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Riesgo ambiental[1]

(Escala mundial, s.XX – comienzos s.XXI)

María Agustina Arrién[2]

Definición

Se entiende por riesgo ambiental aquella situación en la que las poblaciones se encuentran amenazadas por factores ambientales de diverso origen, los que, junto con variables grados de vulnerabilidad social y económica y aspectos estructurales de las propias sociedades y territorios, pueden ocasionar desastres naturales, tales como inundaciones, sequías, terremotos y tornados. Predominan dos perspectivas de abordaje: fisicalista (entiende al desastre natural como un suceso casi fortuito) y social (lo considera como un proceso con profundas raíces en la sociedad).

Paradigma fisicalista

Los primeros estudios sobre riesgo ambiental datan de principios de siglo XX. Éstos fueron realizados en los países del hemisferio norte (principalmente Estados Unidos) y respondieron al paradigma fisicalista, el cual concibe a los desastres naturales como meros sucesos casi desconectados de las sociedades en las que irrumpieron (un ejemplo de trabajo enfocado en un solo tipo de riesgo y en un solo tipo de respuesta es el de Popolizio, 1983). Dicho paradigma, influenciado por las ciencias básicas, se interesa por los aspectos físicos de los desastres y sus consecuencias, sin contemplar las condiciones de las comunidades en las que estos fenómenos ocurren. Se suele considerar como hito fundador de esta vertiente al terremoto seguido de incendio de San Francisco (Estados Unidos), en 1906, el cual produjo daños devastadores (al menos 3.000 muertes, 225.000 personas sin casa y pérdidas monetarias de 400 millones de dólares) e impulsó la fundación de la United States Geological Survey (USGS) –institución de profesionales geólogos, encargada de estudiar terremotos y sismos con el fin de reducir sus repercusiones futuras–.

Los abordajes fisicalistas han sido, incluso en la actualidad, muy utilizados por los gobiernos de Latinoamérica y del resto del mundo, y también de la Cruz Roja Americana, para dar cuenta de los riesgos ambientales de cada territorio, quienes han estado más pendientes de los grandes cataclismos y desatendido los desastres locales y dispersos (Lavell, 2003).

Paradigma social

Si bien durante buena parte del siglo XX prevalecieron los estudios fisicalistas sobre el riesgo, éstos coexistieron con otros encarados desde una perspectiva social. Al respecto, Pereyra (2017) identifica que, también para el mundo anglosajón, el paradigma de las ciencias sociales tiene sus proto-orígenes en los trabajos pioneros del geógrafo Gilbert White, en la década de 1940. Aunque fue posteriormente cuando dicho paradigma cobró auge, particularmente en las décadas de 1970 y 1980, con los trabajos de los llamados “sociólogos del riesgo”, los europeos Anthony Giddens, Ulrich Beck y Niklas Luhmann. Los tres autores plantean que en las sociedades del capitalismo tardío existe una doble conciencia: una sobre las prácticas sociales y sus consecuencias (sobre la Tierra, seres humanos y otras especies) y otra sobre la contingencia a la que está sujeta la vida de los humanos en general. La primera conciencia es lo que Giddens (1996) denomina “reflexividad”. La segunda es la que conforma, según Beck (2002), a las sociedades del riesgo actuales, las cuales reconocen la contaminación y los daños medioambientales producidos por los cambios tecnológicos y por la producción.

Con estas contribuciones, se ha recuperado el “lado humano” de los desastres. Sin omitir los fenómenos naturales y ambientales, el enfoque de las ciencias sociales ha incluido la categoría de vulnerabilidad, la cual indica una mayor probabilidad de que una comunidad sea conmovida por un desastre debido a múltiples carencias a nivel social, político y económico. En este sentido, el riesgo ambiental está dado por aquellas probabilidades de que una comunidad sea afectada por fenómenos naturales como lluvias, vientos fuertes o erupciones volcánicas. Esta exposición se encuentra fuertemente marcada por las características de las sociedades, que dejan a las víctimas inmovilizadas sin capacidad de responder adecuadamente.

Cabe agregar que Beck introdujo un término crucial para este tipo de estudios: la “socialización del riesgo”, del cual se deriva la idea de que los conflictos sociales no se originan básicamente a raíz de la distribución de la riqueza, sino de la distribución de los riesgos (Galindo, 2015). A partir de su aporte, el debate ha virado desde la contraposición entre riqueza y pobreza hacia las consecuencias del desarrollo.

La discusión en América Latina

En América Latina los estudios sobre el riesgo ambiental emergieron a la luz de los desarrollos sociológicos del Norte, tras una seguidilla de desastres naturales en diversos puntos geográficos. Una sucesión de terremotos (Perú en 1970, Guatemala en 1976, Nicaragua en 1972 y México en 1985), erupciones volcánicas (Colombia en 1985) y grandes inundaciones (1980 y 1985 en la región pampeana argentina) despertaron la inquietud de los expertos por explicar las causas de estos desastres. Convencidos de las falencias de la perspectiva fisicalista, adhirieron al paradigma de las ciencias sociales.

Estos estudios de corte sociológico fueron los que más se desarrollaron en los últimos cuarenta años, en especial desde que la ONU propiciara en 1990 el “Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales”. Fruto de este impulso, en 1992 se creó LA RED (La Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina) en Costa Rica, por parte de instituciones y profesionales del Caribe, bajo el lema “los desastres no son naturales”. Entre sus exponentes pueden mencionarse a Elizabeth Mansilla y Virginia García Acosta (México), Hilda Herzer y Claudia Natenzon (Argentina) y Andrew Maskrey (Perú), entre otros.  El principal aporte esta organización consistió en la inclusión de la perspectiva latinoamericana en los estudios sobre vulnerabilidad. El desastre empezó a ser visto como una gran “red” cuyo lado más visible es la manifestación extrema del evento natural actuando sobre un territorio, manifestación llevada a sus últimas consecuencias por situaciones vulnerables.  

Al decir de Lavell, uno de los principales referentes de LA RED, existe una “relativa escasez de investigaciones […] en el “sur” [Latinoamérica], a pesar de la importancia que los desastres asumen en estas regiones [ya que], en cualquier año se suscita allí cerca del noventa por ciento del total de desastres registrados en el mundo” (2005: 2). Sin embargo, escasez de estudios no significa ausencia. Las ideas desarrolladas por los teóricos latinoamericanos del riesgo han versado sobre las relaciones entre la construcción social del riesgo y el problema del desarrollo, su modelo predominante y su aplicación en el sur, así como sobre el desarrollo sostenible y la problemática ambiental.

Dos grandes discusiones atravesaron LA RED. La primera giró en torno a los postulados que introdujo la “rama anglosajona” en estudios del riesgo, los cuales se adaptaron a los entornos latinoamericanos: los desastres naturales materializan el encuentro entre fenómenos naturales, amenazas y vulnerabilidad. Un fenómeno natural se convierte en amenaza cuando puede llegar a irrumpir en la cotidianeidad de una comunidad, ocasionando desastres naturales con perjudiciales consecuencias para esa misma comunidad. De este modo, el riesgo ambiental está dado por aquellas posibilidades de que un fenómeno natural amenazante choque con las actividades socio-productivas de las comunidades humanas, portadoras de distintos grados de vulnerabilidad económica, política y social. Estas vulnerabilidades, muy presentes en Latinoamérica, exhiben el hecho de que los desastres encuentran sus expresiones más calamitosas allí donde las poblaciones son más vulnerables, como puede ser el caso de comunidades que han edificado sus casas en áreas inundables o de alto potencial sísmico. 

La otra gran discusión que se dio dentro de LA RED fue la de la intersección entre naturaleza y cultura, expresada en el concepto de territorio. Al decir de Wilches-Chaux (2007), sabiendo que las sociedades se relacionan con su ambiente de formas variadas (las cuales dependen de su propia cultura y sistemas económicos), la interacción con éste hace que la noción de territorio traiga aparejada, aunque sea como ideal, la noción de seguridad. El desarrollo de nuevas tecnologías cada vez más invasivas en términos ambientales facilita un grado de control del medio a medida que aumenta la aversión de las sociedades humanas al riesgo. Se produce así una suerte de círculo vicioso en el que el control del medio genera más incertidumbre, lo que genera más necesidad de control, y así sucesivamente.

En suma, hablar de riesgo ambiental es hacer referencia a características y procesos naturales (tales como relieves, tormentas, pendientes), amenazas (exceso o déficit de lluvias), cultura, vulnerabilidad y sistemas económicos. Cada comunidad construirá socialmente el riesgo ambiental mediante procesos de urbanización guiada por diferentes accesos a la tierra, por las ofertas de trabajo que ofrecen las diversas actividades económicas, entre otros factores.

Perspectivas actuales

En la actualidad, dentro del paradigma de las ciencias sociales se pueden distinguir dos perspectivas de análisis distintas y complementarias: una más “estructural” y otra más “cultural”. Según la primera, el desastre natural se desenvuelve en forma de proceso, con unas causas de fondo específicas (conjunto de procesos extensos y de largo plazo que dan origen a la vulnerabilidad) y unas presiones dinámicas determinadas (procesos y actividades que “traducen” los efectos de las causas de fondo en vulnerabilidad de condiciones inseguras), que, sumados a la amenaza en sí y a unas condiciones inseguras, pueden llegar a provocar efectos desastrosos en las distintas comunidades. Este tipo de análisis, propiciado por los teóricos de LA RED, responde al modelo PAR (Pressure and Release, por sus siglas en inglés), elaborado por Blaikie et al. (1996). Según este modelo, en extremo útil para analizar desde lo social el riesgo ambiental, “(…) la base para la idea de la presión y la liberación (PAR) es que el desastre es la intersección de dos fuerzas opuestas: aquellos procesos que generan vulnerabilidad, por un lado, y exposición física a una amenaza, por el otro” (Blaikie et al., 1996: 27). El desastre se produce debido a presiones que se ejercen sobre un entorno ya vulnerable. En ello resulta crucial el cambio climático y sus consecuencias sobre los ecosistemas, puesto que delinea una realidad innegable que modifica la intensidad y recurrencia de los fenómenos naturales que pueden convertirse en desastres.

En conjunto con estos análisis más estructurales de construcción social del riesgo, se despliegan los estudios culturales sobre la percepción del riesgo ambiental y la memoria del desastre. Entre ellos se destacan los trabajos antropológicos de Virginia García Acosta (2005), quien recupera a la autora pionera del enfoque de percepción del riesgo, Mary Douglas. En Argentina sobresalen los estudios del texto de Carballo y Goldberg (2014) sobre las inundaciones en el Río Luján y Ciudad de Buenos Aires.

Esta perspectiva resulta fundamental para entender el comportamiento que las personas adoptan en las etapas preventiva, de emergencia y de rehabilitación, pues dichas conductas, al formar parte de un fenómeno sociocultural complejo, incidirán directamente en las decisiones. Al ser el riesgo una posibilidad, existe una diferencia entre el riesgo real y el riesgo percibido. Con la historia oral y la memoria sobre los desastres se puede reconstruir, al decir de Traverso, “la batalla por la memoria”: se exploran las relaciones entre la materialidad de los hechos y la subjetividad de las personas, y se aprende la multiplicidad y la mutación histórica de los modos de enfrentar y elaborar la muerte. Enarbolar las memorias del desastre y su percepción por las comunidades afectadas implica “traer de vuelta” a los actores humanos y entender que los desastres constituyen más que sucesos aislados que toman por sorpresa a sociedades desprevenidas.

Bibliografía

Beck, U. (2002). La sociedad del riesgo global. Madrid, España: Siglo XXI.

Blaikie, P. (1996). Vulnerabilidad, el entorno social, político y económico de los desastres. Colombia: La Red ITDG.

Carballo, C. T. y Goldberg, S. (Dirs.). (2014). Comunidad e información ambiental del riesgo.  Las inundaciones en el Río Luján. Buenos Aires, Argentina: Ed. Dunken.

Cruz Roja Americana. Plan Familiar para casos de desastre. Recuperado de http://t.ly/WBY5

Galindo, J. (2015). El concepto de riesgo en las teorías de Ulrich Beck y Niklas Luhmann. Revista Acta Sociológica, 67, 141-164.

García Acosta, V. (2005). El riesgo como construcción social y la construcción social de riesgos. Revista Desacatos, 19, 11-24.

Giddens, A. (1996). Modernidad y autoidentidad. En Beritain, J. (Comp.), Las consecuencias perversas de la modernidad: Modernidad, contingencia y riesgo (pp. 33-71). Barcelona, España: Anthropos. Recuperado de http://t.ly/l6CP

Lavell, A. (2005). Los conceptos, estudios y práctica en torno al tema de los riesgos y desastres en América Latina: evolución y cambio, 1980-2004: el rol de la red, sus miembros y sus instituciones de apoyo. FLACSO. Recuperado de http://t.ly/Vr8n

Lavell, A. (2010). Gestión Ambiental y Gestión del Riesgo de Desastre en el Contexto del Cambio Climático: Una Aproximación al Desarrollo de un Concepto y Definición Integral para Dirigir la Intervención a través de un Plan Nacional de Desarrollo. Departamento Nacional de Planeación/Subdirección de Desarrollo Ambiental Sostenible. Recuperado de http://t.ly/Dwoa

Lavell, A. et al. (2003). La gestión local del Riesgo. Nociones y precisiones en torno al concepto y la práctica. Guatemala: CEPREDENAC. Recuperado de http://t.ly/79eb

Mercado Maldonado, A. y Ruiz González, A. (2006). El concepto de las crisis ambientales en los teóricos de la sociedad del riesgo. Revista Espacios Públicos, 9(18), 194-213.

Natenzon, C. E. (1995). Catástrofes naturales. Riesgo e incertidumbre. Serie Documentos e Informes de Investigación, 197.

Panel Intergubernamental de Cambio Climático (2019). Calentamiento global de 1,5°C. Recuperado de http://t.ly/2P3Q

Pereyra, A. B. (2017). Territorio, riesgo y vulnerabilidad ambiental. Bernal, Argentina: Universidad Virtual de Quilmes.

Popolizio, E. (1983). Los bosques y las inundaciones. Revista Ciencia y técnica forestal. Asociación Forestal Argentina. Año XXV. Recuperado de http://t.ly/0nKb

Reboratti, C. (2012). Ambiente y sociedad. Conflictos y relaciones. Rosario, Argentina: Prohistoria Ediciones.

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Wilches-Chaux, G. (2007). ¿Qu-ENOS pasa? Guía de LA RED para la gestión radical de riesgos asociados al fenómeno ENOS. Bogotá, Colombia: ARFO Editores.


  1. Recibido: mayo de 2020.
  2. Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Becaria Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Centro de Estudios de la Argentina Rural de la Universidad Nacional de Quilmes (CEAR-UNQ). Contacto: agus.arrien@gmail.com.


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