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Pools de siembra[1]

(Argentina, 1980-2010)

Valeria Hernández[2]

Definición

Se trata de una forma de organizar los factores de la producción y de la circulación involucrados en planteos agrícolas a partir de una gestión centralizada, con un rol importante de capitales financieros (desde los grandes fondos de inversión institucionales o no, hasta los pequeños ahorristas) que busca distribuir el riesgo del negocio agrícola en diversas regiones (alquilando parcelas en distintas zonas agroclimáticas) y producciones (diversificando los cultivos). Por lo tanto, no es un actor en sí mismo, sino que dicha forma organizativa integra diversos actores del sector agropecuario (productores, contratistas rurales, empresas de agroquímicos, inversores, etc.) y puede ser llevada adelante en diversas escalas productivas (pequeñas, medianas, grandes, mega).

Desarrollo y consolidación de los pools de siembra en Argentina

La literatura registra una primera ola de conformación de pools de siembra en la década de 1980 (Lattuada, 1996; Posada y Martínez de Ibarreta, 1998; Nava, 2003; Cristiano, 2006, 2007), impulsados por la figura jurídica del “fideicomiso”, que permitió evitar el pago de impuestos y generar lazos contractuales flexibles. Se organizaron pools que integraron varios socios para maximizar el beneficio del negocio agropecuario a partir del aumento de la escala de producción y la disminución de los riesgos climáticos y de mercado que tiene esta actividad. Esta forma de organización logra ahorrar costos aguas arriba del proceso productivo (compra de insumos, alquiler de la tierra, contratación de servicios agrícolas), así como aguas abajo (almacenamiento, venta de la producción y traslado). Una segunda ola toma impulso a partir de mediados de los años 1990, en el marco del modelo de agronegocios. Grosso et al (2009) y Grosso (2010) clasifican los distintos tipos de pools de siembra de acuerdo con dos variables, la duración de la asociación de producción y la forma jurídica que adoptan las partes (el pool informal local o “vaquita”; el pool de siembra propiamente dicho y las grandes empresas que utilizan estrategias asociadas a los pools de siembra).

Debates en torno de la figura pool de siembra

Existe un debate en el mundo académico sobre la forma de definir un pool de siembra y de si se debe establecer dicha figura como un actor más del mapa agroproductivo o si más bien se trata de una estrategia de producción apropiable por diferentes categorías de actores, incluso familiares. El termino pool de siembra tuvo gran repercusión mediática y política, habiendo representado la figura emblemática de la concentración de la producción a partir de los años 1990 en adelante.

Las primeras definiciones de poo de siembra (Nava, 2003; Cristiano, 2006) lo definían como una forma de organización empresarial en la cual participan varios socios (productores, inversores, propietarios de la tierra, prestadores de servicio, etc.) para maximizar el beneficio del negocio agropecuario a partir del aumento de la escala de producción y la disminución de los riesgos que tiene esta actividad. A nivel local, durante los años 1980 y 1990, se dio la formación de pequeños pools integrados por productores endeudados con firmas acopiadoras de granos o de venta de insumos, quienes para pagar las deudas comenzaron a producir para dichas empresas, las cuales aportaban el capital. Otra forma relevada por la literatura es la que adoptaron firmas proveedoras de agroinsumos que aportan los insumos mientras que los productores contribuyen con el campo y las maquinarias, quedando el gerenciamiento del emprendimiento a cargo de la firma organizadora (Posada y Martínez de Ibarreta, 1998). Por su parte, Dalmau, Delgado y Casiraghi (2010) definen el pool de siembra como “cualquiera de las combinaciones posibles por las que el cultivo se lleve adelante”, siendo la más usual la asociación entre un ingeniero agrónomo, un contratista y un propietario donde cada uno aporta sus recursos y se reparten las ganancias de acuerdo con el grado de participación de cada una de las partes.

Trabajos más recientes (Grosso et al., 2009) caracterizaron los pools de siembra en función de la duración del emprendimiento y la forma jurídica. En primer lugar, estos autores identifican al pool local o “vaquita” como una reunión de actores locales, generalmente informal, donde cada uno aporta distintos factores para la producción (trabajos, insumos, dinero) y, una vez finalizada la campaña, se distribuyen los beneficios en una forma acordada de antemano. En segundo lugar, el pool de siembra propiamente dicho se encuentra asociado a la forma jurídica “fondo común de inversión” (FCI). Por último, los pools organizados por las grandes empresas, como Los Grobo o El Tejar, que se diferencian de los pools locales por la duración de su proyecto, generalmente de más largo plazo, y por tratarse de “viejos” actores del negocio agropecuario que se transformaron, aprovechando las ventajas del contexto (flexibilización de los marcos regulatorios, disponibilidad de capital financiero, etc.).

En el contexto de la expansión del modelo de agronegocios, en la Argentina los pooles de siembra generaron nuevas solidaridades y alianzas, en las que confluyen campo y ciudad, grandes y medianos productores, además de contar con la fundamental participación de los actores extra-agrarios. En una primera fase de expansión, la organización en pool benefició a quienes necesitaban financiar sus deudas y producciones (Conde, 2007). El aumento de la competitividad –propio de este tipo de organizaciones productivas– está dado por el ahorro que permite la gran escala: según los especialistas (Posada y Martínez de Ibarreta, 1998), al comprar los insumos agrícolas sin la intermediación de los actores locales (las agronomías), por volúmenes importantes y al contado, estos gerenciadores consiguen reducciones que rondan el 20%. Es de subrayar la dinámica a nivel territorial: si bien un gran pool, que concentra la producción de cientos de miles de hectáreas distribuidas en distintas provincias y países, y un pool mediano –gerenciado por un chacarero que trabaja tierras propias y las arrendadas a sus vecinos (pudiendo llegar, en una zona agronómicamente regular como la de Gualeguaychú, a las 2000/3000 hectáreas), pertenecen a categorías económicas diferentes, el segundo está comprometido por la dinámica del primero, en la medida en que, generalmente, para terminar de rentabilizar sus inversiones, le presta sus servicios de laboreo en su zona de trabajo. De este modo, la organización en pool de siembra permitió articular los intereses de los medianos y pequeños productores con la disponibilidad financiera y la capacidad managerial de grandes grupos de inversión, agrarios y extra-agrarios.

En esos tiempos pioneros, muchos de los medianos productores que estaban al borde de la quiebra lograron cancelar sus deudas gracias a la demanda de servicios que estos pooles mantenían activa, recuperando la inversión en equipos y maquinaria, además de equilibrar el balance anual. Sin embargo, esta “alianza” temporal entre productores pequeños, medios y grandes se verá tensionada por la tendencia concentracionista del modelo de agronegocios. Como consecuencia, este escenario de convergencia se verá amenazado, llevando a algunos observadores a hablar de “externalidades negativas”, recordándonos cuál es –más allá de las fenomenologías coyunturales– la dinámica profunda que guía la historia del capitalismo: el proceso de concentración de la producción y su contracara, la expulsión de las pequeños y medianos productores Cristiano (2007). En esta tendencia a la concentración productiva, cabe interrogarse sobre la sustentabilidad del modelo en términos no sólo económicos (cuántos pooles terminarán co-existiendo en el territorio productivo argentino) sino también ambientales (intensificación de agroquímicos, monocultivo o rotaciones insuficientes, deforestación, etc.), sociales (desplazamiento y exclusión de pequeños y medianos productores, perdida de capital cognitivo de los que abandonaron la producción, despoblamiento rural, etc.) y políticos (política alimentaria, política de desarrollo, planificación territorial, gestión de los recursos naturales). En este tipo de reflexión se vuelve central poner el eje en el rol del Estado en tanto regulador de la actividad económica, del imaginario político colectivo y de los recursos naturales como herencia a legar a las generaciones futuras.

Bibliografia

Lattuada, Mario (1996). Un nuevo escenario de acumulación. Subordinación, concentración y heterogeneidad. Realidad Económica, 139, 122-145.

Hernández, V. (2007). El fenómeno económico y cultural del boom de la soja y el empresariado innovador. Desarrollo Económico, 47(187).

Nava, O. (2003). Políticas de financiamiento de la producción agropecuaria en la Argentina (Doc. A-16). Estudio 1.EG.33.7, Componente A. Buenos Aires, Argentina: IICA. Recuperado de http://t.ly/3APa

Conde, E. (2007). Los fideicomisos cada vez más utilizados en el agro. Boletín Electrónico Pregón Agropecuario, 33. www.produccion-animal.com.ar.

Cristiano, G. (2006). El rol de las instituciones: hacia una nueva economía agropecuaria. [En línea] https://acortar.link/IZKgy

Cristiano, G. (2007). El pool de siembra: una figura institucional en auge. V Jornadas Interdisciplinarias de Estudios Agrarios y Agroindustriales, Buenos Aires, Argentina.

Intaschi, D. y Hernández V. (2017). Recomposiciones territoriales: producción y participación en la sociedad rural de San Cayetano. Dans Preda, G., Mathey, D. y Prividera, G. (Comps.), Heterogeneidad social en el campo argentino. Múltiples miradas para su análisis. Buenos Aires, Argentina: INTA.

Costas M. y Iorio C.,. Evolución y funcionamiento de un pool de siembra de una zona ganadera, Eje temático indicativo: 5- Actualidad de la estructura social agraria. Agricultura empresarial. Estructura ocupacional. Empleo rural. Pluriactividad. Papel del cooperativismo y otras formas asociativas.

Grosso, S., Arrillaga, H., Bellini, M., Questa, L., Guibert, M., Lauxmann, S. y Rotondi, F. (2009). Impactos de los pools de siembra en la estructura social agraria y en la gestión de la agricultura. Una aproximación de las transformaciones en el centro de Santa Fe. Conferencia llevada a cabo en las VI Jornadas Interdisciplinarias de Estudios Agrarios y Agroindustriales. Buenos Aires, Argentina.

Grosso S. (2010). Les pools de culture: diversité des combinaisons financières et productives, Demeter 2010, 223-250. Recuperado de http://t.ly/tKwk


  1. Recibido: julio de 2020.
  2. Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL UBA). Doctora en Antropología social y Ethnología (École des Hautes Études en Sciences Sociales, Francia). Investigadora en el Institut de Recherche pour le Développement (IRD) y profesora en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Contacto: Valeria.Hernandez@ird.fr.


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