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Renacimiento rural[1]

(América Latina, fines del siglo XX – comienzos del siglo XXI)

Marcelo E. Sili[2]

Definición

Proceso de revitalización demográfica de las áreas rurales que se ha manifestado desde la década de 1990, debido a un proceso migratorio de población desde las ciudades hacia el campo y los pueblos en busca de oportunidades de desarrollo económico y personal, mayor calidad de vida y nuevas formas de vinculación con la naturaleza. Estas novedosas dinámicas migratorias involucran a personas de diferentes edades, pero especialmente a jóvenes y jubilados.

Origen y corrientes explicativas

El concepto de renacimiento rural ha sido acuñado a partir de los trabajos pioneros de Berry (1978) en Estados Unidos, Kayser (1990) en Francia, Cloke (1985) en Gran Bretaña y García Bartolomé (1991) en España. El actual término español de renacimiento rural proviene de los conceptos “counterurbanisation” o “rebirth” en lengua inglesa y del concepto “renaissance rurale” en lengua francesa. Más allá de las diferencias semánticas e idiomáticas, todos ellos hacen referencia al fenómeno revitalización de las áreas rurales, producto de la nueva migración de población desde las ciudades hacia las áreas rurales, lo cual ha cambiado en muchos casos el perfil económico, productivo y social de dichas áreas (Baños, 2013).

Este proceso está explicado desde dos grandes corrientes de pensamiento. La primera, denominada estructuralista, lo liga a la búsqueda de nuevos espacios de reproducción del capital. Plantea que la migración se debe a que la transformación tecnológica (nuevas comunicaciones y servicios logísticos, telefonía e internet) y la expansión del capital desde las industrias pesadas hacia otras con nuevas tecnologías permitieron que estas últimas se desplazaran hacia pequeñas y medianas ciudades, generando nuevas oportunidades laborales en estos espacios e incluso en el medio rural. Esta corriente de pensamiento –representada por Harvey (1991) para los casos europeos y norteamericano y por Teubal (2001) para latinoamericano– señala como factor clave la predilección de las industrias por desplazarse hacia zonas de menores costos salariales y conflictividad sindical.

Una segunda corriente de pensamiento, designada individualista, explica este proceso migratorio por la existencia de costos más bajos de la tierra en las áreas rurales. Tal situación favorece la construcción de viviendas, también alentada por la presencia de un medio ambiente de calidad, en lo que se refiere a la estética y el grado de conservación, las infraestructuras disponibles, una mayor tranquilidad y mejores relaciones humanas. Dentro de esta corriente debe ubicarse a los clásicos pensadores del renacimiento y la contra-urbanización (Cloke, 1985; Kayser, 1990).

No obstante, para el caso de América Latina, si bien los motivos del renacimiento rural son los mismos a los señalados anteriormente, otros autores ponen énfasis también en la violencia de las ciudades como un claro factor de expulsión urbana (Sili et al., 2015; Ferras, 2007; Berry, 1978; y Champion, 1989). Así, como señala Ferras:

La polución y el crimen o la segregación social están actuando de factores de repulsa demográfica en las grandes ciudades latinoamericanas, las cuales comienzan a conocer movimientos migratorios desde el centro urbano hacia su periferia o hacia asentamientos urbanos menores como las ciudades medias (Ferras, 2007, p. 7).

Más allá de las diferencias entre ambas corrientes de pensamiento, los motivos y las explicaciones planteadas por ambas posturas se refuerzan mutuamente y se retroalimentan.

Los nuevos migrantes: perfil social, motivaciones y ubicación

En líneas generales, los protagonistas del renacimiento rural son personas de origen rural que en algún momento de sus vidas migraron hacia grandes ciudades en busca de trabajo o para estudiar y que, luego de permanecer allí durante meses o años, regresan a las áreas rurales. Muchos de ellos son jubilados que retornan en busca de mayor tranquilidad, tras culminar su ciclo laboral en las ciudades. Otros son jóvenes que, tras una etapa de estudio o empleo urbano, vuelven a las áreas rurales para dedicarse a su profesión o actividad, o familias que, luego haber trabajado en la ciudad por varios años, por diferentes razones reanudan su vida rural. En cambio, hay quienes detentan una raíz urbana y migran a las áreas rurales a pesar de no tener relaciones históricas con éstas, interesados por nuevos valores y estilos de vida.

Más allá del origen y de la edad de los migrantes, los factores que impulsan la migración son los siguientes:

  1. La búsqueda de mayor tranquilidad, un más estrecho contacto con la naturaleza y un lugar con más espacio y tiempo para actividades familiares, sociales y recreativas.
  2. La posibilidad de contar con servicios que permitan una mejor calidad de vida que en las ciudades, esto es la posibilidad de disponer de una vivienda, servicios sanitarios gratuitos o a bajo costo y acceso más fácil a las escuelas para los hijos.
  3. El interés por oportunidades profesionales o laborales y la puesta en marcha de actividades o proyectos innovadores.

Claramente, este proceso se viabiliza y potencia gracias a la difusión de transportes y comunicaciones (telefonía, televisión, internet, transporte automotor), que permite que los nuevos migrantes desarrollen actividades que muchas veces requieren un contacto con otros lugares, pues en innumerables ocasiones las labores que realizan no siempre están vinculadas a las zonas rurales. En múltiples ocasiones, las actividades que efectúan los nuevos migrantes son el resultado de vinculaciones que van mucho más allá del espacio local, regional y nacional, por lo cual la presencia de una buena conectividad es un factor clave para su permanencia en el territorio rural.

La experiencia reciente muestra que, si bien este proceso migratorio de la ciudad a las áreas rurales se está dando en numerosos países de América Latina, cobra mucha mayor fuerza en: a) áreas rurales de alto valor paisajístico y natural (valles, montañas, litoral marítimo), b) pequeñas y medianas localidades cercanas a ciudades medianas, donde las vías de comunicación permiten un rápido acceso a las ciudades y, por lo tanto, a servicios y equipamientos de mayor complejidad (Sili, 2005), y c) localidades pequeñas con alto valor histórico y patrimonial.

Impactos positivos y negativos

Algunos autores han señalado los impactos positivos del proceso de renacimiento rural. En primer lugar, porque el aumento de población potencia la demanda de servicios y equipamientos, facilitando la reapertura de salas médicas o aulas en escuelas, así como el mantenimiento del comercio minorista local. En segundo lugar, porque los nuevos migrantes se involucran directamente en múltiples aspectos de la vida local, participando en la inauguración de emprendimientos, la revitalización de las organizaciones locales (clubes, asociaciones locales y organizaciones productivas), la preservación y valorización del patrimonio local (especialmente, el patrimonio histórico, cultural y paisajístico) y la creación de nuevas infraestructuras y equipamientos. En todos estos procesos han contribuido, ya sea por la simple intervención, o más aún, por ser en la mayor parte de los casos los impulsores y líderes (Cognard, 2012).

Pero también otros autores, como Solana (2008), destacan los impactos negativos, signados por el surgimiento de nuevos conflictos. El primer conflicto gira en torno al mercado de trabajo. Más allá del aumento del empleo debido a la dinamización del comercio y los servicios, se observa en muchos casos la poca cualificación y la escasa remuneración de aquel. Por otro lado, el proceso migratorio, al potenciar la oferta laboral, impulsa una mayor competencia en torno a las escasas oportunidades locales, lo cual acentúa el éxodo de la población joven. Tal como lo plantea Solana,

el debate de fondo se encuentra en si esta migración puede llegar a suponer una revitalización y la generación de un nuevo dinamismo económico en las áreas rurales o, por el contrario, su impacto positivo sobre el mercado de trabajo es escaso, circunscrito a ciertas actividades muy concretas y, en todo caso, el espacio rural se configura cada vez más como un espacio simplemente residencial, en definitiva, un espacio de consumo, pero no de producción” (Solana, 2008, p. 8).

El segundo conflicto se vincula con el mercado de vivienda. La migración hacia las zonas rurales, traducida en mayor demanda de viviendas, ha incrementado sustancialmente el valor de las mismas. Esta situación, si bien ha generado nuevas oportunidades de ingresos para familias que las rentan, en muchos casos ha impactado en la población local joven, que no puede acceder a la compra de una propiedad y, por lo tanto, a su emancipación. De allí que, junto a las dificultades del mercado laboral, las referidas al factor habitacional constituyen un factor expulsor o de marginalización. Es decir, los jóvenes no solo encontrarían obstáculos para desarrollar su carrera profesional debido a la escasez de posibilidades en el medio rural, sino que esta circunstancia se vería agravada por una situación de expulsión como consecuencia de los procesos selectivos del mercado de la vivienda.

Finalmente, el tercer conflicto se relaciona con el modelo territorial deseado por los diferentes actores. Mientras que la población local anhela la implantación de nuevas actividades productivas (más empleos y dinamismo económico), infraestructuras, equipamientos y viviendas sociales, los nuevos migrantes ansían mejores condiciones ambientales y paisajísticas, superiores servicios de conectividad y un ambiente social de mayor seguridad. Se perfilan así dos modelos diferentes de desarrollo, que muchas veces entran en tensión.

Perspectivas y desafíos

Frente a esta nueva dinámica de renacimiento rural, en América Latina han emergido dos grandes perspectivas ideológicas y culturales. Una posición promotora de la neo ruralidad, que no tiene ningún tipo de institucionalidad ni movimiento, pero que emerge como un discurso anclado en experiencias personales de la vuelta al mundo rural y la apuesta por nuevos modos de vida y producción y, por lo tanto, apoya la construcción de novedosos modelos de desarrollo rural. Y una posición anti-idílica, que plantea que el renacimiento rural es una utopía y podría ser negativa para el desarrollo del país, pues la ocupación de tierras y las inversiones para otras actividades u productos obrarían en detrimento del proceso de modernización y crecimiento productivo necesarios para coadyuvar al desarrollo nacional. Esta posición se traduce en los discursos técnicos que pregonan la necesidad de la explotación de los recursos naturales, el crecimiento productivo y la modernización como factores clave del desarrollo rural.

Más allá de estos posicionamientos ideológicos y conceptuales, es claro que el debate sobre el renacimiento rural es aún incipiente en América Latina, y que esta nueva dinámica no ha sido aprovechada para potenciar procesos de desarrollo rural. Frente a esta situación, consideramos que existen tres grandes desafíos hacia el futuro. En primer lugar, es necesario mejorar las estadísticas demográficas, de manera que las mismas permitan visibilizar este proceso de renacimiento rural. Hacen falta censos de población más regulares, con mayor detalle sobre procesos migratorios ciudad-campo. Sin esta información no sería posible caracterizar adecuadamente este proceso.

En segundo lugar, resulta imperioso perfeccionar el marco conceptual y aprehender el sentido histórico del renacimiento rural. Existen diversas posiciones sobre el significado histórico del fenómeno que aún no han sido zanjadas. Para muchos autores, la vuelta al mundo rural responde a un patrón de desconcentración urbana con una recomposición de las ciudades más pequeñas y el mundo rural. En cambio, para otros, estamos avanzando hacia un modelo de urbanización difusa, que claramente representa la superación de la urbanización industrial (Ferras, 2007, p. 14). En efecto, no se trataría de un “renacimiento del mundo rural” en el sentido tradicional, tal como fue denominado por Kayser, sino el nacimiento de otro tipo de mundo rural, diferente a lo conocido hasta la actualidad (Veiga, 2004 y 2006). Clarificar y conceptualizar el sentido histórico de este proceso constituiría un avance sustancial que permitiría sustentar nuevas políticas territoriales y de desarrollo en los países de América Latina.

En tercer lugar, y ya desde una perspectiva de la acción territorial, es preciso considerar estas dinámicas de renacimiento rural como un factor clave en las políticas de desarrollo y ordenamiento territorial de las áreas rurales. Las evidencias muestran que en América Latina las políticas orientadas al desarrollo rural no han tomado en cuenta la relevancia que el renacimiento rural asume en los territorios rurales, en términos de generación de nuevos emprendimientos sociales y productivos, diversificación del empleo, nuevas pautas de consumo, demanda de servicios y renovación de la vida institucional.

Bibliografía

Baños, M. R. (2013). Nueva Ruralidad desde dos visiones de progreso rural y sustentabilidad: Economía Ambiental y Economía Ecológica. Polis, (34), 1–13.

Berry, B. J. (1978). The counterurbanisation process: how general? In Hansen, N. (Ed.), Human settelement systems. An international perspective on structure, change and public policy (pp. 25–50). Cambridge, UK: Ballinger Pub. Co.

Champion, A. (1989). Counterurbanization. The changing pace and nature of population deconcentration. London, UK: E. Arnold.

Cloke, P. (1985). Counterurbanization: a Rural Perspective. Geography, 70(1), 13–29.

Cognard, F. (2012). “Migrations d’agrément” et nouveaux habitants dans les moyennes montagnes françaises: de la recomposition sociale au développement territorial. L’ exemple du Diois, du Morvan et du Séronais (Thèse de doctorat). Université de Clermont Ferrand, France.

Ferrás, C. (2007). El enigma de la contraurbanización. Fenómeno empírico y concepto caótico. Revista Eure, 33(98), 5–25.

García Bartolomé, J. M. (1991). Sobre el concepto de ruralidad: crisis y renacimiento rural. Política Y Sociedad, 8, 87–94.

Harvey, D. (1991). The Condition of Postmodernity An Enquiry into the Origins of Cultural Change. Cambridge, England: Blackwell Publishers.

Kayser, B. (1990). La renaissance rurale. Sociologie des campagnes du monde occidental. Paris, France: Armand Colin.

Mailfert, K. (2007). S´installer dans les campagnes de faible densité: nouveaux agriculteurs d´origine non agricole en France et aux Etats Unis. In Actes du 2e colloque franco-espagnol de géographie rurale. Foix – 15 et 16 septembre 2004 (pp. 723–740). Toulouse. France: Presses Universitaires Blaise Pascal.

Sili, M., Guibert, M. y Bustos Cara, R. (2015). Atlas de la Argentina rural. Buenos Aires, Argentina: Capital Intelectual.

Sili, M. (2019). La migración de la ciudad a las zonas rurales en Argentina. Una caracterización basada en estudios de caso. Población & Sociedad, 26(1), 90-119.

Sili, M. (2005). La Argentina Rural. De la crisis de la modernización agraria a la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo de los territorios rurales. Buenos Aires, Argentina: INTA.

Solana, M. (2008). El encanto de lo rural, los términos del debate sobre la migración hacia áreas rurales desde la geografía británica y las contribuciones españolas. Un estado de la cuestión. Revista Bibliográfica de Geografía Y Ciencias Sociales, XIII, 1–15.

Teubal, M. (2001). Globalización y nueva ruralidad en América latina. En Giarraca, N. (Comp.), ¿Una nueva ruralidad en América Latina? (pp. 45–65). Buenos Aires, Argentina: CLACSO.

Veiga, E. (2004). Destinos da ruralidade no processo de globalizaçao. Estudos Avançados, 18(51), 51–65.

Veiga, E. (2006). The birth of another rurality. Estudos Avançados, 20(57), 333–353.


  1. Recibido: febrero de 2021.
  2. Geógrafo por la Universidad Nacional del Sur (UNS) y Doctor en Desarrollo Rural por la Universidad de Toulouse, Francia. Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesor del Departamento de Geografía y Turismo la UNS. Director del Centro de Estudios sobre la Acción y el Desarrollo Territorial (ADETER). Contacto: Sili.marcelo@gmail.com – www.marcelosili.com.


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