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Mujeres Cooperativistas de Agricultores Federados Argentinos[1]

(Argentina, 1989-2020)

Alejandra de Arce[2]

Definición

Los Grupos de Mujeres Cooperativistas de Agricultores Federados Argentinos (AFA SCL) se encuentran integrados por asociadas, esposas e hijas de asociados, empleadas y otras mujeres vinculadas a la Cooperativa. De acuerdo a lo que declara AFA SCL en su web oficial, los Grupos poseen como objetivo general “promover la participación de la mujer en la cooperativa” respondiendo a una demanda de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI). En especial, sus prácticas se enmarcan en tres ejes de trabajo relacionados con la “formación integral de la familia agraria”, la salud y el desarrollo sostenible de las comunidades en que se arraiga AFA. Estos temas son abordados en talleres, seminarios, cursos, encuentros, viajes de capacitación, entre otras modalidades. Cada Grupo tiene una organización autónoma y realiza reuniones locales con una frecuencia determinada por sus necesidades.

Origen y trayectoria

El primer Grupo de Mujeres Cooperativistas se forma en el Centro Cooperativo Primario (CCP) de Cañada de Gómez (Santa Fe) en 1989. Desde ese año, los Grupos se incrementan en cantidad, mientras su constitución evidencia la generación de espacios institucionales de participación antes inexistentes. Los Grupos de Mujeres Cooperativistas cobran mayor relevancia desde el surgimiento del Movimiento de Mujeres Agropecuarias en Lucha (MMAL) y de Mujeres Federadas a mediados de los años noventa, se consolidan durante el conflicto agrario de 2008 e influyen en la modificación de acceso de las mujeres a los cargos sociales en AFA en el largo plazo (de Arce, 2015). Dicho  conflicto, denominado periodística y popularmente “conflicto campo-gobierno”,  es una reacción de las tradicionales entidades reivindicativas del agro pampeano agrupadas en una “Mesa de Enlace” (Sociedad Rural Argentina, FAA, Confederaciones Rurales Argentinas y CONINAGRO)  frente al anuncio de un esquema de retenciones móviles para la soja, el maíz, el trigo y sus productos derivados (Resolución 125/8). La medida causa un gran descontento entre los productores rurales que determinan el cese de la comercialización, asambleas y marchas de protesta (Barsky y Dávila, 2008). En este contexto, la participación de las familias en los cortes de ruta y en las diversas formas de acción colectiva incluye la evaluación del conflicto –y su apoyo– por parte de las mujeres.

En 2008, el IX Encuentro Nacional de Mujeres Cooperativistas, desarrollado en la localidad cordobesa de Tanti, reúne alrededor de 250 asistentes para discutir sobre “La Mujer en el Conflicto agrario-Propuestas a futuro”. Representantes de Mujeres Federadas (FAA), Mujeres Cooperativistas, Mujeres Agropecuarias en Lucha y Mujeres Autoconvocadas participan y deliberan sobre dos consignas de los capacitadores: “¿Cómo continuamos el proceso de cambio iniciado en el conflicto agrario? ¿Qué otras situaciones que excedan el conflicto es necesario cambiar? Ese mismo año, en otras actividades, los debates acerca de los Derechos de Exportación y su relación con la agricultura familiar también las tienen como interesadas interlocutoras.

De acuerdo con los datos de Balances Sociales Cooperativos, hacia 2016 existían 25 Grupos conformados por alrededor de 245 integrantes. Desarrollan actividades en localidades santafesinas, cordobesas, entrerrianas y bonaerenses y dentro de sus CCP. De esta manera, Ascensión, Arrecifes, Arteaga, Cañada de Gómez, Cañada Rosquín, Casilda, Chovet, Ferré, Firmat, Humboldt, Inés Indart, J.B. Molina, Las Rosas, Los Cardos, Maggiolo, Marcos Juárez, María Juana, Montes de Oca, Pergamino, Rojas, Sastre, San Genaro, Serodino, Tortugas, Totoras, Colonia Médici y Villa Eloísa, cuentan con Grupos arraigados.

Composición y actividades

De acuerdo a un relevamiento realizado por AFA en 2006, los Grupos de Mujeres Cooperativistas se componen mayoritariamente por esposas de asociados (59,5%), seguidas por las asociadas (22,6%), mujeres de la comunidad-no asociadas (5,9%), esposas de los empleados (5,9%) y empleadas de la cooperativa (2,5%). La mayoría de las integrantes declara ser ama de casa (60,6%), proporción que se superpone con su presentación como esposas de los asociados. La segunda ocupación declarada es “mujeres que trabajan en el campo junto a su familia y que colaboran activamente y de diferente manera en la labor productiva del hogar” (25,5%), mientras el 9,4% son empleadas de otras organizaciones que no son la cooperativa. Las empleadas de AFA que brindan su colaboración en estos Grupos tienen la menor representación.

Cada agrupamiento realiza reuniones con una frecuencia determinada por sus necesidades organizativas (semanales, quincenales, mensuales) y su grado de consolidación local. Las relaciones interpersonales e interzonales se fortalecen mediante las capacitaciones que se realizan junto a la Fundación AFA y a través de la reunión mensual de representantes de todos los Grupos, en AFA Rosario. En 2010 se constituye la Comisión de Delegadas de los Grupos de Mujeres Cooperativistas, formada por cuatro representantes por cada una de las cinco regiones en que se dividen la totalidad de los Grupos. A más de treinta años de la creación de la primera agrupación, la Comisión se afianza en la estructura organizacional de la Cooperativa y muestra un avance hacia la equiparación de género formulada en el discurso. El fortalecimiento de su posición institucional también se debe a las relaciones que mantienen con otras agrupaciones de mujeres rurales (especialmente con Mujeres Federadas, ala femenina de la Federación Agraria Argentina). Su participación activa en convenciones regionales, nacionales e internacionales de mujeres cooperativistas otorga visibilidad a su trabajo cotidiano y proyecta liderazgos fuera de los ámbitos locales. En este sentido, la realización ininterrumpida desde el año 2000 de Encuentros anuales de Mujeres Cooperativistas –auspiciados por AFA y otras entidades solidarias– promueve la generación de espacios de sociabilidad y reflexión grupal, tanto como actividades de capacitación y actualización de conocimientos por parte de las participantes.

Los Grupos de Mujeres se capacitan y brindan cursos en sus comunidades. El compromiso con una “doble o triple jornada” –comprendida como obligación de cuidado de las necesidades colectivas– forma parte del discurso de las Mujeres AFA. En este sentido, en su gran mayoría las actividades que planifican están relacionadas con temáticas consideradas como “propias de su género”, por ejemplo: jornadas sobre fomento del cooperativismo, educación, economía del hogar rural, prevención de la salud, organización del día del agricultor, etc. Sin embargo, no puede pensarse que estas prácticas son menos políticas o tienen consecuencias de escaso alcance: promueven la ocupación femenina fuera de los “espacios tradicionales” y generan conciencia –al interior de AFA, en las comunidades, para las propias cooperativistas- del potencial del trabajo de las mujeres. En las mismas prácticas se forjan liderazgos.

Al mismo tiempo, otras iniciativas y cursos a los que asisten estas mujeres son indicativos de estos cambios, entre ellos: “Cuenta corriente cooperativa”, “Agromedicina”, “Seguridad en el trabajo agropecuario”, “Las fuerzas de la participación de las mujeres emprendedoras”, “Economía y Mercado”, “Empresas familiares: la participación de la mujer y la formación integral de la familia agraria”, “Perspectiva de género en la gestión democrática de las cooperativas”, entre múltiples otros. El desarrollo sostenible de las comunidades también se asume como misión de los Grupos de Mujeres cooperativistas y responde al llamado de la Regional americana de la ACI de prestar atención a la cuestión medioambiental. El trabajo de las mujeres se suma, en este sentido, a la política institucional de AFA y expresa sus objetivos de cooperación internacional.

Desde 2004, AFA adopta la sugerencia de la ACI de evaluar los beneficios adicionales a los meramente económicos de la cooperativa, a través del Balance Social Cooperativo (BSC). Mediante el análisis y la operacionalización de diversas variables, el Balance mide el grado de compromiso con los principios y valores cooperativos en las prácticas.  Entre las premisas del BSC son centrales aquellas estrategias que permitan potenciar la equidad de representación por géneros, especialmente diseñadas para superar las barreras invisibles de acceso a los cargos sociales en las cooperativas (Senent Vidal, 2011).

Participación institucional de las socias

Además de intervenir en los Grupos, las mujeres se insertan en las estructuras institucionales de AFA. Su participación la garantiza tanto el Estatuto de la Federación como el primer principio del cooperativismo, que admiten la membresía femenina, mientras que el control democrático propuesto por el segundo principio plantea la igualdad en las responsabilidades de representación (ACI, 2020).

Entonces, ¿qué significados adquiere la participación femenina en órganos deliberativos de la democracia cooperativista? ¿Cuán lejos o cerca está la igualdad postulada de la igualdad en la práctica? Estos interrogantes pueden encontrar respuestas –parciales– si se observan, por un lado, la evolución del número total asociadas en la última década, en relación a la cantidad de asociados de la cooperativa y, por otro, evaluando el acceso a los espacios de participación y representación. 

En la última década, ha aumentado significativamente el número de asociados de AFA en valores absolutos (39.961), mientras la membresía femenina (7543) se ha sostenido estable o disminuido levemente desde 2017. Desde 2013, no merma la proporción de mujeres socias, representa el 19% del total, lo que supone su decisión de aportar el desembolso que exige el Estatuto: “suscribir, al momento de su ingreso, cuotas sociales por un importe equivalente al uno por ciento de un salario mínimo, vital y móvil por cada hectárea de tierra bajo explotación en la zona de influencia de la cooperativa con un tope máximo de 200 hectáreas” (AFA BSC, 2005, 23). Esta situación no debe deslindarse de los problemas irresueltos de acceso a la propiedad de la tierra de las mujeres rurales argentinas o de su descalificación –por parte de las familias, de los discursos sociales– en relación a la dirección de las explotaciones agropecuarias (Muzlera, 2010; Ferro, 2008). En este sentido, el ingreso como socias a las cooperativas también está relacionado con la independencia económica de las mujeres, otro de los fundamentos históricos de la desigualdad en la gestión y toma de decisiones de las familias rurales que se repite en otros ámbitos (Stølen, 2004; de Arce, 2016).

El aumento de socias de AFA no se traduce inmediatamente en una mayor participación  en los espacios de control democrático cooperativo. Cuando se analizan la asistencia a las Asambleas de Distrito y la designación de delegadas para la Asamblea Anual Ordinaria, existen factores internos y externos para explicar las variaciones en los porcentajes de compromiso femenino. Entre 2008 y 2012 crece de 27 a 32 el número de Grupos de Mujeres Cooperativistas. Coincide con los tres períodos de mayor asistencia a las asambleas distritales y, en 2008, con la mayor proporción de delegadas a la asamblea general (14,3% ).  

El vínculo de AFA con la FAA se hace más notorio en 2008, en momentos de crisis de la producción agropecuaria  la accción gremial se entrama con la vida de las cooperativistas. La accesibilidad a los cargos sociales –Consejos asesores locales, Consejo de Administración de AFA– también se eleva proporcionalmente en los años posteriores al conflicto. Podría decirse que para las mujeres de AFA la participación en el proceso de acción colectiva se convierte en un factor de empoderamiento, como se ha señalado para las Mujeres Agropecuarias en Lucha, su intervención en el Movimiento “implica también un proceso de elaboración interno: las mujeres modifican su percepción acerca de sí mismas. Allí donde fueron ‘mujeres’ constituidas como actores sociopolíticos invisibles, penetran en la esfera de lo público…y, por consiguiente, [se tornan] visibles” (Bidaseca, 2004: 390).

La presencia masculina en los Consejos Asesores Locales es un rasgo distintivo de las cooperativas agropecuarias, que excede a AFA. Las primeras mujeres que llegan a estos Consejos como titulares corresponden al CCP de Arrecifes, durante el ejercicio 1965-1966. En 1989, otra mujer se desempeña como titular, mientras entre 1989 y 1996, sólo cuatro acceden a ese cargo en calidad de suplentes. La representación femenina como titulares en estos espacios de toma de decisiones aumenta desde 2003 y es más alta durante el período 2007-2009. En tanto suplentes, desde 2011 el indicador señala una tendencia ascendente de la representación femenina en los Consejos.

De acuerdo a expresado por AFA en el BSC N° 9 (Ejercicio 2012-2013), la accesibilidad a los cargos del Consejo de Administración y a la Sindicatura está condicionada por múltiples factores que deben ser objeto de reflexión por parte de la Cooperativa. Se asevera, asimismo, que no existe equidad de género en la accesibilidad a los cargos. Se atenúa la afirmación con el señalamiento de la elección de una mujer como consejera suplente en los ejercicios 2002-2003, 2003-2004; situación que se reitera durante los años 2007-2008 y 2010-2011. Desde 2011 a 2013 ejerce por primera vez una mujer el cargo de Consejera Titular en el Consejo de Administración de AFA. Ninguna accede al cargo de Síndico en la historia de la cooperativa.

Reflexiones

Las mujeres integraron históricamente las cooperativas rurales en Argentina. Su presencia es incentivada por los precursores del cooperativismo, como parte de un discurso sobre las familias y su arraigo en el campo. Sin embargo, la pervivencia de un sistema de género tradicional en asociaciones promotoras de igualdad evidencia la influencia del entramado de relaciones sociales y representaciones culturales más allá de los valores cooperativos. De esta forma, se sostiene que “en el sector rural (…) la actividad productiva en sí misma es desarrollada en su mayoría por hombres, y son ellos mismos los que se acercan a las cooperativas” (CONINAGRO, 2012), mientras las mujeres pueden “tener voz, pero no voto” y sus opiniones pueden ser juzgadas como correctas, pero siempre escuchadas dentro del ámbito hogareño (Gómez, 2012).

Aún si la “asociación abierta y voluntaria” (primer principio cooperativo) garantiza la no discriminación por género (raza, clase social, etc.) de los asociados, se ha señalado repetidamente –y no exclusivamente para el caso argentino– que las cooperativas están dirigidas por hombres, independientemente del número de asociadas.

Desde 2014, la ACI incentiva a sus miembros a asumir un compromiso con un desarrollo económico de carácter inclusivo y equitativo, que fortalezca la participación económica de las mujeres, sus liderazgos y mejore los niveles de representación femenina en los consejos directivos. Su propuesta apunta a “cambiar patrones (de género) para que la responsabilidad del cuidado no sólo quede en manos de las mujeres, y a eliminar obstáculos que persisten para la inserción igualitaria (…) al mundo cooperativo y a mejores condiciones económicas y laborales” (ACI, 2014).

Esta declaración muestra cómo la estructuración de género atraviesa las instituciones e identidades sociales, donde la división binaria entre los sexos es un elemento constitutivo de las relaciones sociales y el género se establece como forma primaria de significar el poder (Scott, 2011). El género se convierte así en un elemento que compone y explica las desigualdades sociales, aún en espacios como el movimiento cooperativo, que pretende eliminarlas a su interior.

Bibliografía

Agricultores Federados Argentinos (2004-2016). Balance Social Cooperativo, (1-13).

Alianza Cooperativa Internacional – Comité Mundial de Género (2014). Igualdad para las mujeres: progreso para todos. Colombia.

Alianza Cooperativa Internacional (2020). Principios y valores cooperativos. Recuperado el 7/8/2020 de http://t.ly/NaSW

Bidaseca, K. (2004). Negadas a la existencia y condenadas a la desaparición. Un estudio acerca de las luchas de las mujeres rurales en Argentina y Brasil desde la perspectiva de género. En Giarracca, N. y Levy, B. (Comps.), Ruralidades latinoamericanas. Identidades y luchas sociales (pp.357-417). Buenos Aires, Argentina: CLACSO.

Bonan C. y Guzmán V. (2007). Aportes de la teoría de género a la comprensión de las dinámicas sociales y los temas específicos de asociatividad y participación, identidad y poder.  Centro de Estudios de la Mujer-CEM. Santiago de Chile. Recuperado el 7/8/2020 de http://t.ly/2zHR

CONINAGRO (2012). Revista Integración. Buenos Aires, Argentina, 25.

de Arce, A. (2015). Formas de hacer política. Mujeres en el cooperativismo agrario: Agricultores Federados Argentinos. En Folguera, P. y Pereira, J. (Comps.), Pensar la historia desde el siglo XXI (pp. 5429-5449). Madrid, España: Universidad Autónoma de Madrid/CSIC.

de Arce, A. (2016). Mujeres, familia y trabajo. Chacra, caña y algodón en la Argentina (1930-1960). Bernal, Argentina: Editorial UNQ.

Ferro, L. (2008). Género y Propiedad rural. Buenos Aires, Argentina: Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos.

Gómez, M. (2012). Liderazgo de la mujer en la cooperativa. Congreso Argentino de las Cooperativas 2012, Rosario, Argentina.

Muzlera, J. (2010). Mujeres y hombres en el mundo agrario del sur santafecino. Desigualdades y dinámicas sociales en comunidades agrícolas a comienzos del siglo XXI. Mundo Agrario, 10(20).

Scott J. (2011). Género e historia. México D.F., México: FCE.

Senent Vidal, M. (2011). ¿Cómo pueden aprovechar las cooperativas el talento de las mujeres? Responsabilidad social empresarial e igualdad real. REVESCO. Revista de Estudios Cooperativos, 105, 57-84. 

Stølen, K. (2004). La decencia de la desigualdad. Género y poder en el campo argentino. Buenos Aires, Argentina: Antropofagia.

 


  1. Recibido: agosto de 2020.
  2. Licenciada en Ciencias Sociales y Doctora en Ciencias Sociales y Humanas por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Docente de la UNQ e Investigadora Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en el Centro de Estudios de la Argentina Rural (CEAR) de la UNQ. Contacto: aledearce@gmail.com.


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