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Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP)[1]

(Buenos Aires y La Pampa, Argentina, 1932-1983)

Carlos A. Makler[2]

Definición

La Confederación de Sociedades Rurales de Buenos Aires y Territorio de La Pampa (denominación inicial que luego fue modificada por la de Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, conocida por su sigla CARBAP) se constituyó en el año 1932 como una organización de segundo grado que nucleaba (y nuclea, pues al año 2019 continúa en actividad) a entidades de primer grado sitas, por lo general, en los poblados cabecera de los distintos partidos y departamentos, respectivamente, de las actuales provincias de Buenos Aires y La Pampa, en la República Argentina. A su vez, estos agrupamientos locales se encontraban (hasta hoy) formados por productores agropecuarios (bajo la forma de personas físicas y/o jurídicas), profesionales varios vinculados al sector y otros interesados en las problemáticas sectoriales.

Origen y trayectoria histórica

Durante la etapa agroexportadora (1880-1930), la Argentina se integró al mercado mundial como un país de economía abierta especializado en la producción y exportación de granos y carnes procedentes, en especial, de su región pampeana. Como resultado de una reorientación en la demanda mundial de carnes y de la política implementada por los frigoríficos a principios del siglo XX, se produjo una sustancial diferenciación económica entre aquellos productores ganaderos dedicados a la cría y aquellos otros dedicados a la invernada de hacienda vacuna. Ambos estaban vinculados entre sí, ya que estos últimos realizaban el engorde de los bovinos que recibían de los primeros (en ocasiones, un mismo productor podía desarrollar las dos actividades en campos propios y/o alquilados). Mientras los invernadores estaban formados por productores pecuarios especializados en la etapa de terminación de los vacunos (engorde) y articulados a las firmas frigoríficas; los criadores, se ocupaban de la fase inicial de la producción bovina y estaban subordinados a aquéllos. La diferenciación mencionada en el plano económico condujo luego a un enfrentamiento de carácter gremial y político protagonizado por los productores referidos. En efecto, en el marco de la crisis ganadera de principios de los años veinte, los criadores y sectores afines habían logrado hacerse de la conducción de la tradicional Sociedad Rural Argentina (SRA, fundada en 1866 y que reunía a los terratenientes más poderosos y diversificados) entre 1922 y 1926. Este último año fueron desplazados por una nueva comisión directiva formada principalmente por ganaderos invernadores y grupos semejantes (Giberti, 1964 y 1985; Treber, 1975; Lattuada, 2006).

Poco después, la “Gran Depresión” iniciada en 1929 tuvo fuertes repercusiones negativas en el agro argentino; repercusiones que el gobierno nacional procuró contrarrestar con la creación de diversos organismos, entre los cuales figuraban la Junta Nacional de Carnes (JNC) en 1933 y la Corporación Argentina de Productores de Carnes (CAP) en 1934-35. En tales circunstancias, los criadores, alejados del manejo de la SRA, comenzaron a pergeñar nuevas estrategias organizativas que se concretaron, durante la década de 1930, en la fundación de una serie de entidades de segundo grado (entre ellas, la CARBAP) con base en las sociedades rurales locales, también llamadas sociedades rurales del interior (SRI), designación que permitía distinguirlas de la SRA. Entre mediados de la década de 1930 y hasta la primera mitad de la siguiente, las diferencias económicas existentes entre productores criadores e invernadores derivaron en una sucesión de enfrentamientos político-gremiales entre sus correspondientes expresiones institucionales (las federaciones o confederaciones de SRI y la SRA) por el control de la JNC y de la CAP y el subsiguiente direccionamiento de las políticas de ambos organismos. En 1942, la CARBAP y sus pares acordarían fundar una organización de tercer grado que las agrupe, a la que denominarían Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Desde sus inicios, estas asociaciones de segundo grado se caracterizaron por un estilo de acción y discursivo fuertemente gremial y sectorial, posicionándose críticamente ante el oligopolio frigorífico y positivamente por la intervención estatal en defensa del sector. Así, se hacían eco de las posturas que sostuviera la conducción de la SRA de 1922-26 (Giberti, 1985; Martínez Nogueira, 1988; Palomino, 1989; Lattuada, 2006).

Con el golpe cívico-militar de 1930 se inició la etapa sustitutiva de importaciones, que se extendería hasta 1976. Este período se caracterizó por la alternancia entre gobiernos dictatoriales y democráticos, la expansión de la estructura estatal y el desplazamiento del sector agropecuario por el industrial como promotor de la economía argentina (aunque aquél conservó una importancia estratégica). En ese entonces, las posiciones de las CRA, la CARBAP y la SRA propendieron a confluir con las sostenidas por los partidos políticos de corte liberal-conservador, aunque ello no inhibía la participación de sus asociados en otros, como la Unión Cívica Radical (UCR). Tales organizaciones rurales cuestionaron con dureza los gobiernos que consideraban políticamente débiles (caso del radicalismo intransigente de 1958-62, y del radicalismo del pueblo de 1963-66); en tanto optaron por replegarse en sus planteos durante aquellos mandatos constitucionales fuertes, como el peronista (1946-55 y los dos primeros años del gobierno de 1973-76). Por otra parte, el ruralismo no sólo expresó posiciones coincidentes con la mayoría de los regímenes cívico-militares, sino que también proveyó a éstos de numerosos dirigentes y asociados para integrar diversos organismos oficiales. Sin embargo, criticó severamente tales regímenes cuando sus medidas y orientaciones económicas comenzaron a perjudicar los intereses de sus bases sociales, como ocurriera durante la llamada “Revolución Argentina” (1966-73) y el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” (PRN, 1976-83), que inaugurara plenamente un esquema aperturista de importaciones con hegemonía del capital financiero. El apoyo que la CARBAP prestara inicialmente al PRN comenzó a menguar al calor de las políticas económicas oficiales y derivó hacia duros cuestionamientos en las postrimerías del régimen. Para ese entonces, la Confederación ya había comenzado a exteriorizar su resuelto apoyo a la “salida democrática que el país está reclamando” (La Nación, 18 de marzo de 1983, Sec. 2ª., p. 2), que conduciría en 1983 al triunfo electoral de la UCR (Sidicaro, 1982; Giberti, 1985; Martínez Nogueira, 1988; Palomino, 1989; Nun y Lattuada, 1991; Lattuada, 1992 y 2006).

Durante la etapa sustitutiva de importaciones, y al calor de las transformaciones operadas en la propia estructura agraria (entre otras, la conversión de agricultores en ganaderos y viceversa, y la diversificación de actividades por parte de criadores e invernadores), las inquietudes e intereses de las organizaciones sectoriales comenzaron a converger, en general, en una serie de problemáticas comunes, a saber, el financiamiento de la actividad, los precios recibidos por los productores, la relación de tales precios con los costos de los insumos, herramientas y equipos, y la captación de parte de la renta agraria por el Estado y/u otros agentes económicos. En particular, los planteos de las CRA y la CARBAP (principal afiliada de aquélla) comenzarían a coincidir con las posiciones liberales de la SRA, en buena medida como consecuencia de la experiencia del gobierno peronista de 1946-55 y de la pérdida de significación del antagonismo entre criadores e invernadores (que la propia dirigencia sectorial también reconocía). Aunque el ruralismo bonaerense y pampeano expresó su apoyo a la política de estímulo al agro que la gestión peronista aplicara a inicios de los años cincuenta, se convertiría en uno de los más acérrimos críticos de ese gobierno tras su derrocamiento en septiembre de 1955. Sin dudas, influyó en dicha actitud la quita de la personería jurídica de la CARBAP dispuesta por la administración peronista bonaerense en enero de 1955, aduciendo causales diversas (Palomino, 1989; Lattuada, 1992 y 2006; Makler, 2008).

También resulta posible atribuir dicha confluencia a otros dos factores: por un lado, la gradual incorporación a la Confederación de sociedades rurales locales sitas en zonas de invernada o mixtas, que se sumaban a aquellas enclavadas en áreas de cría, de las cuales procedían en muy buena medida las bases societarias iniciales de la Confederación. Por el otro, la pertenencia simultánea de numerosos asociados de sociedades rurales de la CARBAP (y sus similares de otras confederaciones de las CRA, en especial aquellas situadas en la región pampeana) a la SRA (que aún perdura, según datos propios del 2010), sin que dicha pertenencia compartida originara los recelos o cuestionamientos de que fuera objeto hasta mediados de los años cuarenta (aunque, aun así, pudieran admitirse una serie de matices). De este modo, se constituyó una base social parciamente superpuesta entre ambas entidades, formada por productores ganaderos o mixtos, medianos y grandes (bajo la forma de personas físicas y/o jurídicas), con una inserción exclusiva o casi exclusiva en la actividad agropecuaria y radicados mayormente en la región pampeana (como los nucleados por la CARBAP) y en menor medida en las restantes; como así también por profesionales varios vinculados al sector (médicos veterinarios, ingenieros agrónomos, administradores de campos, etc.) y otros interesados por el agro. Finalmente, también contribuyó a cimentar dicho acercamiento la perspectiva afín del ruralismo en torno a distintas problemáticas sectoriales como sucediera, por caso, en materia de comercialización de la producción, de legislación laboral agraria, y de uso y tenencia de la tierra (Sidicaro, 1982; Palomino, 1989; Giberti, 1985; Makler, 2006).

Cuestiones pendientes de análisis y comentarios finales

Conviene cerrar esta entrada examinando tres cuestiones vinculadas entre sí. En primer término, la CARBAP construyó sus vínculos con los territorios bonaerense y pampeano apelando a una serie de acciones diversas, como la elevación ante los respectivos gobiernos (y también ante el nacional) de inquietudes y/o demandas generadas en sus entidades de base; la participación de éstas a través de sus delegados en la conducción de la Confederación; o bien la organización de exposiciones de hacienda de distintas especies por parte de las sociedades rurales locales (siguiendo el modelo de certamen ganadero de la SRA). Estas exposiciones no sólo se constituyeron en una opción concreta de financiamiento para dichas entidades, sino también en un espacio de sociabilidad y de expresión de reclamos e inquietudes (Ruffini, 2012). Sin embargo, queda como materia pendiente a profundizar el estudio de la articulación entre las diversas instancias que componen la CARBAP, considerando, por ejemplo, posibles quiebres y continuidades entre las resoluciones adoptadas por la Confederación y las tomadas por las sociedades rurales asociadas, y su consecuente incidencia en las modalidades de relacionamiento con el Estado. En segundo término, los estudios referidos de modo principal o colateral a la CARBAP, tendieron a enfatizar los pronunciamientos discursivos de la entidad ante las políticas sectoriales, por sobre los procesos de toma de decisiones y de movilización colectiva como dos instancias posibles de presión sobre los gobiernos y de construcción de legitimidad ante propios y ajenos, incluyendo la elaboración de demandas apelando a dicha legitimidad. Por último, consideramos que, a lo largo del período examinado, el tono duro y punzante de los posicionamientos de la Confederación puede explicarse por la recíproca amalgama entre la condición estructural y económica subordinada de sus bases sociales (Martínez Nogueira, 1988), y la especial preocupación de sus dirigentes por constituirse en portavoces autorizados y directos de tales bases al recuperar como propios los términos, reclamos y planteos de éstas. En consecuencia, la CARBAP (y también las CRA) en muy relativa medida apelaron al asesoramiento de equipos técnicos y/o de servicios para fundamentar sus solicitudes. Todo ello contribuyó a reforzar el carácter fuertemente gremial y corporativo que desplegara el ruralismo confederado en su trayectoria histórica, y que se evidenciara tanto en sus discursos como en sus acciones.

Bibiliografía

Giberti, H. C. E. (1964). El desarrollo agropecuario argentino. Estudio de la región pampeana. Buenos Aires, Argentina: EUDEBA.

Giberti, H. C. E. (1985). Historia económica de la ganadería argentina. Buenos Aires, Argentina: Hyspamérica Ediciones Argentina.

Lattuada, M. J. (1992). Notas sobre corporaciones agropecuarias y Estado. Tendencias históricas y cursos de acción posibles en la experiencia democrática contemporánea. Estudios Sociales, (2), 123-148.

Lattuada, M. J. (2006). Acción colectiva y corporaciones agrarias en la Argentina. Transformaciones institucionales a fines del siglo XX. Bernal, Argentina: Universidad Nacional de Quilmes.

Makler, C. A. (2006). Las corporaciones agropecuarias ante la política agraria peronista (1973/74). En O. F. Graciano y T. V. Gutiérrez (Dir.), El agro en cuestión. Discursos, políticas y corporaciones en la Argentina, 1870-2000 (pp. 181-207). Buenos Aires, Argentina: Prometeo Libros.

Makler, C. A. (2008). Las organizaciones gremiales agropecuarias durante el peronismo y la “Revolución Libertadora”: respuestas y desafíos en tiempos de cambio (1946-1958).Recuperado el 12/8/2019 de: t.ly/qYr7J

Martínez Nogueira, R. (1988). Las organizaciones corporativas del sector agropecuario. En O. Barskyet.al (Eds.), La agricultura pampeana. Transformaciones productivas y sociales (pp. 295-323). Buenos Aires, Argentina: FCE, CISEA, IICA.

Nun, J. y Lattuada, M. (1991). El gobierno de Alfonsín y las corporaciones agrarias. Buenos Aires, Argentina: Editorial Manantial.

Palomino, M. L. de (1989). Organizaciones corporativas del empresariado argentino: CARBAP (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y la Pampa). 1955-1983. Buenos Aires, Argentina: CISEA.

Ruffini, M. (2012). “La Patagonia vestida de fiesta” Las exposiciones rurales como espacios de sociabilidad y de expresión de demandas (1946-1955). Estudios Rurales, 2 (3), 188-219. Recuperado el 16/6/2018 de: t.ly/w9q5d

Sidicaro, R. (1982). Poder y crisis de la gran burguesía agraria argentina. En A. Rouquié (Comp.), Argentina, hoy (pp. 51-104). Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores.

Treber, S. (1975). Economía nacional. Problemas – soluciones. Buenos Aires, Argentina: Editorial Axioma.


  1. Recibido agosto 2019.
  2. Profesor de Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA), en la que se desempeña como docente, y miembro del Centro de Estudios de la Argentina Rural (CEAR) de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), donde realiza una investigación de doctorado sobre Estado, organizaciones gremiales agrarias y problemáticas sectoriales pampeanas. Contacto: relkam1975@gmail.com


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