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Obrero forestal[1]

(Argentina, siglo XXI)

Alfonsina Verónica Albertí[2]

Definición

Un obrero forestal es un sujeto que se inserta como trabajador asalariado en la fase primaria de la actividad forestal. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) considera al empleo forestal, junto con la minería y la construcción, como uno de los más riesgosos, en relación a la posibilidad de padecer enfermedades y accidentes vinculados al trabajo.

Genealogía

Actualmente, a nivel regional, la actividad forestal se concentra en el cono sur: Argentina, Uruguay, Chile y Brasil. En relación a la Argentina, las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos son las responsables de más del 90% de la producción de madera del país (Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, 2014 y 2013). Las tareas realizadas por los obreros forestales, así como sus condiciones de vida y de trabajo, fueron variando conforme las características de esta actividad económica se transformaron a lo largo del tiempo, en cuanto al tipo de explotación de especies arbóreas en bosques naturales o de plantaciones artificiales, en función de sus dinámicas con el mercado internacional, y en relación a la introducción de distintas tecnologías.

Aunque en la época colonial los jesuitas instalan obrajes dedicados a la explotación de bosques nativos en la provincia de Misiones, es recién a mediados del siglo XIX que se consolida la explotación forestal en el norte de la Argentina (Chaco, Santiago del Estero, Misiones, Corrientes, norte de Santa Fe y parte de salta). El auge del desarrollo ferroviario a fines del siglo XIX y principios del XX impulsó la exportación de quebracho colorado hacia países europeos, principalmente Inglaterra. En Santiago del Estero, el quebracho, con bajo contenido de uno de sus derivados comerciables: el tanino, se destinaba a material de construcción (ferrocarriles, postes de luz). En dicha provincia, la industria forestal, dispersa y primitiva, estaba constituida por aserraderos que eran desmontables y se trasladaban a medida que se iba agotando el bosque (Barsky y Gelman, 2009). En cambio, en el Chaco, Formosa y el Norte de Santa Fe, primaba la producción de tanino a través de grandes fábricas orientadas a la exportación. Y en la provincia de Misiones, la explotación forestal se vinculaba con la explotación de la yerba mate.

Con respecto a la explotación del quebracho colorado, es paradigmático el caso de la instalación de la empresa inglesa “La Forestal” que monopolizó la producción de tanino en la Argentina hasta su retiro en 1960, tras agotar el recurso natural del quebracho colorado.

Desde mediados del siglo XX comienza la etapa “Foresto-industrial” que se extiende hasta la década de 1980 (Ramírez, 2017), en este periodo son importantes las explotaciones de bosques artificiales (implantados) y se instalan en Misiones las fábricas de celulosa, aserraderos, al mismo tiempo, se adquiere nueva tecnología para la producción. En relación al rol del Estado en la producción forestal, desde 1940 a través de una serie de disposiciones, leyes y marcos institucionales se favorecen la deforestación y el avance de la frontera agrícola, así como las reforestaciones con especies arbóreas de rápido crecimiento (Mastrángelo y otros, 2011). Sin embargo, es recién a partir de la década de 1970, cuando el sector forestal adquiere dinamismo a partir del impulso de políticas que promueven el desarrollo y crecimiento de los bosques implantados. El Instituto Forestal Nacional (IFONA) será el encargado de otorgar los subsidios al sector (Kostlin, 2005).

En 1980 la producción forestal entra en declive, la crisis económica de la época elimina los créditos fiscales para la forestación. En este momento, comienza a importarse madera de Brasil y Paraguay. Posteriormente, a partir de la década del 1990, la producción forestal en la provincia de Misiones comienza una nueva etapa de transformaciones vinculadas a su inserción en la lógica de la economía global trasnacional (Gómez Lende, 2012). Estas transformaciones, enlazadas al llamado “paradigma de la calidad” en el agro, impactaron sobre las condiciones de trabajo de los obreros forestales, a la vez que redujeron drásticamente la cantidad de puestos de trabajo debido a la introducción de cosechadoras mecánicas, las mismas reemplazaban a los motosierristas (obreros forestales que realizaban con motosierras poda, raleo y extracción de árboles). Estos procesos que aumentaron la productividad forestal no se vieron acompañados por mejoras en las condiciones de vida y trabajo de los obreros que permanecieron en las producciones de bosques implantados de Misiones (Mastrángelo y otros, 2011).

Condiciones de contratación y acciones de protesta

El sistema de trabajo imperante, hasta principios del siglo XX, eran los llamados “adelantos” en donde se calculaba el salario de los peones en relación con los víveres que este consumía en los campamentos forestales, de modo tal que el peón siempre era deudor de los patrones (Mastrángelo et al., 2011; Krauststofl, 1991). En 1904 Bialét- Massé y una década después Niklison, realizan informes sobre los obrajes en los que describen las deplorables condiciones de trabajo y de vida a las que estaban sometidos los peones forestales y sus familias. La mano de obra, en estos frentes extractivos, estaba compuesta por indígenas, mestizos y criollos que provenían del norte argentino, así como países limítrofes, principalmente Paraguay y Brasil (Abinzano, 1985).

En relación a los procesos de huelga y movilización obrera se destaca una revuelta producida en 1921, bajo la presidencia de Irigoyen, en donde los obreros intentan tomar una fábrica de “La Forestal” en reclamo de mejores condiciones laborales, cuyo resultado fue la represión y asesinato de los trabajadores por parte de la gendarmería.

En una primera etapa, en los obrajes podían distinguirse dos tipos de trabajadores: por cuenta de la empresa y por cuenta propia, por mes (mensú) o a destajo (por tanto). El pago se vinculaba con las tareas realizadas y con las condiciones subjetivas del trabajador evaluadas por el contratista. La cadena de producción estaba segmentada en varias categorías de trabajadores: peones de puerto, balseros, carreros, volteadores, labradores de madera, picaderos, carpinteros, herreros, rozaderos, leñadores y pindoceros (Mastrángelo et al., 2011).

Un informe de la década de 1970 encabezado por Flood (Flood y otros, 1974) describe las características de los obreros forestales en la provincia de Misiones, así como sus condiciones de vida y trabajo. En este se distinguen dos categorías de trabajadores: permanentes y transitorios. Los trabajadores permanentes son aquellos que trabajan con un mismo empleador por lo menos durante un año de corrido. Estos, a su vez se reclasifican en “asegurados” y “no asegurados”; un trabajador asegurado es aquel que cobra salario familiar, y son considerados como privilegiados por sus compañeros. La de transitorios se define residualmente. Al mismo tiempo, el informe afirma que el empleo forestal es altamente precarizado, predomina la inestabilidad laboral, la falta de seguridad e higiene en los campamentos y la débil organización sindical.

Mastrángelo (2009), analiza cómo, a partir de la década de 1980, bajo el paradigma de la calidad, los distintos sistemas de certificación internacional impactan sobre las condiciones laborales de los trabajadores. En forestación hay tres puestos que tienen certificadas sus competencias profesionales: motosierristas, preparador de agro tóxicos, y aplicador de agro tóxicos. Sin embargo, estos puestos no son reconocidos como trabajo especializado en las jerarquías salariales de la Comisión Nacional del Trabajo Agrario, que funciona en la órbita del Ministerio de Trabajo Empleo y Seguridad Social, es decir que el reconocimiento de “competencias laborales” no trae aparejada una mejora salarial para los trabajadores.

Esta serie de transformaciones en la actividad forestal de la provincia de Misiones —ocurridas entre las décadas de 1980 y 1990—  junto con la dinámica que adquiere la misma actividad en el nordeste de Entre Ríos y sur de Corrientes, impulsaron la migración laboral temporaria de obreros forestales misioneros hacia estas dos provincias. En Entre Ríos, aunque desde 1940 las forestaciones son una actividad complementaria a la citricultura (Tadeo y otros, 2006; Rosso, 2016), es recién en la década de 1970, gracias al sistema de desgravación impositiva, que la producción de madera y su derivado: la celulosa, cobra mayor importancia y dinamismo mediante la plantación de bosques de eucaliptus. Se inicia así una actividad intensa en las plantaciones de la región que requirió la conformación de un mercado de trabajo y la presencia de empresas procesadoras de la materia prima.

Mientras que en Misiones las empresas que disponen de grandes superficies implantadas mecanizan la fase de cosecha, por el contrario, en el sur de Corrientes y nordeste de Entre Ríos predomina la cosecha manual, el 82 % de las explotaciones son menores a 100 hectáreas (INTA, 2009) por la tanto la compra y mantenimiento de cosechadoras no resulta rentable.

Los trabajadores que migran desde la provincia de Misiones hacia las plantaciones de eucaliptus de Entre Ríos y a Corrientes, deben permanecer en los campamentos forestales entre 35 y 40 días y regresar a sus hogares por periodos del tiempo que no exceden los 10 días. Las empresas explotan esta mano de obra migrante y también cuentan con mano de obra Misionera que se ha asentado en la zona. Varios estudios analizan las condiciones de trabajo y de vida de estos sujetos migrantes (Albertí y Martínez, 2011; Albertí, Bardomas y Schiavoni, 2015; Alberti, 2018) dando cuenta de cómo las características de la actividad forestal, aunque se transforman, no implican cambios sustanciales en las condiciones precarias de vida y trabajo del sector trabajador. A su vez, dichos estudios, demuestran cómo la movilidad espacial vinculada al trabajo se constituye en un recurso esencial para la reproducción de los trabajadores y sus familias (Albertí y Martínez, 2016).

Contrataciones y calidad de vida

En la línea trabajada por Albertí y Martínez (2016), un estudio reciente de Bardomas y Blanco (2018) analiza las condiciones de salud y los accidentes a los que se encuentra expuesta esta mano de obra. La actividad forestal demanda una gran exigencia física, una alta productividad vinculada al pago a destajo (pago por producción), y la residencia en campamentos aislados. Estos factores inciden sobre la salud de los trabajadores, y a su vez aumentan los riesgos de padecer accidentes laborales, sobre todo al momento del volteo de árboles.

Bibliografía

Abinzano, R. (1985). Procesos de integración en una sociedad multiétnica: la provincia argentina de Misiones (Tesis doctoral). Universidad de Sevilla, Departamento de Antropología y Etnología de América, España.

Albertí, A. (2018). Vivir yendo y viniendo: Ciclos migratorios de peones forestales argentinos. Apuntes. Revista de Ciencias Sociales, XIV(82), 5-31.

Albertí, A. y Martínez M, J. (2011). El acceso al trabajo migrante en Santiago del Estero y Misiones: Una mirada enfocada desde la lógica de los actores. Trabajo y Sociedad, XV (17), 343-362.

Albertí, A. y Martínez, M. J. (2016). La movilidad espacial del empleo agrario. Los trabajadores de la producción de papa y de la actividad forestal en la Argentina. Si somos americanos. Revista de Estudios Transfronterizos, XVI (1), 89-118.

Albertí, A., Bardomas, S. y Schiavoni, G. (2015). Temporalidad cíclica y territorio móvil. Los obreros del nordeste argentino. Estudios del Trabajo, 48, 5-28.

Bardomas, S. y Blanco, M. (2018). Condiciones laborales, riesgo y salud de los trabajadores forestales de Misiones, Corrientes y Entre Ríos, Argentina (2010-2014). Salud Colectiva, 14(4), 695-711.

Barsky, O. y Gelman, J. (2009). Historia del agro argentino. Buenos Aires, Argentina: Sudamericana.

Brac, M. (2013). El ciclo del tanino. Consideraciones sobre la función del contratista en el vínculo capital-trabajo. En A. Balazote y J. Radovich (Comps.), Estudios de Antropología rural (pp. 177-200). Buenos Aires, Argentina: Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Gómez Lende S. (2012). El campo como hibrido de racionalidad e irracionalidad: tres estudios de caso acerca de la modernización reciente del medio rural en la Argentina. Cuadernos de Geografía, 38, 88-115.

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Kostlin, L. (2005). Voces y silencios en la lucha por la tierra en Misiones. Análisis de un caso de ocupación de tierras privadas en la provincia de Misiones. La Compañía Colonizadora Misionera, Pozo Azul, San Pedro (Tesis de grado). Universidad Nacional de Misiones, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Argentina.

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Revista de Trabajo de la OIT, 21, septiembre/octubre de 1997. Recuperado de https://tinyurl.com/d6kxy7e

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Tadeo, N., Palacios, P. y Torres, F. (2006). Agroindustria y empleo. Complejoagroindustrial citrícola del nordeste Entrerriano. Buenos Aires, Argentina: La Colmena.

Zarrilli, A. (2004). Historia, ambiente y sociedad. La explotación forestal de los bosques chaqueños argentinos (1895-1948). Diálogos: Revista electrónica de historia, IV(2), 1-30.


  1. Recibido: agosto de 2019.
  2. Licenciada en Antropología por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente se desempeña como Investigadora Asistente en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, con lugar de trabajo en el Centro de Estudios de Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET), y es docente auxiliar en la Facultad de Psicología (Universidad Nacional de La Plata). Contacto: ava1903@hotmail.com


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