicas de familias y comunidades, garantizando el acceso a bienes y productos de los que fueron, por mucho tiempo, privadas.

Reflexiones

Las diferencias de género en la ruralidad brasileña perduran y estructuran las relaciones sociales y de trabajo, manifestándose en la cotidianidad, en el seno familiar. Tal disparidad reserva a las mujeres una condición de existencia marcada por innumerables dificultades y privaciones. Ellas son excluidas del acceso a la tierra y a su renta, y son expuestas a una jornada laboral intensa que no posee el debido reconocimiento (social y jurídico). Además, persiste un fuerte control de sus elecciones individuales, cuerpos y relaciones.

Sin embargo, las agricultoras de Rincão dos Alves poseen formas de resistencias cotidianas, expresadas en las ventas de sus “quitandas”, o sea, productos vinculados a los conocimientos tradicionales de esa comunidad campesina y que provienen del trabajo femenino. Adhiriéndose a esta producción y comercialización, anhelan el acceso a una ganancia económica, lo que les proporciona cierta autonomía, poder de decisión y una mejoría en la calidad de vida –individual, pero que se extiende al ámbito familiar, reproduciendo la lógica local que comprende a la familia como valor–. De este modo, esta ganancia las coloca como agentes activas y generadoras de renta.

Las “quitandas” constituyen una forma de resistencia que se contrapone a la racionalidad capitalista, expresada por la presencia de las agroindustrias tabacaleras en Rincão dos Alves. Por lo tanto, son las mujeres campesinas de Rincão dos Alves quienes preservan los saberes y las lógicas campesinas que posibilitan las condiciones de existencia del grupo familiar, manteniendo una relación equilibrada con el territorio local y propiciando una alimentación saludable a los consumidores de sus productos. Así, estas mujeres resisten y conservan su “saber-hacer” campesino, vinculado a los conocimientos ancestrales y prácticas vividas a través de generaciones que han trabajado la tierra.

Bibliografía

Barth, F. (2000). Os grupos étnicos e suas fronteiras. En Tomke. O. L. Guru, o iniciador e outras variações antropológicas (pp. 25-67). Rio de Janeiro, Brasil: Contra Capa Livraria.

Brumer, A. (1996). Mulher e desenvolvimento rural. En Presvelou, C., Almeida, F. y Almeida, J. (Orgs.), Mulher, família e desenvolvimento (pp. 40-69). Santa Maria, Brasil: EDUFSM.

Federici, S. (2019). O ponto zero da revolução: trabalho doméstico, reprodução e luta feminista (Coletivo Sycorax Trad). São Paulo, Brasil: Editora Elefante.

Henn, J. K. (1993). Feeding the cities and feeding the peasants: What role for Africa’s women farmers? Word Development, 11(12), 1043-1055.

Moura, M. M. (1978). Os herdeiros da terra: parentesco e herença numa área rural. São Paulo, Brasil: Hucitec.

Neves, D. P. (1985). Diferenciação Sócio-Econômica do Campesinato. Revista Ciências Sociais Hoje, 220-241. Recuperado de http://t.ly/zz9q

Nicholson, L. (2000). Interpretando o Gênero. Revista Estudos Feministas, 8(20), 9-41.

Piscitelli, A. (2009). Gênero: a história de um conceito. São Paulo, Brasil: Berlendis Editores.

Scott, J. (1989). Gênero: Uma categoria útil para análise histórica (Dabat, C. R. y Ávila, M. B. Trad.). New York, USA: Columbia University Press.

Segato, R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Bernal, Argentina: UNQ.

Seyferth, G. (1993). Identidade camponesa e identidade étnica (um estudo de caso). Rio de Janeiro, Brasil: Tempo Brasileiro.

Woortmann, E. (1995). Teorias do campesinato e teorias do parentesco. Herdeiros, parentes e compadres. São Paulo/Brasilia, Brasil: Hucitec/UnB.


  1. Recibido: febrero de 2021.
  2. Pregrado y Magíster en Ciencias Sociales por la Universidad Federal de Santa Maria (UFSM). Doctoranda en el programa de posgrados en Ciencias Sociales (PPGCS-UFSM). Contacto: renatapiecha3@gmail.com.
  3. Pregrado en Ciencias Sociales por la Universidad Federal de Rio Grande del Sur (UFRGS), Magíster en Antropología Social por la Universidad de Brasilia (UnB), Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de São Paulo (USP) y (2002) y Post-doctorado por el Museo Nacional (MN-UFRJ). Profesora titular de la Universidade Federal de Santa Maria (UFSM), vinculada a los programas de Posgrados en Ciencias sociales y posgrado en Historia. Contacto: zanini.ufsm@gmail.com.


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