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Centro Vitivinícola Nacional[1]

(Argentina, 1905-2001)

Ana María Mateu[2]

Definición

El Centro Vitivinícola Nacional es una corporación bodeguera nacida en 1905 conformada por aquellos propietarios y/o directores de empresas que se dedican a la elaboración, fraccionamiento y comercialización de vinos y mosto en la provincia de Mendoza y en otras zonas productivas. Dentro de las corporaciones bodegueras se destaca por su importancia, su larga trayectoria de más de cien años y su vigencia en la presente. A lo largo del tiempo ha cambiado sus denominaciones (Centro Vitivinícola Argentino, Asociación de la Industria Vitivinícola Argentina y Asociación Vitivinícola Argentina) y actualmente se llama Bodegas de Argentina.

El lugar de los bodegueros en la estructura productiva

Entre todos los actores de la cadena agroindustrial, los bodegueros tienen una posición privilegiada por la determinación de precios de una materia prima perecedera como la uva, y por su alto grado de concentración. En los comienzos de la historia industrial, si bien el número de bodegas pasó de 334 en el año 1884 a 1398 en 1914, muchos de estos establecimientos, por su precariedad no merecían el nombre de tales. La estructura productiva industrial de rasgos oligopólicos y oligopsónicos se encontraba concentrada en los extremos: muy pocos que producían mucho, y muchos que producían muy poco. De los 1052 establecimientos existentes en 1913, el 86% eran pequeñas bodegas que participaban con el 33% de la producción de vinos, mientras que un 13 % de bodegas medianas lo hacían con el 45% de ella y el 0,7 % de grandes bodegas producían el 22% del vino. Es decir, muy pocos bodegueros (en 1910 aproximadamente doce, entre ellos 10 extranjeros), producían volúmenes que les permitían incidir en el mercado, otros, de producción mediana, se vinculaban al poder político y económico provincial a través de su participación en la estructura estatal o en los organismos crediticios y/o en el desempeño de un papel activo en las entidades empresariales (Mateu, 2008).

En la actualidad, 10 grupos económicos concentran el 54,5% de los volúmenes de venta en dólares (Fecovita, 2014). Respecto a los orígenes de los capitales, esta cúpula empresarial está dominada por 2 grupos de origen mixto y nacional, 4 de origen argentino y 4 de origen extranjero (1 chilena, 1 austriaca, 1 francesa y 1 holandesa). Analizando el sector fraccionador se puede aseverar un crecimiento en la desigualdad. Así, por ejemplo, el 10% de los fraccionadores más grandes pasó de fraccionar el 90% del mercado en 2005 al 94% en 2014. En el mercado de exportación, las 10 primeras bodegas concentran el 51,5% de los niveles de facturación en US$ a valor a FOB, proporción que es considerablemente mayor si segmentamos el mercado de exportación de vinos a granel y de los de tetrabrick. Esto permite inferir la continuación de la estructura asimétrica oligopólica (Román, 2018).

Surgimiento y trayectoria inicial de la entidad

El Centro Vitivinícola Nacional nació al calor de la expansión y consolidación de la agroindustria vitivinícola. El fenómeno asociativo puso en evidencia desde temprano la concurrencia de una variada gama de actores socio-económicos en la nueva fisonomía productiva que adquirió la provincia a partir del impulso dado por el Estado y las elites nativas e inmigrantes al desarrollo de la industria del vino. Las corporaciones de intereses de los sectores más concentrados, así como de los pequeños y medianos productores de la vid y el vino, dieron origen a diferentes agrupaciones en procura de la defensa de intereses para afianzar la posición relativa de cada uno de ellos en el conjunto de la cadena de producción, en vistas a la obtención de bienes públicos en beneficio de sus asociados. En conjunto, las entidades gremiales empresarias que cobraron vigor en el siglo XX constituyen un fenómeno organizacional diferenciado, de marcada inestabilidad en el largo plazo, y sujeto a las crisis coyunturales delimitadas por problemas de adulteración de vinos, fijación de precios de la uva y del vino, variaciones en materia de consumo, entre otros (Bragoni et al, 2011).

La creación del Centro Vitivinícola Nacional estuvo estrechamente vinculada a fines reivindicativos y a la construcción de intereses comunes frente a la primera gran crisis de la industria de principios del siglo XX. La estrategia que llevó al éxito al Centro fue la de integrar a la corporación bodeguera a los comerciantes de vino, logrando una importante capacidad de lobby y así constituirse en unactor importante, el de “mayor abolengo”,’ durante más de un siglo (Álbum, 1910). En la creación de este Centro confluyeron la formación, en julio de 1904, de la Sociedad Defensa Vitivinícola Nacional que concentró horizontalmente a los grandes bodegueros y a los principales comerciantes de vinos de Mendoza y San Juan, que vivían en Buenos Aires y cuyo objetivo prioritario era la inspección en los mercados consumidores para perseguir la falsificación y del Centro Vitivinícola de Mendoza, al que se suscribieron 530 bodegueros y viñateros presididos por Alfredo Ruiz. En marzo de 1905, las tres sociedades vitivinícolas existentes se concentraron en el Centro Vitivinícola Nacional, con sede en Buenos Aires. En Mendoza fue presidida por Juan Giol y tuvo delegaciones en Mendoza y San Juan, posteriormente en San Nicolás y Río Negro y circunstancialmente en Concordia.

Para la celebración del centenario de la independencia, la corporación anunció su puesta en escena en una lujosa publicación en la que volcó su visión sobre la industria, llena de contradicciones, y en la que mezclaba realidades y sueños. Se quejaba por la competencia de los caldos mal elaborados, pero al mismo tiempo reconocía no saber con certeza cuáles eran los mejores tipos de vino que podía proveer la industria. Admitía que la mayoría de los bodegueros lo único que quería era producir mucho vino y venderlo pronto, sin interesarse en la calidad. Con la convicción de que la industria sería en breve un brillante negocio, solicitaba al Estado un proteccionismo mesurado (Álbum, 1910). La ubicación porteña y la alianza estratégica de ambos sectores era una forma concreta de “visibilizar el mercado”, utilizando la muy gráfica expresión chandleriana (Chandler, 1990). Y también implicaba un poder de control mayor sobre los vinos adulterados que competían con los genuinos

Los primeros años de la entidad marcaron pautas para su desempeño futuro. Hay algunos temas y preocupaciones constantes: técnicas sobre podas, cultivos, incorporación de tecnología, beneficios del embotellamiento, análisis del cooperativismo, estudios para instalar una tonelería mecánica en la provincia con maderas chilenas, etc. Sin embargo, en cuanto a la intervención del Estado se evidencian algunos vaivenes y posiciones contradictorias con el poder político. Vamos a dar dos ejemplos. En primer lugar, una de las preocupaciones centrales del Centro Vitivinícola era la lucha contra la adulteración de los vinos. Es por ello que apenas comenzó su funcionamiento, fue llamativo su propósito de colaborar con el Ministerio de Hacienda, pagando con sus propios fondos a cinco inspectores para que se desempeñaran en la Capital Federal, controlando calidades y precios, medida que fue severamente criticada por los comerciantes de vinos ya que constituía una peligrosa mezcla de quienes debían vigilar con quienes debían ser vigilados. No sucedía lo mismo con otras políticas públicas, como es el caso de la imposición fiscal, que sería constantemente rechazada con la postura de que sofocarla en sus inicios era ponerle trabas a su organización vigorosa (Boletín, 1904). Éste sería un punto de conflicto permanente con el gobierno provincial, ya que a principios del siglo XX llegó a aportar más del 50% de los recursos fiscales.

Esta entidad ha cumplido recientemente los cien años y sus publicaciones mensuales son una fuente invalorable para conocer no solo la mirada de los bodegueros sobre la problemática de la industria y las soluciones que proponen, sino también su ideología. Ellos se reconocen liberales, aunque su postura sobre el Estado es absolutamente pragmática. Recurrieron a éste en ocasiones en que la tasa de ganancia disminuía por desajustes en el mercado y así fue que reclamaron por la creación de la Junta Reguladora Nacional de Vinos en 1934, aunque confesaron sus temores por emprender una ruta intervencionista (Memorias de la Junta Reguladora Nacional, Año 1936). Sin embargo, se opusieron a la fijación de precios máximos y salarios durante el peronismo, defendiendo la libertad de mercado y llegaron a crear luego de la “reparación moral” de la Revolución Libertadora, el “Centro de Estudios sobre la Libertad”, cuyos objetivos fueron el estudio y la difusión de la filosofía de la libertad, así como también el esclarecimiento de los beneficios del mercado.

Reconfiguración a fines del siglo XX: el nacimiento de Bodegas de Argentina

Hacia los años 80, el presidente de la Institución, Rodolfo Reina Rutini dirá, siguiendo el tono quejoso del empresariado del vino, que la industria estaba en su peor momento (Vinos y Viñas, 1980). Quizás por ello los bodegueros acompañaron el proceso de transformación de la industria vitivinícola, que involucró tanto a la viña como a la bodega y a los canales de comercialización de los vinos. La “reconversión vitivinícola” impactó sobre todos los agentes de la cadena, modificó sus relaciones internas y sus vinculaciones corporativas. La dimensión de estos cambios fue tan grande que a muchos les hizo suponer que la historia de la vitivinicultura acababa de nacer. Nada tan lejos de la realidad.

La respuesta del sector frente a la crisis del mercado interno y el ciclo recesivo fue más agremiación. Así, en el año 2001, el Centro de Bodegueros de Mendoza (1935) y la Asociación Vitivinícola Argentina se fusionaron dando origen a una nueva entidad, Bodegas de Argentina, que sería continuadora de ambas y tendría dominio legal en todo el territorio nacional. Actualmente su perfil societario es diverso: entre las bodegas asociadas se encuentran las grandes las principales de origen extranjero y las medianas y pequeñas de origen nacional. Estas últimas representan alrededor del 70 % de las integrantes de esta cámara. Hoy los socios de Bodegas de Argentina son más de doscientas cincuenta (250) empresas de todas las zonas vitivinícolas del país: Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Córdoba y Buenos Aires. Tienen un discurso de corte “liberal”, en contra de cualquier forma de intervención del Estado. Pese a ello, sus socios se benefician de políticas fiscales como, por ejemplo, la de exención al pago de impuestos internos a los vinos espumantes de producción nacional (vigente desde 2005) y los recientes beneficios impositivos para los costos laborales.

Los objetivos establecidos fueron acordes a los nuevos tiempos y consistieron, fundamentalmente, en lograr el desarrollo de toda la vitivinicultura, para lo cual se procuraría la mejora constante de la calidad de los productos y la inserción en el mercado internacional. Propósitos más específicos estuvieron dirigidos a representar adecuadamente a todos los sectores y regiones; defender la libertad económica, oponiéndose a toda medida dirigista o regulatoria; promover el estudio y la investigación; asumir la representación del sector frente a autoridades y otros organismos; proponer criterios de lealtad comercial y principios de ética empresarial; fomentar el cuidado del medioambiente y la ecología; organizar acciones institucionales como ferias, congresos y degustaciones; y promocionar la imagen del vino fino de Argentina en los mercados internacionales y facilitar el acceso de sus socios a los mismos.

Otra evidencia de la complejización de la vida institucional de la entidad se refleja en que la tendencia dominante de empresas unipersonales o familiares comenzó a dar lugar al predominio de las sociedades anónimas como razón social y a mostrar la disociación entre la posesión de capital y el ejercicio de responsabilidades de dirección, por medio de las actividades técnicas y de gestión. La incorporación de técnicos y especialistas a los mandos empresarios puede haber sido uno de los factores que han habilitado ciertos cambios en la composición y cosmovisión de las dirigencias empresarias. Sus acciones patronales han avanzado hacia la firma de los convenios colectivos que regulan los salarios de obreros de viña, los contratistas y los empleados de bodegas.

Por último, la relativa fragmentación institucional que se percibía hasta fines del siglo XX parece haberse revertido con la creación de la COVIAR, fenómeno inédito en la historia de la actividad vitivinícola. La COVIAR, que integra a todos los actores de la cadena productiva bajo una misma entidad con el objetivo de realizar una planificación de la actividad vitivinícola en el largo plazo, constituye una original agremiación en la vida institucional de la actividad ya que eclipsa las diferencias de espacio y de sectores dentro de la cadena productiva y esboza desde sus objetivos y metas a largo plazo una estrategia de conjunto para la industria vitivinícola. Su efectividad luego de quince años está siendo discutida.

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  1. Recibido: julio de 2019.
  2. Doctora en Historia. Diplomada en Economía Política. Investigadora del CONICET (Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Profesora Titular de Historia Argentina en la UNCuyo (Universidad Nacional de Cuyo). Autora de numerosas publicaciones nacionales y extranjeras. Directora de proyectos de Investigación, Investigadores, Becarios y Tesis doctorales. Profesora invitada de universidades extranjeras. Contacto: mceliabravo@hotmail.com


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