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Boliche[1]

(Patagonia, Argentina, fines del siglo XIX-primera mitad del siglo XX)

Matías Chávez[2] y Marcos Sourrouille[3]

Definición

Los boliches eran comercios rurales, generalmente de escala intermedia, a los que concurrían pobladores indígenas, criollos e inmigrantes para abastecerse de mercancías, consumir bebidas alcohólicas o entretenerse con juegos de azar. Funcionaban como almacenes que ofrecían una amplia variedad de mercancías y servicios, en su mayoría de escaso valor, además de vender a plazos y otorgar créditos. Al mismo tiempo, fueron el principal espacio de sociabilidad del ámbito rural patagónico.

Origen

La palabra boliche proviene etimológicamente del vocablo “bola”; existen dos interpretaciones sobre el origen del término. Por un lado, se sostiene que deriva de los elementos esféricos utilizados en distintos juegos de destreza y azar (bolas, del latín bulla), de allí su relación con lugares de juego (como las tabernas) y con reuniones efectuadas en tiendas rústicas. Por otra parte, se señala que procede del catalán bolitx, que hace referencia a redes pequeñas de pesca (jábegas), ya que los juegos de boliche servían para “pescar dinero”. De allí su significado como “casa de juegos”.

Más allá de las diferencias entre las interpretaciones, en ambos casos la palabra boliche aparece asociada a reuniones sociales y espacios destinados a prácticas lúdicas. En países del sur de América –como Argentina, Chile y Uruguay–, el término boliche fue utilizado desde la época colonial para referirse a establecimientos comerciales de poca importancia, especialmente orientados a la venta de bebidas, alimentos, productos de mercería y tienda, herramientas, combustibles, cigarrillos, etc. Si bien el uso de la palabra boliche se difundió ampliamente en distintas regiones de Sudamérica, en Patagonia adquirió características particulares en el tránsito del siglo XIX al XX. La mayoría de ellos eran comercios rurales modestos de escala intermedia, posicionándose entre aquellos que tenían escasos capital y surtido de productos, por un lado, y los de gran escala que, más abastecidos, poseían sucursales en distintos puntos de la región, por el otro. Estaban ubicados estratégicamente en espacios de tránsito en los que predominaban pequeños productores ganaderos y agrícolas, quienes solían depender del crédito y la venta a plazos de los bolicheros.

Nodos rurales estratégicos

Los boliches fueron los comercios típicamente patagónicos desde fines del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, y genéricamente se los identificó como almacenes de campo. Similares a comercios rurales de otras regiones, no tuvieron exactamente las mismas características. La distribución espacial de los boliches patagónicos tendió a sobrescribir el trazado de antiguas rastrilladas indígenas. La continuidad entre la lógica de los boliches y los caminos –y parajes indígenas– fue señalada tempranamente por Casamiquela: “Los boliches habrían de surgir en los mismos paraderos que usaban los indios (cada 20 km aproximadamente), desde que la jornada de las carretas era semejante a la de la tribu” (1975, p. 45). Pero los boliches no solamente sobrescribieron las veredas indígenas, sino que se solaparon con el avance de las columnas militares durante la denominada “Conquista del desierto” a fines del siglo XIX.

En este sentido, la inserción comercial de los bolicheros fue concomitante a la colonización militar del Estado argentino. Muchos de ellos tuvieron una primera etapa de inserción en Patagonia como vendedores ambulantes, y luego de unos años se establecieron con comercio fijo en algún punto considerado neurálgico. No obstante, aún en la etapa bolichera estos comerciantes mantuvieron una fuerte movilidad y complementaron su comercio “fijo” con desplazamientos estacionales, acercándose a comprar o vender hasta las tierras que ocupaban sus clientes. Este tipo de intercambio era conveniente, ya que obtenían los productos rurales a menor precio y podían ampliar su radio de ventas.

Los boliches solían establecerse en lugares que reunían una serie de condiciones estratégicas. Ante todo, se radicaban sobre caminos generales o huellas vecinales, habitualmente en el cruce de rutas o en la intersección con las vías del ferrocarril. Otro factor decisivo era la disponibilidad de agua (en ríos, arroyos o lagunas) y de pasturas para los animales de los viajeros. Asimismo, se buscaba que el lugar ofreciese reparos naturales para morigerar el efecto de los vientos, y que hubiese la menor cantidad posible de competidores comerciales en las inmediaciones.

La mayoría de los boliches rurales eran construcciones precarias que habían demandado una baja inversión de capital. Durante el período se registraron muchas transferencias sobre la propiedad de esos comercios, ya que los pobladores solían explotar los negocios por unos años y luego vendían las patentes habilitantes. Las disputas entre los bolicheros por el control mercantil de espacios rurales amplios eran frecuentes, y eventualmente derivaban en litigios judiciales.

Espacios de sociabilidad y tránsito subalterno

Existe consenso historiográfico en que los boliches fueron el principal espacio de sociabilidad del interior patagónico, principalmente de actores subalternos. En este sentido, estos comercios eran espacios de sociabilidad informal que articulaban relaciones entre pobladores rurales que se movían en territorialidades amplias. Argeri y Chía (1993) estudiaron los comercios de campo del Territorio Nacional de Río Negro, colocando el foco en los conflictos que protagonizaron los bolicheros en el marco del proceso de consolidación del Estado. Las autoras subrayaron que las agencias estatales intentaron disciplinar las prácticas que tenían lugar en los boliches, ya que eran espacios dedicados al ocio, en los que se solían producir episodios de violencia. Pérez (2012), en su estudio sobre la meseta norte de Chubut, arribó a conclusiones similares. Para el Territorio Nacional de Neuquén otras investigaciones también identificaron un vínculo estrecho entre juegos de azar, alcohol y violencia en el ámbito de los boliches (Debener, 2000; Lator, Arias y Gorrochategui, 2004).

Los bolicheros patagónicos fueron recurrentemente criticados por los agentes estatales, quienes aducían que ellos promovían la venta de alcohol y el juego clandestino, especialmente entre pobladores indígenas. Si bien muchos funcionarios recomendaban el cierre de boliches y la limitación del otorgamiento de permisos comerciales –especialmente en zona de tolderías–, durante el período la mayoría de los comerciantes rurales continuó operando pese a las tentativas de clausura. Asimismo, cronistas y viajeros caracterizaban el comercio entre bolicheros y pobladores indígenas y criollos como intercambios fuertemente asimétricos, que generalmente derivaban en la expropiación de los productores rurales. Como argumentó Troncoso (2015), a propósito de las experiencias que tuvieron lugar en la meseta norte de Chubut, la relación entre los bolicheros y los pequeños productores no pudo ser de pura expoliación, teniendo en cuenta que los comerciantes debían cuidar la reproducción del ciclo económico evitando la ruina total de sus clientes, además de eludir la estigmatización ante otros potenciales compradores.

En Patagonia operaron bolicheros de diferentes nacionalidades. Desde fines del siglo XIX arribaron italianos y españoles que se dedicaron a este tipo de comercio. Luego, en los primeros años del siglo XX, comenzaron a operar un gran número de bolicheros sirio-libaneses. De hecho, en la región existe una conexión casi inescindible entre “boliches” y “turcos” (gentilicio con el que se asimiló a los sirio-libaneses producto de que Siria y Líbano estuvieron coyunturalmente bajo el dominio del Imperio Otomano). La mayoría de los comerciantes árabes lograron una inserción exitosa y, luego de una primera etapa dedicada a la actividad mercantil, diversificaron sus negocios hacia la ganadería, concentrando porciones importantes de tierras (Boschín y Vezub, 2001; Chávez, 2018 y 2022). No obstante, algunos observadores de la época tendieron a sobrerrepresentar la presencia de bolicheros sirio-libaneses entre los comerciantes patagónicos. Esa sobrerrepresentación pudo haber obliterado la visibilidad de otros comerciantes extranjeros, criollos o indígenas. La historiografía regional no ha prestado aún suficiente atención a la experiencia de los bolicheros indígenas, pese a que fue una actividad que ejercieron miembros de linajes importantes, como fue el caso, entre otros, de Juan, Agustín y Rafael Nahuelquir en Cushamen.

Debates historiográficos

El rótulo “bolichero” aplicado a los comerciantes patagónicos generalmente detentaba una carga moral negativa. En este sentido, en la región se difundieron los discursos que tendieron a estereotiparlos como actores ladinos y embaucadores. Al mismo tiempo, parte de los antecedentes historiográficos –y algunos cronistas y memorialistas–, presentaron a los bolicheros como los principales expropiadores de los pobladores locales –indígenas y criollos–, fundamentalmente a través de la venta de bebidas alcohólicas y del endeudamiento gradual. En estos casos se enfatiza la connivencia de los comerciantes con las agencias estatales encargadas de dirimir los litigios por deudas y tierras. No obstante, los bolicheros desplegaron proyectos colonizadores que solo coyunturalmente coincidieron con los intereses de funcionarios estatales.

Una estrategia para superar los estereotipos más arraigados sobre los bolicheros podría apuntar al estudio de las trayectorias efectivas de los comerciantes de diferentes nacionalidades, historiando además los procesos concretos de expropiación en los casos en que se verifican. En este sentido, es necesario complejizar el estudio de la relación entre los bolicheros y otros pobladores locales –fundamentalmente indígenas y criollos–, favoreciendo el diálogo entre los historiadores que se ocupan de reconstruir las experiencias de los bolicheros (muchas veces en clave de estudios migratorios) y aquellos que estudian las trayectorias de actores indígenas y criollos.

Otro tópico de debate en relación con los boliches de Patagonia es el momento de su desaparición. Algunos autores identificaron a la década de 1930 como el período de crisis definitiva de los comercios rurales, a partir de la introducción de nuevos medios de transporte que hacían innecesario el paso por los boliches y la mayor monetización de la economía de la región, que limitó el intercambio por trueque, hasta entonces típico de los comercios de campo. No obstante, los boliches mantuvieron una actividad significativa durante los años siguientes. Fue luego de la década de 1940 que los comercios rurales experimentaron una gradual decadencia o sus propietarios reconvirtieron sus negocios hacia otras actividades económicas. Distintos factores influyeron en este sentido, entre ellos el desplazamiento de muchos bolicheros a zonas urbanas tras la búsqueda de acceso a mejores servicios. Por otra parte, la mayor disponibilidad de vehículos entre los productores rurales permitió un aumento en la frecuencia de sus viajes a las principales ciudades para la compra de mercancías. Estos cambios provocaron la virtual desaparición de los boliches hacia mediados de la década de 1950.

Bibliografía

Argeri, M. E. y Chía, S. (1993). Resistiendo a la ley: ámbitos peligrosos de sociabilidad y conducta social. Gobernación del Río Negro, 1880-1930. Anuario del IEHS, (8), 275-306.

Boschín, M. T. y Vezub, J. (2001). “Punta de boliches”. Inmigración libanesa, poblamiento y redes comerciales en la Patagonia. En Boschín, M. T. y Casamiquela, R. (Dirs.), Patagonia 13.000 años de Historia (pp. 285-305). Buenos Aires, Argentina: Museo Leleque – Emecé editores.

Casamiquela, R. (1975). Algunos aspectos ecológicos del poblamiento. En Rey, H. y Vidal, L. (Dirs.), Historia de Río Negro (pp. 39-47). Viedma, Argentina: Gobierno de Río Negro- Comisión de Investigaciones Científicas.

Chávez, M. (2018). De bolichero turco a ganadero árabe. La construcción territorial de un inmigrante libanés en el noroeste del Chubut (1907-1927). Revista Páginas, 10(23), 84-100.

Chávez, M. (2022). Mercachifles y bolicheros turcos. Inmigrantes sirio-libaneses en la Patagonia norte (1900-1955). Buenos Aires, Argentina: SB.

Debener, M (2000). La última curda. Apostar, conquistar y morir de alcohol. En Gentile, M. B., Rafart, G. y Bohoslavsky, E. (Comps.), Historias de sangre, locura y amor (Neuquén 1900-1950) (pp. 59-73). Neuquén, Argentina: PubliFadecs.

Lator, C., Arias, C. y Gorrochategui, M. (2004). De boliche en boliche. Sociabilidad, alcohol y muerte en el Chos Malal de los años ´30. En Debattista, S., Debener, M. y Suárez, D. (Comps.), Historias secretas del delito y la ley. Peligrosos y desamparados en la norpatagonia (1900-1960) (pp. 107-120). Neuquén, Argentina: Editorial de la Universidad Nacional del Comahue.

Pérez, L. (2012). Tels’en. Una historia social de la meseta norte del Chubut. Patagonia 1890-1940. Rawson, Argentina: Secretaría de Cultura de Chubut.

Sourrouille, M. y Chávez, M. (2022). Redes sociales y política indígena en torno al boliche de los “turcos” Assin. Boquete Nahuelpan (Chubut, Argentina), 1909-1937. Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de Americanistas, (28), 1-18.

Troncoso, A. M. (2015). Todavía no: el proyecto civilizador entre las prácticas sociales y las estrategias de resistencia, de negociación y de apropiación en la meseta norte chubutense (1900-1970). Trelew, Argentina: edición de la autora.


  1. Recibido: mayo de 2022.
  2. Licenciado en Historia, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB). Doctor en Historia, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA). Becario posdoctoral en el Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH–CONICET) y docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (FHCS–UNPSJB). Contacto: matiaschavez22@gmail.com.
  3. Profesor Superior en Historia, Universidad de Buenos Aires (UBA). Doctor en Historia Universidad de Buenos Aires (UBA). Docente de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (FHCS–UNPSJB). Contacto: soumarcos48@gmail.com.


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